Colombia: estructura industrial e internacionalización 1967-1996
Luis Jorge Garay S

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EL ESTADO Y LA POLÍTICA INDUSTRIAL

En el contexto actual de internacionalización de los países en desarrollo, la actividad del Estado adquiere gran significado para el análisis y puesta en marcha de programas de desarrollo. Así, el tema de la intervención gubernamental en la política industrial ha generado diversos debates intelectuales y pragmáticos. De una parte, están las posiciones radicales que defienden que la libre acción de las fuerzas del mercado asigna eficientemente los recursos y eleva el crecimiento, y de otro, los que justifican la intervención como mecanismo para aprovechar ventajas dinámicas, corregir fallas de mercado y crear el ambiente regulatorio y normativo favorable al desarrollo económico de los países.

La utilización del término política industrial es de origen reciente en las economías capitalistas, en contraste con el de política macroeconómica, que ha prevalecido por largo tiempo. El término fue utilizado en Japón en la década del cincuenta en el marco de la discusión del papel del gobierno en el desarrollo industrial.

Son varias las definiciones que existen de política industrial -PI- (4), sin que se presente consenso alguno. En general, ésta se relaciona con diferentes grados de intervención del Estado. Hay quienes la definen como "la iniciación y coordinación de actividades gubernamentales para apalancar incrementos de productividad y competitividad de toda la economía y, en particular, de la industria. Todo lo anterior estriba en que la política industrial positiva implica la incorporación de criterios estratégicos bien orientados en la política económica pública".(Jhonson, 1984).

Otros definen la PI como la "manera de contribuir a incrementar el nivel de bienestar de la economía cuando la libre competencia encierra ciertos tiPos de problemas desde el punto de vista de la asignación de los recursos o de la distribución del ingreso, causados por las deficiencias y fallas del mercado.Mas aún, esto se refiere a la totalidad de las políticas públicas diseñadas para alcanzar como objetivo la intervención en la reasignación de industrias individuales (Itoh y Samura , 1988). 

Una forma de abordar la política industrial se basa, según la teoría neoclásica, en la superación de las fallas del mercado. Con la intensificación de la competencia en los países desarrollados durante la década del ochenta, principalmente en actividades consideradas como high tech, varios de ellos, por medio de la intervención gubernamental, replantearon la conveniencia de diseñar estrategias en sectores dinámicos con el fin de fortalecer ventajas competitivas, no sin enfrentar la posición de quienes consideran que la mano invisible del mercado adecúa y asigna eficientemente los recursos. En este contexto, son varias las vertientes que analizan las ventajas y desventajas de la intervención del Estado en la política industrial.

Retomando algunos de los aspectos más relevantes sobre la conceptualización y justificación de la política industrial para países desarrollados, Grossman realiza una síntesis tanto teórica como de las evidencias empíricas que aportan elementos distintivos de las diversas vertientes sobre el grado de intervención del Estado en la promoción de actividades productivas. Como se aprecia en la Tabla 2.4, la justificación de la intervención del Estado se basa en la fallas del mercado -economías de escala, externalidades e imperfecciones en los mercados de capital y de bienes-, señalando algunos efectos que distorsionan los supuestos de libre mercado en una situación de competencia.

Grossman establece un rango de posibles intervenciones gubernamentales y sintetiza las principales referencias teóricas y empíricas que fundamentan la promoción de nuevas actividades industriales. Así entonces, en una situación donde los mercados no trabajan perfectamente existiría la necesidad de intervención gubernamental para el mejoramiento del desempeño industrial. La conveniencia de una política industrial depende de la naturaleza de las fallas de mercado y de la capacidad de los gobiernos de aplicar las intervenciones deseables y necesarias.

En este sentido, Okimoto presenta una comparación entre esquema conceptual, objetivos y tipo de intervención gubernamental en el diseño de las políticas industriales adelantadas por los Estados Unidos y Japón. Destaca dos tipos básicos de política industrial: uno consiste en la búsqueda del fortalecimiento de la dinámica industrial para alcanzar niveles superiores de desarrollo y superar el retraso con respecto a otros competidores (catch up); otro es de carácter estratégico, con el propÓsito de aprovechar ventajas competitivas dinámicas y colaborar con los agentes privados para la selección de industrias potencialmente competitivas (targeting) (Kagami, 1995; Tabla 2.5).

