Colombia: la industrialización a Medias
Salomón Kalmanovitz
Publicado
en:Cuadernos de Economía
Universidad Nacional de Colombia
Segunda Epoca
Volumen IX-Número 12
I Semestre de 1988
PRESENTACION
No sabría establecer
con certeza si existe un "modelo" detrás de las formas que asumió la
acumulación de capital en Colombia. La intensividad de capital se ha ido profundizando
lentamente a través del tiempo obedeciendo al crecimiento vegetativo del mercado, sin que
se hayan dado los saltos bruscos que acompañan los procesos industriales complejos de
grandes escalas de producción. Se puede hablar entonces de que es una acumulación de
tipo "extensivo" que ha recibido poco apoyo estatal: no ha existido, de por si,
una voluntad "industrializante" dentro de la clase dominante local.
Si en la primera fase
hubo la necesidad de acudir a la protección para defender la balanza de pagos e
indirectamente para fomentar la industrialización con medidas arancelarias y crediticias
y afrontar los problemas agrarios, agravados por "la violencia", con reformas
que marcaron una intervención estatal de regular intensidad en la economía, en la
segunda fase se pretendió acudir mas al automatismo del mercado, aunque al final había
un mayor grado de intervención que en la primera, sin haberse resuelto tampoco los
problemas del campo. Pero la industrialización sí alcanzó a retrotraerse, como se
verá.
El aumento de la
intervención estatal se expresa en las siguientes cifras (Ver Cuadro No. 1): entre 1950 y
1975, el consumo y la inversión del gobierno avanzaron 4.5 puntos en el PIB, mientras que
de esa fecha a 1985 lo hizo en 6 puntos. A pesar de varios intentos explícitos de reducir
la intervención del Estado durante la administración López, lo que se logró fue
deteriorar la calidad de la administración. Y el intervencionismo se vio urgido por las
mismas fallas del mercado -la profunda recesión de 1980 a 1983- y las decisiones
políticas de ampliar los sectores minero y energético. Ahora, completados los
principales proyectos, entramos en una nueva fase de franca reducción de la inversión
pública y del gasto social.
Cuadro
No. 1:Participación del Gobierno en el consumo, la inversión y el valor agregado en
la economía colombiana. (Como porcentajes del PIB)
En términos globales,
el peso del gasto público superó el 20% del producto en 1984, participando con el 15%
del consumo final y más del 50% del agregado de la inversión en los últimos años del
período contemplado. A comienzos de la década del 50 la participación global del
gobierno no alcanzaba al 10% del producto y su avance fue notorio en los dos decenios
siguientes: a principios de 1970 ya estaba rondando los 14 puntos del producto y alcanza
el 20% en 1985, pero financiado fundamentalmente por la banca internacional. El progresivo
ajuste fiscal se manifiesta con toda su fuerza en 1986, cuando descienden bruscamente en
casi 4% del PIB el agregado del consumo y la inversión gubernamentales. Esta nueva
reducción del tamaño del Estado significa básicamente que su capacidad de movilizar
inmensas tuerzas productivas como en la construcción de presas hidroeléctricas y el
complejo de El Cerrejón, una de las minas de Carbón de tajo abierto más grandes del
mundo, como también del petrolífero de Caño Limón y su oleoducto, entre otros se ve
mermada porque nunca recurrió el Estado a los excedentes que apropian sus empresarios
sino primero al endeudamiento externo y, después, básicamente, a incrementar los
impuestos al consumo y las tarifas de los servicios públicos.
Se podría hablar
quizá de un fordismo "interruptus" pero la relación entre acumulación,
mercado, población y distribución de la renta no garantizaría por muchos años las
escalas necesarias para los aumentos de productividad y salarios exigidos en el modelo
regulacionista. La industria automotriz quedó reducida al ensamblaje y las industrias de
partes no pudieron exportar y no lograron por tanto las escalas que abarataran el ansiado
emblema de las clases medias. En general, un mercado mayor, ampliado por las
exportaciones, tampoco se alcanzó aunque entre 1966 y 1974 se observó una buena
dinámica de exportaciones industriales y agrícolas.
