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Agradezco mucho la invitación a participar en la presentación de este libro,
bastante cercano a mis intereses de fondo. Soy antioqueño, y los antioqueños hemos
desarrollado en los últimos años una sensibilidad especial por nuestro pasado: los
barrios, pueblos y veredas escriben su historia, las escuelas de historia de la ciudad
hacen tesis casi exclusivamente sobre temas
regionales, el público paisa y en especial el de Medellín se fascina con el pasado,
muchas veces bajo la forma elemental de la nostalgia o del orgullo familiar, y
probablemente como una respuesta interesante y en cierto modo sofisticada a un presente dudoso. Soy historiador, amigo y colega del autor
desde la Universidad Nacional,. Entre los nietos y bisnietos de don Nicanor Restrepo
Restrepo tengo algunos de mis mejores amigos, para
no llamarlos parientes, pues no es gracia ser
uno de los más de cinco millones de Restrepos que debe haber en Colombia (si contamos a los que llevamos el apellido en
puesto diferente al primero, pues en asuntos genéticos, a menos que inventáramos un
evolucionismo machista, el orden no altera el producto).
Don Gonzalo Restrepo Jaramillo fue, sin duda alguna, un
personaje extraordinario. Los conocedores de la historia colombiana sabían, en forma vaga
e imprecisa, que había sido quizás el más
coherente ideólogo conservador de la primera mitad del siglo, un hombre de empresa
exitoso y dedicado, y que había participado en la vida política con éxito y limpieza.
Tenían la impresión de que hacía parte del grupo antioqueño que desde los años veinte
se había distinguido por una posición más pragmática, más abierta al cambio
económico y social, menos sectaria e intransigente que la que caracterizó a los
conservadores del oriente colombiano. Uno lo asimilaba, en términos generales, al grupo
ospinista, muy lleno de industriales y empresarios, cercano a la iglesia y con buenas
relaciones con los liberales locales, sobre todo con los que, como ellos, hacían parte de
un patriciado que se encontraba en el Club Unión y en las juntas directivas de las
empresas.. Son muchos los actores políticos afines a esta imagen: José Gutiérrez
Gómez, cuya biografía detallada sería importantísimo hacer, Esteban Jaramillo, Hernán
Jaramillo Ocampo, Francisco de Paula Pérez, Jesús María Marulanda, Jesús María Arias,
para mencionar solo a los conservadores de origen antioqueño.
El libro de Víctor Álvarez amplia, precisa y corrige en
muchos aspectos esta imagen. Tenemos ahora una visión más rica y exacta de su papel como
empresario: su trabajo en la droguería central, la creación de droguerías Aliadas, el
Almacén Primavera, Olarte Vélez, los años del Banco Comercial Antioqueño.
Sobre todo, esta biografía tan documentada nos deja mucho
más claro su papel en la política, desde su precoz inicio como diputado, hasta los
cargos nacionales, representante, senador, dirigente del partido conservador, Ministro de
Relaciones Exteriores. Y también tenemos una riqueza de información nueva sobre sus
posiciones ideológicas, sus libros y artículos relativos al conservatismo, al
enfrentamiento entre el cristianismo y el comunismo, a los problemas políticos
colombianos.
El libro se apoya en una amplia, amplísima
documentación.: el autor ha podido revisar los archivos personales de la familia cercana,
pero también los papeles de Carlos E. Restrepo, el tío admirado de Gonzalo, que se
encuentran en la Universidad de Antioquia, los
documentos dejados por Miguel Moreno
Jaramillo, uno de sus más cercanos amigos., fuera de diversos archivos públicos, del
Municipio de Medellín, la Universidad de Antioquia y el Ministerio de Relaciones
Exteriores, sobre todo. Quizás habría habido hallazgos interesantes en la documentación
del Departamento de Estado de los Estados Unidos, pero son obvias las dificultades para
consultarlos, pues en Colombia solo es posible consultar los documentos norteamericanos
sobre las relaciones con Colombia hasta 1944. Y una opción del autor, subrayar la vida
política del doctor Restrepo Jaramillo más bien que la vida comercial, industrial y
financiera, explica que no se hubieran
revisado los archivos empresariales. Queda
tema para un nuevo libro, don Gonzalo Empresario, en el que los archivos del Banco
Comercial Antioqueño y los de las empresas más familiares serían la mina por explorar.
