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NARCOTRÁFICO Y DEMOCRACIA: LA EXPERIENCIA
COLOMBIANA
Jorge Orlando Melo[1]
Para
los colombianos de hoy, la droga se ha convertido probablemente en el fenómeno de mayor
impacto sobre la vida nacional del último medio siglo. Al narcotráfico se atribuyen, en
diversas medidas y con grados variables de exactitud, efectos de todo orden. Para algunos,
la exitosa marcha de la economía durante los últimos veinte años tiene en los recursos
generados por la venta de drogas una de sus causas principales. Para otros, la violencia,
que ha afectado al país en un grado desconocido por cualquier sociedad que no se
encuentre en una guerra abierta, es atribuible ante todo al impacto de los grandes grupos
de delincuentes generados por el tráfico de estupefacientes. La destrucción del sistema
judicial, la impunidad habitual, la corrupción creciente, son atribuidos en forma usual
al papel de los comerciantes de estupefacientes. Dineros y recursos, a su vez, han
permitido en opinión de muchos que la droga influya sobre los hábitos de consumo, la
cultura diaria de la población, el manejo de los medios de comunicación, las campañas
políticas, los partidos, y en general sobre la distribución del poder. No sólo algunos
periodistas extranjeros o los retóricos funcionarios del gobierno norteamericano
caracterizan a Colombia como una narcodemocracia: nuestros mismos compatriotas ven con
diaria reiteración las noticias que muestran como el congreso, los alcaldes de remotas
localidades, la justicia o los funcionarios burocráticos están penetrados, influidos,
orientados por los narcos.
Como
ocurre siempre en situaciones complejas y dramáticas, estas caracterizaciones encierran
mucho de verdad pero al mismo tiempo se someten a la lógica de una retórica que en pocas
áreas ha tenido tanta fuerza como en esta. El narcotráfico, en todo el mundo, es un
fenómeno que se entiende poco pero se denuncia mucho, en el que las percepciones
inmediatas nunca ceden ante las evidencias pausadas de la investigación, en el que los
intereses de los gobiernos y de los medios de comunicación favorecen visiones
sensacionalistas y extremas, que dificultan captar en su nivel real la magnitud del
fenómeno y analizar las difíciles tramas de causalidad e influencias que los afectan.
En
este texto, en forma somera, tratare de hacer una presentación esquemática, pero que
espero no pierda todos los matices, del problema del narcotráfico en Colombia durante los
últimos años, tratando de seguir este proceso, y el de sus variadas influencias sobre la
vida Colombiana, teniendo siempre como punto de referencia su impacto sobre la política y
la economía del país.
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