INDICE




Fray Juan de Santa Gertrudis...
Introducción

TOMO I
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Explicación del mapa

TOMO II
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7 (Parte1)
Capítulo 8
Capítulo 9

TOMO III
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

TOMO IV
Prólogo al lector
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 17
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
  INTRODUCCIÓN (1)

 

 

Mallorca, tierra de emigrantes y misioneros, siempre ha estado presente en la geografía de América. Jesuitas y franciscanos mallorquines nutrieron, en número muy crecido, las filas misionales por sus tierras irredentas. Ellos, junto a los demás innumerables compañeros de milicia pacífica, con su captación espiritual de los pueblos, hicieron verdadera y permanente la conquista e incorporación de América a la vieja civilización cristiana y occidental. Sus armas principales, el idioma, la instrucción religiosa, cultural y cívica en sus más variados aspectos, la sufrida paciencia y el amor desinteresado, sólo impulsado por ese fuego interno que se llama caridad.

Una parte, pequeña pero interesante, de los trabajos de estos hombres en su ardua y paciente empresa de forjadores de naciones es la que se relata en los manuscritos que ahora se dan a la publicidad. Estos manuscritos, a pesar de su gran modestia literaria, deshilachada narración, y, al parecer, intrascendente puerilidad de contenido, además de ser un aguafuerte de viva historia popular en la América del siglo XVIII, constituyen uno de los pocos documentos directos de aquella actividad misionera. 

El siglo XVIII fue un siglo vivamente interesado por las misiones americanas. Religiosos de todas clases ocupaban la periferia de las nacionalidades en ciernes, mientras ganaban terreno para la cultura, que se iba cuajando en el núcleo. Lástima que el sectarismo retrasara esta obra cultural con la expulsión de los jesuitas, que se llevó a cabo en tierras de Nueva Granada en el mes de agosto de 1767 precisamente un año después de las fechas alcanzadas por el relato de la presente obra. Por fortuna para América, la enemiga sólo iba contra los jesuitas. En su defecto se extremó el esfuerzo de los franciscanos, y el sayal azul de los menores del Pobre de Asís apareció con mayor profusión en los puestos avanzados.

Casi doce años antes de la expulsión de los jesuítas, una expedición de menores franciscanos entre los que se hallaba Fr. Juan de Santa Gertrudis, autor del presente relato, fue destinada a ocupar los puestos más extremos de Nueva Granada en el alto Putumayo. Otros hombres, animados del mismo celo, abrían con sus sandalias en otras partes cruzados caminos en la tierra virgen. Y precisamente, al mismo tiempo que Fr. Juan desarrollaba su labor misionera en la cuenca amazónica sin excesivo fruto, otro mallorquín y también franciscano, Fr. Junípero Serra, fundamentaba en California, con la apariencia de pobres conventos a la sombra de modestas iglesias; el núcleo de lo que hoy constituyen unas esplendorosas civilidades.

El relato de " Maravillas de la Naturaleza " se extiende entre los años de 1 756y 1757; es decir, pocos años después de la reimplantación del Virreinato de Nueva Granada (1740), y ocupa parte de los virreinados de Solís (1753-1761) y de Messía de la Cerda (1761-1773).

 

A) LOS MANUSCRITOS

Los manuscritos que contienen la obra “Maravillas de la Naturaleza” constituyen cuatro volúmenes, que se conservan en la Biblioteca Pública de Palma de Mallorca bajo las signaturas Ms. 401-404. Su tamaño es de 220x 155 mm. generalmente, con escasa diferencia unos de otros. La encuadernación es de basto pergamino, y muy buena la conservación del texto.

La caja de escritura difiere bastante de unos volúmenes a otros; oscilando entre los 16 y 19 cm. de altura, y los 9y 10 cm. de anchura. La paginación es muy copiosa * y está puesta por la misma mano del autor, que se produjo en la redacción de sus memorias con mucha meticulosidad, hasta el punto de hacer dobleces en todas las páginas, para darles, sin invadirlos en ningún caso, los márgenes convenientes. Procuró, además; caligrafiar cuanto le fue posible la letra.

