Colombia: estructura industrial e internacionalización 1967-1996
Luis Jorge Garay S

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APERTURA COMERCIAL 1990-1996

En 1989 el gobierno decidió implantar importantes reformas económicas, entre ellas la apertura comercial y la desregulación de mercados como el cambiario y el laboral. Sin embargo, dos factores influyeron de manera negativa para que estas decisiones tuvieran que postergarse. En primer lugar, la guerra contra el narcotráfico, cuyos momentos de máxima intensidad se alcanzarían en la campaña preelectoral de 1989, con el asesinato de varios precandidatos a la presidencia, y, en segundo lugar, el colapso del Acuerdo Internacional del Café en julio de 1989. Mediante este Acuerdo los países productores tenían un determinado grado de control sobre el precio internacional del grano para así propender por una adecuada estabilidad.

A principios de 1990 se volvió a plantear la necesidad de realizar la reforma comercial con el fin de permitir que fuese el sector externo el motor de crecimiento de la economía y que se facilitara la inserción de Colombia en los mercados mundiales. La administración Barco decidió iniciar la ejecución de un programa de apertura para la economía colombiana. Este programa tenía la particularidad de ser gradual. En efecto, en una primera etapa, a partir de febrero de 1990 y durante los siguientes dos años, se debían reducir progresivamente las restricciones cuantitativas mediante un mecanismo de asignación de cupos de importación por ítem bajo el régimen de licencia previa, compensando esta mayor exposición de la producción doméstica con protección arancelaria, y sobre todo con una devaluación favorable de la tasa real de cambio. Así, en marzo de 1990 el 55.6% del universo arancelario quedó bajo el régimen de libre importación, mientras que el 43.3% se mantuvo bajo el régimen de licencia previa y el 1% en el de prohibida importación. Esto contrastaba con la estructura existente hasta ese momento que representaban el 38.1%, 60.1% y 1.1%, respectivamente (Ocampo, 1991).

En una segunda fase se reduciría de manera gradual y sostenida el arancel, hasta alcanzar en tres años un nivel promedio, incluida la sobretasa del 25%. Paralelamente, la devaluación nominal en 1990 se aceleraba, alcanzando el 31%, con el fin de evitar que la liberalización comercial indujera una excesiva demanda de importaciones que pudiera atentar contra la estabilidad cambiaria y por ende pusiera en riesgo la profundización del propio proceso de apertura. Sin embargo, desde enero de 1991 se inició un proceso de revaluación real, tendencia que se mantuvo prácticamente invariable hasta 1996.

Para octubre de 1990, el nuevo gobierno estimó que el programa de apertura requería de una mayor profundización, pues bajo su perspectiva, la apertura comercial no había alcanzado resultados suficientes. El arancel promedio seguía siendo alto (34.5%) y la protección efectiva era del 60%, nivel inferior al 87% de 1985 o al 88% de 1988, pero excesivamente elevada en términos internacionales. Se decidió, por tanto, reprogramar el proceso de apertura y darle una mayor rapidez, transparencia y claridad al programa de desgravación arancelaria.

Con este fin se eliminaron las licencias previas de importación durante el último trimestre de1990, salvo para productos agropecuarios considerados sensibles como los cereales y las oleaginosas. Al finalizar 1990 el 96. 7% del universo arancelario era de libre importación y únicamente el 3.3% permanecía bajo el régimen de licencia previa (Ocampo, 1991). Con miras a simplificar la estructura tarifaria, se redujo el número de los niveles arancelarios de 14 a 7, con la meta de llegar a sólo 4 niveles antes de tres años. Por último, se buscó reducir de manera gradual el nivel promedio de los aranceles del 34.6% aun 16% al final de la administración Gaviria. Esta disminución se haría a partir de 1991 con rebajas al final de cada año.

En agosto de 1991 la situación no era la más apropiada. Por una parte, el país se encontraba pasando por un período de alta inflación y el comportamiento del sector externo no era el esperado. Si bien las exportaciones habían crecido ligeramente, especialmente las menores, ésta era una tendencia ya sostenida desde mediados de la década pasada. Las importaciones, en cambio, habían caído en términos de dólares corrientes en cerca del 11% , incrementándose únicamente las importaciones de bienes de consumo en casi un 10%. Estos resultados iban en contravía con los objetivos de la apertura, que buscaba, por una parte orientar la producción hacia los mercados externos y aumentar sustancialmente la participación de las exportaciones en el PIB, y, por otra, facilitar el acceso a insumos y bienes de capital con el fin de reactivar la economía y elevar la capacidad productiva de la industria doméstica.

