La Historia de la Costa de Eduardo Posada Carbó: un libro excepcional Es

Jorge Orlando Melo

imposible hablar de este libro sin sumarse en forma inmediata al coro de elogios que ha suscitado. Es un libro excelente, construido a partir de una amplia visión de los problemas regionales, con una aguda conciencia de su multiplicidad e interrelacion. Tiene algo de enciclopédico, pues desarrolla en forma eficiente y extensa la narración de los temas relativos a la historia de la ganadería, de la agricultura, del sistema de transportes, del desarrollo relativo de las ciudades, de la industria, el comercio y la banca y del regionalismo, sin olvidar los lazos entre una y otra y sin dejar en ningún momento de ver la región como un todo. Y esta ambición enciclopédica se apoya en una excelente revisión de materiales impresos –es casi imposible pensar en algún trabajo no utilizado-, en informes de cónsules, viajeros y diplomáticos y en una buena revisión de algunos de los archivos nacionales más pertinentes, como los de FAES o los de Carlos E. Restrepo o Pedro Nel Ospina.

 

Quizás no tan ricas son las fuentes locales consultadas, menos por omisión del autor que por el tradicional descuido en la conservación y organización de archivos oficiales, políticos y empresariales en la región. Pero este descuido no es total, y los que sigan las huellas de este libro no dejarán de encontrar algunas fuentes novedosas que permitirán ampliar el cuadro tratado con tanta amplitud en esta obra y ofrecerán oportunidad para discusiones y replanteamientos.

 

Hay dos argumentos importantes en el libro que revisan las visiones y opiniones ya establecidas, desarrollados con gran competencia, pero que no me convencieron del todo: lo que podría llamar una reivindicación de la ganadería frente a las afirmaciones de que contribuyó al atraso de la región, al consolidar un tipo de estructura agraria basado en la gran propiedad, los bajos ingresos de la mayoría de los trabajadores, las limitaciones que esto ofrecía al mercado y el impacto sobre la producción agrícola, que se presumía más propia de los pequeños propietarios. La discusión de este punto exigiría sin duda mucho tiempo, y una competencia que no poseo. Creo que Posada ha refutado una versión unilateral y extrema de la tesis sobre las calamadidas producidas por la ganadería: la idea de que fue y es la causa única causa del atraso económico y social de la región, o de que todos los propietarios ganaderos eran latifundistas, o que los pequeños propietarios nunca tenían ganado. Sin embargo, no hay argumentos definitivos contra una versión más matizada pero todavía muy crítica del impacto de la ganadería en la región. Ahora que miramos con mayor interés los factores institucionales y culturales que influyen en la actividad económica, no dudo de que los estudiosos harán nuevos esfuerzos por mostrar la relación entre varios elementos del ethos económico e incluso de la estructura política no muy promotores del desarrollo con las formas que adoptó la estructura rural y con el tipo de actividad económica dominante.

 

Del mismo modo, y en relación con el mismo problema de la estructura agraria, creo que Posada ha mostrado con muy buenos ejemplos que la situación del campesino no era tan cerrada como podría aducirse en una versión unilateral del carácter opresivo y explotador del gran propietario: evidentemente, en una sociedad con una frontera relativamente abierta, la sujeción de los trabajadores no puede ser total. Sin embargo, las alternativas para los pobres, no puede olvidarse, eran particularmente costosas. La vida del colono, alejado de los centros poblados, en un medio ecológico limitado y poco productivo, sujeto a enfermedades y a la muerte prematura de muchos de los miembros de la familia, solo resulta atractiva después de un elevado umbral de maltrato. En todo esto, me parece la presentación de Posada es mucho más matizada e informada, pero que sus múltiples restricciones y calificaciones – "no necesariamente", "no todos", "no siempre"- no constituyen realmente una demolición de las tesis más tradicionales.

 

El otro esfuerzo de revisión de las tesis de los historiadores desarrollado con bastante atención es el de la significación de la industria bananera en la historia de la región. Posada subraya la importancia del sector productor nacional, el complejo contexto de restricciones que regulaba la acción de la United Fruit y la existencia de diversos impactos sobre la economía que hacen en su opinión invalido considerar esta industria como un enclave. También aquí creo que el cuadro ha ganado muchísimo en precisión y en riqueza, pero en mi opinión sigue siendo válido plantearse, en el marco de intrepretaciones como la del "dependentismo" de José Antonio Ocampo, si había elementos importantes en la estructura de la industria bananera que limitaban su capacidad para estimular en forma substancial otros sectores industriales o agrícolas complementarios.