Dos son los títulos con que el autor bautizó su obra, pues mientras las portadas llevan el título expresado de “Maravillas de la Naturaleza”; los lomos de los cuatro volúmenes llevan la inscripción “Maravillas del Perú”.

Los tomos I y IV incluyen, como apéndice, sendas láminas de 395 x 300 mm., y 400 x 310 mm. respectivamente, representativas de mapas muy imperfectos; trazados por el autor con tinta de dos colores; roja y negra. Cada cosa señalada en las cartas lleva un número, que se corresponde con otros aclaratorios de una “‘Explicación del Mapa” inserta a continuación.

 

B) EL AUTOR Y SU ESTANCIA EN AMÉRICA

 

Pocas son las noticias que del autor se han podido hallar, a no ser las que él mismo da de si en sus manuscritos, en cuyas portadas expresa la síntesis de su filiación religiosa *.

Juan de Santa Gertrudis Serra, que tal es su nombre * nació en Palma de Mallorca, y vistió el hábito de religioso observante en el convento de Jesús; extramuros de la ciudad de Palma, hoy desaparecido. Sin duda debió cursar sus estudios en la Universidad Luliana de Palma, hoy también extinguida. Allí junto con las materias propias, debió interesarse por los libros de medicina de Ramón Lull, pues se le atribuye un tratado bajo el título de “Medicina Luliana”* .

Otra manifestación de las actividades literarias de Fr. Juan de Santa Gertrudis la constituyen otros manuscritos suyos, también de los fondos de la Biblioteca Pública de Palma de Mallorca, balo el título de “La virtud en su palacio “. Es una recopilación de sermones, de la que sólo se conservan los tomos II, III y IX, sin que se conozca el paradero de los restantes. Todas estas obras acusan un mismo espíritu nimiamente meticuloso y un tanto pueril, muy irregular ortografía, y manifiesta y acusada imperfección en el empleo del castellano, que continuamente se ve alterado en su sintaxis y mezclado con mallorquinismos.

La vida de Fr. Juan de Santa Gertrudis antes de su marcha a las misiones no transcurrió totalmente en Mallorca. Sin que sea posible citar fechas; pues él no cuenta sino la efemérides sin más precisión de dato, parece que desempeñó el cargo de Guardián del Colegio Apostólico de San Antonio de Arcos de la Frontera *, y fue alumno del de San Buenaventura de Baeza.

En repetidas ocasiones de su obra dice haber viajado por Europa, y haber estado en Marsella, Génova, Roma, Nápoles, Venecia y San Juan de Malta. Quizá debió ser en alguno de estos viajes cuando en 1° de noviembre de 1755, el año antes de su partida para América, dice haber sufrido una tremenda tormenta en el Golfo de León * . Fray Juan afirma conocer el italiano y el holandés; y repetidamente se deleita en poner de manifiesto sus conocimientos de todo orden. A pesar de esto, esos mismos conocimientos de que se muestra satisfecho y orgulloso, son muy superficiales y a veces pueriles; imaginarios más que reales; y deducidos por una lógica ingenua y acomodaticia.

Después de once años de estancia en América, Fr. Juan decidió volver a España al Colegio de Arcos de la Frontera en la provincia de Cádiz, y después a Mallorca, a la ciudad de Palma "a descansar de sus penosas fatigas en el expresado convento de Jesús, donde murió santamente el día 8 de agosto del 1799" *

Su “peregrinación y viaje a la India occidental "; como él lo llama repetidamente en sus prólogos; se puede seguir con bastante exactitud, sin que se pueda aquilatar con precisión la parte cronológica, que en los manuscritos aparece despreciada, sin duda por la dificultad de su retención memorística.