Pero lo más sorprendente de este libro es la imagen que,
con base en las cartas, recuerdos y testimonios personales, revela de don Gonzalo. En
cierto modo, nos muestra un Gonzalo Restrepo
Jaramillo sobrehumano de lo puro bueno, de lo puro y perfecto humano. Esposo fiel e
impecable, hasta un grado inverosímil, hijo obediente, padre amantísimo, educador
dedicado, severo y ameno de sus descendientes, afable, generoso, cordial. Alguien que
nunca hizo una trampa, una maniobra electorera, una componenda marrullera. Alguien que
nunca perdió el control, que jamás insultó a sus contrincantes, que nunca tuvo una
palabra odiosa hacia nadie. Alguien que se retiraba a dedicarse a la agricultura y la
oración. Que prácticamente nunca debió faltar a una misa, a un rosario vespertino, a la
comunión mensual que su padre encarecía. En su carácter y su conducta, probablemente
encarnaba, en una forma extrema, los deseos educativos de su padre y seguía el ejemplo de
este mismo, y quizás de su abuelo y su bisabuelo paternos. Es difícil encontrar un
ejemplo similar de mantenimiento de una tradición de comportamiento, de una visión
política de perspectivas tan afines, de desconfianza con el enfrentamiento
liberal-conservador, de rigor moral, que conforman una de las imágenes típicas, entre
otras menos austeras, del patriarca antioqueño. Claro que hubo ovejas negras en la
familia, como el hermano tomatrago de don Nicanor, y el mismo don Nicanor no era
probablemente tan santo como Gonzalo, pues alguna vez, muy joven, a los 19 años,
declaraba en una carta a su hermano Carlosé, que se casaba, que era "vagamundón de oficio" y que no
conocia el juicio ni de nombre". Pero por lo que vemos en este libro, seguramente
exageraba, y su hijo fue apenas un poco más rígido, un poco más consistente en el
mantenimiento de unas reglas de conducta. Como el mismo don Gonzalo decía, "Así yo
fui no solo material sino también intelectual y moralmente el hijo de mi familia, su
producto" (p. 87)
Por supuesto, al recibir esta imagen tan consistente, tan
ajena a toda debilidad humana, uno no puede dejar de llevarse por cierto escepticismo,
cierta desconfianza, pero esta acaba superada por la abrumadora insistencia de la
documentación y de los testimonios: las cartas a su esposa, llenas de ternura después de
años de matrimonio, los relatos de nietos y familiares, como las descripciones de
Agustín Jaramillo Londoño sobre las salidas a pescar con su tío y sus primos,
[1]
o las descripciones de María
Cristina Restrepo en ese delicioso libro La vieja casa de la CalleMaracaibo
[2]
, acaban por convencerlo a uno, más
allá de toda duda. Y lo que es más sorprendente, aunque algunos de los textos sugieren a
veces una cierta rigidez jansenista y formalista de carácter, y no deja de sonar algo
hierática y solemne sorprender la fotografía de don Gonzalo en traje de gala, entre los
libros de su biblioteca, es que nunca deja de destacarse el lado afable y sonriente de su
manera de ser, su capacidad para relacionarse con los niños, en fin, una naturalidad que
uno no espera en esta clase de personas. Puede que la documentación tenga algo de sesgo,
pero sin duda es leve, y solo entrevistas con amigos cercanos -pues el autor acudió poco
a este recurso, entrevistando ante todo, para los más cercanos, a José Gutiérrez
Gómez, don Guti , y a Jaime Sanín Echeverri-podrían matizar algo esta imagen,
revelarnos que tuvo algunas inesperadas o transitorias debilidades menores.
El autor ha buscado ofrecernos, en estrecha dialéctica,
la vida de don Gonzalo y el contexto en el cual actuó,
las circunstancias que pudieron influir sobre su vida. En desarrollo de este
procedimiento de exposición, hace frecuentes presentaciones de la situación nacional, de
las condiciones económicas del momento, de los procesos centrales de la vida universal.