Mucho menos existió
una política salarial que relacionara la productividad con los jornales industriales y,
antes bien, se procuró agudizar la competencia entre los sindicatos mismos y los no
afiliados. De hecho, la atomización sindical es un legado adicional de La Violencia que
en 1948 rompió el monopolio de que hasta el momento disfrutó la central sindical liberal
con la aparición de una central conservadora, lo que después se complicó con el
surgimiento de una comunista, otra demócrata cristiana y un sindicalismo independiente.
Los salarios industriales justifican hoy en día la industria de la bicicleta y en los
sectores de obreros más calificados la moto, pero excluye el consumo del automóvil.
Asimismo tales salarios implican un mercado poco solvente para los electrodomésticos que,
desprovistos de grandes economías de escala y de nuevo recurriendo al ensamblaje, ofrecen
productos con precios más elevados que los que rigen internacionalmente. El contrabando
les merma sus mercados naturales, lo que vuelve a complicar su nivel de utilización, pero
permite que un número mayor de asalariados disfrute de los productos que contienen los
salarios asiáticos y su gran productividad.
Un examen de largo
plazo de los salarios industriales (Gráfica 1) permite diferenciar las mismas fases de
intervencionismo y liberalismo: alzas sistemáticas, un poco inferiores a las alzas de
productividad, entre 1960 y 1972, y un deterioro hasta 1978, que estadísticamente
contribuye a apreciar que los aumentos de productividad industrial se anulan pero que de
todos modos indican con certeza que la plusvalía industrial por unidad de capital se
redujo también considerablemente durante el periodo. Nótese la espectacular
recuperación de la productividad durante el período 1983-1986, impulsada por el
desempleo de casi el 20% de la fuerza de trabajo industrial y la introducción de nuevas
prácticas, más flexibles, de contratación.
Gráfica 1:
Productividad y salarios
industriales
La industrialización,
ya lo sabemos, quedó frenada porque, además de presentar problemas estructurales de
productividad y deficiente calidad, fue sometida a la competencia internacional. Esta,
antes de realzar su eficiencia, la despojó más aún de las escalas de que carecía en
sus ramas potencialmente más dinámicas. Y las exportaciones se marchitaron al perder
utilización interna (hubo, claro está una profunda penetración importadora), por el
genio neoliberal que logró revaluar el pobre peso y empinar los tipos de interés por
encima de las tasas de ganancias.
El desarrollo
industrial exportador está hoy olvidado; ha sido sustituido por el desarrollo
minero-narcótico exportador que garantiza rentas excesivas o caídas estrepitosas de
precios. Paradójicamente, las rentas de exportación producen efectos perversos sobre la
acumulación industrial local, al financiar las importaciones que le mellan el mercado, al
revaluar el peso, arruinando de esta manera su esfuerzo exportador. Más le conviene al
progreso de la industrialización colombiana que no existan bonanzas cafeteras, de la
cocaína del petróleo o del carbón puesto que ellas, en vez de financiar la acumulación
de capital fijo, lo que hacen es reducir su ocupación. Le conviene mas que la economía
viva en un precario equilibrio cambiarlo y que le corresponda hacer todo el esfuerzo
exportador para financiarse las importaciones de planta y equipo que requiere Se podría
observar también que entre 1960 y 1974 la industria avanzó hacia mayores niveles de
complejidad tecnológica al adentrarse en la construcción de bienes de capital simples y
estandarizados y en la producción de bienes intermedios. En la fase de liberación, sin
embargo estos dos sectores, y en particular los primeros, sufrieron con mayor fuerza los
embates de la competencia extranjera, y redujeron su participación en el producto
industrial, ganando espacio de nuevo las ramas tradicionales.
