CONCLUSIONES
En el capítulo se ha realizado un recorrido de la política económica colombiana
entre 1967 y 1996. Los diferentes indicadores de desempeño económico presentados
muestran que, aun con obvias fluctuaciones, éstas no han sido radicales y que se ha
carecido del empuje necesario para un despegue económico definitivo. No obstante, cabe
resaltar que tampoco han estado presentes en la economía colombiana fases de fuerte
recesión.
En los últimos treinta años Colombia ha presentado una economía estable en términos
generales, su actividad productiva se ha diversificado aunque dirigida hacia la
terciarización de la economía y su dependencia de un solo producto es cada vez menor.
Sin embargo, careció de una estrategia de desarrollo a largo plazo, lo que en cierta
medida puede haber obstaculizado el impulso necesario para un despegue definitivo.
En términos de desempeño de la economía colombiana, se ha observado que su
crecimiento anual promedio ha sido superior al 4.5%, lo cual refleja una dinámica
importante, pero insuficiente para lograr recortar la brecha con los países más
avanzados y para evitar el incremento de la brecha con las naciones de nueva
industrialización. La composición de la economía colombiana se ha caracterizado por su
relativa terciarización no orientada a sectores generadores de desarrollo tecnológico,
lo que difiere sustancialmente del proceso seguido en naciones de rápido crecimiento.
Paralelamente, la actividad agrícola ha caído en importancia productiva, al tiempo
que la industria manufacturera no ha logrado ser el jalonador definitivo del crecimiento
en Colombia, razón por la cual las bases del desarrollo estructural de largo plazo no
pueden considerarse suficientemente sólidas. Esto se demuestra al apreciar que los
períodos de rápido crecimiento económico han estado asociados con la dinámica de la
demanda interna, siendo el sector externo poco relevante, salvo en períodos puntuales de boom
de algunos productos particularmente primarios.
La pérdida de importancia del sector agropecuario está relacionada con problemas de
índole estructural como una alta concentración de la tierra con creciente importancia de
capitales no productivos (en buena parte de origen ilegal), elevados índices de pobreza y
desigualdad social, patrones inadecuados de especialización y bajos niveles de
productividad y modernización tecnológica, altos costos de transacción derivados de las
condiciones de violencia y de la falta de infraestructura, etcétera. Esta problemática
se ha visto agravada por las nuevas exigencias de competencia bajo un modelo de apertura
económica y por el creciente deterioro de la condiciones sociales y políticas en el
país.
En los Capítulos 12 y 13 se analiza en detalle la problemática estructural de la
dinámica industrial en los últimos treinta años, que le han impedido convertirse en el
sector impulsor por excelencia de la economía colombiana.
La política cambiaria en Colombia se ha caracterizado por un manejo prudente, basado
durante más de dos décadas en la eficiente aplicación de leyes y mecanismos adoptados a
finales de los años sesenta. Así, salvo el período de crisis de la primera mitad de los
ochenta, la cual se pudo sortear con relativo éxito, Colombia no ha enfrentado desde
mediados de los setenta peligro de graves crisis cambiarias que pudiesen dar lugar a
manejos especulativos desestabilizantes.
Recientemente, sin embargo, el período de apertura vino acompañado de un proceso de
revaluación que sin duda afectó el proceso de incorporación de Colombia en los mercados
internacionales. en la medida en que la competitividad de las exportaciones, especialmente
las no tradicionales, todavía se sustenta en buena medida en la tasa de cambio. Pero, de
otra parte, ala vez que se encarecieron las exportaciones de productos finales -en
términos de dólares-, las materias primas y los bienes de capital importados se
abarataron, cosa que, sumada a un fuerte crecimiento de la demanda doméstica, generó
unas condiciones favorables para modernizar el aparato productivo colombiano a través de
la importación de insumos especializados y de bienes de capital. Desafortunadamente, este
proceso no se dio de manera generalizada, sino que más bien las consecuencias de este
proceso revaluacionista constituyeron un obstáculo en el mejoramiento de la actividad
productiva.
El sector exportador no ha logrado ser el factor jalonador de la economía colombiana
en correspondencia con el papel que se le ha asignado aunque con diferente énfasis desde
1967. La participación de las exportaciones totales en el PIB no ha superado el 18% en
los últimos treinta años, en tanto que la de las exportaciones menores siempre ha estado
por debajo del 8%. Aunque la participación de las importaciones nunca ha sido inferior al
10% del PIB desde 1970, sólo ha superado la de las exportaciones precisamente en los
períodos de liberación de importaciones: entre finales de los setenta y principios de
los ochenta, y durante la década de los noventa.