Las autoridades argumentaban que la causa del descenso en el ritmo de importaciones era la decisión del sector privado de esperar a una mayor reducción de aranceles para ejecutar sus decisiones de inversión.

Además, en ese mismo período se comenzó a registrar un importante flujo de capitales hacia Colombia producto del diferencial entre las tasas de interés doméstica e internacional, la escasez de crédito interno y las amnistías tributaria y cambiaria en ausencia de una verdadera política de lucha contra el lavado de dólares y el enriquecimiento ilícito. A partir del segundo trimestre de 1991 se disparó el diferencial de la tasa de interés de Colombia respecto a la externa, la cual, según Ocampo y Tovar (1997b), fue un factor estadísticamente significativo en el ingreso de flujos de capital. Resultados similares presenta Gómez (1997), quien muestra cómo los márgenes de intermediación colombianos durante los años noventa han sido, en promedio, los más altos del mundo, sólo por detrás de los países del Oriente Medio. Encuentra, también, que las tasas de interés reales de Colombia, con relación al resto del mundo, son las más elevadas con excepción únicamente de algunos pocos países en vías de desarrollo.

Así, debido al ingreso de cuantiosos capitales de corto plazo, la cuenta corriente de la balanza de pagos que había sido negativa durante toda la década de los ochenta -excepto 1986-, se tornó positiva a partir de 1990, siendo superavitaria en más de US$ 2.350 millones en 1991, y destacándose especialmente el rubro de transferencias que creció en más del 65%. Steiner (1997) presenta evidencia que sugiere que buena parte del significativo crecimiento del rubro de transferencias durante la segunda mitad de los ochenta y primeros años de los noventa pudo deberse al ingreso de divisas provenientes de dineros ilícitos. Destaca, mediante diferentes ejercicios, que son dos los principales mecanismos por medio de los cuales ingresan dineros ilegales a Colombia: transferencias privadas y contrabando abierto. Las reservas internacionales en ese año aumentaron un 40%, al pasar de US$ 4.595 millones en 1990 a US$ 6.500 millones en 1991. Todo este proceso ponía en peligro la estabilidad macroeconómica, por la cual se hacía necesario actuar en los frentes monetario, cambiario, comercial y fiscal.

Con el fin de dar señales suficientes a los agentes económicos, en el sentido de que esta política era un hecho cumplido, se decidió eliminar el concepto de gradualidad de la apertura. De esta forma se eliminaba la supuesta incertidumbre sobre el comportamiento de la rebaja de aranceles. Por la tanto, los aranceles se ajustaron a los niveles previstos para 1994 y se establecieron los cuatro niveles de gravámenes programados para esa fecha. El arancel promedio quedó en 11.4% , alcanzando la protección efectiva un nivel promedio del 26.2%.

En el frente cambiario, aunque no directamente relacionado con el problema coyuntural al que se enfrentaba la economía colombiana, se realizó, por primera vez desde 1967, una reforma estructural. Ésta se dictaminó en 1991 y se ejecutó en dos etapas a partir de 1992 y 1993.

La ley 9a de 1991 derogó el decreto 444 de 1967. Por medio de esta ley se eliminó el monopolio del Banco de la República sobre el control de divisas, con la cual el grueso de las operaciones financieras empezaron a realizarse a través de los intermediarios financieros. Además, se dio vía libre al régimen de inversión extranjera, consagrando la igualdad de derechos entre inversionistas nacionales y extranjeros. La reglamentación de dicha ley correspondió a la Junta Monetaria del Banco de la República primero y, luego, a la Junta Directiva del mismo. Esto como consecuencia de la autonomía del Banco Central estipulada en la Constitución de 1991.

Así, entre 1992 y 1993 el Banco de la República modernizó y facilitó las operaciones cambiarias. En primera instancia se buscó descentralizar el régimen de control de cambios, permitir una mayor participación del mercado en la determinación de la tasa de cambio y facilitar a los nacionales la tenencia de divisas y activos en moneda extranjera. De esta forma, se sustituyó el crawling peg por una mayor intervención de las fuerzas del mercado en la fijación del tipo de cambio. Sin embargo, con el fin de mantener cierto control sobre la tasa de cambio, se estableció el mecanismo de la banda cambiaria: así, si se alcanza la cota superior o inferior de la banda, el Banco debe intervenir con el fin de evitar excesivas fluctuaciones en el precio del dólar. .