En efecto, la experiencia de política industrial de los Estados Unidos ha estado muy asociada con elementos que privilegian la elección de ganadores por parte del Estado. En realidad, diferentes gobiernos no sólo han seguido utilizando la política comercial con el objetivo de proteger preferentemente ciertas industrias -textiles, automotriz y con alto contenido tecnológico-, sino que también han llevado a cabo iniciativas en materia de política tecnológica que ponen en evidencia un punto de inflexión en la tradición del diseño de la política norteamericana. De hecho, dados los problemas que enfrenta la industria en los últimos años, se ha producido una modificación gradual de la concepción de política pública.

En el caso de Japón es evidente que el desarrollo económico ha estado sujeto al diseño de política industrial y tecnológica, dentro de un modelo de capitalismo organizado por el Estado. Es así como ha predominado una compleja red de relaciones con el sector privado, fijándose orientaciones a largo plazo. En efecto, la política de desarrollo industrial seguida por el Japón ha estado orientada ala creación de ventajas competitivas dinámicas. La estrategia, a diferencia del caso de los Estados Unidos, fue impulsar en forma selectiva las ramas con mayor posibilidad de crecimiento y desarrollo sostenido (Chudnosvsky, 1993).

Una visión reciente sobre las desigualdades de desarrollo sostiene la conveniencia de políticas industriales en países en desarrollo para crear capacidades tecnológicas y habilidades para la competencia global. Se destaca el trabajo adelantado por Lall, quien centra la atención en el papel de la política pública y la creación de capacidades tecnológicas. El autor aborda el grado de intervención y la política industrial bajo tres enfoques. El primero consiste en la visión neoclásica que plantea que todos los mercados son perfectos y que cualquier intervención afectaría la asignación óptima de recursos y la subsecuente maximización del crecimiento.

El segundo consiste en la visión market friendly, según la cual los países en desarrollo presentan fallas del mercado y, por lo tanto, son necesarias las intervenciones funcionales y selectivas, aduciéndose que en la práctica sólo las primeras son factibles y deseables, mientras que las segundas requieren de remedios selectivos que son insignificantes para el desarrollo industrial y pueden ser más costosas que las mismas fallas que buscan corregir (Lall, 1992; 1994; 1995).

Esta perspectiva relaja algunos de los supuestos neoclásicos, aceptando que el mercado de los factores no opera perfectamente y que mercados como el de la educación pueden ameritar intervenciones para crear la base de capital social -como el conocimiento y el capital humano- requerido por los procesos de industrialización. En este sentido, Nelson (1996) plantea una noción de capacidades sociales:

"Para el desarrollo influyen no solamente los niveles educativos en las universidades líderes y laboratorios de investigación sino también los procesos sociales y políticos que afectan el sistema educativo, los sistemas de transporte y comunicación y el aparato legal regulatorio de los gobiernos".

La tercera visión es la relacionada con el enfoque estructuralista; señala que tanto las intervenciones funcionales como selectivas son necesarias para promover el desarrollo industrial. Debido a que las fallas difieren en incidencia e intensidad a través de las diversas actividades, se da cabida a intervenciones selectivas. Sobre esta visión Lall desarrolla una serie de argumentos que se focalizan en la adquisición de capacidades tecnológicas -CT– (5) y en las fallas que se debe afrontar en dicho proceso. La adquisición de las CT depende de cómo las firmas e instituciones combinan una serie elementos -gestión, tecnología, inversiones, etcétera- para funcionar como organizaciones con interacción constante entre sus miembros y transmisión de flujos efectivos de información, a fin de generar unas sinergias que permitan alcanzar rendimientos mayores que la suma de las habilidades y conocimientos individuales de las firmas.

En una situación en la que las firmas se orientan a los mercados internacionales puede darse otra serie de estímulos para la creación de las CT, ya que la competencia estimula a las firmas a reducir costos, mejorar la calidad, introducir nuevos productos, aprovechar economías de escala y adquirir información actualizada sobre mejoras de diseño y proceso. Sin embargo, para que las firmas alcancen niveles competitivos requieren incurrir en un conjunto de costos -diferenciados según la complejidad tecnológica de la actividad- y gasto de tiempo -dependiente del grado de la trayectoria de aprendizaje-, que no pueden ser recuperados con una rentabilidad privada suficiente como para justificar la realización de inversión en la actualización tecnológica y la modernización. Tal es el caso de las industrias nuevas y las que transitan trayectorias dinámicas de aprendizaje y actualización tecnológica.