Pero, en verdad, creo
que no hay modelos fuera de las dos grandes tendencias enunciadas. De 1974 al presente,
las políticas económicas han sido bastante consistentes en intentar reducir el papel que
juega el Estado en la economía, reduciendo los tributos de los ricos y aumentando los
correspondientes al consumo. Tanto la administración López (1974-1978) como la actual
han pretendido darle una orientación social al gasto público y ni el uno benefició al
50% más pobre la población ni el otro va reducir en un ápice la pobreza absoluta,
consignas publicitarias principales de sus respectivos planes de desarrollo. La
desgravación del ahorro de los capitalistas efectuada por la última administración
sólo culmina una progresiva reducción del financiamiento que hacen los ricos de su
Estado. Creo que Colombia tiene uno de los IVAs más altos del mundo (10% la tarifa mas
baja, 15% para electrodomésticos, un 35% para automóviles) y recae en especial
obviamente, sobre los productos industriales y los bienes destinados a las capas medias,
sin dejar de golpear el consumo de masas. Antes de favorecer las ramas bandera del modelo
fordista la política tributaria encuentra excedentes en los bolsillos de los presuntos
consumidores de estas ramas, mientras que la política comercial y el tolerado contrabando
les reduce su utilización. El mercado interno no será entonces fuente dinámica de
crecimiento y sólo lo será la producción de bienes de lujo, como lo sugieren los
alcances de la nueva distribución impulsada por las políticas neoliberales. Fuera de la
construcción, las demás actividades dependientes de los bienes de lujo son intensivas en
importaciones. El remoquete utilizado en la propaganda oficial para este tipo de
políticas es el de "economía social", simplemente porque el exiguo gasto
social que hace el gobierno lo dirige contra los más pobres. Pero está acompañado de
políticas tributarias, fiscales y monetarias antisociales.
Cuadro No. 2:
Recaudo por impuestos directos, indirectos e
ingresos de explotación de las empresas públicas. (Como porcentajes del PIB)
El aumento de los
ingresos de explotación se ve también influido por las ventas de mercancías. Es
sustancial en los casos del petróleo y carbón, pero el incremento de ingresos de las
empresas públicas municipales de servicios y de telecomunicaciones no deja de ser
apreciable y contribuye también al resultado descrito.
Las tendencias de la
inversión
En los últimos 25
años la inversión en la economía colombiana y en su industria ha vivido dos grandes
fases: una de gran dinamismo, que va de 1960 a 1974, y que se ve acompañada de aumentos
sustanciales de productividad. Solamente en los últimos diez a doce años del período
contemplado se observa una grave pérdida de dinamismo, productividad y empleo que
contrasta con el vigor de la inversión privada y las mismas variables durante el período
1960-1974 (Gráfica 2).
Gráfico 2:
INVERSION PRIVADA Y PUBLICA.
(Participación Porcentual en el P.I.B.)
Analicemos ahora las
tendencias de largo plazo que muestran las curvas de inversión privada y pública. Causa
alarma advertir cómo la inversión privada reduce su participación en el producto del
17.5% del PIB al comenzar la década del 60,a merodear por el 7% del mismo al mediar el
decenio del 80. Que la ampliación del acervo de capital privado pierda una participación
del 10% en el producto en estos 26 años reviste vastas implicaciones: limita seriamente
el crecimiento del producto y la calidad del mismo se deterioran por fuerza ya que la
aplicación de nuevos procesos exige ampliar las inversiones, lo cual, a su vez significa
una pérdida absoluta de competitividad, internacional; implica también la presencia de
Planta y equipos depreciados varias veces y una capacidad limitada para responder frente a
crecimientos de la demanda interna y externa; receja, por último , que el capital privado
ve erosionarse su capacidad de generar excedentes suficientes para ampliarse, y si bien lo
hace, conserva un vetusto acervo de capital físico. Lo anterior se confirma al analizar
las cifras sobre excedentes en toda la economía y en particular de la industria, que
acometeremos más adelante. En todo caso podemos asociar sin dificultad las sustanciales
alzas de productividad industrial durante los años sesentas con este alto coeficiente de
inversión, y el estancamiento de la misma variable durante los setenta y hasta 1983 con
la reducción del esfuerzo inversionista.
El mismo canibalismo
especulativo en que cayó la industria y el sector financiero al final de los setentas y
comienzos de los ochentas confirma el estancamiento del sistema. Las utilidades de las
empresas oligopolistas, llamadas "vacas lecheras" por Rudolf Hommes
1
, fueron destinadas a adquirir redes de empresas ya
constituidas y a valorizar sus acciones muy por encima de las causadas por la rentabilidad
que ellas estaban arrojando. Excedentes exprimidos a través de la intermediación
financiera libertinizada fueron destinados a propósitos similares. El mismo problema
reaparece hoy con rentas del narcotráfico que sobredemandan acciones, propiedades y autos
de lujo.
