La Historia General de Cartagena de Eduardo Lemaitre: una síntesis frustrada

 

Lemaitre Román Eduardo, Historia general de Cartagena:  Bogotá : Banco de la Republica, 1983, 4 vols.
Jorge Orlando Melo

 

Aunque parezca exagerado decirlo, las obras de síntesis plantean problemas particularmente difíciles de organización y concepción. ¿Para qué se escribe una obra de síntesis? ¿Cuál es su público? ¿Qué tipo de fuentes debe utilizar? ¿Es necesario que aporte nuevas interpretaciones o nueva información basada en fuentes documentales?

Algunos historiadores, en forma un poco exclusivista, consideran sospechosa toda obra que se escriba para un público que no sea de especialistas, como si la disciplina histórica debiera convertirse en una especie de recinto cerrado en el que sólo pueden entrar los elegidos. Sin embargo, la práctica real de la historiografía, el deseo de los historiadores de contribuir a formar una conciencia histórica en la sociedad, la búsqueda de formas de presentación que hagan atractivos sus trabajos, hacen ver que todo historiador espera que sus aportes al conocimiento lleguen a ser conocidos por personas distintas a sus alumnos y colegas.

Este hecho no elimina cierta desconfianza general por las obras de síntesis, muy similar a la que se tiene por las biografías más o menos románticas que hicieron populares Emil Ludwig o Stefan Zweig. Muchos profesores universitarios no dejarían que nadie los viera leyendo, por ejemplo, las obras de Barbara Tuchman, aunque periódicamente escriban un tipo de obra de síntesis relativamente tolerado: el manual universitario. 

Sin poder discutir ahora todos los problemas que esta elemental pregunta plantea -¿para qué las obras de síntesis, como es posible construirlas y cual es su estructura deseable?-voy a señalar algunas de mis propias opiniones al respecto:

1. No puede pedirse a una obra de síntesis que llene con investigación propia los vacíos de conocimiento que no han llenado los historiadores en sus obras especializadas. Sería una tarea imposible, y por supuesto, el desarrollo del conocimiento a partir de nuevos análisis de las fuentes, que es el centro del trabajo histórico, es algo que realizan continuamente los historiadores profesionales, pero que no puede acelerarse a voluntad.

2. La obra de síntesis depende en gran medida del nivel de avance de la historiografía. Cuando los estudios de los historiadores apenas dan algunas respuestas elementales y cubren aspectos muy limitados de un tema, los trabajos de síntesis resultan muy insatisfactorios. Si se quiere hacer un trabajo de síntesis sobre la política en Cartagena, es evidente que si todo lo que tiene a la mano el escritor son estudios convencionales más o menos heroico, le quedará muy difícil tratar de exponer sistemáticamente el funcionamiento de los sistemas políticos, los procesos electorales, la constitución de grupos políticos en la ciudad, el desarrollo de las formas de conciencia política de ciertos grupos, etc.

3. La obra de síntesis debe reflejar en forma muy completa el estado del conocimiento y tener un conocimiento prácticamente exhaustivo de la literatura histórica existente sobre el tema. El investigador de archivo puede, aunque no debe, ignorar a veces, sin mayores riesgos para la calidad de su trabajo, materiales secundarios pertinentes que han sido escritos en otros idiomas o en sitios relativamente inaccesibles. Pero un autor de síntesis que deja de lado textos centrales sobre el tema que trabaja, que desconoce obras claves por la dificultad para obtenerlas, porque son tesis de grado, porque están escritas en otros idiomas, produce resultados inevitablemente endebles. Igualmente, el autor de las obras de síntesis debe tener una familiaridad razonable con las tendencias de la investigación histórica de su tiempo.

4. El autor de la obra de síntesis debe apelar a la documentación original y a nuevas fuentes si resulta evidente que alguna pregunta pertinente no puede contestarse con base en la literatura histórica, y que esta búsqueda es razonable en términos del tiempo que exigiría. Si revisar una colección de prensa precisa, recopilar información estadística de fuentes publicadas, mirar unos informes diplomáticos, resulta obviamente iluminador para un problema concreto, mantenerse aferrado a una literatura secundaria insuficiente es algo que también afecta con fuerza la eficacia de las síntesis.