Esto, me parece, es una de las debilidades del libro. No vemos la vida de Gonzalo Restrepo
trabada realmente en las circunstancias, respondiendo a las condiciones que se presentan,
sino un marco relativamente abstracto y remoto. Con ocasión de cada incidente importante
de su vida vemos, como en un gran marco, el conflicto de oriente y occidente, el comunismo
y el capitalismo, liberales y conservadores, pero no quedamos con una idea clara del
incidente concreto: poco nos dice el libro de las maniobras del romanismo a las que
respondía, en lenguaje algo remoto, don Gonzalo, o de lo que realmente pasaba en sus
empresas, de sus relaciones concretas con el laureanismo, de lo que hizo en la política
real, y no solo como escritor o ideólogo, para enfrentar el comunismo, de sus aliados y
opositores.
Esto, por supuesto, no es ajeno a un rasgo del
biografiado: sus textos, a pesar de que tratan de Colombia, se construyen a partir de
conceptos y visiones de carácter bastante abstracto.
Y esta abstracción se comunica al relato, en buena parte porque la estructura de la
narración depende, en un procedimiento que el autor justifica en las primeras páginas, en buena parte de la transcripción de textos del
autor: cartas o artículos o porciones de los libros, que por supuesto no dan la
información complementaria requerida para entender que estaba pasando.
Por otra parte, el libro deja una noción muy vaga de la
evolución de don Gonzalo, de la medida en que los hechos de su vida lo cambiaron, lo
transformaron. Mi impresión es que muy poco: en los años veinte lo vemos más cerca de
la tolerante actitud "republicana" de su padre y su tío, pero ya entonces se
advierten en algunos de los textos transcritos ciertos rasgos de intransigencia, que se
hacen un poco más fuertes a medida que la confrontación liberal y conservadora se
agudiza. Eso sí, sin que nunca rompiera con la idea de una confrontación cortés, en la
que el opositor liberal podía ser refutado, y el opositor comunista prohibido, pero a
través de un mecanismo civilizado, del debate o la acción legal y estatal.
El autor, al apegarse fielmente al procedimiento descrito,
no narra en forma completa los incidentes políticos en que participó su personaje.
Prefiere abandonar cada evento tan pronto don Gonzalo lo abandona o los textos del mismo
Restrepo Jaramillo no le dan más apoyo: vemos, para dar un ejemplo, como Restrepo
Jaramillo apoya en 1929 la ley para subvencionar con 20.000 pesos por kilómetro la vía
al mar. Nunca sabe el lector si se aprobó o no la ley, como tampoco se entera de que una
ley anterior había ya ordenado un subsidio a esta carretera. Creo que el uso de una
bibliografía más amplia, en particular de las diferentes biografías escritas sobre
otros políticos de la época, y las memorias y textos de algunos políticos del orden
nacional, habrían dado un sentido a veces más claro a ciertos incidentes.
[3]
Escuchamos que fue un hombre de amplia formación
literaria, pero poco sabemos de sus gustos, sus lecturas favoritas, sus autores subrayados
y releídos, y del proceso que formó su estilo o sus apreciaciones. Tampoco quedamos con idea de las influencias que
conformaron sus ideas. El autor subraya su amor por la literatura, aunque el ejemplo que
da de su "clásica vocación de letras", sugiere que por aquí no era el fuerte
de nuestro protagonista: "el saludo no es al poeta; es al heraldo que nos trae,
aromada con azahares andaluces, la tradición irreductible de la Madre Patria". Pero
es interesante, y muestra al menos que su afición iba más allá de ocasionales lecturas,
que hubiera traducido poemas de Baudelaire, Heredia y Corneille, y que hubiera hecho un
libro juvenil de poesías, que el profesor Álvarez no se animó a presentarnos.