La esclerosis del
desarrollo del capital privado fue compensada en alguna medida por el avance del capital
público cuya inversión pasa de representar el 3% del PIB al comienzo de los sesentas a
rondar el 10% en 1983-1985. Es una ganancia del 7% del producto, que impide que el
coeficiente global de la inversión se deteriore más de la cuenta, aunque se coloca
alrededor del 16% del PIB, más de 4 puntos por debajo del nivel de los años sesentas.
Un estudio llevado a
cabo en la Contraloría General de la República señala una fuerte correlación entre la
inversión y los beneficios, como lo pronosticaría una
teoría de tipo Keynes
Kalecki
2
. Existe un efecto doble que explica este
comportamiento: los beneficios financian la mayoría de las nuevas inversiones pero estas,
a su vez, tienen un impacto sobre la demanda y la utilización de planta que
contribuye
a que loo beneficios se amplíen. El hecho de que el coeficiente global de inversión haya
perdido una quinta parte de su amplitud en el período estudiado implica que la demanda
también ha crecido más parcamente que en el pasado. Hay que aclarar que en una economía
que tiene un departamento incompleto de medios de producción, la inversión exige más
importaciones que insumos locales, y si su componente público es aún más denso en
productos extranjeros que el privado tenemos que, en el caso colombiano, la inversión
global no sólo descendió sino que el cambio en su composición (privada y pública)
contribuyó a que su multiplicador interno también disminuyera
3
.
Ahora bien, no se trata
de un proceso simple de que la estatización estranguló el capital privado, puesto que
los índices de tributación directa al mismo han descendido abrumadoramente y
coincidencialmente en la fase de mayor deterioro de la inversión privada (ver más
adelante). Tampoco se trata de políticas explícitamente contracíclicas por parte de la
administración pública, aunque el margen político y monetario ofrecido por las caídas
de la actividad económica han sancionado los incrementos de la inversión pública. Esta
se ha desarrollado en varias direcciones como resultado de la naturaleza misma de las
empresas públicas, que reinvierten todas sus utilidades (que a pesar de varios elefantes
blancos van en aumento) y se endeudan para ampliar su formación de capital, mientras que
las privadas invierten una fracción de sus utilidades (en descenso) y no todo su
endeudamiento va a ensanchar su planta y equipos. Se destacan los distintos
comportamientos, así: mientras que las públicas invierten en papeles financieros el
11.2% de su inversión total, las privadas lo hacen en el 30% del mismo rubro y mientras
que las últimas invierten montos superiores a sus ganancias (obviamente se endeudan
más), las privadas reinvierten sólo el 40% de sus utilidades
4
.
La investigación de
Acosta señala además varios fenómenos interesantes: a) un aumento de las inversiones de
tipo financiero de las empresas en la segunda mitad de la década del 70; b) "a
comienzos de los años cincuenta la retención interna de utilidades era del 50%, en claro
contraste con el 26% que se retiene desde 1970"; c) la inversión que se lleva a cabo
se financia en 50% con fuentes externas (que es de 10% en países maduros) (p. 155).
El sector público se
ha ofrecido como garante de riesgos de las trasnacionales en inversiones mineras, las
cuales explican una parte apreciable del fuerte incremento registrado en la inversión
pública en el período 1979-1985. El financiamiento externo es fácil en tales ocasiones
y se otorga sin consultar la capacidad de pago del gobierno. Si bien este ha absorbido las
pérdidas más protuberantes de los proyectos que han fracasado y sólo ha apropiado una
parte de las rentas de los que han resultado exitosos, esto sólo se reflejará en el
futuro de la inversión pública que ya en 1986 obtuvo una reducción sustancial.
Las quiebras de buena
parte del sistema financiero y de algunas empresas industriales han obligado a la
nacionalización de bancos y al otorgamiento de subsidios públicos a la empresa privada,
lo cual puede aumentar el índice de inversión pública. Por último, de nuevo las
facilidades del endeudamiento externo para la construcción de hidroeléctricas y sistemas
de telecomunicación han favorecido un apreciable incremento de la inversión pública. El
hecho de que buena parte de estas inversiones públicas hayan sido financiadas
externamente, sin que el gobierno haya ampliado su base tributaria para sustituir las
fuentes externas agotadas, significa que en el futuro la inversión pública tenderá a
deteriorarse (en 1986, por primera vez en muchos años, el balance externo neto de
capitales de gobierno fue negativo en - 1% del PIB y una estimación del DNP y el DANE
para 1986 señala una caída de la inversión pública del 10% del PIB en 1985 a 5.8%). En
todo caso la confluencia de estos factores con el proceso de deterioro de la empresa
privada hizo que por primera vez en la historia la inversión pública superara a la
privada en 1985.