5. La obra de síntesis busca ante todo poner al alcance de un público no especialista, los resultados del trabajo histórico. La mayoría de lo que se escribe en historia está hoy conformado por los resultados de extensos trabajos de investigación que se configuran en una tesis de grado, un artículo erudito, una obra para especialistas. Estos trabajos someten conjuntos de documentación a un proceso de análisis, usualmente guiados por un sistema de conceptos más o menos claros que dan las herramientas para convertir los documentos, mediante un proceso de interpretación, en conocimiento histórico: en declaraciones sobre como tuvieron lugar los hechos, o sobre la significación de determinados hechos, o sobre las relaciones, causales y de otro tipo, entre determinados hechos y procesos. Establecer que ocurrió, que importancia tuvo lo ocurrido, que sentido tiene un hecho histórico, y porque ocurrió siguen siendo, simplificadas al máximo, las preguntas que se hacen los historiadores. Pero todo el trabajo de los historiadores se convertiría en un juego solipsista si no llegara a los lectores no especialistas. Los mismos historiadores a veces hacen sus trabajos de divulgación y síntesis, y a veces hay escritores que se especializan en ellos. Lo que es esencial es que en el proceso de divulgación no se degrade el sentido de la investigación histórica, reduciendo procesos complejos a alguno de sus aspectos. Usualmente, los mayores defectos de los trabajos de síntesis consisten en la reducción de la historia a la narrativa cronológica, el ocultamiento de la relación entre el texto y las fuentes, la eliminación del carácter problemático del trabajo histórico, o la sustitución de los problemas que se están planteando los historiadores por una definición convencional de lo que es importante (lo heroico, lo pintoresco, lo divertido) y la reducción de las preguntas históricas a preguntas sobre cuestiones de hecho o sobre la veracidad de uno o dos documentos contradictorios.

6. Aunque la obra de síntesis no tiene necesariamente que aportar nuevos conocimientos ni nuevas interpretaciones, las mejores de ellas usualmente ofrecen al menos líneas de interpretación de grandes procesos que permiten estructurar la obra con criterios razonablemente sólidos. Generalmente estos trabajos utilizan una amplia literatura histórica para ofrecer una hipótesis de conjunto sobre la importancia de algunos procesos en el desarrollo histórico de una región, en el resultado de un conflicto, etc. Pero así las hipótesis e interpretaciones que se ofrezcan del sentido de un proceso histórico no sean nuevas, y reflejen ante todo las propuestas por los historiadores que hacen investigación, es preciso organizar el trabajo de manera que refleje al menos una percepción clara de los problemas que se están exponiendo. Sin hacerse preguntas, así sean preguntas ajenas, el trabajo histórico tiende a reemplazarse por una agregación empírica de narraciones que no constituye un verdadero trabajo histórico.

Habiendo dicho lo anterior, es obvio que mi juicio sobre la obra de Lemaitre refleje estas opiniones y convicciones, o prejuicios si Ustedes quieren llamarlos así.

Voy a tomar el primer volumen, dedicado a la fundación de Cartagena, y el segundo, relativo a la época colonial, para describir los rasgos esenciales de la obra de Lemaitre y dejar planteados algunos puntos que sirvan para una evaluación de ella.

El primer volumen, de unas 200 páginas, comienza con una breve descripción de las sociedades prehispánicas, 4 páginas, y dedica el resto a la historia de los intentos de conquista y establecimiento de los españoles en la región. La ordenación del relato, como el mismo autor lo plantea, es estrictamente cronológica. Dos temas considera el autor especialmente pertinentes: el relativo a la polémica sobre la fecha de fundación de Cartagena y el que tiene que ver con las vicisitudes “político-económicas sufridas por D. Pedro de Heredia y su hueste conquistadora”.

