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Catherwood, Frederick Arqueólogo, arquitecto, explorador, dibujante, acuarelista y viajero. Estudió dibujo, perspectiva y arquitectura en la Royal Academy (Londres) con sir John Sloane, uno de los pioneros del vigoroso resurgimiento del interés hacia la cultura griega. En 1821 Catherwood aceptó reunirse con su amigo John Keats en Roma. A través del poeta, Catherwood se codeó con la aristocracia británica instalada en lujosas villas en las afueras de la ciudad. Se empapó de la afición reinante por la arqueología –por las “antigüedades”- viajó a Sicilia y de 1826 a 1835 aceptó unirse a la expedición de Robert Hay a Egipto. Recorrió el Medio Oriente vestido a la usanza local, aprendió italiano, árabe y hebreo y levantó un minucioso plano de Jerusalén. Regresó a Inglaterra con cientos de dibujos y acuarelas hechas por él. En Londres, Robert Burford lo vinculó al negocio de los “panoramas”, o exhibición de pinturas ampliadas en formato circular, iluminadas con mecheros para recrear vistas de ciudades, parajes exóticos o eventos históricos. El gigantesco panorama sobre Jerusalén de Catherwood fue aclamado por el público londinense. Luego se exhibió en Nueva York, hasta el trágico incendio del 31 de julio de 1842 que lo destruyó por completo. En el mundillo de los panoramas Catherwood conoció al explorador y escritor estadounidense John Lloyd Stephens* (1805-1852), quien acababa de publicar Incidents of travel in Egypt, Arabia petraea, and the Holy Land (1837) e Incidents of travel in Greece, Turkey, Russia and Polonia (1838). Firmó un contrato para acompañarlo como dibujante a una expedición a Centro América y al sureste mexicano. Partieron en 1839. Sin embargo, al año siguiente el paludismo los obligó a pasar una temporada en Nueva York. En 1841 emprendieron un segundo viaje. A pesar de las fiebres y de lo inhóspito del clima y el terreno, Catherwood dibujó con gran exactitud y detalle los vestigios prehispánicos de Palenque, Kabah, Chichén Itzá, Labná, Tulum, Uxmal y Copán, entre otros sitios, saga que le valió el apelativo de “Prometeo indomable” por Aldoux Huxley. Terminó sus dibujos en Londres con ayuda de las imágenes que captó con una cámara lúcida y el daguerrotipo. Algunas de sus ilustraciones sirvieron para las litografías en blanco y negro incluidas en los dos extensos libros en los que Stephens narra los dos viajes mencionados, Incidents of travel in Central America, Chiapas, and Yucatan (Nueva York, 1841), e Incidents of travel in Yucatan (Nueva York, 1843). Catherwood editó en Londres el espléndido portafolio Views of ancient monuments in Central America, Chiapas and Yucatan, (Londres, 1844), con breves anotaciones redactadas por él mismo, y 25 litografías en gran folio (53 x 44 cm). Los dibujos fueron pasados a la piedra en Londres por Andrew Picken, Warren, Bourne, Parrot, Thomas Shotter Boys y Georges Moore, e impresos por Owen y Jones. Catherwood coloreó a la acuarela cincuenta de los 300 ejemplares editados en sepia. Las ilustraciones suyas se consideran las mejores que existen sobre la arquitectura maya. Documentan con veracidad las efigies, deidades y la ornamentación de los monumentos, logrando además recrear el agreste paisaje y la exuberante vegetación que él y Stephens tuvieron que despejar para verlos, e incorpora a los nativos de la zona. Su obra pictórica condensa en forma admirable la fascinación romántica frente a la grandeza de civilizaciones desaparecidas. Su testimonio contrasta con el fantasioso registro visual dejado por un viajero francés que lo antecedió en México, el conde Frédéric Waldeck. Después de seguir a Napoleón a Egipto, este aventurero quedó obsesionado con la “egiptomanía”, algo usual en la época. Su libro Voyages pittoresques et archéologique dans las province de Yucatan pendant les années 1834 y 1836, fue publicado en 1838. Al final de su vida, cuando Catherwood trabajaba en la compañía de ferrocarriles de la Guayana británica, estuvo en Panamá y allí se reencontró con Stephens quien era presidente de la compañía constructora de la vía férrea interoceánica. Catherwood murió a los 55 años de edad en un naufragio en las costas de Terranova (Canadá). |
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