CONCLUSIONES
Durante los últimos cuarenta años se han llevado a cabo dos reformas importantes al
sistema financiero colombiano. La primera de ellas se realizó en 1972 y tenía como
propósito incrementar los recursos para el crédito a largo plazo. Para cumplir con este
objetivo se introdujo el sistema de ahorro Upac y se crearon las CAV, especializadas en
crédito de vivienda. La segunda se realizó a principios de la década del noventa con el
objetivo de dinamizar el mercado financiero y modernizar y mejorar su competitividad. Fue
así como se dejó de lado el esquema de banca especializada para darle paso al esquema de
banca universal regulada, se estableció un nuevo marco de supervisión y control de las
entidades financieras y se instauró un sistema de prevención de riesgos.
El sector financiero colombiano está compuesto por bancos comerciales -BC-,
compañías de financiamiento comercial -CFC-, corporaciones financieras -CF-,
corporaciones de ahorro y vivienda -CAV- y recientemente por los organismos cooperativos.
Después de la reforma financiera del noventa, el sistema financiero colombiano ha
crecido y el sector se ha vuelto más dinámico. En particular, la participación del
sector en el PIB pasó del 7% en el primer quinquenio de los ochenta al 9% en 1996.
Adicionalmente, la participación del ahorro privado en el PIB ha aumentado cinco puntos
porcentuales en la presente década, al pasar del 5% en 1980 al 10% en 1990. A pesar de
los relativos avances, aún no se han superado las limitaciones del sistema de
financiamiento de la actividad industrial: mientras que en Colombia la relación M2/PIB en
1995 se encontraba en 37%, en países como Japón o Suiza es superior al 100% y en los
países de la OECD está por encima del 60%.
La relación entre la cartera neta y el PIB se ha venido incrementando durante los
últimos años, al pasar del 25% en la década del ochenta al 40% en 1996; la tasa de
crecimiento real de la cartera según institución financiera también ha observado un
aumento sustancial -a principios de los noventa en promedio la cartera neta del sistema
financiero estaba creciendo, en promedio, a tasas superiores a118% anual-. A esto se suma
el hecho de que el crédito orientado al sector industrial en los noventa ha observado una
relativa recuperación frente a la tendencia decreciente que presentaba en los años
setenta y ochenta.
El sector financiero colombiano se ha caracterizado por su alto grado de
especialización. En efecto, los bancos comerciales y las compañías de financiamiento
comercial han dirigido tradicionalmente el crédito al sector comercial -corto plazo- y
las compañías financieras al sector industrial.
La orientación del crédito de las CF ha estado ligado a situaciones coyunturales sin
que se presente una tendencia constante a financiar con recursos a largo plazo. Con el
paso del tiempo, los desembolsos al sector industrial han ido disminuyendo, siendo
reemplazados por créditos a los sectores de la construcción y de servicios. Esta
situación es preocupante si se tiene en cuenta que las CF tienen como una de sus
principales funciones otorgar créditos a largo plazo a la industria.
La industria manufacturera ha sido apoyada con recursos crediticios de instituciones
como el Banco de la República, el IFI y Proexpo-Bancoldex. Un aspecto sobresaliente de
sus líneas de crédito antes del proceso de liberalización de la economía, era la
disponibilidad de recursos con tasas de interés subsidiadas, estructura que permaneció
hasta la puesta en marcha de la reforma financiera.
La reforma institucional del Estado llevada acabo durante la presente década ha
impuesto a la banca de fomento la necesidad de redefinir su papel, de acuerdo con las
nuevas condiciones de desregulación y competencia en el mercado, cumpliendo una función
de fomento y manteniendo una posición financiera rentable. Así, se han adoptado medidas
tendientes a reasignar recursos a actividades productivas, a canalizar recursos en
condiciones de mercado sin generar subsidios ya consolidar entidades de segundo piso que
incrementen la competencia en el sector.
Aun cuando las reformas en el sistema de fomento han tenido importantes resultados,
persisten problemas como la falta de definición de los nichos de atención prioritaria,
la alta concentración de recursos crediticios y la carencia de una política de
reasignación de recursos a largo plazo para actividades de potencial desarrollo
productivo.
El crédito de fomento que manejó el Banco de la República hasta 1992 se caracterizó
por la utilización de recursos provenientes de la banca multilateral -BID y BIRF-. U n
aspecto que sobresale en el manejo de su política crediticia fue el de los créditos de
salvamento, en épocas de crisis, a sectores como textiles y siderurgia.
El IFI tradicionalmente ha sido el soporte de financiamiento para el desarrollo de la
industria manufacturera en Colombia. Durante las décadas del sesenta y setenta el IFI se
convirtió en un importante apoyo al proceso de desarrollo industrial, incorporando
recursos en industrias estratégicas. Para la década del ochenta, ante la crisis
financiera mundial y el deterioro de varias empresas manufactureras, se constituyó en
mecanismo de salvamento. En la presente década, mediante un proceso de reestructuración,
el IFI ha diversificado y democratizado los recursos de crédito a través de programas a
la pequeña y mediana empresa -Pymes- y a las microempresas; la colocación de los mismos
se ha realizado por medio de los intermediarios financieros.
Una característica que ha primado en la orientación del crédito del IFI ha sido el
elevado nivel de concentración en los sectores de bienes intermedios, principalmente en
los sectores de textiles y sustancias químicas, y en el de bienes no durables,
principalmente alimentos. El cambio de banco de primer a segundo piso ha propiciado
importantes efectos en la disponibilidad del crédito a varios sectores como el comercio,
hoteles y restaurantes, transporte y agroindustria.
Proexpo, creado en 1967 y Bancoldex, que surge de la reestructuración realizada a
Proexpo en 1992, han contribuido a financiar la pequeña base exportable. Cabe destacar
que durante la década de los ochenta la dinámica de los desembolsos fue superior a la
presentada en el período de apertura. Esto se debió ala reducción del diferencial
observado entre las tasas de interés de fomento y las de mercado durante el período
1981-1989.
El subsidio implícito en el crédito otorgado por Proexpo-Bancoldex ha presentado una
tendencia decreciente, especialmente desde 1987, año en el que el diferencial entre la
tasa de interés de mercado y la ofrecida por los créditos de fomento comenzó a
reducirse.
En los subsectores sustancias químicas (351), fabricación de textiles (321) y
productos alimenticios excepto bebidas (311) se encuentran altamente concentrados los
desembolsos del IFI y Bancoldex. Adicionalmente, estos subsectores se encuentran dentro
del grupo de los diez que más participan dentro del PIB industrial y que más exportan.
Analizando las razones financieras de las empresas a nivel sectorial se encontró que
el endeudamiento total ha venido cayendo durante los últimos veinte años y los activos
de las empresas han sido financiados en su mayoría con obligaciones de corto plazo,
comportamiento que se ha acentuado en el período de apertura.
El moderado grado de profundización del sistema financiero, los elevados márgenes de
intermediación y las altas tasas de interés, la excesiva concentración del crédito, la
insuficiente competencia en el sector financiero y la clara insuficiencia del crédito de
largo plazo tradicionalmente prevalecientes en el país no han favorecido la creación de
un clima de inversión y modernización productivas requerido para el desarrollo
industrial.
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