Supo igualmente en esta salida que la Casa de Moneda de
Popayán, de reciente fundación, pretendía explorar unas minas de
oro descubiertas en territorio de la misión, principalmente en
Mocoa y Caquetá. Consideraba que ello ocurriría con mucho perjuicio
de los indios; que serían esclavizados y obligados a trabajar en
las minas; con lo que se dificultaría su conversión, o se les
impulsaría a huir al Gran Pará. En este asunto parecía estar
interesado y mezclado el P. Barrutieta, que intentaba emplear en la
empresa un fuerte capital, y Fr. Juan sospechaba que era el
recibido para el no llegado subsidio de los conversores*.
Todo ello exasperó de tal forma a Fr.
Juan, que concibió la idea de ir a Santa Fe y exponer sus quejas
contra el Comisario al propio Virrey. En consecuencia, a pesar de
la oposición del P. Mexía, partió para Caquetá, y desde allí a
Mocoa, acompañado de cuatro indios sibundoyes, que le abandonaron
poco más allá de Pueblo Viejo, antes de llegar a Santa Rosa, por
temor a las represalias del P. Barrutieta.
Las fatigas de este viaje y la falta
de alimentos, al ser abandonado por los indios; hicieron que Fr.
Juan llegase a Santa Rosa, donde estaba el P. Barrutieta,
gravemente enfermo. Su entrevista con el Comisario fue muy violenta
por ambas partes; y después de la enfermedad, se le envió a
convalecer a Almaguer.
Para no levantar la sospecha de su
proyectada visita al Virrey simuló el pretexto de predicar misiones
por aquellos pueblos, al objeto de recoger limosnas en dinero o
ganado para las necesidades de su pueblo. Las pretensiones que
pensaba proponer al Virrey eran:
1) Que se impidiese cavar minas en
Santa Clara de Mocoa y Caquetá, por las vejaciones que causarían a
los indios de la misión, con notable retraso de su
conversión.
2) Que se pusiera en Pasto un
síndico, que subviniera equitativamente a los conversores con el
dinero que para ello daba el tesoro real, y que se destituyera al
P. Barrutieta, actual Comisario, por malversación de los fondos de
los conversores y abandono de éstos a sus propios
medios.
Más de la mitad del segundo tomo está
dedicada por Fr. Juan a dar noticias de los pueblos visitados;
donde predicó misiones y recogió limosnas, sin que sea posible
establecer una cronología siquiera aproximada. Estos pueblos fueron
principalmente: Timaná, El Pitral, Paicol, San Juan, El Retiro,
Neiva, Mercadillo, Natagaima, Coyaima, El Guamo, El Espinal, San
Luis; El Valle, La Mina, El Guayabal.
En Santa Fe, adonde llegó por la Navidad de 1758, se enteró
de que hacía pocos días había estado visitando al Virrey el P.
Barrutieta, y le había notificado el descubrimiento de pingües
minas de oro en Mocoa y Caquetá, habiendo conseguido los señores de
Santa Fe que el oro que se sacase de ellas se llevase a labrar a
aquella Casa de Moneda, sacándolo vía recta desde la Misión, a
Timaná, y luego ‘por los valles de Suasa “.
El P. Provincial de los franciscanos de Santa Fe habló en
nombre de Fr. Juan “de esta materia al Secretario del señor
Virrey, y de el supo que si yo i
v
a con animo de
hablar al señor Virrey, no me
concederían
audiencia,
y que si persistía en meter peticiones, las ocultarían, y que con
ello me expondría a que el señor Virrey me mandase preso a
Cartagena, y de allí me remitirían a España baxo partida de
registro. Y assi me aconsejó que solo tratase por entonces de
bolverme a la mission, hazta que tubiese occasion mas
oportuna...”*.
Considerando fracasado su proyecto,
Fr. Juan determinó “dar una buelta por aquellos pueblos y
ciudades mas cercanas, y recoger algunos borregos y
borregas...”*. Bogotá, Chía, Nemocón, Tunja, donde la misión
fue teatralmente espectacular.
De vuelta, compró 400 borregas más
con el dinero que llevaba, y casi por los mismos pueblos recorridos
anteriormente hizo llevar el ganado hasta Timaná y San Agustín,
desde donde hubo de abrirse camino por la selva hasta Caquetá para
el paso del ganado. Hecho el recuento en Caquetá, se hallaron
reunidas 357 cabezas de ganado vacuno y 830 ovejas.
Todo este ganado dice haberlo repartido de la siguiente
manera: 90 novillos, 10 toritos, 5O borregas y 20 borregos para su
pueblo de Agustinillo* . Otro tanto para el P. Alfaro del Amoguaje.
