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El Centro Urbano Antonio Nariño de Bogotá, fue promovido y emprendido por Jorge Leyva,
ministro de Obras Públicas durante el gobierno de Laureano Gómez. Se trataba de una
solución de vivienda popular masiva que debía seguir los cánones de la modernidad propugnados
por los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna): la vivienda debía
responder a las necesidades básicas, debía contar con un espacio social, de servicios y
de dormir, con minimación del área de circulación y eliminación de todo lugar que no
poseyera una función definida. Se introdujo la polémica que consideraba que la solución
de vivienda masiva no debía encontrarse en las unidades sino en proyectos en altura para
así lograr densidades mayores, liberación del máximo de área libre en primera planta y
localizaciones más cercanas al centro de las ciudades.
La obra de los 23 edificios del Centro Antonio Nariño diseñados por Rafael Esguerra,
Enrique García Merlano, Danial Suárez, Juan Meléndez y Nestor Gutiérrez, se inició en
1952 con un diseño para 960 apartamentos y una capacidad para 6400 personas. El proyecto
constituye la primera propuesta de este tipo que se construyó en Bogotá, concentra la
vivienda en pisos superiores y en los primeros pisos funcionan locales comerciales y de
servicios varios. Según la arquitecta Silvia Arango, la razón por la cual no se
desarrollaron con más frecuencia las propuestas de este tipo no se debe a las polémicas
profesionales de arquitectos y urbanistas sino al hecho de que por la época en que se
propusieron estos modelos, el suelo urbano tenía un relativo bajo costo de manera que no
se justificaban las inversiones que se debían hacer para la construcción de estructuras
en altura.
La obra que se había iniciado en mayo de 1952 por el sistema de administración delegada
y bajo la interventoría del Ministerio de Obras Públicas, fue suspendida en 1953 bajo el
gobierno de Rojas Pinilla con el fin de buscar nuevas aplicaciones a los edificios cuya
estructura se acababa de completar. Finalmente se decidió concluir la obra la término de
la cual el Gobierno vendió el conjunto al Banco Popular por la suma invertida. Sin
formalizar la operación el Banco realizó cambios internos en dos edificios - las que se
conocen hoy como las Residencias 10 de mayo- con el fin de adaptarlos para hoteles, al
tiempo que se destinoó el bloque A2 para la Armada Nacional. En 1957, sin embargo, el
Ministerio recuperó la propiedad y la vendió al Instituto de Crédito Territorial.
A nival constructivo el complejo habitacional utitlizó tecnologías revolucionarias en el
momento con el afán de satisfacer las necesidades de un proyecto de estas
características: se utilizó un sistema de estructura portante de vigas y columnas en
concreto armado y
placas de entrepiso con estructura reticular celulada de concreto armado. En los bloques tipo B y C se
desarrolla una tipología de fachada racional en contraste con las fachadas posteriores en
las que se manejan elementos verticales, como puntos fijos y elementos estructurales que
sobresalen, y horizontales como son los vanos sobre los corredores de acceso a los apartamentos; contrastan
también las fachadas laterales totalmente racionales y auteras, sobre las cuales se
utilizó como único material la piedra ¨muñeca¨. Los bloques tipo A, se componen de
cuatro plantas de cuatro apartamentos por piso. El lenguaje sigue siendo moderno, se
utilizan los mismos materiales de fachada aunque se utliza en estos últimos el bloque de vidrio que a nivel de fachada
marca el punto fijo
y permite una óptima iluminación interior.
El Centro Antonio Nariño fue declarado como Monumento Nacional al reconocerse como el
único ejemplo en Colombia de bloque en altura con servicios modelo que se originó en
Holanda en 1919 con proyectos como el barrio Tusschendijken en Rotterdam, y que luego se
concretó con la Ville Radieuse y la Unidad de Habitación de Le Corbusier en 1952. En
Colombia, si bien se desarrollaron proyectos de la misma naturaleza, factores sociales
hicieron que sufrieran modificaciones que les implicaron la pérdida de sus valores
arquitectónicos; no siendo este el caso del Centro Nariño que conserva intacta la
totalidad de sus características originales. |