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  5. La distribución del ingreso en la posguerra Los primeros estudios sobre la distribución del ingreso en Colombia realizados en los años cincuenta y sesenta mostraron que Colombia tenía una de las distribuciones más desiguales del mundo, especialmente en el sector rural, que las disparidades entre las rentas urbanas y rurales eran alarmantes y, más aún, que tales características se estaban acentuando. La tendencia al deterioro en la distribución del ingreso se había iniciado a mediados de los años treinta, según vimos en el capítulo anterior, y se mantuvo al menos hasta mediados de la década del sesenta.

La creación de grandes excedentes de mano de obra en el campo, como reflejo de la modernización del sector agropecuario, de la violencia rural, de la inequitativa distribución de la tierra y del sesgo de la política económica en favor de las actividades urbanas fue, sin duda, el factor que más incidió en este resultado. Todo parece indicar que el nivel real de los salarios de los trabajadores agrícolas era, a comienzos de los años sesenta, apenas similar al de la década del treinta. Para 1964, de acuerdo con los estimativos de Urrutia y Berry, mientras el 10% más rico de la fuerza de trabajo rural (incluidos los propietarios ausentistas) recibía el 48% del ingreso, la proporción correspondiente en las ciudades era del 41%.

En el sector urbano, los grandes beneficiarios del desarrollo económico hasta mediados de los años sesenta fueron los propietarios del capital y los sectores medios de la población. En este período, la industria manufacturera, el Estado y otras actividades urbanas generaron una fuerte demanda de trabajadores calificados, cuyos ingresos reales mejoraron notablemente. La situación del 50% más pobre de la población urbana fue menos favorable hasta mediados de los años cincuenta. Desde la segunda mitad de los años cincuenta, por el contrario, los salarios reales de todos los trabajadores urbanos se elevaron en forma sostenida y es probable que la distribución de los ingresos en las ciudades haya mejorado un poco, pese al deterioro de la distribución de las rentas en el país.

El cuadro 7.11 corrobora dichas apreciaciones. En este cuadro se estima la relación entre los salarios medios en distintos sectores de la economía y el ingreso por habitante del país. Como puede apreciarse, la posición relativa de los trabajadores de la industria y el gobierno (que representan en este cuadro a los sectores medios de la población urbana) mejoró hasta la segunda y primera mitad de los años sesenta, respectivamente. Los obreros de la construcción —representativos de los trabajadores menos calificados de las zonas urbanas— también mejoraron su posición relativa, aunque en una proporción inferior a la de los trabajadores de la industria. La relativa estabilidad (con una ligera tendencia al deterioro en los años cincuenta) de las remuneraciones agrícolas se tradujo así en un desmejoramiento de su situación en relación con la de los asalariados urbanos.
Cuatro factores diferentes afectaron las tendencias anteriores en los años setenta. El primero de ellos fue la aceleración de la inflación en la mitad de la década: los arreglos institucionales para la fijación de los salarios urbanos sólo se ajustaron en forma rezagada e inicialmente incompleta ante la rápida elevación de los precios. El segundo fue el aumento de la oferta de mano de obra calificada, como producto de los programas educativos iniciados en los años cincuenta y ampliados durante el Frente Nacional. El tercero fue la bonanza cafetera de los años setenta, que generó un incremento significativo de la demanda de mano de obra rural. El último, pero no menos importante, fue el impacto rezagado de la migración rural-urbana de las décadas anteriores, que redistribuyó los excedentes de mano de obra del campo hacia las ciudades.

El resultado de este cúmulo de factores fue una reducción apreciable de los diferenciales salariales en Colombia. Mientras los salarios en la agricultura crecían a un ritmo similar al del ingreso por habitante (rápido durante estos años), los ingresos relativos de los asalariados urbanos cayeron dramáticamente e incluso mostraron un retroceso absoluto. Las tendencias de los salarios urbanos se revirtieron en parte a comienzos de los años ochenta, sin retornar, sin embargo, a los niveles típicos de los años sesenta24 .Los diferenciales de ingresos entre trabajadores con diferente nivel educativo también se redujeron sensiblemente durante los años setenta. Así, mientras en 1963-1966 una persona con educación universitaria en Bogotá recibía un ingreso equivalente a 6.4 veces el de un trabajador con educación primaria, para 1978 esta proporción se había reducido a 4.0. Para las cuatro principales ciudades del país, la misma relación disminuyó de 5.3 en 1976 a 3.7 en 1980 y 3.5 en marzo de 1985. Por su parte, la remuneración de un trabajador con educación secundaria en Bogotá era 2.6 veces la de una persona con educación primaria en 1963-1966; para 1978 el diferencial se había reducido a 1.6. Para las cuatro grandes ciudades, la proporción correspondiente rebajó de 1.9 en 1976 a 1.5 en 1980 y 1985.