La expedición misionera de que formaba parte Fr Juan de Santa Gertrudis salió del puerto de Cádiz a mitad de enero de 1756, en una fragata del Marqués de Casa Madrid, llamada “El César”, con destino al Colegio de la Virgen de Gracia en la ciudad de Popayán. Estaba compuesta de catorce sacerdotes, un comisario y cuatro donados. A los ocho días de navegación pasaron a la vista de las Canarias; y sufrieron a los veinte días una horrorosa tormenta. Todos los pasajeros y tripulantes hicieron voto en ella de ir a visitar descalzos a la Virgen de la Popa, que se veneraba en el convento de Agustinos de la ciudad de Cartagena, y llevarle en donativo lo que valía el trinquete, si les salvaba del naufragio.

Ya cerca de este puerto la fragata sufrió la inspección de los ingleses, a la sazón en guerra con Francia *, que con sesenta navíos se dirigían a Jamaica.

Llegaron a Cartagena después de 56 días de navegación, y fondearon en el puerto de Bocachica a eso de las 11 del día. Hasta el día siguiente no les “dieron patria”*. En Cartagena se detuvieron 38 días; mientras se ultimaban los detalles para la continuación del viaje. Éste se inició remontando en botes el Magdalena, al que entraron por su bocana de Pasacaballos en el mismo puerto de Bocachica, y al cabo de seis días de navegación, llegaron al pueblo de Mahates; pueblo de indios y mestizos con unas 60 casas*

Allí predicaron una misión de siete días; y en mulas; de que les proveyó el cura, se dirigieron a La Barranca, donde se embarcaron de nuevo, llegando a Tamalameque, ciudad de unos 200 vecinos con casas techadas de palma. De Tamalameque a Mompós se invirtieron 14 días de viaje, adonde llegaron después de haber hecho alto en Morales; El Peñón y El Alto del Rey. En Mompós descansaron hasta el tercer día de Pascua.

Proseguido el viaje en canoas; llegaron a Honda, después de remontar el Magdalena durante 16 días desde Mompós. Honda era villa desde donde se irradiaba al interior todo el comercio que subía por el Magdalena. Allí se detuvieron 32 días; mientras se agenciaban los medios de proseguir el viaje, que hasta San Sebastián de la Plata había de ser por tierra a lomos de mula, y, en efecto, partieron con una caravana de 47 mulas, que llevaban a los conversores y sus bagajes. Los pueblos que el manuscrito cita en este itinerario son Mariquita, Guayaba 1, Galilea, La Mesa, Venadillo, Guamo, Natagaima, El Pitral, Neiva, El Retiro, San Miguel, Santa Bárbara y Paicol, llegando a San Sebastián de la Plata quizá hacia e127 de junio del mismo año 1756, según se deduce.

 En esta ciudad Fr. Juan de Santa Gertrudis y el P. Francisco Urrea, compañero de expedición, se detuvieron a predicar una misión, que duró 37 días, mientras los demás proseguían el viaje hacia Popayán. Terminada la misión siguieron ellos el mismo camino, y pasando por Insa, antiguo pueblo abandonado, por el páramo y pueblo de Guanacas y por el Pedregal, llegaron a Popayán hacia el 14 de agosto *. El resto del viaje hacia el Putumayo ya se hace por territorios misionales. El Pongo, pueblo de indios neófitos, que servían a los conversores de acompañantes; siempre que tenían que entrar en la misión o salir de ella; Santa Rosa, donde quedó destinado el P. Jacinto Alonso, que provenía del convento de La Aguilera. Desde Santa Rosa ya no pueden entrar bestias, porque la tierra es muy escabrosa, selvática e intransitable. Cuatro jornadas se invierten desde Santa Rosa a Pueblo Viejo. “En estas quatro jornadas... ay en cada jornada su tambo para pasai la noche... Se hizo prevención en Santa Rosa que nos biscocharan el pan, porque fresco no puede durar, porque como es clima caliente y humedo, y dentro de 24 horas se mocosea... Como todo quanto llevavamos iva cargado a espalda de indio, solo se lleva lo presiso...” * En Pueblo Viejo pasan la Navidad y se detienen hasta el 28 de diciembre de 1756.  