Hay algunas muestras de excesiva prudencia en el libro, de
bondad extrema. Supongo que es el autor el que esconde el nombre aludido, pero creo que
todo lector queda con la curiosidad de si don Nicanor Restrepo mostró, además de su
robusto sentido común, una gran capacidad premonitoria al describir a un joven y
ambicioso político bogotano, que le aparece, en 1913, como "lo más maluco que he
visto..., hombre amoral, que si hoy está embarcado en la nave católica, la dejará
cualquier día que vea que hay otra que flota mejor; es agresivo, insolente y no tiene
más objetivo que satisfacer su soberbia. Al mismo tiempo, tiene todas las condiciones del
gran político, desde la elocuencia, que me pare ció única en la Cámara, el valor y
alguna erudición, hasta la más absoluta falta de escrúpulos, condiciones que harán de
él un hombre funesto para Colombia". (pag. 70) Lo único que sabemos es que su
nombre comienza por L. Y por supuesto todos nos imaginamos quien es, pero valdría la pena
saber si estamos en lo cierto.
Encuentro algunos vacíos menores en la narración. Uno de
ellos, que supongo es el más importante, es el de las relaciones con la Iglesia. Me
imagino a don Gonzalo de confidente de Monseñor Manuel José Caycedo, de monseñor
Joaquín García Benítez, de monseñor Manuel José Sierra, de monseñor Félix Henao
Botero. De asesor político y hasta financiero. Nunca en este libro se mencionan las
relaciones con los tres primeros, y solo ocasionalmente con monseñor Henao. Del mismo
modo, en la vida adulta desaparecen las menciones a los jesuitas: ¿no tendría nada que ver con el padre Daniel
Restrepo, con el padre Félix Restrepo, con los jerarcas de la orden en Colombia? Es
posible que estas relaciones con la iglesia haya sido menos fuertes de lo que yo creo,
pues el libro muestra la actitud independiente de Restrepo Jaramillo frente a monseñor
Perdomo, con ocasión de la elección presidencial de 1930. Pero tampoco podemos olvidar
que en 1936 Gonzalo formó parte de la alianza por la fe, impulsada por Sierra, el padre
Germán Montoya y Alfonso Uribe Misas, un conservador bastante rígido, y que Laureano
Gómez ordenó la disolución de este grupo, por razones que no es fácil adivinar.
Otro vacío, me parece, es el del carácter del
conservatismo antioqueño y sus diferentes vertientes. Belisario Betancur cuenta que en
los cincuenta se enfrentó a Gonzalo Restrepo a nombre de los pobres contra los ricos;
esta ruptura entre un grupo patricio y sectores de políticos y organizadores de sectores
pueblerinos y populares se había ya presentado al menos desde 1924, cuando surge el
romanismo, y se prolonga en diversas formas al menos hasta el segundo gobierno de Alfonso
López Pumarejo. Este fenómeno, que afectó también al liberalismo, dividido entre los
"manzanillas" de Rafael Arredondo y los oligarcas del Club Unión, me parece
central en la historia política de Antioquia, y aunque no puede pedirse a una biografía
que lo desarrolle, si habría sido útil saber que relaciones tuvo Restrepo Jaramillo con
él. Por otro lado, el autor pasa muy rápidamente por sobre algunas opiniones de don
Gonzalo Restrepo, relevantes para analizar su trato con diversas corrientes del
conservatismo. El libro, por ejemplo, no menciona el extenso ataque que hizo don Gonzalo
en 1936 al republicanismo, al que describe como uno de los factores que pervirtió al
conservatismo y permitió el triunfo de Olaya, al abrir el camino para el deslizamiento de
muchos conservadores hacia este candidato. Creo leer un ataque a su admirado tío, a
Carlos E. Restrepo, que fue en 1930 el más influyente conservador olayista, y me parece
por ello que este texto merecía una mención o un comentario que no se hacen.
El tercer aspecto omitido tiene que ver con la
modernización cultural y el conflicto en Medellín: don Gonzalo nació el mismo año que
León de Greiff, que Tartarín Moreira, que Fernando González, quien se casó con una
prima suya. En 1915 -tenía Gonzalo 20 años-, salió Panida, una revista de ruptura que
pretendía superar el modernismo (antimodernista, que no postmoderna) en la que
participaba su tío José Luis. En el mosaico
de hechos que transformaban a Medellín ese año el autor no menciona Panida, y si las
citas de sus textos de entonces son una guía segura, parece que el joven Gonzalo no se
dio cuenta de nada : estaba, como joven discípulo de los jesuitas, lamentando "las
claudicaciones impías " y los "católicos vergonzantes" .
