Colombia: estructura industrial e internacionalización 1967-1996
Luis Jorge Garay S

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INTERVENCIÓN DEL ESTADO Y CAMBIO INSTITUCIONAL

ACERCA DE LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO Y LA POLÍTICA ECONÓMICA: UNA PRIMERA APROXIMACIÓN

Son varios los estudios que a nivel te&oacuterico y con cierta evidencia emp&iacuterica (Chudnosky y López, 1996) analizan el tema de la intervención del Estado. Dentro de la corriente neoliberal se propone que el Estado sólo debe actuar en donde el mercado presente fallas. Pero, aún reconociendo la existencia de fallas de mercado o de externalidades, se cuestiona o pone en duda el alcance de la intervención gubernamental. Se argumenta que el Estado no siempre puede remediar las fallas y, además, se alerta sobre la posibilidad de que surjan externalidades negativas o nuevas fallas en el mercado, o que los agentes privados neutralicen las acciones del Estado (1)

Existen otros enfoques, que al criticar la validez de los supuestos y la capacidad prescriptiva de la perspectiva teórica que da prioridad a la importancia del libre juego de las fuerzas del mercado en el desarrollo de los países (2), señalan la necesidad de que el Estado afronte determinados compromisos con miras a contribuir en la construcción de una economía competitiva internacionalmente.

La evidencia que brindan algunos países de industrialización tardía que han tenido políticas de desarrollo exitosas, plantea la necesidad de un cierto grado de intervención del Estado en el diseño de políticas para mejorar la eficiencia y estimular el crecimiento (Amsden, 1996 Stiglitz, 1996 Lall, 1995). Pero aún si se acepta la pertinencia de tal tipo de experiencia, surge de inmediato el cuestionamiento de si cualquier aparato estatal, estructura organizacional o jerarquía burocrática es capaz de adoptar un conjunto de políticas activas deseables y socialmente eficientes, y si, a nivel operativo, los funcionarios observan estrictamente los lineamientos de política acordados, o si por el contrario introducen sesgos en la aplicación práctica de las medidas e instrumentos de política, basados en su propio interés o sus motivaciones políticas o ideológicas.

De una parte, existe una serie de enfoques teóricos que enfatizan el problema de la información. (3) Entre éstos pueden distinguirse dos vertientes: la primera involucra el carácter dinámico y fragmentado de la información, que complica el proceso de toma de decisiones en forma centralizada y la segunda contempla la existencia de asimetría de la información, modelada a partir del concepto agente-principal (Grossman y Hart, 1983). Por ejemplo, puede haber asimetría informacional entre los que diseñan la política (policy makers) y los funcionarios de menor rango o, también, entre el Estado y los agentes privados a quienes afecta la política, con las consecuentes complicaciones para el diseño y ejecución de políticas coherentes y eficaces.

La presencia de información como proceso dinámico, costoso e imperfecto conduce a que los agentes tengan que actuar bajo condiciones de incertidumbre, con severas consecuencias en el funcionamiento del mercado y la toma de decisiones. Knight, en su conocido libro Riesgo, incertidumbre y ganancia (1921), argumenta que:

"La información imperfecta debe reflejar algo más que riesgo, y lo denomina incertidumbre. En este caso, los eventos (acciones individuales o colectivas) deben ser impredecibles. Ahora bien, al aceptar a la incertidumbre como fuente de ganancias, se afecta la explicación de la existencia de las firmas si se piensa que las firmas existen para obtener ganancias. Si la información perfecta obvia los problemas de organización interna (como ocurre en el caso de la firma neoclásica perfectamente competitiva), entonces la existencia de problemas organizativos reside al menos parcialmente en la presencia de un conocimiento costoso e imperfecto." (Demsetz, 1997).

