CONCLUSIONES
Las implicaciones de la entrada de inversión extranjera directa -IED- propiciaron de
tiempo atrás un amplio debate debido en parte a que la evidencia empírica ha mostrado la
existencia tanto de desventajas como de ventajas para el país anfitrión. Si bien un
juicio definitivo sobre los impactos de la IED debe contemplar las condiciones
específicas de cada país, la actual globalización de las economías puede llegar a
potencializar un buen número de las ventajas de la IED.
La adopción de nuevas estrategias de desarrollo orientadas a la internacionalización
de las economías condujo a que los países latinoamericanos aplicaran reformas de tipo
normativo, legal e incluso constitucional concernientes al régimen regulatorio de la IED.
En varios casos dichas reformas aún deben ser profundizadas y complementadas con otros
mecanismos relacionados con la protección a la IED. Como resultado de los cambios
realizados hasta ahora, países como Argentina, Brasil, Chile y México han visto aumentar
considerablemente las corrientes de IED.
En Colombia, con anterioridad al inicio de la apertura económica existía un marco
normativo claramente restrictivo al movimiento de capitales, en particular a corto plazo.
En 1991 el país estableció una nueva legislación que creó condiciones en su mayoría
favorables a la entrada de capitales foráneos, entre otras las contempladas en la ley 9a
de 1991 y garantizó la estabilidad de muchas de estas medidas, a través de la
suscripción de varios acuerdos internacionales. Los cambios más sobresalientes fueron el
establecimiento de un nuevo régimen cambiario y la adopción de tres principios básicos,
guía para el tratamiento de la IED: el de igualdad
-tratamiento igual tanto para el inversor nacional como
extranjero-, el de
universalidad
-la libre
entrada de flujos externos a las diversas actividades económicas-, y el de
automaticidad
-la supresión de criterios de aprobación por parte
del Estado, con excepción de algunas actividades-. No obstante, existen restricciones de
tipo constitucional que han perjudicado la creación del ambiente suficientemente propicio
para la entrada de la IED. Es así como la inversión privada está sujeta a la
expropiación sin indemnización por motivos de equidad. Además la presencia de otras
condiciones desventajosas en relación con otros países de similar nivel de desarrollo
como la elevada tasa impositiva, la inestabilidad de las normas tributarias, y otros
como la corrupción y la violencia general, pueden influir negativamente en las decisiones
de los inversionistas extranjeros.
Durante el período de apertura, los flujos de IED en Colombia han mostrado una
tendencia creciente muy superior a la observada en la década del ochenta; sin embargo,
sus niveles y tasas de crecimiento no se asimilan aún a los alcanzados por otros países
de latinoamérica. En efecto, los indicadores de profundización de la IED-IED como
porcentaje del PIB y de la formación bruta de capital-, aunque mejoraron sustancial mente
en los últimos años, son muy bajos comparados con los que presentan países de similar
desarrollo como Argentina y Chile.
Entre los factores que explican parte de la dinámica de los flujos de IED en países
como Argentina se encuentran los procesos de privatización. En Colombia la orientación
de los flujos de IED contribuyó, por ejemplo, a afianzar el proceso de privatización del
sector financiero ya extraer recursos naturales como el petróleo. El origen de la
inversión extranjera directa hacia Colombia generalmente procedió de los Estados Unidos
y de algunos países de Europa. Recientemente varios países pequeños y los denominados paraísos
financieros,
vienen ganando participación como
inversionistas.
A nivel macroeconómico se observó que entre 1991 y 1996 la dinámica de los flujos de
inversión extranjera contribuyó a generar un superávit en la cuenta de capitales que, a
su vez, afectó positivamente la balanza de pagos. Además, la flexibilización de
la legislación no sólo ha permitido la entrada de la IED sino también la de inversión
extranjera en portafolio, mediante los fondos de inversión extranjera. Así, a partir de
1992 el influjo de inversión extranjera en portafolio ha venido incrementándose
considerablemente; entre los sectores de mayor receptividad se destacan el financiero y el
manufacturero.
La distribución sectorial de los flujos de inversión extranjera cambió en el
período de apertura; si bien desde los ochenta el sector que mayores flujos de inversión
extranjera recibía era el petrolero, a partir de 1991, con la adopción de la
normatividad y flexibilización del régimen de inversión extranjera, otros sectores
comenzaron a incrementar, o incluso a recibir por primera vez capitales foráneos,
destacándose el sector financiero y el industrial.
Los flujos de IED dirigidos al sector manufacturero presentaron una trayectoria
medianamente estable: hasta 1989 no superaron los 120 millones de dólares. A partir de
dicho año, se evidencia un moderado crecimiento de la IED; no obstante, los incrementos
significativos de los flujos de IED se presentaron a partir de 1993.
Entre las décadas del cincuenta y del setenta los flujos de IED al sector
manufacturero contribuyeron a la creación -establecimiento de filiales o nuevas
empresas- y compra de empresas nacionales, principalmente en sectores productores de
bienes intermedios. Esta dinámica determinó, en buena medida, la posterior afluencia y
concentración de la IED dirigida al sector manufacturero. Es así como la distribución
de los flujos de IED al sector no presentó cambios significativos en las últimas tres
décadas, concentrándose en los sectores de tradicional predominio, entre ellos: la
fabricación de sustancias químicas industriales y otros productos químicos, la
producción de textiles y la producción de alimentos. El único caso a destacar es el
sector de bebidas, que a partir de 1994 comenzó a ser un receptor de IED muy importante.
.La orientación exportadora de las empresas con IED no ha sido particularmente
destacada ni en el período preapertura ni en el posapertura. En todos los períodos
considerados, el coeficiente exportador de las empresas con IED para el conjunto
industrial nunca superó el de las empresas nacionales. Sólo en ciertos sectores
puntuales este coeficiente fue superior. Por lo general, el objetivo fundamental tanto de
las empresas receptoras de IED -ERcomo de las empresas transnacionales -EET- ha sido el
abastecimiento del mercado interno. En el período posapertura una de las características
que sobresale en la dinámica comercial de las empresas con IED, es la alta dependencia de
insumos y bienes de capital foráneos de las empresas con mayor apertura exportadora.
La comparación de las estructuras técnico productivas y del desempeño económico de
empresas nacionales y receptoras de IED en el período de apertura permitió establecer
diferencias significativas. Se evidenció una mayor intensidad de capital de las ER frente
a las empresas nacionales, lo que en sí mismo parece haber favorecido una productividad
laboral sustancialmente superior en las primeras. La mayor dinámica de crecimiento de la
intensidad de capital en las empresas nacionales frente a las ER ha sido el reflejo de un
relativo rezago en la modernización y equipamiento de sus plantas con respecto a las ER.
A su vez, las mayores remuneraciones por trabajador en las ER permitieron confirmar la
existencia de una fuerza laboral más capacitada. En términos de la tasa de rentabilidad,
las ER presentaron un desempeño más favorable que las empresas nacionales para el caso
de los sectores productores de bienes de consumo durable y no durable, mientras que las
nacionales superaron la rentabilidad de las ER en el caso de bienes intermedios y algunos
de capital.
Por último, se observó una clara correspondencia entre los sectores industriales
hacia los cuales se dirigió prioritariamente la IED con sectores de alta participación
en el producto industrial y, en menor grado, con sectores altamente exportadores.
Adicionalmente, parece revelarse una clara orientación de la IED hacia empresas de gran
tamaño y sectores con estructuras de mercado moderadamente competitivas.
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