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El sitio donde se fundaría la Villa de San Bartolomé de Las Palmas de Honda fue
descubierto por Gonzalo Jiménez de Quesada, Sebastían de Belalcázar y Nicolás de
Federman junto con el capitán Antonio Lebrija y Juan de San Martín en los primeros días
de junio de 1539, semanas despues de su salida de Santafé de Bogotá, en el mes de mayo.
Desde mucho antes del arribo de los españoles, la sociedad aborigen había logrado
establecer una red de intercambio con los pobladores vecinos de las vertientes medias de
las cordilleras central y oriental dentro de la cual el lugar de Honda se había
convertido en escala obligada.
En el sitio en donde hoy se levanta la ciudad, confluencia del río Gualí, la
Quebradaseca y el río Magdalena, la expedición debió asentarse y soportar la demora en
la fabricación de dos bergantines que les permitirían seguir por el río, así mismo, el
sitio retuvo a esta primera expedición por hacerse en él necesario el trasbordo de
cargamentos para sortear el llamado Salto de Onda. La fundación de la población con la
categoría de Parroquia se llevó a cabo en 1560. En 1643 alcanzó el título de Villa
consagrada a San Bartolomé mediante Real Cédula otorgada por el Rey Felipe IV, así
mismo se le asignó el escudo con los emblemas de la Casa de Austria y de los Borbones.
El progresivo comercio peninsular con las provincias del Nuevo Reino de Granada, había
hecho del río Magdalena la única vía posible y segura para establecer algún contacto
con el interior. Ante esta situación el interés fundamental de la Real Audiencia era el
de establecer, a parte del camino cuya apertura se había encomendado a Alonso de Olaya en
la medida en que se hacía necesario vincular a Santafé de Bogotá con el río Magdalena
para la distribución de mercancías con destino a Tocaima, Ibagué y Mariquita, un puerto
seguro y viable. Teniendo en cuenta las condiciones geográficas que hacía del Salto de
Onda una barrera natural para la navegación, ya para las últimas décadas del siglo se
había establecido allí el puerto fluvial que necesitaba el Nuevo Reino.
Si bien la ubicación definitiva del puerto que se llevó a cabo en las inmediaciones de
la población aborígen encomendada a los vecinos de Mariquita no había hecho del lugar
un punto de distribución de mercancías si había logrado dar un claro impulso al
comercio por esta vía. Ya para el primer cuarto del siglo XVII, el puerto fluvial lo
constituían ¨unos bohíos con techo de paja donde moraban los indígenas, ladinos unos,
encomendados otros¨, que con el correr de los días se convirtió en pernoctadero de
viajeros, forasteros, arrieros, comerciantes y funcionarios civiles y eclesiásticos.
De tal manera, Honda se convierte durante los siglos XVI y XVII en estación forzosa de
mercaderías y pasajeros que llegaban o salían por Cartagena de Indias. Constituye
entonces el primer puerto fluvial del país cuyo auge se prolongó hasta principios del
siglo XX. Finalmente, entre los siglos XVII y XIX, particularmente en la segunda mitad del
siglo XVIII, la villa de Honda recibe un gran impulso desde el punto de vista urbano, ve
surgir numerosas construcciones de cal y canto, conventos, colegios, hospitales e iglesias; así mismo se
establecen en el lugar empresas comerciales, fábrica de cerveza, aguardiente y gaseosas,
compañías exportadoras, bancos, hoteles y equipamientos como plaza de mercado, puerto
fluvial, ferrocarril, puentes y aeropuerto que reafirmarán la presencia de Honda como el
¨ emporio comercial con una tradición secular a donde venían a surtirse los
comerciantes de los cuatro confines del país¨, como escribiría López Pumarejo.
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