En el proceso de desarrollo de CT pueden presentarse varias fallas de mercado. En los mercados libres suele haber dos tipos de fallas que afectan la asignación óptima de las inversiones entre actividades simples y complejas y entre inversiones físicas, compra de tecnología y esfuerzos tecnológicos internos. En cuanto al primero, una industria naciente con presencia de costos de aprendizaje que ingrese rezagadamente a lacompetencia debe enfrentar desventajas frente a Ias trayectorias de capacitación recorridas por las ya instaladas. En el segundo caso, la capacitación y adecuación tecnológica presentan fallas de mercado debido a la imperfecta apropiabilidad de la información y las habilidades (Arrow,1962). De igual manera, Nelson (1996) argumenta que:

"La tecnología y la ciencia interactúan de manera diversa y compleja. Tanto las instituciones privadas orientadas a obtener ganancias como las públicas desempeñan funciones en casi todos los campos del avance tecnológico, por la que no resulta obvia una división eficiente de labores entre ellas. No es totalmente claro si se deben otorgar subsidios o protección o, por el contrario, realizar inversión pública o desarrollar un marco regulatorio y de coordinación".

La promoción del desarrollo industrial puede necesitar intervenciones para superar las fallas del mercado en la asignación de recursos entre actividades y dentro de las firmas. Estas intervenciones deben estar asociadas al proceso de aprendizaje dentro de las firmas. Pero la naturaleza y el proceso de desarrollo para crear capacidades enfrentan fallas de mercado que sugieren formas muy variadas de intervención. La experiencia demuestra que las diferencias de desempeño entre países están asociadas al diseño institucional de políticas, e indica que el fracaso de las políticas es uno de los peligros de no aplicar oportuna y adecuadamente los correctivos necesarios.

Desde la perspectiva de la teoría evolucionista, Nelson ( 1996) afirma:

"La diversidad de firmas es un aspecto esencial del proceso que genera progreso económico. El monopolio u oligopolio con fuertes barreras a la entrada, son un problema económico serio no tanto por el diferencial entre precio y costos, sino especialmente porque no motivan la generación de nuevas rutinas ni atienden debidamente la localización de recursos de la que depende el progreso económico. En efecto, en la teoría evolucionista se plantea que una política industrial activa es un juego no necesariamente de suma negativa [...} Por supuesto las fallas de mercado y la eficiencia gubernamental varían entre actividades [...} De ahí que no sea posible definir una política activa deseable con base en reglas simples".

La política industrial se justifica en la medida en que provea eficientemente mecanismos de coordinación ausentes en una economía de mercados libres. Como mecanismo de coordinación institucional, la política industrial puede ser más eficiente en un contexto en el que se presenten interdependencias entre organizaciones de la sociedad, particularmente empresarios, trabajadores y gobierno, por su impacto favorable en la reducción de costos de transacción. La coordinación es un mecanismo para reducir y socializar el riesgo individual a través de la interacción estatal. La política industrial debe ayudar ala coordinación del cambio económico, a fomentar la experimentación ya preservar la diversidad (Kosacoff y Ramos, 1997). Adicionalmente, como señala Nelson ( 1993 ):

"Los despilfarros asociados con la duplicación de esfuerzos innovativos son convenientes cuando se transiten trayectorias con un mínimo de diversidad ante la incertidumbre sobre su éxito futuro antes que avanzar en una sola dirección que puede resultar equivocada".

En este sentido, Chang sostiene que el crecimiento se explica porque los agentes han experimentado con nuevas cosas y nuevas formas de hacerlas, y para hacerlo posible surgieron muchas instituciones que permitieron socializar los riesgos inherentes ala actividad innovativa (citado por Kosacoff y Ramos, 1997). Así, el espacio de la política industrial en relación con la innovación tecnológica reside en la complementación de un mercado de capitales imperfecto, en el subsidio de firmas en actividades con altos costos fijos de entrada, y en la coordinación de la investigación universitaria y su articulación con el mundo de la producción, entre otros.

