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LA HISTORIA
Los
árboles que hoy habitan en Santa fé de Bogotá aparecieron de la noche a la mañana; son
el producto de una larga e interesante historia..
Prehistoria
De
acuerdo con los estudios de polen de la Sabana de Bogotá, realizados por Van Der Hammen y
sus colaboradores, los primeros árboles que habitaron el territorio colombiano, hace unos
40 millones de años (antes de la formación de las cordilleras) fueron los Pinos
colombianos.
La elevación de la cordillera oriental de los
Andes colombianos, hasta su altura actual, ocurrió entre 5 y 3 millones de años atrás.
Muy pocos de los árboles que por aquel tiempo habitaban en la zona tropical, lograron
aclimatarse a las nuevas condiciones de frío
(por encima de los 2.300 m.s.n.m.). Entre las que
sí lo hicieron podemos mencionar: los Cauchos (Sabanero y Tequendama) y el Arrayán,
además de unas cuantas gramíneas como el Chusque.
Algunas especies, originarias de las zonas
holárticas y australes, migraron por causas tan variadas como el viento, las corrientes
de agua o la intervención de aves y otros animales; y se desarrollaron en una zona con
condiciones similares a su lugar de origen: la Sabana de Bogotá. Del cono sur, hace cinco
millones de años, llegó el Encenillo. El Laurel de Cera ingresó a la flora sabanera
hace unos cuatro millones de años, venía de Norteamérica y con él, y por la misma
época, también llegó el Té de Bogotá.
El Aliso que, igualmente venía del norte, se
tardó un tiempo más en llegar, lo hizo hace un millón de años. El más reciente
viajero que llegó para quedarse fue el Roble, quien ingresó ala flora de Bogotá, hace
apenas doscientos cincuenta mil años.
Se debe comprender que, todas las especies
mencionadas, al arribar a la Sabana de Bogotá, sufrieron una evolución genética que les
permitió vivir en las nuevas condiciones ambientales, aun cuando mantuvieron algunas de
sus características originales; por ejemplo: el Aliso, después de un millón de años,
aún pierde las hojas en la temporada correspondiente al invierno norteamericano
Estos cambios, o mejor: la evolución genética,
permite a los especialistas asegurar que todas las especies mencionadas son nativas y no
exóticas; para ser más claros: migraron los Géneros, las Especies se desarrollaron en
suelo colombiano.
¿
Cómo era la Sabana?
Durante buena parte del Pleistoceno (últimos 2.5
millones de años) la sabana de Bogotá fue un lago. En su extensa historia presenta
cambios frecuentes de nivel dejando una zona pantanosa y boscosa entre su orilla y los Cerros.
Tomas
Van Der Hammen
Otras
especies, de las que se tienen datos científicos que nos permiten asegurar que vivían en
Bogotá, hace unos setenta mii años, son; el Tuno Esmeralda, el Tibar, el Granizo y la
Pagoda.
Siglo XV
Durante
el siglo XV y desde tiempo atrás, mientras los europeos se dedicaban al arte
de la guerra, los Muiscas, quienes se habían asentado desde el siglo VII antes de nuestra
era en la sabana, se bañaban en las quebradas que descendían de los cerros orientales
pescaban para su alimentación y disfrutaban de un bosque caracterizado por las especies
mencionadas
con
anterioridad
además de: Helecho Palma, Nogal, Cedro, Sietecueros, Chicalá, Alcaparros Pino Romerón,
Arrayán, Sangregao y muchas otras.
Siglo
XVI
A principios del siglo XVI Cartagena de Indias
se consolidó como punta de lanza para las exploraciones que los españoles realizaron en
el actual territorio colombiano
En 1538, después de muchos trajines y guerras,
esfuerzos y hambrunas don Gonzalo, quien venia desde Cartagena buscando la sal
zipaquíreña encontró la sabana de Bacatá y en ella fundó la ciudad de Bogotá.
Para
que se aprecie el sentimiento conquistador de don Gonzalo citamos la crónica de la
fundación; que refleja lo ocurrido hasta nuestros días:
Desen
vainada
su espada dio tres cuchilladas en señal de
posesión, en un árbol grande que estaba en aquel patio, y dijo que si alguna persona lo
contradecía... Le haría lo mismo
Bernal
Díaz del Castillo.
Crónicas
de Indias
En 1510, Carlos V, quien gustaba mucho del color
verde claro en el paisaje, ordenó la siembra de Sauces, en todos los terrenos americanos
otorgados por la corona Española.Por su parte, un tal don Juan de Castellanos, no fue muy
ecológico: en 1540, considerando que el bosque nativo era un
criadero
de pestilencias ordenó su destrucción, actitud que le costó más de una guerra
con los Muiscas, quienes tenían el bosque por lugar sagrado.
En 1541 llegaron de España ganado y cereales.