 

Resulta interesante el análisis del regionalismo costeño. Como se ve en el libro, tuvo mucho de regionalismo defensivo, sin un contenido cultural muy propio –al menos hasta años recientes, cuando comienza la invención de la cultura costeña-, orientado ante todo a obtener una cuota mayor de recursos fiscales y de nombramientos del estado central. Propuestas como al de La Prensa en 1941, de crear un eje Cartagena-Barranquilla-Santa Marta, para oponerlo al eje Medellín-Manizales-Cali, tenían el obvio defecto económico de asociar economías paralelas y con problemas similares, y contrastan con el tipo más expansionista de "regionalismo" antioqueño de este siglo, que buscaba recursos del estado para abrirse hacia otros sitios: los dos grandes conflictos de Antioquia con el gobierno nacional tuvieron que ver con la falta de apoyo para el ferrocarril que uniría a Medellín con Cali (y que provocó también el rechazo de los caucanos) y con el fracaso del ferrocarril que uniría a Medellín con Cartagena (que también condujo a la oposición de políticos como Manuel Dávila Flórez-, quien temía que esto condujera a la colonización de la costa por los antioqueños). Un regionalismo que frente a una economía cuyos problemas principales, como muestra Posada, eran la falta de comunicaciones terrestres con el interior y la falta de mercados suficientemente amplios para desarrollar la industria y la agricultura, parece haber optado, en forma algo autodestructiva, por cierto grado de aislamiento,.

 

El libro plantea y en parte supone unos argumentos y definiciones sobre la relación entre conceptos relativamente elusivos y difíciles como nación, región e identidad. Concluye con la esperanza "de que haya surgido de este libro... la imagen de una región con identidad propia". El análisis de esta cuestión –la identidad de la costa- es sin duda sofisticado, y trata de enlazar en una trama unificada el impacto de un paisaje relativamente común, una actividad económica con un alto componente comercial, unas formas culturales que los diferenciaban de las personas del interior y hasta un comportamiento político distintivo.

 

En los años recientes, una inmensa literatura, estimulada vigorosamente por la idea de las "comunidades imaginarias" propuesta en 1983 por Benedict Anderson, ha mostrado a la nación en buena parte como el resultado de una invención, a veces propuesta como un proceso más o menos arbitrario, pero con mayor frecuencia planteada como una creación elaborada a partir de una comunidad étnico-cultural o de un proyecto político unificador. Estos análisis del proceso de constitución de la nación –que ya comienzan a influir los debates internos colombianos- pueden sin duda extenderse al mundo de las regiones. ¿Como y porque se configuran las regiones que reconocemos hoy en Colombia? ¿Son realidades sólidas, claramente identificables a partir de conductas y rasgos étnicos o culturales o en buena parte mitos construidos, historias elaboradas para justificar alternativas políticas? ¿Constituyen regionalismos enfrentados a un nivel profundo con la nación, focos de un eventual separatismo, o son simplemente configuraciones mentales, formas de sentimiento y estrategias de acción subordinadas desde el comienzo a una perspectiva nacional? La Historia de Antioquia, publicada en 1985, la Historia del Gran Cauca, publicada en 1992, y el conjunto de trabajos del grupo de historiadores de la costa del que es excelente ejemplo Eduardo Posada Carbó muestran la fuerza de la preocupación académica por lo regional, y han logrado producir estudios académicos de un nivel muy superior al que caracterizó las historias regionales escritas en la primera mitad del siglo, en los años de la república conservadora, quizás para responder a una historiografía nacional que se identificaba con el proyecto centralista de la regeneración. Estos trabajos recientes muestran las incertidumbres de un país cuya crisis política actual se manifiesta, tanto como en el conflicto armado, en la indecisión acerca de las reglas que deben regular las relaciones entre el estado nacional y los gobiernos regionales, entre la nación, la región y la localidad. Y sin duda confirman en buena parte la visión convencional, que ha mostrado como en Colombia, así ( o tal vez porque) el nacionalismo sea débil, las diversas formas de regionalismo no se han configurado en contraposición a la nación sino sobre todo en el enfrentamiento a más prosaicos problemas de asignación presupuestal o de distribución de competencias y autonomías administrativas.

 

Sin entrar a discutir la forma como Eduardo Posada construye su concepto de la región costeña, puede decirse que con este libro se completa una primera fase, un primer ciclo en el proceso de reconstrucción crítica del pasado de la costa. Una obra que al mismo tiempo que realiza importantes aportes derivados de la obtención de nuevas informaciones, de la construcción de nuevos hechos y problemas, ofrece un esfuerzo de síntesis integral de ese proceso. Como todas las síntesis, es sin duda provisional.

 

Muchos, sin duda, se preguntarán si es posible avanzar más en la construcción de series estadísticas que permitan aplicar en forma más precisa modelos de desarrollo económico, o plantearse hipótesis de corto alcance verificables empíricamente: Posada, con muy buen sentido, ha evitado ir mucho más allá de lo que las fuentes disponibles permiten. El papel del gasto público, la historia de las formas de trabajo urbano, el impacto de la educación, hacen sin duda parte de la historia regional que es preciso elaborar. La cultura de la región asoma, por supuesto, en varias de las discusiones, como la del papel de los extranjeros en la zona, o en las primeras discusiones sobre los rasgos característicos de la costa, pero sin duda es mucho lo que hay que desarrollar estos temas, que incluyen además, en esta región, el difícil problema de las identidades sociales y raciales.

 

Pero lo hecho es más de lo que nadie hubiera pensado posible hace pocos años, y por su calidad y el meticuloso balance entre la discusión de la documentación y la formulación de explicaciones, El Caribe Colombiano, una historia regional 1870-1950 da una base sólida para la continuación de este proceso de análisis y para que las insuficiencias que todavía se tienen en el conocimiento de la costa empiecen a superarse con nuevas investigaciones.