Colombia: estructura industrial e internacionalización 1967-1996
Luis Jorge Garay S

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CONSEJO NACIONAL DE COMPETITIVIDAD

Una forma de avanzar en el desarrollo y puesta en marcha de las políticas públicas en un marco de coordinación y articulación, fue la constitución de una organización institucional para generar sinergias en el orden nacional entre el gobierno, las empresas, los gremios y sindicatos sectoriales y las regiones alrededor de los temas de productividad y calidad para la competitividad.

En este contexto, articular a los actores que operan en los campos de la producción, la comercialización y los servicios, la educación, la investigación y el desarrollo científico y tecnológico, resulta fundamental para mejorar la productividad bajo los estándares internacionales. La misma promoción de la productividad debe partir del diseño de instrumentos que promuevan y fortalezcan los procesos de mejoramiento continuo y modernización e innovación tecnológica.

La institución desde donde se busca construir una cultura de la productividad, entendida como el desarrollo de acciones que a través de la práctica cotidiana se conviertan en parámetros rectores del pensamiento y las acciones, es el Consejo Nacional de Competitividad, a través del Centro Nacional de Productividad (Tabla 2.10).

Así, por medio del Centro Nacional de Productividad se busca constituir un espacio más para la definición y puesta en marcha de las políticas públicas, con el fin de buscar minimizar los esfuerzos individuales de los agentes económicos, articular organizaciones en torno a la creación de una cultura de la productividad, potencializar los esfuerzos existentes y desarrollar nuevas tecnologías al servicio del crecimiento de la productividad.

En 1996 el Consejo Nacional de Competitividad adoptó la estrategia nacional de competitividad, con el objetivo de promover el Sistema Nacional de Innovación. El Consejo se concibe como una serie de acciones concertadas entre diversos agentes, entre los que se cuentan el Sistema Nacional de Innovación -SNI-, los centros de desarrollo tecnológico -CDT- y los centros regionales de productividad -CDP-, entre otros.

En el proceso de articulación del SNI se han dado algunos avances en áreas como la modernización del sistema de financiación, la activación del mercado de servicios tecnológicos y la integración de la dimensión sectorial y regional en los programas. Como estrategia articuladora pretende integrar dos dimensiones a través de mecanismos sectoriales, como los CDT, y paralelamente impulsar sistemas regionales o departamentales de innovación -CRP y las incubadoras de base tecnológica-.

Los principales mecanismos utilizados en la implantación de las tres áreas mencionadas han sido el fortalecimiento de los CDT, el apoyo directo a la innovación en las empresas y la realización de programas de misiones tecnológicas y ofrecimiento de servicios tecnológicos. Así, se ha determinado que el SNI parta del fortalecimiento de los CDT, confiriéndole un papel crucial ala participación conjunta del Estado y el sector privado en el fortalecimiento de la estructura de investigación, capacitación y prestación de los servicios tecnológicos necesarios para incrementar la productividad del sector productivo (Gráfico 2.2).

Como se muestra en los Capítulos 5 y 6, los CDT se conciben como una estrategia fundamental de la política de innovación, competitividad y desarrollo tecnológico. Los CDT implican la construcción de redes de innovación para adecuar el vínculo entre empresas, universidades y otras entidades de apoyo al cambio técnico, orientadas a promover procesos de innovación en el sector productivo. Su objetivo es incrementar la productividad y competitividad de los sectores productivos mediante la promoción de una cultura de innovación empresarial basada en la cooperación, las alianzas claves interempresariales y la gerencia participativa.

Desde una perspectiva estratégica, los CDT deben constituirse en: 1. Entidades impulsoras a mediano y largo plazo del conjunto de políticas de orden tecnológico encaminadas a facilitar la transferencia interna de tecnología, aumentando, racionalizando y mejorando la capacidad negociadora en la adquisición de tecnología importada. 2. Entidades generadoras de tecnología de origen nacional con amplias posibilidades de transferencia a las empresas.

Si bien es cierto que la puesta en marcha del SNI ha generado una arquitectura institucional en función de la adaptación tecnológica, la simple formulación de políticas tecnológicas no implica la promoción de grandes habilidades de administración ni la creación de sinergias institucionales capaces de adecuar el contenido de la política a las necesidades de los usuarios y de las empresas. En este sentido, Nelson        ( 1996) define la innovación como "procesos mediante los cuales las firmas manejan y ponen en práctica diseños de productos y proceso de producción novedosos para ellas, sean o no nuevos para el mundo o incluso para la nación". y sistema como "el conjunto de instituciones cuyas interacciones determinan el comportamiento innovativo de las firmas".