Los excedentes
industriales
Que la inversión
privada haya perdido tanto peso en el producto refleja otro hecho que aparece claramente
en las estadísticas: la reducción de largo plazo de los beneficios en toda la economía
y particularmente en la industria (Gráfica 3 y 4). Tanto el excedente bruto de
explotación de la economía (pierde unos 10 puntos del PIB entre 1960 y 1986, a pesar de
una leve recuperación en los dos últimos años) como el de la industria acusan
descensos, lo mismo que el de las sociedades no financieras que incluirían empresas de
tipo comercial y que operan en la agricultura, los servicios (excepto el financiero) y la
minería. El excedente bruto de estas pierde 2 puntos del PIB entre 1974 y 1984.
Un cálculo más limpio
de los beneficios industriales es el de las ganancias netas de intereses, impuestos y
depreciación, tal como aparece en la gráfica 4, en la que se aprecia no sólo su
reducción de largo plazo sino también su inestabilidad. La causa fundamental para tal
deterioro la he adscrito, en un ensayo anterior
5
, a
la reducción de la productividad industrial, medida en varias formas, que incidió
también para que la relación capital producto se incrementara. Un trabajo de Juan José
Echavarría confirma rigurosamente una ampliación de planta y equipos mayor que la
ocurrida con la producción: decrecimiento de la relación entre 1950 y 1971, de 4.5 a
2.7, e incremento de la misma entre este último año y 1983 a 3.4
6
.
Gráfica 4 :
TASA DE GANANCIA
g = ______B________
(C.I. + W) + SK
Parece una
contradicción que aumente más el stock de capital que la producción, dada la
información anterior sobre el decremento de la inversión. Es posible que la información
provista en las encuestas manufactureras sobredimensione el acervo de capital pero, al
mismo tiempo, no es incongruente con el deterioro de la producción: ha podido aumentar la
inversión más lentamente que en el pasado pero aún así superar ampliamente la demanda
existente sobre la producción industrial.
La apreciación de que
la inversión industrial está exagerada en las encuestas parte de que registra aumentos
sustanciales de estas al tiempo que se reducen las ventas tanto internas como externas de
la industria, por un período sustancial de tiempo. Y si, en verdad, los beneficios se
derrumban y existe mucha capacidad sin utilizar ¿cuál sería la lógica de cambiar
equipos y, además, como se financiarían?. La única explicación que es
semisatisfactoria es que en tales momentos la industria local estaba sometida a una
intensa competencia externa, fruto de la política comercial neoliberal, y parte de ella
reaccionó adquiriendo mejores equipos para defender sus mercados. Este sería el logro
mayor hacia la eficiencia por parte de las políticas neoliberales. Pero no habría
respuesta alguna a la pregunta de cómo pudieron financiar cambios de planta si sus
utilidades andaban por el suelo. Lo que parece ser cierto es que tanto la demanda interna
como la externa perdieron la dinámica exhibida hasta 1974. Para la primera confluyeron
muchos hechos: los salarios reales de todos los trabajadores se redujeron entre 1970 y
1978; el gobierno mantuvo un superávit en sus cuentas entre 1975 y 1979; la política
tributaria atacó fundamentalmente el consumo, cercenando en 9% la participación en el
PIB del de los hogares entre 1970 y 1986, aunque este fue sustituido en parte por el
consumo del gobierno. El otro logro neoliberal consistió entonces en sesgar la
distribución de la renta en favor del interés y a costa del salario (hasta 1978) y de la
ganancia industrial (hasta 1984). Al mismo tiempo, se desgravaron las importaciones, cuyos
tributos cayeron 0.6% del PIB entre 1975 y 1984, que en términos unitarios revela una
descarga del 49% del nivel tributario del año base, lo cual contribuyó a desviar la
debilitada demanda interna hacia las importaciones; el superávit de cuenta corriente del
período 1976-1979 se vio neutralizado por el superávit fiscal y contribuyó a revaluar
el peso. Más adelante se abrió el déficit en cuenta corriente más amplio registrado en
la historia colombiana, contrarrestado por el déficit fiscal solamente en 1983.