Igual cantidad para el P. Plata de Caquetá. Quedaban en reserva en
San Agustín unas 90 cabezas de ganado vacuno y 60 de ovejuno,
"porque mi ánimo era que si conseguía agregar a Caquetá la
nación de los aguanungas, por presiso se pondría en el pueblo un
padre para su acistencia, y fuera el que fuese, darle esta partida
de ganado para su manutención; y de no conseguirlo, llevarmelo yo a
mi pueblo y repartirlo entre mis indios..."
Distribuido el ganado, Fr. Juan
volvió a San Juan de Pasto para comprar herramientas y ropa. Aunque
las limosnas en dinero habían sido cuantiosas, después de las
inversiones en ganado y pago de jornales a los indios que habían
conducido el ganado hasta su destino, no le quedaron sino 19 pesosy
2 reales; pero confiaba en poder allegar mayores cantidades
predicando nuevas misiones, a más de la venta de los productos que
tenía enviados a un tal don Ramón de la Barrera, su corresponsal en
Pasto. Al llegar a este pueblo, hizo efectivos hasta 500 pesos,
producto del cacao enviado. El 21 de junio, seguramente de 1759,
escribió una carta al P. Procurador del convento de Quito,
pidiéndole permiso para ir allá a comprar lo que necesitaba, y
mientras se recibía la contestación a esta carta —casi un
mes— se encargó de ir a Taminango a recoger la limosna anual
para el convento de Pasto.
Ya de vuelta, hizo un viaje a la Virgen de las Lajas, cerca
de Ipiales, acompañando a unos romeros que habían de cumplir un
voto. Vuelto de nuevo a Pasto, ya mediado el mes de julio llegó la
contestación de Quito autorizando su desplazamiento a aquella
ciudad. Hasta el 29 de agosto no emprendió este viaje, que realizó
por Barbacoas, en donde se detuvo visitando las minas y misionando,
para recoger limosnas, hasta la semana de Carnestolendas del
siguiente año 1760*,, en cuya fecha partió para Tumaco, invitado
por el cura de aquel pueblo, para predicar una misión, que duró 9
días. Vuelto a Barbacoas, ya en Semana Santa, continuó el viaje a
Quito, adonde llegó después de haber pasado por Ipiales, Pupiales,
Ibarra, San Pablo y Guayabamba.
En Quito compró 1.000 varas de
bayeta, 1.000 de tocuyo, 100 pares de medias de algodón y 100 pares
de zapatos. Invirtió 100 pesos en hachas, machetes, eslabones,
lanzas, anzuelos, pedernales y chaquiras. Además encargó la
construcción de un tabernáculo para su iglesia de Agustinillo.
Cuando volvió a Pasto, se estaban celebrando en el pueblo las
fiestas de la coronación de Carlos III y se proclamó un indulto
general y amnistía para todos los delitos criminales*.
En Pasto adquirió algunos otros
utensilios, como platos, vasos y tazas de madera barnizada, y
regresó a su pueblo, llevando consigo a un español, antiguo
granadero desertor, llamado don Francisco, para tener alguien de
confianza que le asistiera.
Los años siguientes, quizá hasta
1765, los pasó en su pueblo desempeñando las tareas propias de la
misión. Uno de los deseos principales de Fr. Juan, ya desde
antiguo, fue el de vestir a su gente. Para ello hubo de enseñar a
coser a las indias más aptas, y al fin vio cumplido su deseo el día
de Jueves Santo de 1761, en que vistió a todos los del pueblo,
salvo niños y niñas, para asistir a los oficios
religiosos.
Para la construcción de una iglesia más digna que la de ramas
que tenía, fabricó ladrillos con greda que había por aquellos
alrededores, y los coció en hogueras. Con ellos construyó una
iglesia de mampostería, en cuyos trabajos invirtió cerca de año y
medio. De la misma greda fabricó tejas, y la iglesia pudo
inaugurarse el 8 de septiembre, quizá de 1762, fiesta de la
Natividad de la Virgen. A la bendición e inauguración asistieron
como invitados el P. Alfaro y Fr. José Carvo
.
Los años fueron pasando en las tareas
misionales de instruir a los indios, organizar su vida civil,
ordenar periódicas siembras, etc. Ocasionalmente enviaba a Pasto
partidas de cacao y cera de palma, con cuyo producto adquiría lo
que necesitaba para su pueblo.
Harto trabajo le costó poder
conseguir que sus indios abandonaran la práctica de la poligamia.
Paso muy importante en estos años fue
la anexión de los indios “murciélagos”; primero en número
de 495*, y más tarde otra partida de
320, con lo que el pueblo llegó a tener unos 900 habitantes*. Más
adelante se añadió otro grupo de más de 200
“murciélagos”; y Fr. Juan mantuvo la concordia entre
éstos y los “encabellados” sirviéndose de su mejor
diplomacia. Los cargos se elegían por insaculación, aunque la
circunstancia de ser analfabetos los interesados, proporcionaba a
Fr. Juan ocasiones suficientes para que en la cédula de la
suerte apareciera precisamente el nombre de su
preferencia.