Hago algunos comentarios concretos al respecto:

a. La descripción de las comunidades indígenas de la región es muy insuficiente, y termina repitiendo el lugar común del carácter caribe de estas poblaciones, con su antropofagia y algunos rasgos más o menos pintorescos. Pero todo se hace sin tener en cuenta los trabajos de los arqueólogos que investigaron las culturas de concheros, ni de Carl Sauer, en su libro sobre La Tierra Firme, publicado al menos veinte años antes, ni los estudios de Leroy Gordon sobre los Sinu. Aunque estaban en inglés, ya sus conclusiones habían sido divulgadas en español y en Colombia, desde 1978 por lo menos. La fuente central es Fernández de Oviedo. Sin embargo, a pesar de lo insatisfactorio de la síntesis, mi impresión es que no hay mucho de donde pegarse para mejorarla: lo que sabemos de los indígenas de la región sigue siendo muy escaso.

b. La narración de la conquista se apoya ante todo en las descripciones de los cronistas: Juan de Castellanos y Pedro Simón, sobre todo. Las versiones de Pedro de Aguado y Bartolomé de las Casas prácticamente no se tienen en cuenta. Simón, en mi opinión, es menos creíble que los cronistas más tempranos, y por supuesto, para una obra de síntesis, era muy importante utilizar la documentación publicada por Juan Friede en su colección, la que desafortunadamente se ignora por completo. Destaca la “gran hostilidad” que encontraron los conquistadores en la región, pero no tiene en cuenta que esta hostilidad es posterior a la definición de la zona como una región abierta a la cacería de esclavos para llevar a La Española. Al señalar la disminución de la población original que encontró Heredia, atribuye este hecho a la viruela y a otras enfermedades traídas por los europeos, lo que es verosímil y puede ser el factor de mayor peso cuantitativo, pero ignora el efecto de la extracción de población como esclava para las islas del Caribe y el impacto del choque bélico mismo.

c.  Lemaitre usa uno de los primeros estudios socioeconómicos del proceso de conquista, el excelente trabajo de Demetrio Ramos, pero en mi opinión la síntesis deforma algo el sentido del argumento de Ramos. Aunque acepta considerar la conquista como una empresa económica, con lo que esto implicaba, parece dejar de lado a Heredia de estas consideraciones, y lo ve simplemente como víctima de esta situación, no como un protagonista de ella: todos los demás conquistadores lo persiguen, lo acosan y lo acusan, porque tienen ante todo un interés comercial en la empresa. (Pág. 100) Los juicios morales están cuidadosamente distribuidos: los conquistadores y jueces que tratan de beneficiarse en la conquista y se enfrentan a Heredia muestran su “codicia” y sus violencias contra los indios son arbitrariedades (116, 122)) pero las mismas conductas en Heredia no reciben adjetivación alguna.

a.  En general, Lemaitre adopta una actitud de justificación de la acción de los conquistadores. Esto se expresa en su crítica reiterada a Las Casas, (para quien defender a los indios era “una verdadera obsesión, lindante con una noble y quijotesca paranoia) (140) por las denuncias de los horrores de la conquista que considera excesivas, o en la descalificación irónica de casi todos los que trataron de frenarlas. Un ejemplo, el obispo Tomás de Toro es descrito como “alma bendita que no podía captar la realidad de las violentas fuerzas en pugna, y aspiraba a una evangelización pacífica o ideal”. Me parece algo retorcido el juicio sobre las denuncias de las crueldades a los indios, que no llevan a discutir realmente el grado de realidad de ellas, sino que lo llevan a concluir que estas denuncias, “que acusaban a los españoles de tantos horrores ..al propio tiempo los honraban,  porque demostraban que había entre ellos mismos quien los criticase de modo implacable”. En contraste, quienes apoyan a Heredia para que no resulte convicto en las acusaciones de defraudar la hacienda real o maltratar a los indios son vistos como espíritus generosos. La misma forma de evaluar los hechos de acuerdo con la simpatía que tiene con unos u otros explica por ejemplo el contraste entre su descripción de la conducta de la India Catalina, que no recibe ninguna censura, y los duros calificativos que en el volumen tres recibe, por ejemplo, el coronel Luque, por haberse pasado a los liberales legitimistas en 1831 y abandonado el gobierno, que uno supondría ilegal, de Rafael Urdaneta: traidor es el más reiterado de ellos.

