5pixeles.gif (45 bytes) 5pixeles.gif (45 bytes) Plaza de toros de La Serrezuela

Plaza de toros de La Serrezuela. Imagen

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Antonio Caballero, conocido periodista y escritor colombiano, en su libro "Toros, toreros y público," escribe: "Lo que más asombró a los conquistadores cuando pusieron el pie en el Nuevo Mundo, no fueron las plumas de los indios ni su desnudez ni los inmensos ríos fangosos. Ni las titánicas construcciones de piedra de los incas... Sino el hecho de que las civilizaciones aborígenes no tenían fiestas de toros. Del sol sí, y de la luna... Pero de toros no... -Eso prueba que los indios no son seres humanos- afirmaron. Y en efecto, la carencia de fiesta de los toros fue exitosamente esgrimida en la querella teológica de Valladolid como el argumento definitivo que demostró que los aborígenes de América no tenían alma..."

Luego de la conquista, los españoles impusieron sus tradiciones y aunque siguieron afirmando que los indígenas no tenían alma, las corridas y los toros se incluyeron de diversas maneras en las fiestas tradicionales de América.
La afición taurina en Cartagena es una de las más antiguas de Colombia y según consta en las crónicas de la ciudad, para celebrar el acuerdo y las pases entre su fundador don Pedro de Heredia y Julián Gutiérrez, un español que había despojado de su hija a un poderoso cacique en la mitad del siglo XVI, se organizó una novillada con gran regocijo popular.
Sin embargo, Cartagena de Indias, dentro de su histórico recinto amurallado, no tuvo una plaza como era debido hasta los finales del siglo XIX. En 1893, en la calle de la Serrezuela (actualmente se construyeron en el lugar una serie de almacenes), el diestro español José González Torerín dirigió los trabajos en madera según los mandatos específicos para la construcción de esta clase de plazas.
Hacia finales de la Guerra de los Mil Días, la plaza fue desmontada y alrededor de 1908, por iniciativa de los hermanos Carlos y Fernando Vélez Daníes, se construyó la segunda plaza frente al lote que había ocupado la anterior. Los trabajos estuvieron a cargo de los Filostras, una pareja de aventureros griegos que por entonces vivía en Cartagena y de don Manuel Martelo, cartagenero que dirigía las obras. Su constructor fue un modesto maestro de obra, el señor Marcial Calvo, a quien habían previamente enviado a Venezuela para que se inspirara en las plazas de toros de Caracas y Maracay.
En 1930 se inauguró esta hermosa plaza, construida con estructura de madera y mampostería. Su interior está dividido en tres grandes cuerpos: el primero cerrado, donde se encuentra la arena, el segundo donde se inscriben las primeras gradas y el tercero rematado por una serie de arcos con una cubierta inclinada hacia el interior.
Para infortunio de esta asombrosa obra en madera, en 1972 se construyó otra plaza y ésta fue abandonada a su suerte.
Investigación y textos: Jimena Montaña Cuéllar
Fuentes: Caballero, Antonio "Toros, toreros y público" Áncora Editores 1992.
Notas arquitecto Alberto Herrera.
Patiño, Mariana "Monumentos Nacionales de Colombia" Ed. Escala, 1983
 

 

 

 

 


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