Pese a la diversidad de metodologías utilizadas en los estudios respectivos, los datos existentes permiten tener una visión relativamente precisa de la evolución de la distribución del ingreso urbano desde mediados de la década del sesenta. En efecto, la información recogida en el cuadro 7.12 indica que entre mediados de dicha década y 1976 la distribución de los ingresos urbanos se deterioró. A esta conclusión llegó Miguel Urrutia al comparar los datos de 1964 y 1971, aunque indicó que la distribución global del ingreso en el país había permanecido aproximadamente constante, gracias a una mejoría en la repartición de las rentas provenientes del sector agrícola. La tendencia al deterioro en la distribución de los ingresos urbanos durante este período es además consistente con los estudios sobre pobreza, que indican que los niveles más críticos se alcanzaron precisamente a mediados de los años setenta.

Entre 1976 y 1980, por el contrario, la distribución urbana del ingreso mejoró un poco. El efecto fue mucho más marcado en la distribución individual (es decir, aquella que toma a la persona y no a la familia como unidad de análisis) que en la familiar. En este último caso, sólo se logró revertir el deterioro que se había generado en los años anteriores, según se muestra en el cuadro 7.12. La tendencia a la mejoría en la distribución del ingreso urbano se frenó, sin embargo, con la crisis posterior de la economía e incluso se presentó un pequeño deterioro a partir de 1983.

En cualquier caso, la distribución del ingreso sigue estando muy concentrada en Colombia. Además, al menos en las ciudades, la distribución de los ingresos familiares no parece ser muy diferente hoy a la que era típica a mediados de los años sesenta. En efecto, los datos existentes indican que el 10% más rico de las familias urbanas recibe hoy, como en aquella época, poco menos del 40% del ingreso, mientras el 50% más pobre recibe menos de un 20%. Estos estimativos ocultan, por lo demás, en uno y otro momento, rentas de capital, para los cuales la distribución es particularmente inequitativa.
Bibliografía de referencia
La bibliografía sobre la economía colombiana en la posguerra es masiva y creciente. Las referencias que siguen buscan, así, ofrecer guías útiles sobre los temas tratados en este capítulo más que proporcionar una bibliografía completa de la literatura económica del país.

