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MARTIN
LUTHER KING Jr.
Por Juan de Dios Mosquera
Mosquera
Martin Luther
King, hijo, fue uno de los grandes líderes que produjo el siglo XX, protagonista de la
lucha por los Derechos Humanos de los pueblos oprimidos, en especial de los Afroamericanos
de Estados Unidos. El ejercicio de su extraordinario liderazgo en pro de la eliminación
del racismo partió en dos la historia nacional de los estadounidenses, al liderar la
conquista de los derechos étnicos, civiles y económicos negados a través del sistema de
apartheid impuesto por los blancos a los descendientes de los africanos que fueron
esclavizados en América por los europeos.
Nació el 15 de enero de
1929 en Atlanta, Georgia, uno de los estados del sur de la EE.UU., donde predominó la
esclavización de los africanos en plantaciones de algodón. Su padre tuvo el mismo nombre
y también fue pastor de la Iglesia Baptista.
En Estados Unidos, cuando
nació M. L. King las clases dominantes blancas se resistían a eliminar la herencia
racista y opresora de la sociedad esclavista considerando a las personas negras como seres
sin derechos ciudadanos, y se seguían justificando con absurdas ideas inventadas de la
Biblia, según las cuales Dios otorgaba a los blancos el poder sobre las personas negras
debido a que eran inferiores y menos inteligentes y pensaban que la gente negra le debía
obediencia y servidumbre eterna a los blancos.
Por ser hijo de un pastor
baptista, la infancia de M. L. King transcurrió en mejores condiciones que la mayoría de
los niños negros de su tiempo. En EE.UU. la población africana utilizó la religión
para cóncientizarse de su dignidad, desarrollar su identidad y organiiarse en defensa del
derecho a la libertad, primero, contra la opresión esclavista, después, contra el
racismo y la discriminación racial.
Para afrontar la
segregación racial en las iglesias blancas, los afroestadounidenses crearon las iglesias
negras e hicieron de ellas centros de concientización y promoción de la organización
comunitaria. Los pastores se convirtieron en guías y conductores políticos de las
comunidades y entrando el siglo XX fueron los líderes del movimiento antirracista por los
derechos civiles.
Para M. L. King el ser hijo
de un pastor le posibilitó mejores condiciones familiares y oportunidades para acceder a
la educación. En 1948 obtuvo el grado de Bachiller en Artes y luego se trasladó a la
ciudad de Shester, Pensilvania, donde realizó estudios religiosos y se graduó como
Licenciado en Teología. Fue muy apreciado durante su vida de estudiante; sus profesores
resaltaban su inteligencia e iniciativa creadora, la disciplina que colocaba en todos sus
compromisos y el sentimiento de identidad con los valores de la Africanidad y la
Afroamericanidad. Desde sus estudios secundarios, M. L. King ya se mostraba como un activo
defensor de los derechos del Pueblo Negro y, por la claridad de su pensamiento, despertaba
la admiración y el respeto de sus compañeros y las personas que le rodeaban.
Cuando cumplíó los 24
años, M. L. King se enamoró de Coretta Scott una joven talentosa y comprometida con la
lucha del Pueblo Negro, y practicando el consejo de los ancianos de buscar la pareja
correcta, se casó con ella el 18 de junio de 1953. Coretta fue su compañera de luchas
hasta su muerte; tuvieron cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres.
En 1954, M. L. King es
designado por la comunidad como pastor de la Iglesia Baptista de Dexter Avenue, en
Montgomery. Dedica todas sus energías y sermones a la concientización de las personas
negras, en especial de los jóvenes, desarrollando en ellas la autoestima de los valores
afroamericanos y animándolos a integrar las organizaciones que luchaban contra el racismo
y la segregación racial.
En Estados Unidos, tan
pronto fue abolida la esclavitud el 1° de enero de 1863, las clases dominantes blancas
comenzaron a expedir leyes racistas y segregacionistas que imponían el criterio de
"separados pero desiguales" en contra de las Comunidades Negras.
El sistema de segregación
(apartheid) prohibía los matrimonios y las relaciones sexuales entre parejas de razas
diferentes. Las personas negras y blancas fueron separadas en las estaciones, los puertos,
los trenes, los buses. No podían cohabitar en lugares públicos: hoteles, restaurantes,
cafeterías, discotecas, iglesias, peluquerías; telefónicas, hospitales, parques y hasta
en los cementerios. En las ciudades, las familias negras fueron obligadas a vivir lejos de
los barrios blancos y en condiciones miserables. En los juzgados, personas negras y
blancas debían jurar en Biblias distintas, y en todas partes crearon un doble sistema
escolar. Si una persona negra era herida en la calle, si no llegaba a recogerla una
ambulancia para "Negros" no la auxiliaba ninguna ambulancia para blancos. Era un
sistema horrible que condenaba a las Comunidades Negras a vivir en ghettos de pobreza,
ignorancia y servidumbre.