Aunque, como ya lo dije, el autor logra convencerme
plenamente de la extraordinaria calidad humana de don Gonzalo Restrepo Jaramillo, la
fascinación con su personaje, convertido en cierto modo en modelo para nuevos tiempos, lo
lleva a minimizar aún más los pocos rasgos en los que alguien podría encontrar alguna
debilidad o falla. Su ataque a " las absurdas teorías de la igualdad femenina",
su rechazo a la idea de que la ley puede
"remediar las desigualdades de la naturaleza, como no podría asignar al hombre las
tareas del hogar o a la mujer las de la guerra ", son calificados únicamente con la
indicación de que en esto era "buen hijo de su tiempo". Sin embargo, no hay que
olvidar que también era buen hijo de su tiempo y de su ciudad alguien como Ricardo Uribe
Escobar, quien hizo su tesis para defender la igualdad entre los sexos. En esto, don
Gonzalo optó, cuando era posible optar, cuando en el horizonte de su tiempo se discutían
perspectivas alternativas, por posiciones más bien conservadoras y rígidas. Otro ejemplo
de esto es su defensa de la Ley de Seguridad, cuando reitera el locus clásico del
autoritarismo: si los comunistas atacan la democracia, la democracia no tiene porque
darles derechos. Su satisfacción porque los conservadores no han dejado acceso a la
cátedra a los liberales, porque "los conservadores tuvieron el talento de
aprenderles que el que manda enseña" me parece igualmente antidemocrática: faltan
esas conductas de verdadera tolerancia y liberalismo que nunca echaron raíces en el
país. Y por eso, siento que el autor cierra un poco los ojos al narrar en forma que
constituye un respaldo las quejas de conservadores por la exclusión burocrática que
sufrieron bajo el régimen liberal, sin censurar igualmente la exclusión que tuvieron los
liberales durante los gobiernos conservadores.
Mientras veo como sectarias algunas de aquellas actituds
de don Gonzalo, no comparto la calificación que hace el autor de que Restrepo Jaramillo
actúo en forma sectaria al oponerse a un homenaje del Congreso a Rafael Reyes, pues era
bastante coherente oponerse en esta institución a quien la había cerrado y apresado y
desterrado a varios de sus miembros. Ni me parece sectario per
se que votara en contra de un saludo a un político liberal que visitaba a Medellín en la
misma proposición que se daba la bienvenida al presidente de la república.
Tampoco me convence del todo la visión acerca de la gran
apertura de Gonzalo Restrepo a la cuestión social. Evidentemente, los empresarios
antioqueños, y Restrepo Jaramillo entre ellos, tuvieron una visión pragmática de
ciertas reformas sociales, y consideraron que una desigualdad extrema era favorable al
conflicto y lanzaba a las masas al radicalismo. Pero veo poco que pasara de un elemental
paternalismo, así tampoco me convenza la idea, que se ha derivado de los análisis de
Alberto Mayor, de que ese paternalismo era un
estrategia coherente para someter a los obreros. No he podido identificar al inspirador de
sus ideas sociales: en los años veinte parece ser el padre (John Augustin?) Ryan, autor
de un catecismo de la cuestión social que se publico en NY en 1921 y de un libro sobre la
justicia distributiva que se publicó en español solo hacia 1940. Después, la mayor
influencia proviene a primera vista de las encíclicas de León XIII, pero sin que un
pensador que sin duda tenía una notable capacidad conceptual, como lo muestra en algunos
de sus libros, muestra haberse enfrentado realmente a estos problemas.