Curiosamente existen trabajos sobre la evolución general de la economía en este período. Merecen consultarse particularmente el trabajo del Departamento Nacional de Planeación, “La economía colombiana, 1950-1975”, en Revista de Planeación y Desarrollo, octubre-diciembre de 1977 y el reciente libro de Salomón Kalmanovitz, Economía y Nación: una breve historia de Colombia, Bogotá, 1985. Sobre la bonanza que sucedió a la segunda guerra mundial es muy útil el estudio clásico de la CEPAL, Análisis y proyecciones del desarrollo económico: el desarrollo económico de Colombia, México, 1957. Las tendencias del empleo se analizan en el trabajo de Juan Felipe Gaviria, Francisco J. Gómez y Hugo López, Contribución al estudio del desempleo en Colombia, Bogotá, 1971, y en el reciente informe de la Misión de Empleo, El Problema Laboral Colombiano: diagnóstico, perspectivas y políticas, en Economía Colombiana, Documento No. 10, agosto-septiembre de 1986. También son muy útiles los ensayos de Alvaro Reyes, “Tendencias del empleo y la distribución del ingreso”, en José Antonio Ocampo y Manuel Ramírez (eds.), El problema laboral colombiano, Bogotá, 1987, y Ulpiano Ayala y Alejandro Sanz de Santamaría, “Actividad económica, empleo e ingresos”, en Desarrollo y Sociedad, cuaderno No. 1, noviembre de 1981. Los cambios en la estructura regional se estudian en Edgar Revéiz y Santiago Montenegro, “Modelos de desarrollo, recomposición industrial y Revolución de la concentración industrial de las ciudades en Colombia (1965-1980)”, en Desarrollo y Sociedad, No. 11, mayo de 1983, y en Francisco E. Thoumi, “La estructura del crecimiento económico regional y urbano en Colombia (1960-1975)”, en Desarrollo y Sociedad, No. 10, enero de 1983.
Sobre la dependencia externa, debe consultarse, sin duda, la obra clásica de Mario Arrubla, Estudios sobre el subdesarrollo colombiano, varias ediciones. La evolución del sector externo y de la política económica se estudian con detenimiento en Carlos F. Díaz-Alejandro, Foreign Trade Regimes and Economic Development: Colombia, Nueva York, 1976; Guillermo Perry, “Política cambiaria y de comercio exterior, revisión de la experiencia histórica y propuesta para la próxima década, en Fedesarrollo, La economía en la década de los ochenta, Bogotá, 1979, Eduardo Wiesner, “Devaluación y mecanismo de ajsute en Colombia”, en Wiesner (ed.), Política Económica Externa de Colombia, Bogotá, 1978; y Luis Bernardo Flórez, “El sector externo en los ciclos de la economía colombiana”, en Cuadernos Colombianos, No. 3, Tercer trimestre de 1974. Sobre la crisis reciente, véase José Antonio Ocampo, “Crisis y política económica en Colombia, 1980-1985”, en Rosemary Thorp y Laurence Whitehead (eds.), La crisis de la deuda en América Latina, Bogotá, 1986.
La historia de la industrialización en la posguerra se analiza detalladamente en Albert Berry, “A Descriptive History of Colombian Industrial Development in the Twentieth Century”, en Berry (ed.), Essay on Industrialization in Colombia, Temple, 1983; Jesús Antonio Bejarano, “Industrialización y Política económica, 1950-1976”, en Mario Arrubla et al., Colombia Hoy, varias ediciones, Juan José Echavarría, Carlos Caballero y Juan Luis Londoño; “El proceso colombiano de industrialización: algunas ideas sobre un viejo debate”, en Coyuntura económica, septiembre de 1983; Ricardo Chica, “El desarrollo industrial colombiano, 1958-1980”, en Desarrollo y Sociedad, No. 12, septiembre de 1982; y Gabriel Poveda Ramos, Políticas económicas, desarrollo industrial y tecnología en Colombia, 1925-1975, Bogotá, 1976. Sobre la historia de la protección y su relación con el proceso de industrialización, véanse el trabajo de Perry ya citado, Thomas Lee Hutchenson, Incentives for Industrialization in Colombia, Tesis doctoral, universidad de Michigan, 1973, y Astrid Martínez, La estructura arancelaria y las estrategias de industrialización en Colombia, 1950-1982. Bogotá, 1986. Desde un punto de vista analítico, merece estudiarse con cuidado el brillante ensayo de Hernando Gómez Buendía, “Los grupos industriales y el desarrollo colombiano: conjeturas e interpretaciones”, en Coyuntura Económica, diciembre de 1976. Como estudio de caso, es muy estimulante el trabajo de José María Rojas, Empresarios y tecnología en la formación del sector azucarero en Colombia, 1860-1980, Bogotá, 1983.
Sobre el desarrollo agropecuario, el libro de Salomón Kalmanovitz, El desarrollo de la agricultura en Colombia, 1978, sigue siendo una obra fundamental. También merecen consultarse el trabajo de Roberto Junguito, “El sector agropecuario colombiano en la década de los ochenta”, en Fedesarrollo, op. cit. (que, pese a su título, proporciona una buena visión histórica), al igual que los trabajos de Darío Fajardo, Haciendas, campesinos y políticas agrarias en Colombia, 1920-1980, Bogotá, 1983, y Absalón Machado, Políticas Agrarias en Colombia, 1900-1960, Bogotá, 1986, y “Reforma agraria: una mirada retrospectiva”, en Economía Colombiana, agosto-septiembre de 1984. Sobre los años setenta y ochenta, véase también Vinod Thomas, Macroeconomía y política agropecuaria: la experiencia colombiana, Bogotá, 1986, especialmente los Capítulos 1, 4 y 7. La evolución de la economía cafetera, se estudia en Fedesarrollo, Economía Cafetera colombiana, Bogotá, 1978; CEPAL/FAO, El café en América Latina: Problemas de la productividad y perspectivas, Vol. 1: Colombia y el Salvador, México, 1958; Mariano Arango, El café en Colombia, 1930-1958: producción, circulación y política, Bogotá, 1982 y su ensayo más reciente sobre “La industria cafetera: evolución reciente y perspectivas”, en Absalón Machado (ed.), Problemas agrarios colombianos, Bogotá, 1986. Sobre la distribución de la tierra, el trabajo de Luis Lorente, Armando Salazar y Angela Gallo, Distribución de la propiedad rural en Colombia, 1960-1984, Bogotá, 1985, constituye un gran esfuerzo de actualización. La bibliografía sobre la violencia y las luchas rurales en la posguerra es abundante. Merecen consultarse, fuera de múltiples obras clásicas y diversos trabajos publicados en los últimos años, dos compilaciones recientes: Once ensayos sobre la violencia en Colombia, Bogotá, 1985, y Pasado y presente de la violencia en Colombia, Bogotá, 1986, este último editado por Gonzalo Sánchez y Ricardo Peñaranda. Sobre los usuarios campesinos véase el trabajo de León Zámosc, Los usuarios campesinos y las luchas por la tierra en los años setentas, Bogotá, 1984.
Las tendencias de las finanzas públicas de detallan en Finanzas Intergubernamentales en Colombia, Informe Final de la Misión (Bird-Wiesner), Bogotá, 1982, C. II y III y (pese nuevamente a su título) Jorge Ospina Sardi, “Las finanzas del gobierno nacional en la década de los ochenta”, en Fedesarrollo, La economía colombiana..., op. cit. La historia de la planeación y la influencia de las agencias internacionales puede reconstruirse a partir de Guillermo Perry, “Introducción al estudio de los planes de desarrollo en Colombia”, en Hernando Gómez Otálora y Eduardo Wiesner (eds.), Lecturas sobre desarrollo económico colombiano, Bogotá, 1974, y en Lauchlin Currie, Evaluación de la asesoría económica a los países en desarrollo: el caso colombiano, Bogotá, 1984. El ensayo de Edgar Revéiz, “Evolución de las formas de intervención del estado en la economía de América Latina: el caso colombiano”, en CEDE, El Estado y el Desarrollo, Bogotá, 1981, proporciona un marco general sobre el tema. Finalmente, los libros recientes de Guillermo Perry y Mauricio Cárdenas, Diez años de reformas tributarias en Colombia, 1986, y Mauricio Carrizosa, Hacia la recuperación del mercado de capitales en Colombia, Bogotá, 1986, C. III, resumen la evolución de la política tributaria.