Después de 3 días de marcha llegan a San José, pueblo de sólo seis familias de indios; Santa Clara de Mocoa, a cinco días de camino desde San José; Caquetá a orillas del Orinoco. Luego se embarca en canoas por el Putumayo, y llegan a San Diego, que es el primer pueblo de las conversiones franciscanas del Putumayo a cuyo cuidado estaba un achacoso religioso, llamado el P. Mexia, criollo y natural de Riobamba. En él quedó destinado el P Juan Plata como compañero del P. Mexía. Los demás; siguiendo el viaje por el río, llegaron al pueblo de Santa Cruz de los Mamos; que tenían como conversor al P. Rosales; criollo, y con el cual se quedó de compañero el P. Antonio Alfaro. Nueve meses después el P. Rosales fue asesinado por sus propios indios.

Siguiendo el viaje, llegaron a La Concepción, pueblo habitado por dos tribus; la de los payaguas y la de los payaguajes. El pueblo estaba a cargo de un fraile lego, criollo, llamado José Carvo. Allí se quedó de compañero el P. Fr. Antonio Urrea, y se envió como cura del Amoguaje, 21 leguas más abajo de La Concepción, al P. Cristóbal Romero, ambos de los recién llegados.

Fr. Juan de Santa Gertrudis fue destinado a fundar un pueblo nuevo con indios dispersos de los llamados “encabellados” que vivían por aquellas selvas a cosa de nueve días de viaje más allá del Amoguaje, confinando con el Gran Pará. Hacia su destino partió Fr. Juan, y logró reunir varias tribus de “encabellados”en el recién fundado pueblo de Agustinillo, así llamado por ser este el nombre de un indio viejo, ya cristiano, que hacía de jefe del pueblo. Después de unos meses, Fr. Juan había reunido unas 280 criaturas. “Este fue —escribe él mismo— el principio de mi pueblo Agustinillo en el año de 1758”.

Una vez fundado el pueblo deseó dotarlo de algunas mejoras, ya que el subsidio que de los superiores llegaba era prácticamente nulo. Para ello concibió la idea de servirse de algunos productos que estaban a su alcance, y llevarlos a Pasto para su venta. Imprevistamente su viaje fuera de la misión se alargó más de dos años; durante los cuales recorrió muchos pueblos de Nueva Granada."‘Habiendo en este tiempo —escribe— regojido unas ducientas arrobas de cacaho, con tres canoas marché yo arriba con animo de llevarlo afuera, y con su producto aperarme de herramientas y ropa para vestir a la gente, y poder fabricar tablas, y con ellas hacer una iglesia mas capaz y decente que la que de palma se avia echo...”

En la Concepción Fr. José Carvo, brazo derecho en la misión del Comisario P. Barrutieta, procuró impedir su salida por todos los medios; incluso recomendando a los indios sus acompañantes que le abandonasen en el camino, con lo que pensaba que habría de volverse ante el peligro de extraviarse en la selva. Esto hizo que se acrecentara la prevención que Fr. Juan tenía contra el P. Barrutieta por su incuria para con los conversores; abandonados a sus propios medios de subsistencia.

La tenacidad de Fr. Juan no se vio truncada por recomendaciones; peligros ni amenazas. En Santa Cruz de los Mamos fue abandonado por sus acompañantes; que se llevaron las canoas por indicación de Fr. José Carvo; pero Fr. Juan continuó su viaje con los auxilios que allí le proporcionó el P. Antonio Alfaro.

En San Diego topó de nuevo con la disconformidad P. Mexía, que no quería darle avío, por tener orden del P. Barrutieta de no permitir la salida del territorio de la misión a ningún conversor, salvo a Fr. José Carvo, a no ser que mediase orden suya expresa.