Si bien las exportaciones menores han tenido una cierta dinámica, especialmente en los
períodos 1967- 1975 y 1984-1991, el proceso de diversificación y la competitividad
comercial de las exportaciones manufactureras han sido claramente insuficientes como para
penetrar con dinamismo y variedad los mercados internacionales (este tema es tratado con
mayor detalle en los Capítulos 14 y 15).
Ante estas circunstancias resulta evidente la necesidad de incrementar sustancial mente
el esfuerzo exportador de la economía colombiana para hacer viable la sostenibilidad del
modelo de internacionalización y evitar la consolidación de una tendencia ala apertura hacia
adentro
en lugar de una apertura
hacia
afuera,
con las perversas consecuencias económicas y
sociales que ello traería.
La inflación en Colombia se distingue por su gran estabilidad, ya que salvo en los
primeros años del período bajo análisis, su variación ha sido escasa. Esto llevó a
que durante los años ochenta, cuando la mayoría de economías latinoamericanas
presentaron altos niveles de inflación -incluso situaciones de hiperinflación en varias
de ellas- Colombia fuera considerada como caso excepcional. Sin embargo, en épocas de
reactivación y mayor dinamismo como en los noventa, cuando la mayor parte de las
economías vecinas presentan niveles de inflación por debajo del 15%, no solamente se
cuestiona la fuerte inercia inflacionaria en la economía colombiana, en especial bajo un
modelo de desarrollo hacia afuera
como el
predominante, sino además se reafirma el papel de la reducción de la inflación en el
mejoramiento de la competitividad de la economía. La indexación se ha convertido en una
importante barrera en los intentos por bajar la inflación a cifras de un dígito, lo cual
llevó a la utilización de mecanismos como el Pacto social de precios, salarios y
productividad, que mostró eficientes resultados en economías hiperinflacionarias, pero
cuyos alcances para Colombia no han sido del todo satisfactorios.
Como casi todas las demás variables macroeconómicas, el ahorro y la inversión en
Colombia también presentaron una gran estabilidad, aunque alrededor de un nivel promedio
claramente insuficiente, sobresaliendo el notorio bajo desempeño registrado en el primer
lustro de los ochenta. El excesivamente bajo nivel de ahorro debe ser uno de los mayores
temas de discusión debido a su estrecha relación con los niveles de inversión en el
país, los cuales se deben incrementar sustancialmente si se quiere alcanzar una senda con
mayores ritmos de crecimiento sostenido a mediano y largo plazo. Sorprenden los bajos
niveles de ahorro, puesto que las tasas reales de interés han sido especialmente altas
con relación al resto del mundo. Aún así, el sistema financiero ha sido uno de los
sectores más dinámicos en los últimos treinta años en el país, registrándose en los
años noventa un claro proceso de concentración acompañado de un mayor nivel de
competencia entre los agentes, aunque a todas luces insuficiente, sin duda asociado con la
liberalización de la legislación relacionada con el sector financiero y la inversión
extranjera.
Dentro de las finanzas del sector público, las del gobierno nacional central han sido
quizás las que mayor fluctuación han experimentado en el período bajo análisis. Han
sido notorios la reproducción de importantes desequilibrios, primero en los años
ochenta, consecuencia de las crisis financieras internacional y nacional, así como del
incremento de la inversión pública basado en crédito externo y, posteriormente, en los
años noventa, debido en buena parte al crecimiento sostenido de gastos en los sectores de
la defensa, seguridad, justicia ya ciertos sectores sociales. Además, cambios
institucionales como la profundización de la descentralización político administrativa,
implicaron una clara reasignación de responsabilidades entre diversos niveles de la
administración pública, pero ante la incapacidad de lograr coordinar adecuadamente los
gastos del gobierno central con las entidades descentralizadas, han conducido a la
duplicación de esfuerzos ya la ineficiencia en rubros del gasto público.