La historia de la política financiera en las primeras décadas de la posguerra se analiza en Antonio Urdinola, “El crédito de fomento y la banca comercial”, en Hernando Gómez Otálora, et al., Lecturas sobre moneda y banca en Colombia, Bogotá, 1976; Carlos Jaime Fajardo y Néstor Rodríguez, “Tres décadas del sistema financiero colombiano, 1950-1979”, en Mauricio Cabrera (ed.), Sistema financiero y políticas antiinflacionarias, Bogotá, 1980; y Oscar Alviar, Instrumentos de dirección monetaria en Colombia, varias ediciones. El libro de Mauricio Carrizosa ya citado proporciona también un análisis histórico de las tasas de interés y del mercado accionario. La política monetaria y financiera en los años setenta se resume en Juan Carlos Jaramillo, “La liberación del mercado financiero” en Ensayos sobre Po-lítica Económica, No. 1, marzo de 1982, y Eduardo Sarmiento, Inflación, producción y comercio internacional, Bogotá, 1982, C. 1.

Sobre los gremios, merecen consultarse Miguel Urrutia, Gremios, política económica y democracia, Bogotá, 1983; Bruce M. Bagley, Political Power, Public Policy and the State in Colombia: Case Studies of the Urban and Agrarian Reforms during the National Front, 1958-1974, Tesis Doctoral, Universidad de California, Los Angeles, 1979; Antonio García, Bases de economía contemporánea, 2ª ed., 1984, pp. 487-560; y Jesús Antonio Bejarano, Economía y Poder: La SAC y el desarrollo agropecuario colombiano, 1871-1984, Bogotá, 1985. La historia del sindicalismo en la posguerra se detalla en Miguel Urrutia, Historia del sindicalismo en Colombia, Bogotá, 1969; Hernando Gómez Buendía, Rocío Londoño y Guillermo Perry, Sindicalismo y política económica, Bogotá, 1986; Misión de Empleo, op. cit., pp. 107-115; y Víctor Manuel Moncayo y Fernando Rojas, Luchas obreras y política laboral en Colombia, Medellín, 1978. Sobre los paros cívicos véase, en particular, Luz Amparo Fonseca, “Los paros cívicos en Colombia”, en Desarrollo y Sociedad, Cuaderno No. 3, mayo de 1982. Finalmente, la distribución del ingreso ha sido estudiada por Miguel Urrutia y Albert Berry, La distribución del ingreso en Colombia, Medellín, 1975; Miguel Urrutia, Los de arriba y los de abajo: la distribución del ingreso en Colombia
en las últimas décadas, Bogotá, 1984; y Alvaro Reyes et al.,
op. cit.

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