Ya exasperado Fr. Juan, acusaba al P. Barrutieta abiertamente de malversar los fondos que para el subsidio de los conversores recibía de las cajas reales; toda vez que en nada les había socorrido desde su entrada en la misión. Se añadía, además, la queja de Fr. Juan por no haberse observado un punto, para él de capital importancia, que les habían prometido en su alistamiento, sobre distribuir a los conversores de dos en dos para su mutua ayuda, máxime estando entre gente desnuda, con lo que fácilmente se provoca el apetito carnal, y ante la posibilidad de que los bárbaros le pudieran quitar la vida, como ya habían hecho con otros conversores; “que yo para ir al infierno —dice al P. Mexía haciéndole los cargos contra el Comisario Barrutieta— no tenía que venir a la India. Y Vuestra Paternidad advierta que yo no bolveré a entrar a la missión, sin que me den un compañero sacerdote con quien me pueda confesar quando quiera o tenga nesecidad; porque si yo salvo  a todos los indios del Putumayo, y voy al infierno, ninguno me sacará de allí”

(1)  Nota del Editor.— Hemos conservado el estudio introductorio realizado para la edición de la Biblioteca de la Presidencia de Colombia y también reproducido en su totalidad en la edición (le la Colección Biblioteca Banco Popular por el señor Jesús García Pastor, por considerarla de especial orientación para el lector. (Regresar a 1)
*  Tomo I: 4h.+395p.+ 18h. Tomo ll:4h.+323p.+6h. Tomo III: 4h.+337p.+7h. Tomo IV: 4h.+ 388 P. + 8 h. (Regresar a *)
* N. del E. Este segundo mapa no quedó incluido en la edición de la Biblioteca Banco Popular. (Regresar a *)  
*  “Fr. Juan de Santa Gertrudis, hijo de la Santa Provincia de Mallorca, Religioso Menor, de la Regular Observancia, Missionero Appostolico y Alumno en el Collegio de San Buenaventura de Baeza Collegial del de la Virgen de Gracia en la ciudad de Popayán del Nuevo Reyno de Granada en el Perú, Conversor de las Conversiones del Ryo llamado Putumayo, y fundador del pueblo llamado Agustínillo de la nación de los indios que llaman Encabellados”. (Regresar a *)
* Cita a Fr. Juan de Santa Gertrudis, de quien tomamos los pormenores que da de su muerte, Joaquín Maria Bover en su obra "Biblioteca de Escritores Baleares", Palma, imp. de P. J. Gelabert, 1868. Bover no aduce ninguna fuente; y es casi seguro que se debió servir de la información que da Fr. Juan en sus manuscritos. (Regresar a *)   
* Esta obra, que no nos es conocida, la cita Bover, op. cit. Tomo 1, 381, de la que dice: “Medicina Luliana, obra especulativa y práctica, expositiva de los principios de medicina que escribió el B. Raymundo Lulio, terminada a declarar en términos claros el curso de las enfermedades y su methodo curativo para provecho de los intelligentes médicos que lo quieran seguir. Compuesta por el P. Fr. Juan de Santa Gertrudis Serra, etc. 4t. 4° mss. adornados con profusión de dibujos y con el retrato de Lull y firmados por su autor, de los cuales sólo hemos visto el segundo que existe original en Poder nuestro y consta de 10-282 Págs. y en IV que lo tiene original el señor Capdebou, de 12-244 Págs.” (Regresar a *)
*  Bover, op. cit (6). Marav. de la Nat 1, 6 (7) Bover, op. cit. (Regresar a *)  
* Guerra colonial 1755-1763. (Regresar a *)  
*  Marav. de la Nat. 1,1-9. (Regresar a *)  
* Marav. de la Nat. 1, 25. (Regresar a *)  
*  Marav. de la Nat. 1, 93 y sigs. (Regresar a *)  
* Marav. de la Nat. 1, 124. (Regresar a *)  

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