INTRODUCCIÓN
(1)
Mallorca, tierra de emigrantes y
misioneros, siempre ha estado presente en la geografía de América.
Jesuitas y franciscanos mallorquines nutrieron, en número muy
crecido, las filas misionales por sus tierras irredentas. Ellos,
junto a los demás innumerables compañeros de milicia pacífica, con
su captación espiritual de los pueblos, hicieron verdadera y
permanente la conquista e incorporación de América a la vieja
civilización cristiana y occidental. Sus armas principales, el
idioma, la instrucción religiosa, cultural y cívica en sus más
variados aspectos, la sufrida paciencia y el amor desinteresado,
sólo impulsado por ese fuego interno que se llama caridad.
Una parte, pequeña pero interesante,
de los trabajos de estos hombres en su ardua y paciente empresa de
forjadores de naciones es la que se relata en los manuscritos que
ahora se dan a la publicidad. Estos manuscritos, a pesar de su gran
modestia literaria, deshilachada narración, y, al parecer,
intrascendente puerilidad de contenido, además de ser un aguafuerte
de viva historia popular en la América del siglo XVIII, constituyen
uno de los pocos documentos directos de aquella actividad
misionera.
El siglo XVIII fue un siglo vivamente
interesado por las misiones americanas. Religiosos de todas clases
ocupaban la periferia de las nacionalidades en ciernes, mientras
ganaban terreno para la cultura, que se iba cuajando en el núcleo.
Lástima que el sectarismo retrasara esta obra cultural con la
expulsión de los jesuitas, que se llevó a cabo en tierras de Nueva
Granada en el mes de agosto de 1767 precisamente un año después de
las fechas alcanzadas por el relato de la presente obra. Por
fortuna para América, la enemiga sólo iba contra los jesuitas. En
su defecto se extremó el esfuerzo de los franciscanos, y el sayal
azul de los menores del Pobre de Asís apareció con mayor profusión
en los puestos avanzados.
Casi doce años antes de la expulsión
de los jesuítas, una expedición de menores franciscanos entre los
que se hallaba Fr. Juan de Santa Gertrudis, autor del presente
relato, fue destinada a ocupar los puestos más extremos de Nueva
Granada en el alto Putumayo. Otros hombres, animados del mismo
celo, abrían con sus sandalias en otras partes cruzados caminos en
la tierra virgen. Y precisamente, al mismo tiempo que Fr. Juan
desarrollaba su labor misionera en la cuenca amazónica sin excesivo
fruto, otro mallorquín y también franciscano, Fr. Junípero Serra,
fundamentaba en California, con la apariencia de pobres conventos a
la sombra de modestas iglesias; el núcleo de lo que hoy constituyen
unas esplendorosas civilidades.
El relato de
"
Maravillas de la
Naturaleza
"
se extiende entre los años de 1
756y 1757; es decir, pocos años después de la reimplantación del
Virreinato de Nueva Granada (1740), y ocupa parte de los
virreinados de Solís (1753-1761) y de Messía de la Cerda
(1761-1773).
A) LOS
MANUSCRITOS
Los manuscritos que contienen la obra
“Maravillas de la Naturaleza” constituyen cuatro
volúmenes, que se conservan en la Biblioteca Pública de Palma de
Mallorca bajo las signaturas Ms. 401-404. Su tamaño es de 220x 155
mm. generalmente, con escasa diferencia unos de otros. La
encuadernación es de basto pergamino, y muy buena la conservación
del texto.
La caja de escritura difiere bastante de unos volúmenes a
otros; oscilando entre los 16
y 19 cm. de altura, y los 9y 10 cm. de anchura. La
paginación es muy copiosa *
y está puesta por la misma mano del autor, que se produjo en la
redacción de sus memorias con mucha meticulosidad, hasta el punto
de hacer dobleces en todas las páginas, para darles, sin invadirlos
en ningún caso, los márgenes convenientes. Procuró, además;
caligrafiar cuanto le fue posible la letra.