La penetración
importadora no tardó en hacerse sentir. Con un peso revaluado en 30% frente a su nivel de
1975, y con una desgravación unitaria de las importaciones equivalente al 50%, al tiempo
que el contrabando era legalizado en la práctica, el coeficiente global (y legal) de
importación se amplió 5% del producto entre 1979 y 1982. Si estimamos el contrabando en
US$750 millones por esos años, obtendríamos que la euforia de consumo extranjero
añadiría otro punto del producto esfumado en importaciones. El resultado fue una
reducción en el mercado local de la industria en todas sus ramas y, en especial, según
Chica
7
para los sectores que producen bienes de
capital y bienes intermedios.
En 1982, dos años
después de la destorcida cafetera, las importaciones alcanzaron un cenit histórico de US
$5.450 millones, al tiempo que las exportaciones no llegaban a US $3.000 millones. La
demanda interna estaba muy debilitada y volcada sobre las importaciones. Pero la
administración Turbay había confiado tanto en el automatismo del mercado, que no quiso
intervenir y racionar las importaciones. Total: contracción de la producción industrial
en 4% durante dos años. Bien se puede argumentar que la crisis fue peor en otros países
latinoamericanos, pero lo importante de resaltar es que una política de racionamiento a
partir de 1981 pudo suavizar sustancialmente la recesión que envolvió al país.
En el debilitamiento de
la demanda externa confluyeron el descenso de la actividad en los países con que comercia
Colombia y sus políticas proteccionistas. La revaluación del peso contribuyó a la
pérdida de mercados externos al reducir la rentabilidad que había tenido el vender en
dólares. El mismo estudio de Echavarría citado atrás revela que las exportaciones
representaron el 8.9% del producto industrial en 1974, cayeron al 4.4% en 1979 y en 1983
se mantuvieron en 4.6%.
Otros elementos citados
en el anterior estudio sobre la rentabilidad industrial se hallan relacionados con
factores de orden financiero. Aquí también la política neoliberal contribuyó a cambiar
la distribución del excedente entre interés y ganancia industrial, al dispararse las
tasas reales de interés, en momentos en que la liquidez se reducía con la pérdida de
ventas nacionales y extranjeras. Las necesidades de refinanciar inventarios, cartera mala
y gastos fijos a tasas de interés muy elevadas permitieron que los intereses absorbieran
la mitad de un reducido excedente industrial en 1983.
El balance de
acumulación
Los cruces que hemos
hecho entre las ganancias industriales, el déficit fiscal, el de cuenta corriente y la
misma inversión permiten alcanzar algunas conclusiones de tipo "clásico"
aunque con diferencias que se pueden especificar en una intervención del Estado muy
inferior a la de un país maduro, en términos del consumo y la inversión
gubernamentales: la mitad de la que exhiben las economías más liberales (Estados Unidos)
y más de un tercio de las que cuentan con mayor intervención (países nórdicos). Por
otra parte, tanto la inversión privada y la pública son densas en importaciones por la
ausencia de ramas de bienes de equipo y, en consecuencia, su efecto sobre la demanda se
filtra en buena medida hacia el exterior.
Con relación a la
demanda adicional (o sustracción de la misma) que crean las operaciones netas del
gobierno (Gráfica 5), se puede afirmar que la reducción del déficit a partir de 1972 y
la entrada en superávit entre 1975 y 1978 es un elemento que se une a los anotados de
carácter estructural (caída de la productividad y posterior estancamiento) para hacer
derrumbarse con mayor intensidad las ganancias industriales. El déficit fiscal que se
empieza a formar a partir de 1980 logra estabilizar la caída de las ganancias solo en
1983 y después de haberse acercado al 8% del PIB.