Es así como una respuesta al interrogante de Coase sobre por qué existen las organizaciones -firmas- cobra relevancia en términos del concepto no-probabilístico de incertidumbre (Hodgson, 1988). Precisamente, en situaciones caracterizadas por incertidumbre estructural, en las que sea imposible formular contratos contingentes, el mercado resulta sustituido por diversas organizaciones, siendo éste el mecanismo más apropiado para la asignación y localización de recursos. En este sentido, la escuela institucional creada por Akerlof y Stiglitz concibe el origen de las instituciones en presencia de varios tipos de problemas de información, tales como mercados incompletos, información asimétrica, riesgo moral, etcétera (Knudsen, 1993).

El principal aspecto demostrado por el teorema fundamental de la economía del bienestar es que en una amplia variedad de situaciones en las que la información se vuelve imperfecta y costosa -como ocurre frecuentemente en la realidad- la intervención gubernamental podría mejorar el bienestar colectivo si los hacedores de la política tuvieran los incentivos correctos y aplicaran las políticas idóneas. El hecho de que los mercados con información costosa e incompleta no funcionen perfectamente constituye una justificación fundamental para la existencia de posibles acciones gubernamentales.

A este respecto, bajo una perspectiva institucionalista, se argumenta la existencia de restricciones de economía política originadas en fallas del mercado y en fallas en la intervención del Estado, que dificultan la eficiencia de las políticas públicas (Wiesner, 1997). La teoría de los escogimientos públicos señala que los burócratas y políticos, al tomar decisiones sobre el bienestar colectivo, buscan aumentar más su beneficio inmediato que el de quienes aseguran representar en el mejor de los casos, las decisiones adoptadas dependen de la interpretación que hace el burócrata de los intereses de la colectividad, interpretación que no necesariamente coincide con la voluntad colectiva real.

Adicionalmente, la existencia de agentes buscadores de renta (rent seekers) que usufructúan de las rentas generadas por la desviación de los recursos públicos, reproduce comportamientos oportunistas y egoístas en favor de los intereses particulares de ciertos grupos específicos y en contra de los intereses colectivos de la comunidad como un todo. La injerencia de agentes privados a través de gestiones de cabildeo -Iobbying- y la interferencia de funcionarios estatales para su propio beneficio y de terceros, generan serias fallas en la acción del gobierno, que atentan contra la implantación rigurosa de políticas socialmente deseables .

En este contexto se argumenta que la acción del Estado no sólo acarrea ineficiencias en la asignación de los recursos sino que también desvía recursos hacia actividades improductivas. Así, por ejemplo, en el caso de políticas de protección de naturaleza discrecional y selectiva bajo criterios ad hoc no claramente establecidos, se afirma que a la pérdida de bienestar generada por las barreras al comercio, deben sumarse los costos derivados de las acciones encaminadas a la búsqueda de rentas que los potenciales beneficiarios o perjudicados despliegan ante el gobierno para influir en sus decisiones (Krueger, 1974).

Aunque estas restricciones existen en todas las economías, su capacidad de afectar adversamente la eficiencia y la equidad se fortalece donde hay tradición favorable a determinadas modalidades ad hoc de intervención gubernamental discrecional. Este argumento, según López (1997), es válido en el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, dado que la permanencia, cubrimiento y magnitud de la protección otorgada le confirió un apreciable grado de monopolio a la industria doméstica. Así, los beneficiarios tuvieron incentivos para desplegar acciones con el fin de ampararse debidamente detrás de la protección. Una vez creadas la rentas, se arraigó el mal concebido proteccionismo, generándose la práctica de búqueda de rentas, a fin de impedir cualquier iniciativa para removérselas.

Aceptando la existencia de buscadores de renta, lo más prudente en la práctica real para la aplicación de políticas socialmente deseables requiere la realización de ciertas acciones de índole precautelativa: identificar las distorsiones en la competencia que favorecen la práctica y buscar eliminarlas en la medida de lo posible evaluar la capacidad de los grupos de interés para modificar y neutralizar el alcance de las políticas deseables y, en lo que hace al proceso de formulación de la política, partir de las restricciones y condiciones existentes y no exclusivamente de la bondad intrínseca de las políticas o  reformas.