Dos son los títulos con que el autor
bautizó su obra, pues mientras las portadas llevan el título
expresado de “Maravillas de la Naturaleza”; los lomos de
los cuatro volúmenes llevan la inscripción “Maravillas del
Perú”.
Los tomos I y IV incluyen, como apéndice, sendas láminas de
395 x 300 mm., y 400 x 310 mm. respectivamente, representativas de
mapas muy imperfectos; trazados por el autor con tinta de dos
colores; roja y negra. Cada cosa señalada en las cartas lleva un
número, que se corresponde con otros aclaratorios de una
“‘Explicación del Mapa” inserta a continuación.
B) EL AUTOR Y SU ESTANCIA EN
AMÉRICA
Pocas son las noticias que del autor se han podido hallar, a
no ser las que él mismo da de si en sus manuscritos, en cuyas
portadas expresa la síntesis de su filiación religiosa
*.
Juan de Santa Gertrudis Serra, que tal es su nombre
* nació
en Palma de Mallorca, y vistió el hábito de religioso observante en
el convento de Jesús; extramuros de la ciudad de Palma, hoy
desaparecido. Sin duda debió cursar sus estudios en la Universidad
Luliana de Palma, hoy también extinguida. Allí junto con las
materias propias, debió interesarse por los libros de medicina de
Ramón Lull, pues se le atribuye un tratado bajo el título de
“Medicina Luliana”*
.
Otra manifestación de las actividades literarias de Fr. Juan
de Santa Gertrudis la constituyen otros manuscritos suyos, también
de los fondos de la Biblioteca Pública de Palma de Mallorca, balo
el título de “La virtud en su palacio “.
Es una
recopilación de sermones, de la que sólo se conservan los tomos II,
III y IX, sin que se conozca el paradero de los restantes. Todas
estas obras acusan un mismo espíritu nimiamente meticuloso y un
tanto pueril, muy irregular ortografía, y manifiesta y acusada
imperfección en el empleo del castellano, que continuamente se ve
alterado en su sintaxis y mezclado con
mallorquinismos.
La vida de Fr. Juan de Santa
Gertrudis antes de su marcha a las misiones no transcurrió
totalmente en Mallorca. Sin que sea posible citar fechas; pues él
no cuenta sino la efemérides sin más precisión de dato, parece que
desempeñó el cargo de
Guardián del Colegio Apostólico de San Antonio de Arcos de la
Frontera *, y fue alumno del de
San Buenaventura de Baeza.
En repetidas ocasiones de su obra dice haber viajado por
Europa, y
haber estado en Marsella, Génova, Roma, Nápoles,
Venecia y San Juan de Malta. Quizá debió ser en alguno de estos
viajes cuando en 1° de noviembre de 1755, el año antes de su
partida para América, dice haber sufrido una tremenda tormenta en
el Golfo de León *
.
Fray
Juan afirma conocer el italiano y el holandés; y repetidamente se
deleita en poner de manifiesto sus conocimientos de todo orden. A
pesar de esto, esos mismos conocimientos de que se muestra
satisfecho y orgulloso, son muy superficiales y a veces pueriles;
imaginarios más que reales; y deducidos por una lógica ingenua y
acomodaticia.
Después de once años de estancia en América, Fr. Juan decidió
volver a España al Colegio de Arcos de la Frontera en la provincia
de Cádiz, y después a Mallorca, a la ciudad de Palma "a
descansar de sus penosas fatigas en el expresado convento de Jesús,
donde murió santamente el día 8 de agosto del 1799" *.
Su “peregrinación y viaje a la
India occidental "; como él lo llama repetidamente en sus
prólogos; se puede seguir con bastante exactitud, sin que se pueda
aquilatar con precisión la parte cronológica, que en los
manuscritos aparece despreciada, sin duda por la dificultad de su
retención memorística.
