Guía de Árboles de Santafé de Bogotá
Luis Fernando Molina, Gabriel Jaime Sánchez y Mauricio González
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LA HISTORIA

Los árboles que hoy habitan en Santa fé de Bogotá aparecieron de la noche a la mañana; son el producto de una larga e interesante historia..

Prehistoria

De acuerdo con los estudios de polen de la Sabana de Bogotá, realizados por Van Der Hammen y sus colaboradores, los primeros árboles que habitaron el territorio colombiano, hace unos 40 millones de años (antes de la formación de las cordilleras) fueron los Pinos colombianos.

La elevación de la cordillera oriental de los Andes colombianos, hasta su altura actual, ocurrió entre 5 y 3 millones de años atrás. Muy pocos de los árboles que por aquel tiempo habitaban en la zona tropical, lograron aclimatarse a las nuevas condiciones de frío (por encima de los 2.300 m.s.n.m.). Entre las que sí lo hicieron podemos mencionar: los Cauchos (Sabanero y Tequendama) y el Arrayán, además de unas cuantas gramíneas como el Chusque.

Algunas especies, originarias de las zonas holárticas y australes, migraron por causas tan variadas como el viento, las corrientes de agua o la intervención de aves y otros animales; y se desarrollaron en una zona con condiciones similares a su lugar de origen: la Sabana de Bogotá. Del cono sur, hace cinco millones de años, llegó el Encenillo. El Laurel de Cera ingresó a la flora sabanera hace unos cuatro millones de años, venía de Norteamérica y con él, y por la misma época, también llegó el Té de Bogotá.

El Aliso que, igualmente venía del norte, se tardó un tiempo más en llegar, lo hizo hace un millón de años. El más reciente viajero que llegó para quedarse fue el Roble, quien ingresó ala flora de Bogotá, hace apenas doscientos cincuenta mil años.

Se debe comprender que, todas las especies mencionadas, al arribar a la Sabana de Bogotá, sufrieron una evolución genética que les permitió vivir en las nuevas condiciones ambientales, aun cuando mantuvieron algunas de sus características originales; por ejemplo: el Aliso, después de un millón de años, aún pierde las hojas en la temporada correspondiente al invierno norteamericano

Estos cambios, o mejor: la evolución genética, permite a los especialistas asegurar que todas las especies mencionadas son nativas y no exóticas; para ser más claros: migraron los Géneros, las Especies se desarrollaron en suelo colombiano.

¿ Cómo era la Sabana?

Durante buena parte del Pleistoceno (últimos 2.5 millones de años) la sabana de Bogotá fue un lago. En su extensa historia presenta cambios frecuentes de nivel dejando una zona pantanosa y boscosa entre su orilla y los Cerros.
                                   
                                                                     Tomas Van Der Hammen

Otras especies, de las que se tienen datos científicos que nos permiten asegurar que vivían en Bogotá, hace unos setenta mii años, son; el Tuno Esmeralda, el Tibar, el Granizo y la Pagoda.

Siglo XV

Durante el siglo XV y desde tiempo atrás, mientras los europeos se dedicaban al “arte” de la guerra, los Muiscas, quienes se habían asentado desde el siglo VII antes de nuestra era en la sabana, se bañaban en las quebradas que descendían de los cerros orientales pescaban para su alimentación y disfrutaban de un bosque caracterizado por las especies mencionadas con anterioridad además de: Helecho Palma, Nogal, Cedro, Sietecueros, Chicalá, Alcaparros Pino Romerón, Arrayán, Sangregao y muchas otras.

Siglo XVI

A principios del siglo XVI Cartagena de Indias se consolidó como punta de lanza para las exploraciones que los españoles realizaron en el actual territorio colombiano

En 1538, después de muchos trajines y guerras, esfuerzos y hambrunas don Gonzalo, quien venia desde Cartagena buscando la sal zipaquíreña encontró la sabana de Bacatá y en ella fundó la ciudad de Bogotá. Para que se aprecie el sentimiento conquistador de don Gonzalo citamos la crónica de la fundación; que refleja lo ocurrido hasta nuestros días:

“Desen vainada su espada dio tres cuchilladas en señal de posesión, en un árbol grande que estaba en aquel patio, y dijo que si alguna persona lo contradecía... Le haría lo mismo”
                                                                            Bernal Díaz del Castillo.
                                                                           Crónicas de Indias

En 1510, Carlos V, quien gustaba mucho del color verde claro en el paisaje, ordenó la siembra de Sauces, en todos los terrenos americanos otorgados por la corona Española.Por su parte, un tal don Juan de Castellanos, no fue muy ecológico: en 1540, considerando que el bosque nativo era un “criadero de pestilencias” ordenó su destrucción, actitud que le costó más de una guerra con los Muiscas, quienes tenían el bosque por lugar sagrado.

