AJUSTE Y ESTABILIZACIÓN 1985-1989
Inicialmente la administración Betancur optó por no frenar decididamente el
crecimiento del gasto público y prefirió en 1983 actuar en el sector externo al promover
una mayor devaluación, aunque insuficiente, así como una elevación del arancel y un
mayor control a las importaciones. Sin embargo, ante la grave crisis por la que atravesaba
el país, la administración Betancur decidió en 1984 iniciar un proceso integral de
ajuste y estabilización para reactivar la economía. Éste se centraría en dos campos:
frenar el déficit fiscal y ajustar el sector externo.
El ajuste fiscal se centró en la disminución de la inversión pública considerada no
prioritaria así como en el aumento de ingresos del gobierno central. Dada la existencia
de algunos estudios que afirmaban que por lo menos hasta mediados de los años noventa
existía suficiente oferta por parte del sector eléctrico, lo primero se hizo aplazando
algunos proyectos del sector (2). El incremento en los recaudos se
consiguió por varias fuentes: la más importante, la reforma tributaria de 1983 que
amplió la base tributaria al tiempo que se buscó mayor eficiencia en el recaudo.
Además, en 1985 los salarios ponderados del sector central aumentaron en un 10%, lo cual
era más de ocho puntos por debajo de la inflación del año anterior. Con estas medidas
se logró reducir significativamente el déficit del gobierno nacional central -GNC- de
casi el 7% del PIB en 1983 a niveles inferiores al 1% en 1986.
El ajuste externo, por su parte, se centró en el manejo cambiario y comercial. Así,
la devaluación real en 1985 fue de 14.5% lográndose mejorar la situación de las
reservas internacionales, producto del esfuerzo por desincentivar la salida neta de
capitales y, a mayor plazo, la mejora en la balanza comercial. Además se logró reducir
el déficit comercial a la mitad entre 1984 y 1985. En 1986 ya se tenía balanza positiva
para lo cual, sin duda, ayudó la mini bonanza cafetera iniciada a finales del año 1985.
El otro punto clave del proceso de ajuste externo consistió en normalizar las relaciones
con la banca comercial para lograr acceso al crédito internacional, el cual se había
frenado bruscamente desde 1982 con el estallido de la crisis de la deuda externa en
América Latina. Después de intensas negociaciones, en junio de 1985 se concretó un
crédito sindicado por US$ 1.000 millones, con el cual la escasez de divisas lograba
superarse.
La década de los ochenta fue, por tanto, para Colombia, aunque en mucho menor grado
que para el resto de América Latina, una década Pérdida.
No obstante, Colombia, con todo, se recuperó con anticipación
a los otros países de la región y ya en el segundo lustro de los ochenta tuvo un
crecimiento promedio anual del PIB de 4.4% (Gráfico 1.1).
Los años ochenta finalizan con la administración Barco (1986-1990), que encuentra una
economía emergiendo tras un período de crisis. Este período se caracterizó por la
búsqueda de una mejora en las condiciones de vida de la población a través del logro de
altas tasas de crecimiento económico, aunque finalmente las acciones se centraron en la
solución de problemas de carácter coyuntural. Se continuó, por tanto, dando prioridad a
la estabilización de las variables macro y la normalización de la relaciones con la
comunidad financiera internacional, aunque desde finales de 1988 las relaciones con el
Banco Mundial se tensionaron, dadas las diferencias en torno a la oportunidad y la
intensidad de la adopción de ciertas reformas, en particular aquellas relacionadas con el
comercio exterior.
Entre las principales medidas adoptadas en este período se encuentra la reforma
tributaria de 1986 cuyo objetivo fue facilitar la capitalización de las empresas, así
como simplificar la distribución de los ingresos petroleros hacia el gobierno nacional.
Esto último, de capital importancia dado que en 1986 se inició la producción de 110 mil
barriles diarios provenientes de los yacimientos de Caño Limón, lo cual convirtió a
Colombia en exportador neto del crudo. Hacia el final del período de la administración
Barco, aunque en forma tímida, se inició el proceso de apertura de la economía
colombiana al reducir progresivamente las restricciones cuantitativas a las importaciones.
Se buscaba incrementar gradualmente el nivel de exposición de la economía colombiana a
la competencia externa para de esta forma buscar alcanzar mayores niveles de
competitividad y de desarrollo.
Gráfico 1.1
(2) Luego, el apagón de seis meses en 1992 demostraría lo errado de
dicha perspectiva
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