La expedición misionera de que
formaba parte Fr Juan de Santa Gertrudis salió del puerto de Cádiz
a mitad de enero de 1756, en una fragata del Marqués de Casa
Madrid, llamada “El César”, con destino al Colegio de la
Virgen de Gracia en la ciudad de Popayán. Estaba compuesta de
catorce sacerdotes, un comisario y cuatro donados. A los ocho días
de navegación pasaron a la vista de las Canarias; y sufrieron a los
veinte días una horrorosa tormenta. Todos los pasajeros y
tripulantes hicieron voto en ella de ir a visitar descalzos a la
Virgen de la Popa, que se veneraba en el convento de Agustinos de
la ciudad de Cartagena, y llevarle en donativo lo que valía el
trinquete, si les salvaba del naufragio.
Ya cerca de este puerto la fragata
sufrió la inspección de los ingleses, a la sazón en guerra con
Francia *, que con sesenta
navíos se dirigían a Jamaica.
Llegaron a Cartagena después de 56
días de navegación, y fondearon en el puerto de Bocachica a eso de
las 11 del día. Hasta el día siguiente no les “dieron
patria”*. En Cartagena se detuvieron 38 días; mientras se
ultimaban los detalles para la continuación del viaje. Éste se
inició remontando en botes el Magdalena, al que entraron por su
bocana de Pasacaballos en el mismo puerto de Bocachica, y al cabo
de seis días de navegación, llegaron al pueblo de Mahates; pueblo
de indios y mestizos con unas 60 casas*.
Allí predicaron una misión de siete
días; y en mulas; de que les proveyó el cura, se dirigieron a La
Barranca, donde se embarcaron de nuevo, llegando a Tamalameque,
ciudad de unos 200 vecinos con casas techadas de palma. De
Tamalameque a Mompós se invirtieron 14 días de viaje, adonde
llegaron después de haber hecho alto en Morales; El Peñón y El Alto
del Rey. En Mompós descansaron hasta el tercer día de Pascua.
Proseguido el viaje en canoas;
llegaron a Honda, después de remontar el Magdalena durante 16 días
desde Mompós. Honda era villa desde donde se irradiaba al interior
todo el comercio que subía por el Magdalena. Allí se detuvieron 32
días; mientras se agenciaban los medios de proseguir el viaje, que
hasta San Sebastián de la Plata había de ser por tierra a lomos de
mula, y, en efecto, partieron con una caravana de 47 mulas, que
llevaban a los conversores y sus bagajes. Los pueblos que el
manuscrito cita en este itinerario son Mariquita, Guayaba 1,
Galilea, La Mesa, Venadillo, Guamo, Natagaima, El Pitral, Neiva, El
Retiro, San Miguel, Santa Bárbara y Paicol, llegando a San
Sebastián de la Plata quizá hacia e127 de junio del mismo año 1756,
según se deduce.
En esta ciudad Fr. Juan de Santa Gertrudis y el P. Francisco
Urrea, compañero de expedición, se detuvieron a predicar una
misión, que duró 37 días, mientras los demás proseguían el viaje
hacia Popayán. Terminada la misión siguieron ellos el mismo camino,
y pasando por Insa, antiguo pueblo abandonado, por el páramo y
pueblo de Guanacas y por el Pedregal, llegaron a Popayán hacia el
14 de agosto *. El resto del
viaje hacia el Putumayo ya se hace por territorios misionales. El
Pongo, pueblo de indios neófitos, que servían a los conversores de
acompañantes; siempre que tenían que entrar en la misión o salir de
ella; Santa Rosa, donde quedó destinado el P. Jacinto Alonso, que
provenía del convento de La Aguilera. Desde Santa Rosa ya no pueden
entrar bestias, porque la tierra es muy escabrosa, selvática e
intransitable. Cuatro jornadas se invierten desde Santa Rosa a
Pueblo Viejo. “En estas quatro jornadas... ay en cada jornada
su tambo para pasai la noche... Se hizo prevención en Santa Rosa
que nos biscocharan el pan, porque fresco no puede durar, porque
como es clima caliente y humedo, y dentro de 24 horas se mocosea...
Como todo quanto llevavamos iva cargado a espalda de indio, solo se
lleva lo presiso...”
*.