Entre otras medidas que afectan el comercio exterior colombiano es de destacar la reactivación del Grupo Andino. Se estableció un arancel externo común con el objetivo de crear una unión aduanera, aunque imperfecta y parcial por la presencia de excepciones, entre Colombia, Ecuador y Venezuela. Además, en junio de 1994 se firmó el Tratado de Libre Comercio entre Colombia, Venezuela y México, conocido como el Grupo de los Tres, según el cual el universo arancelario se desgravaría de manera gradual en diez años, con algunas excepciones para los sectores agropecuario, agroindustrial y automotor.

Adicionalmente se tomaron algunas medidas de carácter institucional con el fin de modernizar el manejo y la promoción del sector externo. Entre éstas sobresalen la creación, en 1991, del Ministerio del Comercio Exterior que asumió la ejecución y el diseño de las políticas de comercio exterior; la reestructuración de las funciones del Instituto Colombiano de Comercio Exterior lncomex-, que era el encargado de aprobar las licencias de importación y que ante la eliminación de éstas, orientó su función a la prevención y corrección de prácticas desleales del comercio; la reestructuración de Proexpo, que pasa a denominarse Banco de Comercio Exterior Bancoldex-, cuyo papel es facilitar acceso a líneas de crédito a los exportadores colombianos; y, por último, la creación de Proexport Colombia con el fin de proveer información actualizada sobre los mercados internacionales a los exportadores nacionales.

La apertura en los frentes comercial y cambiario surtió efecto rápido sobre la balanza comercial. Las importaciones aumentaron de manera desmedida al tiempo que las exportaciones, como proporción del PIB, cayeron de forma inesperada (Gráfico 1.7). El proceso de revaluación real se mantuvo hasta mediados de 1994 (Gráfico 1.6), lo cual afectó negativamente el objetivo de dinamizar y diversificar las exportaciones nacionales. La misma revaluación, coincidiendo con la disminución de las restricciones cuantitativas, favoreció las importaciones, y si bien la de bienes de capital creció (19.8% entre 1990 y 1996), se observó un verdadero auge de importaciones de bienes de consumo -crecieron en promedio, entre 1990 y 1996, un 33%, con un máximo del 100% entre 1992 y 1993-. En este punto es necesario aclarar que las importaciones de bienes estrictamente clasificados como bienes de capital, en el sentido de una relación directa con la actividad productiva, fue apenas, en promedio, de un 31% del valor de las importaciones realizadas entre 1991 y 1994 de bienes agrupados indiscriminadamente bajo el rubro de bienes de capital (9).

Este resultado no alcanza a ocultar el efecto contrario al buscado por el proceso de apertura. Las exportaciones no lograron ser el motor de la economía y, por el contrario, se redujo su contribución al crecimiento del PIB, lo cual se compensó de manera decidida con el aumento de la demanda doméstica, reflejada en el significativo aumento de las importaciones de bienes de consumo (Gráfico 1.2).

El ciclo de fuerte crecimiento impulsado por las medidas estructurales tomadas en los primeros años de los noventa se mantuvo hasta 1995. El año 1996 reflejó el fuerte descenso del boom de demanda iniciado el año anterior y se manifestó en una caída en las importaciones, incluidas las de consumo.

Hacia 1994 el país crecía con base en el incremento de la demanda doméstica, entre otros factores por el importante aumento del gasto público pero con problemas como el proceso revaluacionista o el deterioro en la cuenta corriente de la balanza de pagos financiada en parte con el aumento de flujos de capitales hacia el país (Gráfico 1.8). A pesar de ello, el proceso de apertura, en esencia, se mantendría bajo la nueva administración, centrando sus objetivos de política económica en controlar la demanda agregada y la revaluación a través de un freno de los flujos de capital y un aumento del ahorro interno.