Si bien durante estos años no se hace en los manuscritos
mención especial de sus añejas diferencias y animosidad para con el
P. Barrutieta, aquellos gérmenes de descontento debieron seguir
evolucionando en Fr. Juan hasta el punto de inducirle a abandonar
las misiones y volverse a España. Él mismo escribe: “Ya que se
ivan cumpliendo Nueve años, escribí a don Ramón (de la Barrera) una
carta, en que le incluí una petición para el Comisario General, en
que le pedía su licencia para bolverme a España al Collegio de
Arcos de la Frontera, al acabar de completar los diez años... Al
pie de ella me firmó y selló su licencia... y llegó a mis manos a
los tres meses de despachada”*.
Fr. Juan preparó su salida con todo sigilo para que no
pudieran sospecharla los indios; pero no fue tan secreto el caso
fuera de la misión. El Guardián del Colegio de Popayán le escribió
una carta, pidiéndole que se quedase en el pueblo hasta que hubiera
Capítulo General, prometiéndole influir para que le nombrasen
Presidente de la misión. A esta carta contestó con otra Fr. Juan,
diciendo: .....
bastante desengañado me voy a España con
licencia del Superior General... y dé las gracias de mi viaje al
Presidente Barrutieta, cuya codicia yimpiedad
hara
bolver a todos los padres chapetones a España a nuestras
provincias”*.
Reaparece de nuevo aquí su
incompatibilidad con el P. Barrutieta, y se descubre la causa de su
vuelta a España. Respecto de la realidad de la oferta del P.
Guardián de Popayán sobre influir en la elección de Fr. Juan para
presidente de la misión, expresamos nuestras reservas. ¿No se
podría interpretar como un afán pueril de darse importancia ante
aquellos para quienes escribió sus memorias? Y parece esto último
la más verosímil, porque escribe igualmente que al llegar a Quito,
en su viaje hacia Lima, le ofrecieran, si se quedaba, el
provincialato de la Orden, y hasta, como cosa muy posible, el
obispado de Quito.
Sea ello como fuere, su decisión de volver a España estaba
tomada en firme. “Salió de Agustinillo, sin dar a entender a
los indios que sería para siempre, a los 9 años y 7 meses de ayer
fundado el pueblo “.
Fr. Juan anota el inventario de lo
que dejaba en el pueblo a su salida: 1.472 criaturas bautizadas;
311 niños y de ellos más de 200 bautizadas; 512 reses; 623 ovejas;
300 quintales de algodón y 220 de lana; 3 telares de tocuyo y 3 de
lana; 170 casas, además de la iglesia y convento; sembrados de
plátanos, maíz, arroz y otras; multitud de gallinas; 124 machetes,
4 azuelas, 6 cepillos, 3 sierras braceras y 4 medianas; toda la
gente vestida, y además importantes reservas alimenticias de arroz,
miel de caña, azúcar, guarapo, aguardiente, manteca de tortuga,
sal, etc.
Decidió dirigirse a Lima para embarcarse, y no a Cartagena,
aunque esta última estaba algo más cercana, porque “en Lima
siempre avía navíos parados cargando para España. Y assi me seria
alla mas facil el embarcarme que en Cartagena. Y que a mas de esta
razón, ya que me hallava en el Peru, queria ver el Reyno, o lo mas
principal de el hazta llegar a Lima. Y estando en Lima queda hazer
diligencia en el Collegio de Santa Rosa de Ocopa, en donde tenia al
P. Antonio Sifre, hermano mio de noviciado, y el P. Antonio Oliver,
con quien avia estudiado Theologia, y si
allí
los hallava, seria muy factible que me
quedase incorporado para siempre”*.
Casi un año debió invertir en este
viaje a Lima, en el cual pasó por Sapuyes, Ibarra, San Pablo,
Quito, La Tacunga, Ambato, Riobamba, Cirenca, Loja, Gonzanama,
Cariamanga, Piura, Lambayeque, Cajamarca, Angasmarca, Guaras, y La
Barranca.
En Lima encontró un navío con destino a España, pero éste no
había de zapar hasta dentro de casi un año. Ello le facilitó poder visitar entretanto
el Colegio de Santa Rosa de Ocopa, cerca de Jaula*.
No
encontró en él a sus compañeros de estudios, y el P. Guardián le
pidió que fuera a asistir el pueblo de San Antonio de Cuchero,
junto al río de Guanuco, porque el religioso que allí estaba,
llamado Fr. Juan Bonamo, quería volverse a su provincia.