Gráfica 5:
UTILIDADES INDUSTRIALES Y DÉFICIT
(I) PÚBLICO CONSOLIDADO
El comportamiento del
balance en cuenta corriente (Gráfica 6) muestra por qué el déficit fiscal tarda tanto
en operar, pues se trata de neutralizar una sustracción de demanda que alcanza el 6% del
PIB en 1982 y 1983. El déficit comercial es todavía mayor y es contrarrestado en el de
cuenta corriente por los altos flujos de endeudamiento fresco, por lo menos hasta 1982, lo
cual significa que su impacto sobre la producción industrial es mucho mayor que el
representado por el resultado del balance en cuenta corriente. La reducción de este
déficit entre 1971 y 1973 y superávit de 1976 en adelante tiene un comportamiento
perverso, como anotábamos atrás: primero, porque la demanda es inflada por una renta y
no por un volumen de producción industrial exportable, y ella se va a dirigir hacia las
importaciones en los años subsiguientes; segundo, porque el exceso de demanda resulta
inflacionaria, ya que la agricultura responde muy mal en la coyuntura (inflación del 35%
en el 77 con una media para la década del 22% anual). Tal superávit crea las condiciones
para su destrucción, pues contribuye a revaluar al peso (se devalúa en proporción muy
inferior a la inflación), financia la penetración importadora y debilita las
exportaciones que no obtienen rentas en el exterior. Se trata de un superávit pequeño,
de sólo un 3% del PIB, aunque se hará mayor porque las exportaciones de marihuana no se
contabilizan, pero alcanza a trastocar las relaciones de precios en grado sumo, porque el
gobierno no cuenta con la capacidad política de movilizar los excedentes del sector
cafetero hacia el exterior o de congelarlos temporalmente en sus arcas.
Gráfica 6 :
UTILIDADES INDUSTRIALES Y DEFICIT(-)
CUENTA CORRIENTE
El presidente dice
entonces "La bonanza es de los cafeteros", cuya consecuencia es la inflación
para el resto del país. De todas maneras, el superávit externo hace recuperar las
utilidades industriales en 1979, como se puede observar en la gráfica, pero su cambio de
signo a partir de 1980 las arrastra con fuerza hacia abajo.
En torno a la
inversión (Gráfica 7), dominada en buena parte, como ya se vio, por la pública, tiene
aparentemente efectos jalona-dores en 1974 y 1979 y frenadores en 1977 y 1978, pero su
pico de 1981 no contrarresta el debilitamiento de las ganancias, aunque de no haberse dado
probablemente estas hubieran caído más todavía. También es de anotar que las
inversiones públicas del período fueran aún más densas en importaciones que las
comunes, pues estuvieron destinadas a abrir la minería del carbón y a la explotación
petrolífera, aunque hubo una parte asignada a las hidroeléctricas, que por lo menos son
densas en cemento nacional.
Gráfica 7 :
INVERSION Y BENEFICIOS
INDUSTRIALES
La relación entre
ganancias industriales e inversión privada es mucho más nítida y se puede inferir que
las primeras determinan a esta, aunque obviamente habrá también un efecto demanda. Como
cerca de la mitad del componente de la acumulación de capital debe ser importado y tal
coeficiente aumentó por la liberación de importaciones, la demanda remanente sobre
bienes locales se debilitó.
Perspectivas
La reactivación de
1984 y la de 1986, complementadas e impulsadas en buena medida por el alza de aranceles y
el racionamiento de importaciones, por la bonanza cafetera que reactivó la demanda vía
un superávit comercial apreciable, han mostrado también que algunos de los problemas
estructurales de productividad en la industria y de generación de excedentes han sido
relativamente superados. Es notorio el cambio en las prácticas de contratación, que
favorecen el trabajo temporal y por encargo, el cambio técnico en el control del trabajo,
el remezón administrativo y las prácticas más conservadoras de financiamiento de sus
operaciones. Los tipos de interés se estabilizaron en 6 ó 7% por debajo del nivel de
1982. La rentabilidad se recuperó ampliamente en 1986 y en 1987 reventó una euforia
capitalista poco antes vista en el conservador país colombiano.
La paridad cambiarla
alcanzada en 1985 y la baja de costos unitarios que se desprende de una mayor utilización
de la capacidad industrial, como también el mismo aumento del grado de explotación del
trabajo, pueden estar favoreciendo una recuperación de las exportaciones, pero todavía
se está bastante lejos de los niveles alcanzados en 1974. La utilización, según la
encuesta de opinión de Fedesarrollo, está oscilando alrededor del 75% superando el 85%
en las ramas de textiles y confecciones. En todo caso, los niveles de importación de
equipos y materias primas en 1987 obtuvieron niveles un poco más altos que los de 1984.