En 1541 llegaron de España ganado y cereales. La dieta de pescado y maíz tradicional de los Muiscas se reemplazó, incrementando la tala de bosques para obtener la leña requerida al asar carnes rojas y hornear pan.

En 1557, la Real Audiencia ordenó, que todas las viviendas de Santafé de Bogotá fueran hechas con muros de adobe y cubiertas de teja de barro; esta disposición incrementó la tala del bosque para la obtención de la madera estructural de las cubiertas y de la leña para cocer las tejas.

En 1575, se realizó la persecución y tala de los Nogales, árboles sagrados para los Muiscas; estos árboles fueron víctimas de los misioneros que vieron en ellos una fuerte competencia con la religión que, a sangre y fuego, quisieron imponer a los pobladores de esta parte del mundo. A finales del siglo XVI Los conquistadores trajeron el Brevo, que aún se encuentra en los jardines de algunas casas de la ciudad; además, el presidente de la Real Audiencia de Santafé, ordenó a todos los corregidores la protección de los bosques.

La colonia

La magnífica arquitectura colonial, desarrollada en el barrio La Candelaria y en todas las viviendas de la Bogotá de los siglos XVII y XVIII, estaba organizada a partir de un patio central, empleado para la siembra de árboles frutales como el Papayuelo, el Brevo, el Manzano y el Durazno, además de arbustos, plantas florales, aromáticas y medicinales. Esta arquitectura, en la que cada casa tenía su propio mini bosque (arboreto o bioma), no requería de parques urbanos, por tener cada casa su parque particular.

En 1782 el sabio Mutis inició la Expedición Botánica en los bosques de los cerros orientales de la ciudad.

Dibujo de Jaramillo Angel Tomado del libro “Bogotá”, Carlos Martínez .

Llega la liberación (1810)

Culminada la campaña libertadora, el generalísimo Simón Bolívar, preocupado por el futuro estéril de la nación ordenó, en 1830, que se sembraran un millón de árboles en el país; orden que, desafortunadamente, no fue acatada.

A mediados del siglo XIX se trajeron desde Villa de Leyva algunos ejemplares de Pimiento Muelle, árbol que ya por entonces se había introducido al país desde el Perú, su país de origen, y se aclimataron con gran éxito. Además, se sembraron Palmas de Cera Quindiana en lo que actualmente es el parque de la Independencia.

En 1883, se construyó el primer parque de la ciudad, para conmemorar el centenario del nacimiento del Libertador; ubicado en la séptima con veintiséis, subsistió hasta 1957 (cuando se construyeron los puentes). Al año siguiente (1884) el Sr. Uribe Uribe expidió un decreto que prohibía la destrucción de los bosques.

Según Pérez Arbelaez en 1893, Don Pepe Urdaneta sembró el primer Eucalipto de la sabana de Bogotá en su finca de Soacha; otras fuentes (Emest Guhl) dicen que el Eucalipto fue importado de Nueva York por el presidente Murillo Toro y sembrado por los pobladores de la sabana en sus fincas y en los cerros orientales. Sea como fuere, esta no fue buena idea, porque una variedad de Eucalipto (E. Globulus) reseca el suelo en el que habita, y parece ser una de las causas de la desertificación paulatina que sufre la sabana.

En 1890, cuando se tomaron las primeras fotografías de los cerros orientales, los antiguos bosques que los cubrían, habían desaparecido por completo.

Siglo XX

Bogota debuta en el siglo XX con treinta mil habitantes.

1910-1920

En las dos primeras décadas, se continuó la tala masiva de bosques para la obtención de leña. Por fortuna, al finalizar los años 20, se generalizó el uso de carbón mineral. Diez años después los bogotanos empezaron a cocinar con estufas de gas. Estas energías redujeron ampliamente el uso de la leña, deteniendo la destrucción de los pocos bosques nativos que sobrevivían por aquel tiempo. De otro lado, la construcción de carrileras, al igual que la línea del tranvía de mulas, que se llevaban a cabo por esos años, exigían durmientes de madera sólida, por lo que se realizó una “cacería’ brutal contra los Robles, extinguiéndolos casi por completo en los alrededores de la sabana y en gran parte del país.

1950

En 1931 las cosas empezaron a mejorar; la fundación del Parque Nacional constituyó un acto sin precedentes en favor del medio ambiente; se protegieron algunas quebradas y se plantaron miles de árboles en sus predios. De aquellos días nos han quedado las monumentales Araucarias, los milenarios Cipreces y las simpáticas Yuccas, tres especies exóticas que embellecen el parque; además, especies nativas como la Palma de Cera, el Caucho Tequendama y el Cedro. Durante esta década se construyeron muchos parques urbanos, dentro de los que destacamos, los parques del Brasil, Teusaquíllo y San Luis.

Tomado del libro “Bogota 1948”  Paisaje Santafé

 

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