Accedió Fr. Juan con la condición de
que se le había de avisar cuando estuviera el barco dispuesto, con
tiempo suficiente para poder embarcar. En Cuchero pasó casi todo el
año de 1766, hasta febrero de 1767, en cuya fecha recibió aviso de
Lima para que sin tardanza alguna se fuera a embarcar. Salió de
Cuchero el 20 de febrero.
Ya en Lima, el barco zarpó del puerto
del Callao en 31 de marzo, y llegó a Cádiz el 15 de noviembre del
mismo año.
C) CRONOLOGÍA DEL CONTENIDO DE LA
OBRA
Difícil, o casi imposible, resulta
establecer una cronología detallada de los actos y estancia de Fr.
Juan en América. Sólo dos veces hace mención de año, una con
ocasión de su salida de Cádiz (1756), y otra al dar noticia de la
fundación de Agustinillo (1758). Los demás detalles cronológicos
están visiblemente despreciados a todo lo largo del relato. Algunas
alusiones a fiestas capitales, como Navidad, Semana Santa, día de
difuntos y pocas más, junto con la lógica deducción al considerar
la natural duración de los hechos relatados, conducen, no sin poco
trabajo y evidente posibilidad de error, a establecer una
cronología aproximada, para poder encuadrar las efemérides
relatadas. Por otra parte, Fr. Juan escribió sus memorias, buceando
en el mar de sus recuerdos ya muy trasnochados y necesariamente
mezclados. No faltan consecuentemente, numerosas contradicciones y
errores, incluso en asuntos de mucho bulto, como es el de
desconocer y confundir con el de Antonio el nombre de Jorge de
Villalonga, segundo Virrey de Nueva Granada, a pesar de su
filiación mallorquina; o como el de confundir los años de
virreinato de su contemporáneo José Solís; o el de escribir Navarro
por Pizarro, refiriéndose al glorioso conquistador del Perú. Así no
es de extrañar que los mil y mil detalles de su prolija narración
estén barajados en su mente, muchos inventados o modificados, y
casi seguramente desplazados de su momento real.
La siguiente sinopsis, pues, no
pretende sino un ensayo de encuadramiento cronológico, en que
sirven como hitos las pocas alusiones de fechas contenidas en el
texto.
Viaje hasta el
Putumayo:
Salida de Cádiz a mitad de enero de 1756.
Llegada a Cartagena hacia el 15 de marzo de (1756).
San Sebastián de la Plata hacia el 27 de junio de (1756).
Popayán hacia el 14 de agosto de (1756).
Pueblo Viejo, el 28 de diciembre de (1756).
Queda fundado Agustinillo y evangelizado en su primera etapa en
1758.
Primera salida de
la misión:
Misión en Coyaima el 1º de noviembre de (1758.?).
Camino de Santa Fe el 28 de diciembre de (1758.?).
Mariquita. De vuelta con el ganado, el jueves de Carnestolendas de
(1759?)
Segunda salida de
la misión:
Carta a Quito. Pasto 21 de junio de (1759?).
Partida de Pasto a Quito el 28 de agosto de (1759?).
Visita a las minas de Barbacoas por Navidad de (1759?) y enero de
(1760?).
Viaje a Tumaco desde Barbacoas en carnaval de (1760?)
Vuelta a Barbacoas desde Tumaco en Semana Santa de
(1760?).
| *
|
Se hace constar que todas estas noticias están extractadas de
la propia obra de Fr. Juan, sin que sea posible por los medios a
nuestro alcance constatar su veracidad o inexactitud. Por el
contrario, se adivina una acusada tendencia a la exageración, y se
han sorprendido contradicciones, e inexactitudes a lo largo de la
obra, que impiden adoptar conclusiones ante ciertos hechos
narrados. (Regresar a *)
|
| *
|
Marav. de la Nat. II, 148. (Regresar a
*)
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| *
|
Marav. de la Nat. II, 148. (Regresar a
*)
|
| *
|
Marav. de la Nat. III, 1-4. (Regresar a
*)
|
| *
|
Marav. de la Nat. III, 86. (Regresar a
*)
|
| *
|
Id. III, 150. (Regresar a *)
|
| *
|
Id. III, 218. (Regresar a
*)
|
| *
|
Id. IV, 45-6. (Regresar a
*)
|
| *
|
Id. IV, 80. (Regresar a *)
|
| *
|
Marav. de la Nat., texto orig. IV, 91-2. (Regresar a *)
|
| *
|
Marav, de la Nat,,texto orig. IV, 97. (Regresar a
*)
|
| *
|
Marav. de la Nat., texto orig. IV, 111.(Regresar a *)
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| *
|
Marav. de la Nat., texto orig. IV, 272. (Regresar a *)
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