b. La narración de los ataques piratas se hace con base en la documentación local, sin revisar las historias europeas de la piratería.

c. La percepción del proceso de constitución de una ciudad, su desarrollo físico, las funciones de los organismos municipales y su acción en estos primeros años, las formas de vida social, el tipo de población que se instalaba en la ciudad, las formas de relación entre ellos, la construcción de edificios con funciones públicas, etc., no hace parte de los intereses de Lemaitre. Con esto quiero destacar que la concepción que tiene de su obra no es realmente de una historia urbana, en el sentido ya vigente treinta o cuarenta años antes de la escritura de este trabajo.

Una revisión del contenido del volumen dos muestra las mismas características, aunque es preciso señalar algunas diferencias. En este volumen, por lo menos un aspecto de lo que constituye la historia urbana de Cartagena recibe un tratamiento más amplio, y es el que tiene que ver con la fortificación de la ciudad, tema en el que sigue los libros clásicos de Marco Dorta y Zapatero.  Igualmente se encuentra una breve narración de los procesos inquisitoriales dados a conocer por José Toribio Medina, aunque no hay huella de las consideraciones de Manuel Tejado Fernández. Los temas no militares se complementan con una historia de la construcción del canal del dique, una síntesis de la trata de negros y una amplia transcripción de las descripciones de Ulloa y Juan. Finalmente, se ha dado gran importancia a los eventos internacionales: los ataques a Cartagena, la colonización de Caledonia (que parece un poco fuera de tema), etc. En todos estos casos la estructura del trabajo es transparente: el autor ha buscado hacer un resumen de las principales afirmaciones de los dos o tres autores más conocidos que se han referido a un tema. No hay un esfuerzo por revisar la literatura histórica en otros idiomas, con algunas excepciones -hay una cita de Chaunu, pero en general su obra no se usa. Los vacíos bibliográficos son grandes y en algunos casos debilitan bastante el resultado de la síntesis.

Sin embargo, lo más discutible tiene que ver con la selección de los temas que se incluyen en la obra. ¿Que debe incluir una obra de síntesis? Esto puede parecer obvio, pero finalmente no es claro que deba incluir una la historia general de Cartagena. El adjetivo “general” del título es difícil de agarrar: ¿quiere decir que la obra busca incluir los diferentes aspectos del proceso histórico de Cartagena, en toda su generalidad? ¿Historia económica, histórica social, demografía, historia de la educación y de las costumbres, historia de la vida política local, historia del desarrollo físico y arquitectónico?. Al leerla, es claro que no: el autor ha hecho una historia muy especializada, centrándose en un tipo muy preciso y limitado de acontecimientos, generalmente de orden político. En relación con el ámbito geográfico cubierto, la obra parece operar sobre la base de considerar significativo el material que tiene que ver con sucesos, además de la fundación misma a la que se dedica todo el tomo I, que tuvieron lugar en el ámbito de la ciudad de Cartagena y que tenían que ver con la política neogranadina o nacional. Con esto quiero subrayar que la obra excluye en general el tratamiento del ámbito regional de Cartagena: en estos dos primeros volúmenes, este principio se cumple con excepción del tratamiento de la formación de palenques y la historia de la colonización de los escoceses en el Darién.