En Pueblo Viejo pasan la Navidad y se
detienen hasta el 28 de diciembre de 1756.
Después de 3 días de marcha llegan a San José, pueblo de sólo
seis familias de indios; Santa Clara de Mocoa, a cinco días de
camino desde San José; Caquetá a orillas del Orinoco. Luego se
embarca en canoas por el Putumayo, y llegan a San Diego, que es el
primer pueblo de las conversiones franciscanas del Putumayo a cuyo
cuidado estaba un achacoso religioso, llamado el P. Mexia, criollo
y natural de Riobamba. En él quedó destinado el P Juan Plata como
compañero del P. Mexía. Los demás; siguiendo el viaje por el río,
llegaron al pueblo de Santa Cruz de los Mamos; que tenían como
conversor al P. Rosales; criollo, y con el cual se quedó de
compañero el P. Antonio Alfaro. Nueve meses después el P. Rosales
fue asesinado por sus propios indios.
Siguiendo el viaje, llegaron a La
Concepción, pueblo habitado por dos tribus; la de los payaguas y la
de los payaguajes. El pueblo estaba a cargo de un fraile lego,
criollo, llamado José Carvo. Allí se quedó de compañero el P. Fr.
Antonio Urrea, y se envió como cura del Amoguaje, 21 leguas más
abajo de La Concepción, al P. Cristóbal Romero, ambos de los recién
llegados.
Fr. Juan de Santa Gertrudis fue
destinado a fundar un pueblo nuevo con indios dispersos de los
llamados “encabellados” que vivían por aquellas selvas a
cosa de nueve días de viaje más allá del Amoguaje, confinando con
el Gran Pará. Hacia su destino partió Fr. Juan, y logró reunir
varias tribus de “encabellados”en el recién fundado
pueblo de Agustinillo, así llamado por ser este el nombre de un
indio viejo, ya cristiano, que hacía de jefe del pueblo. Después de
unos meses, Fr. Juan había reunido unas 280 criaturas. “Este
fue —escribe él mismo— el principio de mi pueblo
Agustinillo en el año de 1758”.
Una vez fundado el pueblo deseó dotarlo de algunas mejoras,
ya que el subsidio que de los superiores llegaba era prácticamente
nulo. Para ello concibió la idea de servirse de algunos productos
que estaban a su alcance, y llevarlos a Pasto para su venta.
Imprevistamente su viaje fuera de la misión se alargó más de dos
años; durante los cuales recorrió muchos pueblos de Nueva
Granada."‘Habiendo en este tiempo
—escribe— regojido unas ducientas arrobas de cacaho,
con tres canoas marché yo arriba con animo de llevarlo afuera, y
con su producto aperarme de herramientas y ropa para vestir a la
gente, y poder fabricar tablas, y con ellas hacer una iglesia mas
capaz y decente que la que de palma se avia
echo...”
En la Concepción Fr. José Carvo,
brazo derecho en la misión del Comisario P. Barrutieta, procuró
impedir su salida por todos los medios; incluso recomendando a los
indios sus acompañantes que le abandonasen en el camino, con lo que
pensaba que habría de volverse ante el peligro de extraviarse en la
selva. Esto hizo que se acrecentara la prevención que Fr. Juan
tenía contra el P. Barrutieta por su incuria para con los
conversores; abandonados a sus propios medios de
subsistencia.
La tenacidad de Fr. Juan no se vio
truncada por recomendaciones; peligros ni amenazas. En Santa Cruz
de los Mamos fue abandonado por sus acompañantes; que se llevaron
las canoas por indicación de Fr. José Carvo; pero Fr. Juan continuó
su viaje con los auxilios que allí le proporcionó el P. Antonio
Alfaro.
En San Diego topó de nuevo con la
disconformidad P. Mexía, que no quería darle avío, por tener orden
del P. Barrutieta de no permitir la salida del territorio de la
misión a ningún conversor, salvo a Fr. José Carvo, a no ser que
mediase orden suya expresa.
Ya exasperado Fr. Juan, acusaba al P.
