Colombia: estructura industrial e internacionalización 1967-1996
Luis Jorge Garay S

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APERTURA ECONÓMICA 1990-1996

APROXIMACIONES TEÓRICAS EN TORNO A LOS PROCESOS DE APERTURA

El intenso debate llevado a cabo en los momentos previos a la apertura, hacen necesaria una breve aproximación a diversos planteamientos teóricos desde un punto de vista ortodoxo.

Como bien lo menciona Edwards (1994), el principal objetivo del proceso de liberalización es detener las consecuencias del proteccionismo y su consecuente sesgo antiexportador. Sin embargo, es claro que el proceso de apertura involucra muchos otros aspectos además del comercial, aun cuando éste es uno de los más importantes.

Una de las consecuencias inmediatas esperadas de la liberalización comercial debe ser un crecimiento significativo de las exportaciones, consecuencia directa del manejo de la tasa de cambio y de otro elemento adicional: la promoción de exportaciones. Ésta no debe centrarse en ayudas por parte del Estado sino, de manera especial, en facilitar el acceso al crédito a las empresas privadas con el fin de que puedan llevar a cabo un proceso de expansión. Se espera por tanto que la liberalización comercial venga acompañada de un incremento de las exportaciones pero también de las importaciones, con el fin de mantener, en la medida de lo posible, la balanza comercial, pero en niveles de comercio mucho más altos.

En cuanto a la política fiscal, Mussa (1987) muestra que en las etapas iniciales del proceso de apertura ocurre un significativo desajuste fiscal fruto del descenso en el recaudo. Las causas de la disminución de los recaudos son: la caída de los aranceles y de los impuestos a las exportaciones, la baja en los impuestos recolectados a empresas que bajo un marco de protección producían beneficios positivos y pérdidas en empresas estatales que compiten con los nuevos bienes importados. Este desajuste se debe superar modernizando la recaudación tributaria y el control a la evasión, incrementando el ahorro público y mejorando la asignación de la inversión pública (Sunkel y Zuleta, 1990). Sin embargo, estos mismos autores argumentan que acciones sugeridas para superar el inicial desequilibrio fiscal como son las privatizaciones, no garantizan necesariamente un impacto fiscal positivo, siendo importante analizar en este caso la estructura de los mercados para anticipar adecuadamente el comportamiento de las empresas. Además, advierten que debe quedar claro que no necesariamente el origen de todo el desequilibrio surge del sector público: es posible que parte de la responsabilidad sea del sector privado. Ignorar esta posibilidad puede conducir a políticas y ajustes socialmente poco deseables.

En cuanto a la liberalización del mercado de capitales, Michaely et al. style="font-style:normal">(1978), argumentan que debe dejarse para etapas tardías del proceso de apertura, nunca para antes de la eliminación de las restricciones cuantitativas. Justifican esta acción por el peligro de atraer un exceso de flujos de capitales que dificulten el manejo de la tasa de cambio. Por otra parte, Mussa (1987) coincide en que las reformas comercial y financiera no deben llevarse a cabo simultáneamente. A su juicio, la reforma financiera debe preceder a la comercial, debido a que deben corregirse inicialmente las distorsiones en los mercados de factores antes de poner en marcha políticas que varíen la asignación de los recursos.

Pero aunque parece existir un consenso teórico en torno a los beneficios a largo plazo de la inserción en los mercados internacionales, Rodrick (1997) afirma que, a la luz del deterioro observado en diversos países, en especial en los aspectos sociales y laborales, en algunos ámbitos se ha generado un serio cuestionamiento sobre los verdaderos beneficios de la globalización. Concluye, de manera explícita, que la respuesta para solucionar este tipo de tensiones no es retroceder e implantar de nuevo fuertes esquemas proteccionistas. Para Rodrick la respuesta es actuar de manera creativa en el mejoramiento y la creación de instituciones tanto nacionales como internacionales que logren compaginar adecuada y eficientemente la globalización reinante con las metas de igualdad social, con gobiernos que mantengan el balance entre las necesidades domésticas y las de liberalización sin olvidar la importancia de mantener las adecuadas condiciones sociales para la población.

En conclusión, el éxito de las reformas de apertura dependen en buena medida de la credibilidad sobre su sostenibilidad a largo plazo así como en el adecuado manejo de los instrumentos utilizados. No existe consenso absoluto en la gradualidad y secuencia de muchas de las reformas pero se coincide plenamente en que el objetivo básico de la liberalización comercial es darle un impulso a las exportaciones y que esto se logra compensando la disminución de la protección con un manejo adecuado de la tasa de cambio. Además, parece demostrado que con reformas políticas exclusivamente no se logra encaminar el proceso hacia una expansión de la economía. Para lograr un desempeño adecuado en el marco de apertura económica se debe realizar un proceso integral, realizando modificaciones en el ámbito institucional con el fin de garantizar que los nuevos instrumentos trabajen de manera eficiente.

DESEMPEÑO ECONÓMICO style="font-style:normal">1990-1996

Las medidas adoptadas a finales de los ochenta fueron complementadas y profundizadas por la administración Gaviria ( 1990-1994), la cual planteó la decidida apertura e internacionalización de la economía. Las reformas estructurales style="font-style:normal">llevadas a cabo abarcaron desde una Asamblea Constituyente que daría origen a la nueva Constitución Nacional de 1991, hasta reformas estructurales e institucionales en sectores como el laboral, el financiero, el cambiario, el comercial y el tributario.

Entre las reformas institucionales se destacan dos consignadas en la nueva Constitución: la autonomía del Banco Central -Banco de la República- y el proceso de descentralización, mediante el cual el gobierno central debe realizar transferencias de sus ingresos corrientes a las diferentes regiones, recursos que han ser destinados a salud, la educación y los servicios públicos.