Desafortunadamente, desde los años ochenta no ha sido posible incorporar gran parte de
la población marginada a la economía en condiciones productivas que permitan generar y
distribuir riqueza y dinamizar la estructura económica del país. Así, salvo el
desempleo, que ha sido relativamente controlado, aunque con crisis en algunos años de los
ochenta y mediados de los noventa, los otros indicadores de pobreza no han mostrado
avances sustanciales que permitan mostrar una verdadera mejora en los niveles de vida de
los colombianos más pobres. Los niveles de informalidad y de salarización aún se
encuentran distantes de niveles aceptables, el salario mínimo no alcanza a cubrir la
canasta básica familiar y la cobertura de la seguridad social es insuficiente. Aunque en
cierta medida se han logrado ligeros avances, el grado de pobreza de la población
colombiana se encuentra a niveles lejanos a aquellos esperados para un país que busca
dejar de pertenecer al denominado Tercer Mundo. Los avances en la distribución del
ingreso han sido mínimos. Si se analiza en retrospectiva la evolución del coeficiente de
Gini, se concluye que Colombia presenta hoy niveles de inequidad similares a aquellos
observados hace quince o veinte años. Además, los niveles de educación siguen siendo
claramente insuficientes, especialmente en la educación secundaria, en las carreras
técnicas y universidades con lo cual una de las premisas básicas para lograr
significativos niveles de crecimiento no está aún satisfecha en Colombia.
La recapitulación anterior permite destacar que en Colombia la constante de la
política macroeconómica ha estado basada en un manejo prudente, consecuente con la
búsqueda de la estabilidad que se ha dado en los últimos veinticinco años. Esto, sin
duda, ha sido un acierto, de manera especial en períodos de crisis, como lo fue el de los
años ochenta, pero desafortunadamente, concentrar la atención en mantener la estabilidad
acorto plazo, ha impedido valorar la importancia de preservar una estrategia consistente
de desarrollo a mediano y largo plazo. Esto, como requisito para lograr niveles de
crecimiento que permitan reducir efectivamente la brecha con los países desarrollados.
Es de resaltar en este punto que el comportamiento de la economía colombiana se ha
beneficiado de la presencia de consecutivas bonanzas externas con naturaleza muy variada a
partir de mediados de los setenta, asociadas con productos primarios como el café y el
petróleo, y con drogas ilícitas como la marihuana y la cocaína. No obstante sus efectos
favorables en algunas variables macroeconómicas como el nivel de reservas
internacionales, las bonanzas, especialmente de índole ilegal, han reproducido
distorsiones perversas en el sistema económico, al estimular el consumo, la especulación
y el enriquecimiento rápido, agudizando el ya de por sí bajo nivel de ahorro y de
inversión observado tradicionalmente en la sociedad colombiana, y al afectar ciertos
precios relativos en favor de bienes no transadles.
A pesar de la tradición de manejo económico cauteloso, en los últimos años la
economía colombiana ha cedido seriamente su lugar preferencial en la región en términos
de la estabilidad económica, particularmente en los campos fiscal, cambiario e
inflacionario, lo que entre otras cosas ha afectado perversamente el entorno
macroeconómico para la competencia ante las nuevas condiciones exigidas por el modelo de
desarrollo hacia afuera.
Esta situación se ha
visto agravada por las serias deficiencias de la meso economía del país (Parte II) y por
el severo deterioro de la situación política y social -principalmente la violencia en
todas sus manifestaciones- y la pérdida de legitimidad de las instituciones.
Desde el inicio de los noventa, Colombia -al igual que otros países de la región-
adoptó un modelo de desarrollo basado en la apertura y liberalización de la competencia
y la deregulación de mercados en la búsqueda, entre otros propósitos, de mayores
niveles de crecimiento económico y de un mejor posicionamiento del país ante el proceso
de globalización.
Sin embargo, la polarización en torno a cómo llevar a cabo dicho proceso, aun cuando
hace ya más de un lustro que se inició, puede conducir a que se dificulte la adopción
de una estrategia de desarrollo a largo plazo en consulta con las prioridades de índole
doméstica y de las realidades del proceso de globalización en curso. Debe facilitarse a
Colombia avanzar en la búsqueda de una inserción dinámica y creativa
en el escenario internacional y de niveles de desarrollo que
permitan recortar la brecha con las naciones más avanzadas.
En medio del proceso de internacionalización y a diferencia de otras naciones incluso
de América Latina, a Colombia le corresponde la exigente tarea de alcanzar con presteza
una estabilización macroeconómica de carácter estructural y perdurable en los frentes
fiscal, cambiario e inflacionario y avanzar sin pérdida de tiempo hacia la normalización
del ambiente político, social e institucional, como requisitos necesarios aunque no
suficientes para crear un entorno más propicio para el ahorro, la inversión, el empleo,
la productividad, la competencia y el crecimiento sostenido. Todo ello agravado con la
necesidad inaplazable de mejorar el bienestar y las oportunidades de progreso para amplios
estratos de su población y reducir drásticamente la inequidad existente tanto de
ingresos como de capacitación en la sociedad colombiana.
|