En ninguno de los campos no políticos hay, fuera de algún caso excepcional, preguntas históricas, planteamiento de problemas, continuidad en la narración, esfuerzo por construir una imagen de conjunto. Lo que tiene que ver con historia social, económica o cultural está conformado por insertos, por apartes que se introducen un poco a la manera de recuadros o apéndices, y muchas veces son básicamente listas informativas. Es evidente pues que no constituye un esfuerzo de síntesis de historia urbana general, en el sentido usual de este término. Si uno trata de enumerar algunos temas obvios que podrían haberse tratado, puedo mencionar -y seguramente existe mucha literatura sobre otros temas urbanos que yo desconozco- la evolución demográfica de la ciudad, -hay varios censos conocidos- la información sobre encomiendas, sobre las que ya existían varios estudios, el análisis del comercio y de su papel en la ciudad, con sus diferentes ciclos y el impacto de las guerras sobre comercio y abastecimientos, los problemas de abastecimiento de harinas, la historia del consulado, el papel del contrabando, un análisis algo más sistemático de la dinámica racial local, etc.  

CONCLUSIONES

1. Por ello, me parece que no deformo en extremo la obra al señalar que el tema no es la historia urbana de Cartagena, sino la ciudad como sitio de conflictos nacionales. Podría uno señalar obvias descripciones de procesos indispensables en una historia urbana y que no se dan aquí: por ejemplo, no es posible saber cuantos habitantes tenía Cartagena en un momento determinado, cuanta gente iba a la escuela, que escuelas y colegios había; nada se sabe de la política local, de la constitución local de los grupos políticos (que a veces se mencionan de pasada), de las relaciones entre los políticos nacionales y los de la ciudad, de alcaldes, concejales y gobernadores, no hay en la ciudad elecciones ni presupuestos ni inversión municipal. Los estudios sobre costumbres y vida cotidiana, que tan desacreditados estaban entre los historiadores hace 20 años y ahora se han vuelto casi una moda literaria, se reducen a la transcripción de testimonios casuales en dos o tres momentos. Preguntas sobre los problemas derivados de la coexistencia en el ámbito urbano de distintos grupos raciales, fenómenos posibles de discriminación, formación de ideas sobre estos temas, formas de trato, etc., tampoco se analizan. Las ideas de la gente, las representaciones mentales, las creencias, lo que ahora se llama coquetamente los “imaginarios”, pero antes estudiaban la historia cultural o la iconografía tampoco se plantean. Por supuesto, no puede pedirse a un autor que escribe lo que hoy queremos, pero no hay que olvidar que este trabajo es de 1983, cuando muchas de las cosas que uno identifica con la historia urbana estaban dejando ya de estar de moda, de lo puro antiguas que se habían vuelto.

2. La perspectiva del autor es esencialmente la de hacer un resumen de “cuanto de positivo valor se ha publicado hasta la fecha”. La idea de resumen, en mi opinión, afecta negativamente la composición de la obra. Aunque parezca una paradoja, lo que más daño hace a una obra de síntesis es el resumen: es preciso alejarse del texto de los historiadores para redefinir la estructura narrativa, si se quiere hacer una síntesis eficiente. El mismo reconoce no haber hecho aportes substanciales de base documental, aunque menciona las investigaciones en Quai d’Orsay que aclaran algunos aspectos de los bloqueos de Cartagena -aunque al leerlos, no encuentro nada que no se supiera ya por otras publicaciones colombianas.

3. El material bibliográfico utilizado es en su casi totalidad muy conocido. Porras Troconis,   Jiménez Molinari, Otero d’Costa, Marco Dorta, los documentos publicados por Urueta, Corrales, Gutiérrez de Piñeres y Arrázola, Fals Borda. Pero nada parece haber escuchado Lemaitre de los aportes de muchos investigadores, si estos no están publicados en español.

4. La visión del papel del historiador tiene mucho que ver con la de juicio moral de los participantes. Este es un enfoque muy discutible y en mi opinión usualmente muy estéril, y lleva a ignorar los problemas que plantean los hechos. Hay ejemplos diversos en relación con todo el análisis de los conflictos durante el período de la independencia (T III) o en los diversos eventos de las guerras civiles. Los personajes que no gozan de la simpatía del autor resultan descalificados, sus hechos se interpretan como traición, en forma usualmente coherente pero que transparenta en varios casos una perspectiva de partida y cierta perspectiva social de “gente bien”.