Inicialmente la reforma comercial se planteó de manera gradual con el fin de no golpear excesivamente al sector productivo doméstico. Entretanto, se iba avanzando en la realización de otras reformas como la de las instituciones del comercio exterior, destacando la creación del Ministerio de Comercio Exterior. La reforma financiera buscaba facilitar el ahorro privado, promover la competencia entre los intermediarios y estimular la inversión extranjera. La reforma laboral establecía una nueva estructura normativa para el trabajo. Con la reforma comercial y cambiaria se pretendía agilizar la movilidad de bienes, servicios y capitales con el exterior.

Además, se realizaron dos reformas tributarias. En 1990 se incrementó el impuesto al valor agregado –IVA del 10% al 12% con el fin de compensar lo que se dejaría de percibir debido a la caída de los aranceles y de la sobretasa a las importaciones. La reforma de 1992 aumentó el IVA del 12% al 14%, para contribuir a la financiación de las nuevas responsabilidades instituidas en la Constitución de 1991.

La reforma cambiaria eliminó el sistema del crawling peg style="font-style:normal">para la devaluación de la tasa de cambio, sustituyéndolo por una tasa de cambio libre que oscilaría de acuerdo con las fuerzas del mercado pero dentro de unas bandas cambiarias establecidas por el Banco de la República.

Este paquete de medidas condujo a resultados contradictorios, pues a pesar del significativo crecimiento del PIB entre 1990 y 1995 (4.5% anual en promedio), en 1990 la inflación alcanzó su nivel más alto en los últimos treinta años (32.4%), lo cual obligó a adoptar una política monetaria fuertemente restrictiva. Estas medidas contraccionistas obligaron una drástica alza de las tasas internas de interés fomentando así la entrada masiva de capitales especulativos del exterior además de la repatriación de capitales, cosa que agudizaba la revaluación de la tasa de cambio.

El desbalance de la cuenta corriente y las expectativas sobre la gradualidad de la apertura comercial hicieron que a mediados de 1991 se acelerara el programa de desgravación arancelaria, con el fin de impulsar las importaciones (3) y de esta manera disminuir las presiones sobre la tasa de cambio. Además, con esta medida se pretendía eliminar la incertidumbre y se evitaba el aplazamiento de las decisiones de inversión. Estas acciones produjeron como resultado un crecimiento de la demanda agregada interna de más del 10%, todo lo cual llevó a un significativo crecimiento del PIB hasta alcanzar 5.3% en 1993, 5.7% en 1994 y aún 5.8% en 1995. El programa de estabilización macro debía mantener un estricto control en el gasto público que, sin embargo, no se logró, pues pasó del 11.2% del PIB en 1990 al 16.4% en 1994; lo cual configuraba una dinámica expansiva del gasto no sustentable bajo un esquema de estabilidad macroeconómica.

En efecto, la mayor inquietud provenía de las fuentes del crecimiento del PIB, dado que éste estaba fuertemente impulsado por la demanda agregada interna (Gráfico 1.2) sin que pareciera sostenible. La revaluación real, (4) aunada al bajo crecimiento del sector real, mostraba que esos ritmos de crecimiento del PIB eran insostenibles a largo plazo. (5) Dicho patrón reproducía, entre otras cosas, una balanza comercial crecientemente negativa desde 1993. (6)

La administración Samper ( 1994-1998) inició su período bajo la perspectiva de un crecimiento difícilmente sostenible a los ritmos observados en los años previos. Así, se tomaron medidas, tanto por parte del gobierno como del Banco de la República, tendientes a detener la revaluación de la tasa de cambio. Para 1995 ya era claro que las altas tasas de interés comenzaban a afectar la demanda doméstica, al punto que después de que el PIB se incrementara en un 5.8% en dicho año, en 1996 escasamente crecería al 2.1 % , apenas por encima del crecimiento de la población. La demanda agregada interna en 1996 aumentó tan sólo el 1.9%, nivel por demás modesto si se compara con el promedio de los años 1992-1995 cuando aumentó en un 10.3%. Varios factores afectaron la caída de la demanda, destacándose dos de ellos: primero, el final del auge de la construcción, que había sido uno de los pilares del crecimiento hasta 1994 y, segundo, la caída de los precios del café, lo que además afectó gravemente las finanzas del Fondo Nacional del Café.

Otros factores han afectado negativamente el desempeño económico reciente. El programa bandera de la administración Samper -la creación de 1.600.000 empleos en el cuatrienio 1994-1998- fracasó, pues el desempleo en 1995 rondaba ya el 10%, alcanzando casi el 12% en 1996. El incumplimiento de las metas de inflación, especialmente en 1996 cuando se esperaba una tasa de117% en lugar de la alcanzada del 21.6%, afectó seriamente otro programa importante del gobierno: el Pacto social de productividad, precios y salarios. Este era un novedoso programa que por primera vez se aplicaba en Colombia y por medio del cual se pretendía frenar el carácter inercial de la inflación .(7)

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3 Entre 1990 y 1991 el valor en dólares de las importaciones cayó casi un 9%.
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4 La revaluación real entre 1991 y 1994 fue del 5,4%.
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5 Entre 1990 y 1994 la industria manufacturera creció en promedio 2.55% mientras que el sector agropecuario -incluyendo silvicultura, pesca y caza-lo hizo en 2.51%. Como punto de referencia debe anotarse que entre 1985 y 1989 el crecimiento promedio fue respectivamente de 4.48% y 4.05%.
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6 El déficit superó los US$ 2.700 millones en 1993 y los US$ 3.000 en 1994 y 1995
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7 Cabe destacarse para 1997 la meta de inflaciones cumplió, siendo el crecimiento del IPC ligeramente inferior al 18% previsto.
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