Ahora bien, el Estado debe estar en capacidad de asumir el papel de agente de última instancia para apoyar la autonomía de los agentes en el desarrollo de sus esquemas de acción y de nuevas capacidades, para definir el arreglo social de relacionamiento entre agentes con miras a enfrentar el problema de coordinación y promover el interés colectivo. En este contexto el Estado debe contribuir, como institución de instituciones, a superar las faltas de mercado, para crear las condiciones básicas que incentivan el crecimiento económico. El carácter que determina la obligatoriedad para que la intervención gubernamental sea lo más acertada posible, depende, entre otros factores, de las reformas estructurales y los cambios institucionales que se deban dar. Es evidente la necesidad de producir un cambio de carácter institucional en la organización estatal con el fin de que ésta asuma un papel coordinador y catalizador en el diseño de la política industrial (Tabla 2.6).

El actual debate sobre política industrial en América Latina se centra en la cuestión de la competitividad, con el propósito de aumentar la productividad factorial, mejorar la calidad de los bienes y servicios y promover la generación y difusión tecnológica. En general, esta visión se refiere a políticas de fomento productivo y tecnológico más que a políticas industriales de tipo selectivo. El desafío actual es fortalecer la inserción internacional, orientando la estructura productiva en la dirección de las tendencias dinámicas del comercio mundial, acrecentando el contenido de conocimientos y valor tecnológico en los productos, privilegiando la promoción de eslabonamientos productivos y de servicios en torno a las exportaciones, y estimulando los servicios a la producción, el desarrollo de los proveedores y la producción de los insumos intermedios y bienes de capital asociados (Rosales, 1994).

En el escenario de internacionalización de la economía, varios países de América latina han iniciado sendos debates en torno de las estrategias de desarrollo industrial. Las políticas hasta ahora adelantadas presentan varias diferencias de diseño, secuencialidad y prioridad de acuerdo a las estructuras productivas y la organización institucional. El resurgimiento de políticas públicas, a diferencia de las estrategias condicionadas por el modelo de sustitución de importaciones, se enmarca en un entorno económico, institucional y de estrategias de desarrollo totalmente diferente.

Las políticas industriales giran fundamentalmente en torno a la creación de ventajas competitivas en los países. Según esta concepción, Pérez plantea algunos hechos estilizados que diferencian el diseño de las políticas en los países de la región: 1. Políticas industriales de tipo horizontal y orientadas a nivelar el campo de juego mediante la corrección de fallas de mercado claramente identificadas. 2. Políticas industriales para aumentar los niveles de empleo y de crecimiento económico, basado en la efectividad de la política industrial de los países del este asiático.

En este escenario, Colombia, al igual que países como Brasil y México, abrió el debate acerca del papel del Estado, principalmente en el diseño de las políticas industrial y comercial en un contexto de apertura económica. Así, en lo corrido de la presente década se han presentado dos fases en el diseño de la política pública industrial del país.

Tabla 2.4

Tabla 2.5

Tabla 2.6

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4 Diferentes concepciones de política industrial: 1. Política diseñada para incrementar el bienestar en una economía cuando las fallas de mercado dificultan su funcionamiento como mecanismo para la asignación de recursos a través de la libre competencia. Incluye el conjunto de estrategias orientadas a una mejor asignación de recursos entre industrias o sectores y en la organización de industrias individuales (Itoh, Kiyono, Okuno y Suzumura, 1988).2. Conjunto de políticas empleadas para superar las limitaciones del mecanismo de mercado, que permiten la intervención de la industria para lograr algún objetivo de interés público (Goto, P.M e Irie, K.). mercado. Más aún, esto se refiere a la totalidad de las políticas públicas diseñadas para alcanzar como objetivo la intervención en la reasignación de recursos entre industrias y sectores y en la organización de industrias individuales" (Itoh y Samura, 1988 )
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5 "Mucha de la literatura trata a la tecnología como si fuera un bien público, reconociendo apenas que hay alguna fricción en trasladarla entre firmas. A diferencia, lo relacionado con el manejo y administración de la tecnología es típicamente una cuestión organizativa especifica a la inversión y el aprendizaje. La capacidad tecnológica es más un tipo de bien privado que de bien público (Nelson R. , 1996).
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