La segregación racial
indignaba y humillaba a M. L. King y comenzó a enfrentarla desde sus actividades como
pastor afiliándose como militante de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente
Negra -NAACP-, organización fundada en 1900 por filántropos blancos. Pensando que aún
no estaba preparado, suficiente y eficazmente, para asumir el liderazgo intelectual y
organizativo de la lucha, decidió ingresar a la Universidad de Boston y en la primavera
de 1955 se recibe como doctor en Teología. Sus estudios le permitieron profundizar los
fundamentos filosóficos sobre la libertad, la justicia y la dignidad humana a través de
pensadores como Mahatma Gandhi, Thoreau, Niebuhr, Jean Paul Sartre y Federico Nietzsche.
Martin Luther King, con la
seguridad de los principios filosóficos del cristianismo y la no violencia ghandiana,
consideró que para combatir el racismo y la segregación racial era necesario construir
en cada Comunidad Negra un proceso organizativo cívico y masivo, consciente y dinámico,
capaz de provocar una gran movilización de las gentes negras y no negras, solidarias en
la lucha contra la injusticia. Para él no era estratégico oponer la violencia armada
negra a la violencia asesina de los racistas blancos. Esta actitud y conducta lo
confrontó ideológicamente con otros sectores organizados de la Comunidad Negra como los
Musulmanes Negros y las Panteras Negras.
Martin L. King, dispuesto a
dedicar su vida a la lucha por los derechos civiles del Pueblo Negro, formó un equipo de
trabajo con Ralp Albernathy pastor de la Primera Iglesia Bautista. Los dos estaban de
acuerdo con que la mejor estrategia para luchar contra la segregación racial y por los
derechos civiles era unir y movilizar el poder de las iglesias negras. Ambos hicieron
parte del Comité Ejecutivo local de la NAACP y desde sus iglesias animaron a sus miembros
a ápoyar y comprometerse con el proceso organizativo de lucha contra el racismo.
El jueves 1 de diciembre de
1955 ocurrió "El Milagro de Montgomery" que generó la proyección del
liderazgo y provocó el cambio rotundo de la vida de M. L. King: Rosa Parks, humilde
obrera muy querida por la Comunidad Negra, fue ultrajada y detenida por un policía blanco
por haberse sentado en una silla "sólo para blancos" en un autobus, y haberse
negado a cederla al subirse un hombre blanco.
La NAACP consideró que la
detención de Rosa Parks era la gran oportunidad esperada para movilizar a la comunidad
negra lanzando un boicot contra la segregación en el transporte público y demandando la
eliminación de las leyes segregacionistas.
M. L. King y Ralp Albernathy
convocan una asamblea de los pastores de las Iglesias y, de acuerdo con los líderes
comunitarios y estudiantiles, aprueban llamar a la comunidad negra a lanzar un boicot
contra la segregación en los transportes. Para coordinar y orientar la acción
constituyen la Asociación para el mejoramiento de Montgomery. Martin Luther King es
elegido presidente.
La Comunidad Negra acata el
llamado y, con disciplina y heroísmo, deja de utilizar el transporte público
enfrentándose al acoso y la violencia de las autoridades, y los blancos racistas
organizados en comandos del Ku Klux Klan y los Consejos de Defensa de los Blancos. La
resistencia y oposición de los racistas radicalizó a la Comunidad Negra, y con la
difusión de la protesta el boicot se extendió por otras ciudades como Birmingham, Mobile
y Tallahassee. ¡Un año de luchas duró el boicot! La victoria con la eliminación de la
segregación en los transportes produjeron la conciencia, la fuerza y la confianza en el
pueblo afroestadounidense de que sí podía destruir el conjunto del sistema racista y
conquistar sus derechos civiles y humanos.
En 1957, después de una
dinámica evaluación de la trascendencia y proyecciones del proceso de lucha iniciado, M.
L. King y los pastores negros crean la conferencia de líderes cristianos cuyo propósito
fue orientar la lucha del Pueblo Negro contra la segregación racial, por su dignidad y
los derechos civiles. La CLCS se proponía encauzar la organización, la concientización
y las formas de movilización local y nacional del Pueblo Negro de los Estados Unidos.
La rueda de la historia
continuaba su incontenible caminar. M. L. King había logrado renombre nacional e
internacional, su liderazgo inspiraba y representaba el espíritu de lucha de millones de
personas de todos las razas que durante décadas habían sufrido resignadas las
humillaciones y la represión del sistema racista, y estaban decididas a construir el
presente y un futuro digno para sus hijos, un futuro con justicia y libertad.