5. Las mejores cualidades del trabajo están en el nivel literario. El autor tiene una prosa ágil y agradable, y aunque el tamaño de la obra probablemente introdujo cierto cansancio en el autor, que se advierte a veces, las narraciones son animadas y entretenidas, así resulten a veces excesivas. Son narraciones de corte periodístico y argumental: trama y desenlace.

6. Como obra de síntesis, resulta demasiado extensa para el lector que busca simplemente una información básica y ordenada que le permita precisar las líneas centrales de la evolución de la ciudad y los principales factores que afectaron su desarrollo. A pesar del carácter de obra reverenciada que ha adquirido, dudo que sean muchos los que la leen completa: los trabajos especializados siguen siendo el sitio lógico para ir cuando se trata de obtener información sobre una guerra civil, un incidente militar o diplomático internacional. Y un resumen más breve sería el necesario para un lector que apenas se inicia en el tema.

Puedo poner decenas de ejemplos, pero me limito a algunos.

Aunque el comercio apenas se toca durante la época colonial -y esta es otra ausencia demasiado evidente, dada la función de la ciudad durante todo este período- el autor no tiene en sus bibliografías ni a Chaunu ni a los autores que continuaron su obra para la segunda mitad del siglo XVII y para la época de Cádiz. La historia del consulado se pierde, aunque ya había sido estudiada por Smith. Los estudios de Kuethe, y esto me sorprende mucho, tampoco aparecen, con lo que un proceso central de finales del XVIII, con profundas implicaciones sociales y militares, se pierde del todo. Sobre el tráfico de esclavos es mucha la biografía importante que no utiliza.

En la parte republicana, es sobre todo una narración de los acontecimientos políticos más visibles del orden nacional.

Fuente de información básica sobre algunos temas (derribo de murallas, conflictos militares)

Es una nueva presentación de material ya conocido, pero que no se aleja demasiado de la fuente: no parte de problemas sino de temas, y siguiendo fundamentalmente dos o tres fuentes, a veces confrontadas con algunas más, se hace una nueva narración de los hechos, que usualmente sigue en forma muy cercana a alguna de las fuentes. En el caso de la conquista tenemos a Enrique Otero d’Costa. En el siglo XIX son ante todos sus propios libros (La Bolsa y la Vida y la Historia del Canal del Dique) y los Orlando Fals Borda,  Antonio del Real, Donaldo Bossa, José María Samper, etc.

Ausencia total de toda preocupación sistemática: la narración es cronológica. No hay búsqueda de información complementaria, sino intento de narrarla siguiendo la bibliografía existente.

Uno de los pocos temas que alcanza un poco de continuidad es el análisis de los esfuerzos por construir, mantener y reconstruir el canal del Dique, y sus relaciones con las dificultades económicas de la ciudad. Pero incluso en este campo, el esfuerzo por identificar con claridad los problemas, buscar la documentación que permitiera responderlos y desarrollarlo en forma sistemática es muy limitado.

La Historia General de Cartagena fue terminada en mayo de 1983.

211: conquistas

390: colonia

198: independencia

616: república (De ellas 450 al siglo xix)

Apéndices documentales, ilustraciones

Aunque en algunos momentos surgen hechos relativos a la relación con Mompox u otras regiones, es sólo cuando un hecho de importancia arrastra estos problemas. Hay, sin embargo, un problema que se menciona y del cual se sacan a luz varios incidentes a lo largo de todo el libro, en particular en el último volumen y es el que tiene que ver con la rivalidad con Barranquilla. Sin embargo, no alcanza a adquirir tampoco el carácter de un tema principal del libro,- así el autor subraye que este constituye el enfoque nuevo que ofrece su libro- aunque dan pie para algunas de las pocas hipótesis analíticas del libro, relativas a las causas de la “decadencia” o “estancamiento” de Cartagena y su desplazamiento como centro comercial por Barranquilla. Por supuesto, temas como el de la relación económica de la ciudad con el campo circundante, la relación de los propietarios cartageneros con las explotaciones económicas agrarias, con las implicaciones sociales de esto, ni se mencionan.