| MARCO INSTITUCIONAL Y NORMATIVO DE LA INVERSION EXTRANJERA En la
búsqueda de tasas de retorno competitivas y de la diversificación en el manejo de
riesgos, los inversionistas han incrementado los flujos de inversión extranjera hacia los
países en desarrollo mediante la instalación de filiales y el aprovechamiento de los
procesos de privatización (Garay y Vera, 1998). El incentivo a la entrada de flujos de
inversión a estos países ha dependido en gran parte de la existencia de un ambiente
económico, institucional y legal favorables para el sector privado. Es así como, durante
los últimos años, los países en desarrollo en busca de mayores flujos de inversión,
han reestructurado los regímenes legales y aun constitucionales que regulan su papel e
injerencia. Además, a nivel internacional, los países tendieron a establecer estándares
en materia de inversión extranjera con miras a balancear las reglas de juego
entre ellos.
Los países latinoamericanos no han estado exentos de esta tendencia y es así como se
han producido una serie de modificaciones normativas en los diferentes países de la
región con el propósito de hacerlos más competitivos (Mayorga, Ibañez, 1994). Durante
la década del noventa, los países de América Latina y del Caribe han visto
incrementados sustancialmente los flujos de capital extranjero llegando a ser los
receptores de más del 50% de las corrientes de inversión a países en desarrollo, en
contraposición con la década anterior, en la que estos flujos fueron escasos o
restringidos (Calderón, 1994).
Aunque América Latina es un receptor importante de flujos de capital, hay que anotar
que existen grandes diferencias entre los tipos de flujos que actualmente atraen frente a
los recibidos en las décadas de los setenta y ochenta. Así, gran parte de los flujos de
capital que ingresaron en la década de los setenta y en los primeros años de los ochenta
se caracterizaron, en buena medida, por estar relacionados primero con la financiación
externa y luego con la resolución de la problemática del endeudamiento externo de los
países. Ya para la década del noventa, las condiciones económicas de los países
latinoamericanos, bajo esquemas de liberalización comercial, dieron una nueva pauta para
el ingreso de capitales, principalmente en la forma de inversión extranjera directa y en
inversión en portafolio, llegando incluso a tener mayor participación que el crédito y
la financiación externos.
La mayoría de los países de Latinoamérica han adoptado una legislación más
flexible e introducido incentivos para los inversionistas extranjeros. Las medidas
legislativas para brindar mayor confianza a los inversionistas extranjeros han incorporado
principios como el de no discriminación entre los inversionistas nacionales y
extranjeros, han propiciado la eliminación de restricciones para la mayoría de sectores
económicos y la abolición de limitaciones sobre retención de ganancias, entre otras
(Mayorga, 1996).
En alguna medida, este nuevo patrón de influjo de capitales foráneos debe
relacionarse con la reorientación de las políticas macroeconómicas del último
quinquenio, consecuentes con una mayor apertura comercial y financiera, así como con una
reducción del tamaño del Estado (IDD, 1996).
Como lo señala la Cepal (1995) en el informe sobre "Inversión extranjera en
América Latina", la región experimentó diversas transformaciones y enfrentó
varios factores, tanto internos como externos, que posibilitaron el nuevo patrón de
influjo de capitales. Dentro de los factores de tipo externo se destaca la recesión de
varios países industrializados, especialmente los Estados Unidos, que produjo una caída
de las tasas de interés en términos de dólares, auspiciando que los inversionistas se
decidieran por nuevos mercados. De igual manera, la flexibilización de las normas en los
mercados internacionales de capitales produjo una mayor diversificación del mercado
japonés y permitió un mayor acceso al mercado bursátil de los Estados Unidos por parte
de países de la región
(5).
Dentro de los factores internos señala el cambio de orientación en la estrategia de
desarrollo de las economías latinoamericanas, con una serie de medidas tendientes a
impulsar la liberalización del mercado, en especial las reformas económicas e
institucionales que confirieron un papel más protagónico a la actividad privada. Bajo
este esquema, las economías latinoamericanas iniciaron cambios sustanciales en las
condiciones de acceso a los mercados financieros, y el abandono del modelo de desarrollo
hacia adentro, obligó a estas economías a desarrollar esquemas de transformación
productiva y modernización tecnológica, adoptando, entre otras, una nueva visión sobre
inversión extranjera.
Bajo este nuevo escenario, la región inició varios programas en favor de la
integración económica de sus mercados, ampliando las fronteras económicas para la
actividad privada, flexibilizando la normatividad comercial y financiera y permitiendo una
mayor inserción en los mercados externos (CEPAL, 1995 ). En el marco del Grupo Andino,
por ejemplo, en 1991 se eliminaron las pocas restricciones existentes para el movimiento
de capitales y tecnologías extranjeras mediante las decisiones 291 y 292, decisión que
fue adoptada en Colombia con la ley 9 de 1991 y la resolución 51 de 1991, actual Estatuto
de Inversión Extranjera.
Si bien casi todos los países de la región han liberalizado su reglamentación hacia
la inversión extranjera, diferentes estudios realizados por la CEPAL demuestran que la
desregulación y liberación en la normatividad, por sí solas, no son suficientes para
atraer mayores flujos de inversión externa. Se debe contar con otros mecanismos como los
relacionados con la debida protección a la inversión extranjera que, sin renunciar al
principio de soberanía, permitan brindar a los inversionistas condiciones seguras para
realizar sus inversiones, con la eliminación de tratos inequitativos como el de la doble
tributación y, en ciertas circunstancias, el diseño de programas de carácter
estratégico que permitan al capital foráneo tener confianza y perspectiva cierta en el
desarrollo de actividades productivas (Ibáñez, 1994).
5 Bajo la reglamentación 144 de abril de 1990, la Comisión de la
Bolsa y Valores de los Estados Unidos permite a las empresas latinoamericanas la
colocación de títulos de depósito en el mercado estadounidense.
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