No obstante las estrategias contempladas en la política de modernización industrial en cuanto a la modernización, la innovación, el fortalecimiento de los recursos humanos y el respaldo a las actividades de mayor alcance internacional, el programa de financiación carece de una directriz que incorpore instrumentos eficaces de mayor alcance sin duplicar los recursos y objetivos de las entidades gubernamentales (Capítulo 3). En este sentido el cambio institucional de la política industrial debe estar sujeto a una reestructuración del financiamiento acorde con un cierto orden de prioridades. Es así como, por ejemplo, la financiación de los programas orientados a impulsar las actividades tecnológicas no presenta una clara preeminencia en los criterios e instrumentos para determinar la bondad de proyectos de apoyo a la adaptación tecnológica. No es clara la consistencia entre los esquemas de financiamiento y crédito que pretende impulsar Colciencias, para el desarrollo de actividades tecnológicas, los criterios para el otorgamiento de financiación que utiliza el IFI y los principios guía para la asignación de nuevos recursos provenientes del Sena. Así, el esquema de financiación ofrecido por el gobierno multiplica objetivos y acciones entre las entidades gubernamentales.

A todas luces el financiamiento con capital de riesgo, los programas especiales de financiamiento, el fomento selectivo para empresas con capacidad de generar nuevas capacidades competitivas, la promoción de servicios de consultoría destinados a la introducción de nuevos conceptos de producción, y el sistema de incentivos que contribuye al mejoramiento de la relación productiva entre las grandes empresas y las Pymes son elementos que deben articularse coherentemente bajo un esquema integral de política industrial. En fin, se debe dar máxima preferencia a proyectos significativos, deliberadamente integrados en su entorno y capaces de formar estructuras.

Para ello se debe avanzar en la promoción de instituciones de orientación tecnológica: el financiamiento permanente de programas de información y promoción acerca de métodos y aproximaciones prácticas al control y mantenimiento de la calidad; la aplicación de incentivos financieros para fomentar la cooperación en investigación y desarrollo entre institutos tecnológicos y universidades, por una parte, y empresas, por otra; el facilitamiento de infraestructura para redes de colaboración tecnológica, etcétera.

Como se observa en la Tabla 2.10 y en el Gráfico 2.2, la estrategia nacional de competitividad ha establecido un esquema institucional en el que el Sena se convierte en una entidad que fomenta la formación del recurso humano como soporte del proceso de adaptación tecnológica, por medio de la formación profesional en todos los niveles ocupacionales, los servicios tecnológicos y las investigaciones aplicadas -en colaboración con empresas y universidades- y el acceso a nuevas tecnologías y conocimientos. Con el cambio institucional ocurrido en el Sena, esta responsabilidad tendrá que ser sustentada en la orientación de sus ingresos parafiscales hacia proyectos de desarrollo tecnológico.

En este contexto, la entidad tradicional de formación técnica pasa a ser un ente articulador del desarrollo tecnológico con las necesidades de innovación y competitividad de los sectores productivos, y con los planes y programas de modernización y capacitación de la fuerza de trabajo. Dentro de los principales proyectos a adelantar se encuentran la difusión e incorporación de tecnologías competitivas, investigación aplicada y servicios tecnológicos, convenios esenciales de cooperación con los empleadores, atención a los proyectos de desarrollo tecnológico productivo e implantación del sistema de información y monitoreo de tecnologías y mercados.

Aunque la estrategia nacional de competitividad ha establecido un mecanismo institucional de concertación en la búsqueda de impulsar socialmente las políticas de desarrollo productivo, en su carácter de ente aglutinador de instituciones públicas y privadas aún no ha tenido efectos de trascendencia. De acuerdo con un diagnóstico del CNC (1996), se presentan algunas debilidades:

.Ausencia de criterios comunes en torno a la noción de competitividad por parte de los dirigentes empresariales y el sector público, lo que conduce a una falta de consenso sobre las políticas de desarrollo del país.

.Falta de coordinación: "el hecho de que los sectores público y privado exhiben actitudes defensivas, que dificultan el reconocimiento de su vulnerabilidad e impiden los acuerdos conjuntos en torno al avance de la competitividad, actitud que se reproduce cuando se realizan esfuerzos institucionales aislados y fragmentarios por parte de las entidades cuyas actividades inciden en la competitividad".

.Ausencia de sistemas de información y métodos para medir y monitorear el comportamiento de la competitividad.

.Bajos niveles de inversión en formación y capacitación técnica (Chica, 1997).

.Bajos niveles de inversión en adaptación, creación y difusión de tecnología.

.Marco institucional, legal y regulatorio inadecuado.

Gráfico 2.2

Tabla 2.10

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