Ahora bien, en la medida en que se acepta que el diseño y aplicación de política económica no es un problema técnico, como lo señala Dixit (1996), "el proceso político puede ser visualizado como un juego entre participantes (principales) quienes tratan de afectar las acciones del hacedor de políticas (agente)... [siendo que] típicamente el resultado del juego no maximiza nada en particular."

En estas circunstancias se quiebran los supuestos de benevolencia y dictadura representativa de la colectividad en el proceso de elaboración de políticas, y surge la perspectiva evolucionista como el esquema de análisis apropiado para el proceso institucional de política económica.

Las propias características del proceso político resultan propicias para la reproducción de verdaderos costos de transacción políticos. Estos costos de transacción están asociados al hecho de que los contratos políticos se realizan entre múltiples partes contratantes, no todas claramente identificables -votantes, políticos, partidos- y que constituyen una promesa de política en retorno a votos -o contribuciones-, en términos más vagos e imprecisos que los contratos económicos (Dixit, 1996).

Consecuentemente, siguiendo a Dixit, los costos de transacción políticos pueden ser clasificados así: primero, costos por información incompleta ante la falta de mecanismos de solución de diferencias entre las partes contratantes y la ausencia de verificación precisa y, especialmente, ante los problemas de selección adversa (adverse selection) y riesgo moral (moral hazard) segundo, costos por oportunismo ante la presencia de múltiples agencias de índole política y debido a la dificultad de hacer seguimiento al cumplimiento de los contratos suscritos por ciertas agencias públicas; tercero, costos por evolución institucional ante la debilidad y lentitud de los procesos de selección y reforma institucional y debido al poder discrecional de manipulación de la información por parte de las autoridades políticas, que impide a los ciudadanos -votantes- formarse un juicio sustentado sobre la eficiencia de las acciones públicas. Para concluir, retornando a Dixit (1996):

"La aproximación positiva alternativa a la normativa busca entender la políica económica en una sociedad donde los individuos o grupos guiados por sus propios intereses, operan a través del proceso político que define en última instancia la política. Primero, se postula que el proceso político opera en favor de los grupos concentrados y en contra de los dispersos. Esto porque cada miembro del primer grupo tiene más intereses en juego y porque puede controlar mejor el problema del oportunismo (free rider). Segundo, se argumenta que las industrias establecidas ganan a expensas de las nuevas emergentes. Pérdidas de puestos de trabajo y para dueños de industrias establecidas por su eventual declinio pesan más que proporcionalmente en los cálculos, que futuras posibles ganancias en sectores donde los lobbies o grupos de presión no son todavía fuertes. Por último, las medidas de políticas adoptadas tienden a ser indirectas y opacas. De tal manera que los grupos perdedores no perciban claramente el vínculo causal y, por lo tanto, no ejerzan oposición efectiva".

Un esbozo del tipo de relaciones existentes entre grupos de presión, costos de transacción políticos y reforma de política se ilustra en la Tabla 2.1.

Tabla 2.1

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1.El cuestionamiento a la efectividad de la acción estatal para la solución de las externalidades no es atributo de las posiciones liberales. Por ejemplo, si bien las políticas de planificación-regulación tendrían el objetivo de intenalizar externalidades, en la medida en que exista una fragmentación del proceso de toma de decisiones entre las distintas unidades que conforman el aparato estatal, no se puede asegurar que las decisiones tomadas sean evaluadas en función del interés general (Nove, 1987). Así mismo, al existir un reparto de responsabilidades entre distintas áreas del Estado, no es evidente que exista una unidad de criterio entre ellas ni que compartan la misma motivación (Vernon, 1989).
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2 Una revisión de algunos supuestos no válidos del enfoque de libre mercado se encuentra en Amsden, 1996.
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3 Particularmente la corriente de la economía de la información analiza la existencia de la información imperfecta, costosa y asimétrica. La economía de la información ha contribuido a explicar fenómenos como la creación de instituciones y, de manera amplia, la volatilidad económica. (Stiglitz 1997). Información, en Enciclopedia de Economía, Fortune.
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