Se argumentó que la tasa de cambio estaba siendo fuertemente presionada por los altos niveles de endeudamiento privado externo neto que aumentó, en el período 1991-1994, en US$ 1.248 millones, al pasar en este lapso el flujo de capitales de US$ -404 millones a US$ 844 millones. En conjunto, la cuenta de capitales de la balanza de pagos pasó de ser negativa en 1991 a tener un superávit de más de US$ 4.700 millones en 1995. Con el propósito de frenar la revaluación, una de las primeras medidas tomadas fue privilegiar los flujos de inversión extranjera directa con respecto a los de endeudamiento privado externo. Así, los ingresos netos por inversión extranjera pasaron de US$ 439 millones en 1991 a US$ 717 en 1993, alcanzando US$ 2.973 en 1996, sin que estos resultados favorables puedan aún considerarse una tendencia. A la inversión extranjera se la dejaba totalmente libre, mientras que el endeudamiento privado externo se reguló de acuerdo con medidas tomadas por la Junta Directiva del Banco de la República. No obstante, la devaluación nominal alcanzó en 1995 un 10.4%, resultado insuficiente para lograr frenar el proceso de revaluación.

En 1996 disminuyó el ritmo de crecimiento de la demanda doméstica y se aceleró la devaluación real, aunque no sólo no logró acelerarse el crecimiento de las exportaciones, sino que las exportaciones menores tuvieron un crecimiento negativo en 1996 por primera vez desde 1983. Estos resultados se dieron a pesar de la necesidad de realizar una apertura de doble vía, en el sentido de que no podía darse únicamente un crecimiento de las importaciones sin un fortalecimiento de la dinámica exportadora. Con este propósito se estableció el denominado Plan estratégico exportador, que buscaba fomentar las exportaciones colombianas mediante la creación y fortalecimiento de mecanismos de apoyo a los productores nacionales. (10)

Se concluye que la estructura del sector externo co lombiano ha presentado un importante cambio entre 1967 y 1996. Se pasó de una economía cuyo principal producto de exportación, el café, representaba en 1970 el 60% de las exportaciones totales a ser tan sólo el15% en 1996. Además, las exportaciones menores, que en 1970 eran el 29% de las exportaciones totales, en 1996 representaron más del 45%. Por último, las reformas estructurales en materia comercial han tenido efecto positivo en la tramitología necesaria para comerciar con el exterior, pero no han logrado implantar una base decisiva para lograr que el sector exportador se convierta en el motor definitivo del crecimiento económico.

Sin embargo, la diversificación de las exportaciones no ha sido aún un determinante del crecimiento de las exportaciones tanto tradicionales como industriales. Así, la composición de las exportaciones industriales no ha variado de manera significativa, en especial desde inicios de los ochenta, siendo los principales productos de exportación aquellos intensivos en mano de obra -alimentos, textiles y confecciones- y los relacionados con 1 sector petroquímico -básicamente refinerías del petróleo y sustancias químicas industriales-. Por el lado de las exportaciones tradicionales, éstas siguen siendo principalmente el café, las flores y el banano, además de productos relacionados con el sector minero como petróleo, carbón y ferroníquel. Finalmente, por países de )rigen y destino, el principal socio comercial siguen siendo los Estados Unidos, seguido del Grupo Andino, especialmente Venezuela.

Gráfica 1.8

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9 Cárdenas, A., (1997) realiza una clasificación propia de los bienes de capital. Define estos como: "...las marquillas, aparatos, equipos, instrumentos etc. que tengan/ simultáneamente las siguientes características:

a. Que sean/ complejos, es decir esté/ compuestos por varias partes o piezas.

h. Que cumplan/ una función propia, es decir que se pueda descrihir su uso.

c. Que pueda/ utilizarse el/ procesos de transformación/ que agregue/ valor a otros niveles o para la prestación/ de servicios, que generen/ ingresos y en/ consecuencia, de alguna manera, aumente/ el/ el tiempo el capital del usuario. y que incluya / los componentes y repuestos para los niveles de esta categoría".
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10 El Plan estratégico exportador, consistía en cinco estrategias básicas. I. Los acuerdos sectoriales de competitividad mediante los cuales se pretendía solucionar los problemas y dificultades para el desarrollo de largo plazo en diferentes sectores industriales y agropecuarios, al concertar las acciones entre el sector público, el sector privado y los trabajadores. 2. Impulso a las negociaciones internacionales, siendo la más importante en la actualidad, la que se desarrolla con el Mercosur. 3. La unidad especial contra el neoproteccionismo, cuyo fin es realizar una labor de generación de información, sobre aquellos países que introdujeran prácticas proteccionistas a productos potencialmente exportables por Colombia. 4. Ampliación de los esquemas de fomento a las exportaciones -CERT, drau back, Bancoldex, Proexport, Plan Vallejo, Zonas Francas- y 5. Fomento y promoción a la exportación de servicios.
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