La situación política
que amenaza con generalizar una guerra sucia y la inseguridad en general de los
empresarios han debido presionar, desde hace ya varios años, importantes fugas de capital
nacional que tuvieron como contrapartida la importación de capital de trabajo mafioso
(por eso no alcanzan a manifestarse en la balanza legal de pagos). Este puede ser un
factor que frene una oleada de inversiones para enfrentar los niveles de actividad más
altos alcanzados por la economía durante los tres últimos años. De hecho, el único
sector de gran inversión en el presente es la actividad de construcción privada de
vivienda.
CUADRO 3:
Balance externo del sector público Como
porcentajes del PIB
Las perspectivas
que tiene el sector público para emprender inversiones, como se advirtió atrás, son muy
negativas. Como se puede observar en el Cuadro 3, el balance del flujo de capitales
-préstamos frescos contra servicio de la deuda- fue positivo todo el tiempo, con
excepción del año 1978; en este, el gobierno, con superávit, decidió no endeudarse
más en 1986, el balance se torna negativo. El acervo de la deuda externa se triplica
durante el período frente al PIB. Así las cosas, más de una cuarta parte del gasto
público está comprometido en servir la deuda, y el endeudamiento fresco se ha dado, pero
en un monto inferior al de su servicio, de tal modo que la inversión pública no tiene
cómo financiarse, como tampoco los programas sociales del gobierno.
Existe de todas maneras
un considerable excedente (plusvalor industrial y rentas del narcotráfico) disponible
para ser invertido. La recuperación de la rentabilidad puede haber contribuido más a la
fuga de capitales, al juego especulativo (las movidas en bolsa de sobre-valuación de
acciones) y al consumo de lujo que a la inversión propiamente dicha. Esta obtuvo algún
crecimiento, 12% en términos reales en 1987, pero sigue estando muy lejos de las cotas
alcanzadas dos décadas antes. Si ésta se desatara encontraría quizá una barrera
adicional: el país debe destinar 5.5% de su producto para servir su deuda externa y
destinar la mitad de sus exportaciones para ese propósito. Si no logra refinanciamiento
externo adecuado deberá comprimir sus importaciones y la inversión no podría
materializarse. Recordaría el caso del Brasil en 1986, que tenía ocupación plena y
debió optar por aplazar el pago de su deuda y no sacrificar la inversión. En ambos casos
las presiones inflacionarias son fuertes: aunque Colombia no presenta índices tan altos
como los del Brasil, el ritmo actual es 50% superior al que obtuvo en medio de la
recesión.
Hacia dónde va el
presumible modelo colombiano no es difícil de predecir: continúa en la senda neoliberal,
pagando cumplidamente su deuda externa, favoreciendo el ahorro de sus capitalistas y sus
consumos suntuarios, dependiente de rentas de exportación; en caso de obtenerlas, el
país tendrá toda la aprobación ideológica para financiar nuevamente la liberación de
su comercio y el estancamiento de su industria; esperando, por último, reconfirmar la
absoluta libertad de sus grupos financieros.
__________
1.
Rudolf Hommes, "Indicadores del desempeño industrial: elementos para estudiar la
organización industrial en Colombia", en Mauricio Avella (comp.). Crisis y
capitalización de la industria en Colombia, Bogotá, Universidad Nacional, 1986.(Regresar)
2.
Tenjo, Fernando, "Acumulación, balance externo e inversión", Contraloría
General de la República, Mimeo, 1987.(Regresar)
3.
Kalmanovitz, Salomón. Economía y nación: una breve historia de Colombia, Bogotá,
Siglo Veintiuno Editores, 1985, p. 509.(Regresar)
4. Acosta,
Olga Lucía. "Estructura financiera de las sociedades. Ejercicio de aplicación de
las cuentas financieras", en Ensayos sobre Política Económica, No. 10, Banco
de la República, Bogotá, diciembre de 1986.(Regresar)
5.
Kalmanovitz, Salomón. "La rentabilidad decreciente de la industria en
Colombia", en Ensayos escogidos de economía colombiana, Bogotá, Universidad
Nacional, 1986.(Regresar)
6.
Echavarría, Juan José."La evolución de la industria en Colombia", Universidad
Nacional, Mimeo, Bogotá, 1987.(Regresar)
7. Chica,
Ricardo. "El desarrollo industrial colombiano, 1958 - 1980", en Desarrollo y
Sociedad, No, 12, Bogotá, 1983.(Regresar)
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