En 1957, M. L. King se
había convertido en la conciencia antirracista de la nación estadounidense. Enfrentando
las amenazas, atentados, complots judiciales y calumnias, trabajaba sin descanso con las
comunidades de todo el país intercalando las responsabilidades de activista, filósofo y
educador, sembrando la semilla de la libertad en todo el mundo y las bases legales y
morales para una nueva vida del pueblo afroestadounidense.
Como activista, M. L. King
trabajó incansablemente en la organización de las Comunidades Negras en poblaciones y
ciudades de todo el territorio de los Estados Unidos. Consideraba que la organización era
la base de la fuerza y el poder de acción y movilización del Pueblo Negro.
En 1960 apoyó la creación
del Comité de Coordinación de Estudiantes No Violentos, cuyo papel fue comprometer y
promover la movilización de la juventud, y los estudiantes hicieron las
"sentadas" pacíficas en todos los establecimientos públicos y privados donde
se practicaba la segregación racial. En los años siguientes creó el movimiento por la
libertad. No descansó; seguía construyendo organizaciones comunitarias e impulsando
campañas diarias y grandes manifestaciones que concentraban la opinión pública nacional
y mundial; la más importante fue la marcha sobre Washington en 1963 donde pronunció el
famoso discurso "Tengo un sueño". Una a una van cayendo las normas racistas, y
las comunidades negras conquistan la ley de derechos civiles y su convencimiento sobre la
fuerza del amor y la no violencia quedará consignada como herencia espiritual de M. L.
King para las generaciones de todos los siglos venideros en sus libros: La marcha hacia la
libertad, La medida de un hombre, La fuerza de amar y Por qué no podemos esperar. En
ellos exalta el humanismo, el ejercicio de la dignidad y la justicia que encarnaban su
pensamiento y sus acciones.
En 1964, el mundo entero
reconoce y aclama la contribución de M. L. King a la paz mundial cuando se le concede el
Premio Nobel de la Paz. King recibe este galardón en nombre de la lucha del Pueblo Negro
y de las gentes de todos los colores que, unidos por la solidaridad, lograban el derrumbe
inexorable del sistema de apartheid que envilecía la dignidad de los pueblos de los
Estados Unidos. M. L. King había logrado orientar con su liderazgo la destrucción del
sistema racista de la primera potencia mundial.
El 4 de abril de 1968 un
hombre blanco, llamado James Earl Ray, asesinó a M. L. King. El mundo entero lo lloró y
lo extrafió, la rebelión del Pueblo Negro incendió y destruyó las calles de los
Estados Unidos. Su cuerpo desapareció físicamente pero su alma, su palabra, su
pensamiento, su ejemplo, iluminan y orientan la lucha de los pueblos oprimidos por el
ejercicio y el respeto a los derechos humanos. Honor y gloria a Martin Luther King.
ABRIGO UN SUEÑO
"Cuando los arquitectos
de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la
Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de
ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, si, tanto a negros
como a blancos, les serían garantizados los inalienables derechos a la libertad y la
búsqueda de la felicidad.
Pero hay algo que debo decir
a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos
evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos
corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la
amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino llano y
elevado de la dignidad y la disciplina. No permitamos que la protesta creativa degenere en
violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas en que tiene
lugar el encuentro de la fuerza física con la fuerza del alma, y la maravillosa nueva
militancia, que ha hundido a la Comunidad Negra, no debe conducirnos a la desconfianza de
toda la gente blanca. Porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su
presencia aquí en este día, han llegado a comprender que su destino está unido al
nuestro. Y también han llegado a comprender que su libertad está inextricablemente
ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar debemos hacer la promesa de
marchar siempre hacia adelante. No podemos mirar atrás.
Hoy digo a vosotros, amigos
míos, que aunque nos enfrentemos a las dificultades de hoy y mañana, yo todavía abrigo
un sueño. Es un sueño que tiene profundas raíces en el sueño estadounidense. Sueño
que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo:
"Afirmamos que estas verdades son evidentes en sí mismas, que todos los hombres son
creados iguales". Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de
los antíguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, habrán de
sentarse unidos en la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso en el estado de
Mississippi, un estado que se sofoca con el sudor de la injusticia, que se ahoga con el
sudor de la opresión, habrá de convertirse en oasis de libertad y de justicia. Yo sueño
que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en un país en el que no serán juzgados
por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
Cuando permitamos que la
libertad resuene en cada poblado y en cada aldea, en cada estado y en cada ciudad,
podremos celebrar la llegada del día en que todos los hijos de Dios, blancos y negros,
judíos y gentiles, protestantes y católicos, podamos estrecharnos las manos y cantar los
versos del viejo canto religioso negro: ¡ Libres al fin! ¡ Libres al fin / ¡ Gracias al
Dios Todopoderoso ! ¡ Al fin somos libres!
Martin Luther King
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