Colombia: estructura industrial e internacionalización 1967-1996
Luis Jorge Garay S

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UNA VISIÓN DE LA PROBLEMATICA DE LA INTERVENCIÓN

Existen razones suficientes para que en un ambiente de competencia imperfecta - con la presencia, por ejemplo de economías de escala, economías externas asociadas a la innovación técnica y el aprendizaje- una interferencia gubernamental en el mercado mediante la adopción de una determinada política estratégica pueda adquirir la debida legitimidad y validez teórica y programática, aun dentro de marco de la misma teoría económica convencional.

En este sentido, el argumento de creación de ventaja competitivas dinámicas se basa en el supuesto, contrario la teoría neoclásica, de la existencia de precios incorrectos, razón por la cual se requiere la intervención del Estado par: propiciar condiciones de mercado que puedan ser aprovechadas por actividades productivas caracterizadas tanto por tal tipo de ventajas competitivas, externalidades y economías de escala, como por su potencial para enfrentar efectivamente la competencia externa. Así, varios países como Corea y Taiwán aplicaron no solamente incentivos neutrales para el aprovechamiento de ventajas comparativas estáticas -como mano de obra barata-, sino que, más allá, el Estado incentivó acciones para reducir el costo de uso del capital y estimular procesos de aprendizaje, con el fin de explotar ventajas competitivas dinámicas a largo plazo (Stiglitz, 1996; Lall, 1995; Esguerra y Ocampo, 1992).

De cualquier forma, aún aceptando la posibilidad de que una oportuna y adecuada intervención del Estado contribuya a corregir fallas de mercado, permanece el debate sobre la conveniencia de la focalización de la política pública en comparación con la neutralidad horizontal de las intervenciones gubernamentales en el mercado.

Como lo señala Krugman (1986), reconociendo la posible existencia de sectores considerados estratégicos por su aporte potencial a la generación de rentas excepcionales y al aprovechamiento de externalidades, surgen varios problemas. El primero se refiere a la identificación práctica de los sectores estratégicos, ante las serias dificultades empíricas para evaluar rentas extranormales no asociadas con diferencias de calidad o con ganancias esporádicas y para simular eventuales beneficios derivados de externalidades que no se transmiten directamente a través de los precios en el mercado.

El segundo problema se relaciona con la falta de certeza sobre el éxito de una política focalizada-estratégica en términos del logro de una efectiva promoción y expansión de los sectores seleccionados, ante la mayor extrarrenta susceptible de generarse por unidad de recurso escaso dedicado a su promoción (Grossman, 1986).

El tercer problema está relacionado con la imposibilidad de contar con recomendaciones genéricas de política bajo condiciones de competencia imperfecta, y con las dificultades empíricas para el diseño de una política deseable de segundo orden (second best policy), ante la necesidad de tener un conocimiento detallado de la competencia a nivel de las actividades productivas y de su relación con el resto de sectores de la economía.

El cuarto problema se encuentra ligado a la presencia de fallas en la intervención del Estado debido a la influencia y papel de los grupos de interés ya las conductas buscadoras de renta, que imponen importantes costos a la sociedad para favorecer intereses particulares.

Por estas razones, resulta evidente que los posibles beneficios pueden llegar a ser atenuados, o aun superados, por los costos sociales potencialmente reproducibles en las fallas y distorsiones del proceso de diseño y aplicación de las políticas gubernamentales de carácter estratégico-selectivo. Pero ello no obsta, de manera alguna, para desconocer la validez y relevancia teóricas del planteamiento de la intervención gubernamental como objeto de estudio, y del desarrollo de la economía política como verdadera disciplina.

Claramente, en presencia de imperfecciones y fallas en el mercado se justifica la aplicación de políticas gubernamentales socialmente deseables, que por lo menos contribuyan eficazmente a crear el ambiente propicio para subsanarlas. Tales políticas correctivas son, por lo general, de carácter horizontal a través del mercado, sin que necesariamente se precluya per se la conveniencia potencial de acciones gubernamentales de tipo selectivo-estratégico. Por el contrario, existen situaciones específicas que pueden ameritar intervenciones decisivas de carácter estratégico.

El debate teórico debe residir, entonces, en bajo qué circunstancias y através de cuáles modalidades e instrumentos debe intervenir el Estado. Es decir, en la calidad, la oportunidad y la selectividad, y no sólo en la cantidad, de la intervención. En consecuencia, más que criticar per se la intervención y regulación del Estado sobre la actividad económica, surge la necesidad de evaluar la oportunidad, racionalidad y forma en que se desarrollan las estrategias, y la coherencia y efectividad de la aplicación de las políticas públicas deseables.

La Tabla 2.3 ilustra las diferencias entre funciones y tipo de intervenciones del Estado según intensidad, racionalidad y orientación.

Tabla 2.3

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