Y en un hombre con la simpatía y el influjo de don
Gonzalo, uno quisiera saber más de las relaciones con sus amigos, que algo se filtran a
través de una correspondencia en la que se citan sobre todo las apreciaciones de Restrepo
Jaramillo sobre hechos e incidentes públicos. Poco sabemos de su amistad con el único de
los amigos que aparece frecuentemente en esta narración, Miguel Moreno Jaramillo. En
general, un poco más de atención a la vida privada habría redondeado mejor la imagen de un personaje, le
habría dado algo de carne y realidad: en otros libros se destacan, mucho más que aquí,
una interesante y casi profesional afición a la jardinería, y unos hábitos de fumador
que no lucen irrelevantes, dada la enfermedad que sufrió y destruyó la fuerza de su voz,
descrita, en forma también algo pudibunda, por Belisario Betancur como "algo
cascada".
En el fondo, advierto en el libro un afán de criticar una
visión excesivamente proliberal, que atribuye con algo de exageración al conjunto de la
historiografía reciente. Si lo tomáramos al pie de la letra, aunque debemos saber que es
un recurso retórico, los historiadores de las últimas décadas habríamos creado una
especie de leyenda rosa del régimen liberal, al cual se atribuirían todos los avances
sociales y políticos, y una leyenda negra del conservatismo, identificado con el atraso.
Es preciso matizar el diagnóstico: la historiografía reciente ha sido también en muchos
casos muy crítica de los gobiernos liberales, por su papel en el origen de la violencia,
o por la falta de coherencia entre su discurso muy democrático y progresista y sus
prácticas reales, y ha destacado el papel de los gobiernos conservadores, para mencionar
algunos temas, en el anticipo de la legislación laboral o de la modernización educativa
y en el impulso al desarrollo económico -casi todos los historiadores sitúan lo que
podría llamarse el despegue real capitalista en la administración de Pedro Nel Ospina.
Hay, por supuesto, estudios poco críticos y poco balanceados, pero no son tantos. Sobre
todo, el peligro de ver las cosas tan en blanco y negro es que se tiende a reemplazar una
leyenda por otra de signo contrario, cuando probablemente la realidad es en estos temas
bastante gris, tanto durante la república conservadora como en la república liberal. En
ambos partidos fue común la intransigencia, y en ambos había personajes civilistas,
tolerantes y realistas. Y si la demagogia y el radicalismo retórico afines al liberalismo
pudieron tener consecuencias negativas, también la visión que podemos llamar patricia
del país, poco consciente del peso de los conflictos sociales urbanos o agrarios, siempre
proclive a atribuirlos al influjo de ideas exóticas, poco atenta a las presiones de la
modernización, demasiado confiada en el poder de la iglesia y la tradición, contribuyó
a los impases que enfrentó el país como consecuencia del cambio económico y social que
por otros lados impulsaban liberales y conservadores.
Pero no puede pedirse a un libro que lo tenga todo, y esta
enumeración, aparentemente amplia, de desacuerdos, pesa muy poco dentro del conjunto de
virtudes de esta obra, afecta apenas una mínima parte de un excelente cubrimiento de la
vida de un intelectual y político notable. Es un trabajo de alto nivel, una de las
mejores biografías publicada en los últimos diez o quince años en el país
[4]
, y si han quedado muchos cabos
sueltos podemos alegrarnos por dejarlos abiertos al trabajo de otros historiadores. Si el libro hubiera sido tan perfecto como el
personaje, creo que estaríamos tan abrumados que no podríamos decir nada. Debemos
felicitar al autor, y agradecer en forma especial a la familia Restrepo Jaramillo, por
permitir, en un país en el que no se valoran ni conservan ni prestan los archivos
privados, su interés y colaboración para que se hiciera un trabajo en muchos sentidos
ejemplar.
_______________________
[3]
No
aparecen en la bibliografía libros como el de Luis Duque Gómez sobre don Román Gómez,
el Camilo C Restrepo de Guillermo Echavarría, la
biografía de Emilio Robledo escrita por Jaime Sanín Echeverri, el Don Fernando de Pedro
Nel Giraldo Londoño, el libro de Marcela Uribe Villegas, Fernando Gómez Martínez,
periodista y político, ( Santa Fe de Bogotá : Senado de la República, 1995), la
obra de Joaquín Emilio Jaramillo sobre don
Esteban Jaramillo ni la tesis de Catalina Reyes sobre Mariano Ospina Pérez.
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