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El Cementerio Central, junto con el panóptico, varios hospitales y el matadero hicieron parte de una
serie de equipamientos urbanos que fueron ubicados en su momento más allá de los bordes
del casco urbano por albergar usos que por varias razones no eran compatibles con las
actividades cotidianas de los citadinos.
El actual Cementerio Central fue ordenado a construir por decreto del libertador Simón
Bolívar en octubre de 1827 para intentar desarraigar la costumbre de enterrar a los
muertos en las iglesias. Se asignaron los terrenos para la construcción del cementerio en
predios aledaños al camino de Engativá y el diseño original del ingeniero español
Domingo Esquiaqui en 1791 fue realizado en 1830 bajo la dirección de Pío Domínguez. El
proyecto consistía en un óvalo rematado en su extremo sur por una capilla que fue diseñada y construida por
el ingeniero Nicolás León.
El Cementerio Central fue puesto al servicio en 1836, y se organizó de tal forma que se
destinaron diferentes zonas para la inhumación de los cuerpos según su condición
social. Así, el Ovalo Central, inaugurado con el entierro del General Santander sirvió
para dar sepultura a los personajes ilustres. El anillo proyectado por Esquiaqui albergaba
las bóvedas que
servirían de sepultura originalmente a perpetuidad a quienes deseaban que su última
morada se asemejara a los muros de una iglesia. La capilla del Cementerio, se terminó en
1839 pero solamente fue puesta al servicio en 1842, año en el que se creó el cargo de
capellán del cementerio, también a partir de ese momento se inició el arreglo de la
Alameda Central, de los jardines y de los senderos y manzanas. Se empezaron entonces a
construir los diferentes mausoleos familiares que datan desde la segunda mitad del siglo
XIX; el Cementerio se fue convirtiendo entonces en "el sitio más cuidado de la
ciudad, con sus bellos jardines, flores y blancos monumentos a la sombra de grandes
árboles cultivados con esmero".
Llama la atención la forma que se le dio al cementerio desde su proyección: el óvalo se
contrapone a la cuadrícula de la planta de organización de la ciudad, y así como el damero colonial se
considera como un símbolo del poderío militar y conquistador de los españoles en estas
tierras, la forma casi circular del cementerio simboliza la ascensión de las almas hacia
el paraíso, reproducción de un imaginario propio del catolicismo en la edad media, el
cementerio por su forma se diferencia de la ciudad de abajo y evoca la ciudad circular,
ideal, de arriba.
El acceso principal del Cementerio, sitio sobre el que se encuentra la portada principal del
óvalo diseñada por Julián Lombana hacia el año de 1910, fue concebido como una
plazoleta que constituía el destino final del cortejo fúnebre, alrededor de la cual
desfilaba la carroza y que tenía como especial amoblamiento una tribuna desde la cual se
leía el discurso de despedida al difunto. La congregación debía luego permanecer en la
plazoleta y únicamente los familiares más allegados podían acompañar el féretro hasta
su tumba al interior del Cementerio.
En la década de los 60 aparecen nuevos modelos de jardinescementerios en el extremo
norte de la ciudad, y los usuarios más pudientes, quienes velaban antiguamente por el
buen mantenimiento del sitio, abandonan sus mausoleos en el Cementerio Central. A pesar de
todo esto, el Ovalo Central sigue siendo considerado como el "panteón nacional"
y en su interior se siguen enterrando a las más importantes personalidades de la vida
pública y política del país.
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