PARTE 1
MACROECONOMÍA
Con el progreso del
capitalismo la competitividad productiva ya no se alcanza espontáneamente con la mera
estabilización del entorno macroeconómico ni solamente con el esfuerzo aislado de
empresarios individuales, todo es el resultado de una interrelación dinámica entre
agentes, gobiernos, organizaciones privadas y públicas y el conjunto de normas, reglas y
procedimientos que regulan acciones y comportamientos, legitiman derechos y estipulan
obligaciones y responsabilidades en la sociedad.
La competitividad
depende cada vez más de la creación de ventajas competitivas dinámicas sustentadas en
el conocimiento, el capital humano y la tecnología, la innovación, la diferenciación y
el desarrollo de procesos y productos, y no solamente de la preservación de las ventajas
comparativas estáticas basadas en la disponibilidad de recursos naturales y mano de obra
no calificada. Así, entonces, los factores determinantes de la competitividad dejan de
ser exclusivamente los relacionados directamente con el costo de producción y el precio
de los bienes como son la tasa de cambio, las tasas reales de interés doméstico y los
salarios reales, entre otros, para ir abarcando nuevos elementos con importancia
progresiva en instancias diferentes a la pura macroeconomía y más directamente
relacionadas con las condiciones objetivas de los procesos de producción, distribución y
comercialización.
En este sentido, la
estabilidad macro se constituye ineludiblemente en una condición necesaria pero no
suficiente -y cada vez más insuficiente- para avanzar en la creación y recreación
de la competitividad dinámica de la sociedad como un todo. Resulta decisiva la condición
situacional en las otras instancias determinantes: la meta y mesoeconomía, la
macrosectorial y subsectorial y la propiamente microeconómica. Por esta razón la
competitividad en el capitalismo actual se ha denominado como competitividad
estructural y sistémica.
Ahora bien, en la
medida en que avanza el proceso de globalización con la liberalización y deregulación
de los mercados internacionales de bienes, capitales y servicios -aunque no el trabajo
como ocurre bajo el modelo neo liberal hasta ahora imperante-, ceteris paribus, se
torna cada vez más exigente el condicionamiento externo sobre la conducción de las
economías domésticas al incrementarse su vulnerabilidad a cambios en el ambiente
económico internacional, en especial en el caso de los países menos diversificados y con
menor nivel de desarrollo relativo. Como agravante, simultáneamente van reduciéndose la
autonomía relativa y el margen de maniobra de los Estados nacionales para el manejo de
políticas macroeconómicas consistentes con propósitos centrales como el crecimiento
económico en condiciones de estabilidad y la equidad distributiva.
En estas
circunstancias, en un país como Colombia, el papel de la instancia macroeconómica debe
consistir no sólo en preservar una estabilidad que permita asegurar unas condiciones
básicas favorables para el aprovechamiento de las ventajas comparativas naturales sobre
las que todavía se sustenta buena parte de la pauta exportadora del país -esto es,
bienes próximos al carácter de commodities-, sino a la vez en crear un ambiente
propicio para la competencia, la generación de capacidades productivas y construcción de
ventajas competitivas dinámicas y, por ende, el mejoramiento de su productividad y
competitividad internacional.
A continuación se
hace un análisis sobre la problemática de la conducción macroeconómica en Colombia
durante el período 1967 -1996. Se destaca la cuestión de la conciliación entre
objetivos de estabilización a corto plazo y propósitos de desarrollo a mediano y largo
plazo.
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