Barrutieta abiertamente de malversar los fondos que para el
subsidio de los conversores recibía de las cajas reales; toda vez
que en nada les había socorrido desde su entrada en la misión. Se
añadía, además, la queja de Fr. Juan por no haberse observado un
punto, para él de capital importancia, que les habían prometido en
su alistamiento, sobre distribuir a los conversores de dos en dos
para su mutua ayuda, máxime estando entre gente desnuda, con lo que
fácilmente se provoca el apetito carnal, y ante la posibilidad de
que los bárbaros le pudieran quitar la vida, como ya habían hecho
con otros conversores; “que yo para ir al infierno —dice
al P. Mexía haciéndole los cargos contra el Comisario
Barrutieta— no tenía que venir a la India. Y Vuestra
Paternidad advierta que yo no bolveré a entrar a la missión, sin
que me den un compañero sacerdote con quien me pueda confesar
quando quiera o tenga nesecidad; porque si yo salvo a todos los
indios del Putumayo, y voy al infierno, ninguno me sacará de
allí”
|
(1)
|
Nota del Editor.— Hemos conservado el estudio
introductorio realizado para la edición de la Biblioteca de la
Presidencia de Colombia y también reproducido en su totalidad en la
edición (le la Colección Biblioteca Banco Popular por el señor
Jesús García Pastor, por considerarla de especial orientación para
el lector. (Regresar a
1)
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*
|
Tomo I: 4h.+395p.+ 18h. Tomo ll:4h.+323p.+6h. Tomo III:
4h.+337p.+7h. Tomo IV: 4h.+ 388 P. + 8 h. (Regresar a *)
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*
|
N. del E. Este segundo mapa no quedó incluido en la edición de
la Biblioteca Banco Popular. (Regresar a *)
|
|
*
|
“Fr. Juan de Santa Gertrudis, hijo de la Santa Provincia
de Mallorca, Religioso Menor, de la Regular Observancia, Missionero
Appostolico y Alumno en el Collegio de San Buenaventura de Baeza
Collegial del de la Virgen de Gracia en la ciudad de Popayán del
Nuevo Reyno de Granada en el Perú, Conversor de las Conversiones
del Ryo llamado Putumayo, y fundador del pueblo llamado Agustínillo
de la nación de los indios que llaman Encabellados”. (Regresar a *)
|
|
*
|
Cita a Fr. Juan de Santa Gertrudis, de quien tomamos los
pormenores que da de su muerte, Joaquín Maria Bover en su obra
"Biblioteca de Escritores Baleares", Palma, imp.
de P. J. Gelabert, 1868. Bover no aduce ninguna fuente; y es casi
seguro que se debió servir de la información que da Fr. Juan en sus
manuscritos. (Regresar a *)
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*
|
Esta obra, que no nos es conocida, la cita Bover, op. cit. Tomo
1, 381, de la que dice: “Medicina Luliana, obra especulativa y
práctica, expositiva de los principios de medicina que escribió el
B. Raymundo Lulio, terminada a declarar en términos claros el curso
de las enfermedades y su methodo curativo para provecho de los
intelligentes médicos que lo quieran seguir. Compuesta por el P.
Fr. Juan de Santa Gertrudis Serra, etc. 4t. 4° mss. adornados con
profusión de dibujos y con el retrato de Lull y firmados por su
autor, de los cuales sólo hemos visto el segundo que existe
original en Poder nuestro y consta de 10-282 Págs. y en IV que lo
tiene original el señor Capdebou, de 12-244 Págs.” (Regresar a *)
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*
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Bover, op. cit (6). Marav. de la Nat 1, 6 (7) Bover, op. cit.
(Regresar a *)
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|
Guerra colonial 1755-1763. (Regresar a *)
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|
Marav. de la Nat. 1,1-9.
(Regresar a *)
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|
Marav. de la Nat. 1, 25. (Regresar a
*)
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|
Marav. de la Nat. 1, 93 y sigs. (Regresar a *)
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*
|
Marav. de la Nat. 1, 124. (Regresar a *)
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