La dieta de pescado y maíz tradicional de los Muiscas se reemplazó, incrementando la
tala de bosques para obtener la leña requerida al asar carnes rojas y hornear pan.
En 1557, la Real Audiencia ordenó, que todas
las viviendas de Santafé de Bogotá fueran hechas con muros de adobe y cubiertas de teja
de barro; esta disposición incrementó la tala del bosque para la obtención de la madera
estructural de las cubiertas y de la leña para cocer las tejas.
En 1575, se realizó la persecución y tala de
los Nogales, árboles sagrados para los Muiscas; estos árboles fueron víctimas de los
misioneros que vieron en ellos una fuerte competencia con la religión que, a sangre y
fuego, quisieron imponer a los pobladores de esta parte del mundo.
A finales del siglo
XVI Los conquistadores
trajeron el Brevo, que aún se encuentra en los jardines
de algunas casas de la ciudad; además, el presidente de la Real Audiencia de Santafé,
ordenó a todos los corregidores la protección de los bosques.
La colonia
La magnífica arquitectura colonial,
desarrollada en el barrio La Candelaria y en todas las viviendas de la Bogotá de los
siglos XVII y XVIII, estaba organizada a partir de un patio central, empleado para la
siembra de árboles frutales como el Papayuelo, el Brevo, el Manzano y el Durazno, además
de arbustos, plantas florales, aromáticas y medicinales. Esta arquitectura, en la que
cada casa tenía su propio mini bosque (arboreto o bioma), no requería de parques
urbanos, por tener cada casa su parque particular.
En
1782 el sabio Mutis inició la Expedición Botánica en los bosques de los cerros
orientales de la ciudad.
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Dibujo de Jaramillo Angel
Tomado del libro
Bogotá, Carlos Martínez
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Llega
la liberación (1810)
Culminada la campaña libertadora, el
generalísimo Simón Bolívar, preocupado por el futuro estéril de la nación ordenó, en
1830, que se sembraran un millón
de árboles en el país; orden que, desafortunadamente,
no fue acatada.
A mediados del siglo XIX se trajeron desde Villa
de Leyva algunos ejemplares de Pimiento Muelle, árbol que ya por entonces se había
introducido al país desde el Perú, su país de origen, y se aclimataron con gran éxito.
Además, se sembraron Palmas de Cera Quindiana en lo que actualmente es el parque de la
Independencia.
En 1883, se construyó el primer parque de la
ciudad, para conmemorar el centenario del nacimiento del Libertador; ubicado en la
séptima con veintiséis, subsistió hasta 1957 (cuando se construyeron los puentes).
Al
año siguiente (1884) el Sr. Uribe Uribe expidió un decreto que prohibía la destrucción
de los bosques.
Según
Pérez Arbelaez
en 1893, Don Pepe Urdaneta sembró el primer Eucalipto de
la sabana de Bogotá en su finca de Soacha; otras fuentes (Emest Guhl) dicen que el
Eucalipto fue importado de Nueva York por el presidente Murillo Toro y sembrado por los
pobladores de la sabana en sus fincas y en los cerros orientales. Sea como fuere, esta no
fue buena idea, porque una variedad de Eucalipto (E. Globulus) reseca el suelo en el que
habita, y parece ser una de las causas de la desertificación paulatina que sufre la
sabana.
En
1890, cuando se tomaron las primeras fotografías de los cerros orientales, los antiguos
bosques que los cubrían, habían desaparecido por completo.
Siglo XX
Bogota debuta en el siglo XX con treinta mil
habitantes.
1910-1920
En
las dos primeras décadas, se continuó la tala masiva de bosques para la obtención de
leña. Por fortuna, al finalizar los años 20, se generalizó el uso de carbón mineral.
Diez
años después los bogotanos empezaron a
cocinar con estufas de gas. Estas energías redujeron ampliamente el uso de la leña,
deteniendo la destrucción de los pocos bosques nativos que sobrevivían por aquel tiempo.
De otro lado, la construcción de carrileras, al igual que la línea del tranvía de
mulas, que se llevaban a cabo por esos años, exigían durmientes de madera sólida, por
lo que se realizó una cacería brutal contra los Robles, extinguiéndolos
casi por completo en los alrededores de la sabana y en gran parte del país.
1950
En
1931 las cosas empezaron a mejorar; la fundación del Parque Nacional constituyó un acto
sin precedentes en favor del medio ambiente; se protegieron algunas quebradas y se
plantaron miles de árboles en sus predios. De aquellos días nos han quedado las
monumentales Araucarias, los milenarios Cipreces y las simpáticas Yuccas, tres especies
exóticas que embellecen el parque; además, especies nativas como la Palma de Cera, el
Caucho Tequendama y el Cedro. Durante esta década se construyeron muchos parques urbanos,
dentro de los que destacamos, los parques del Brasil, Teusaquíllo y San Luis.
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Tomado
del libro Bogota 1948
Paisaje
Santafé
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