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INDICE
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A partir de 1950 el patrón de desarrollo
regional sufrió modificaciones importantes. Como
se puede apreciar en el cuadro 7.4, Bogotá continuó
concentrando una proporción creciente de la actividad
económica y de la población del país
entre 1950 y 1973. Este patrón no se mantuvo, sin
embargo, en los otros polos industriales. Por el contrario,
dos de los departamentos más industrializados (Antioquia
y Atlántico) se expandieron a ritmos inferiores al
promedio nacional y otro, el Valle del Cauca, a una tasa
sólo ligeramente superior a dicho promedio. Por su
parte, los departamentos cafeteros entraron durante este
cuarto de siglo en franca declinación.
En cambio, durante la posguerra surgieron nuevas regiones
de alto dinamismo, ubicadas todas en zonas de expansión
de la frontera agrícola, algunas sobre la base de
la agricultura moderna, como fue el caso de los departamentos
de la Costa Atlántica y el Meta, y otras de una colonización
de tipo tradicional, como aconteció en el Caquetá.
En lo que se refiere a los departamentos de agricultura
tradicional, se observe que, aunque poco dinámicos
en términos de crecimiento económico, la mayoría
de ellos experimentaron un proceso de expulsión masiva
de mano de obra, que se tradujo en uno de los crecimientos
del PIB por habitante más altos del país.
La información disponible para analizar lo acontecido
después de 1973, aunque escasa, indica que los departamentos
cafeteros no han podido revertir su continua tendencia al
deterioro, pese al auge de la caficultura moderna2. Fuera
de ello, el menor crecimiento de la agricultura comercial
no cafetera después de 1974 pudo haber contribuido
al retroceso relativo de ciertas regiones agrícolas,
hasta entonces dinámicas. Algo similar parece haber
acontecido con los polos de desarrollo industrial localizados
fuera de Bogotá, que han padecido con mayor fuerza
la crisis de este sector de la economía. De esta
manera, Bogotá ha continuado concentrando una proporción
creciente de la actividad económica y de la población
del país.
Con todo, es claro que, lejos de acentuarse, las disparidades
regionales han tendido más bien a disminuir en la
posguerra. Aunque se constata una tendencia continua a la
concentración de la actividad económica en
Bogotá, las oportunidades generadas por el proceso
de desarrollo han beneficiado a regiones que hasta 1950
habían permanecido relativamente al margen de dicho
proceso, en tanto que los movimientos migratorios internos
han tendido a reducir las disparidades regionales por habitante.
Así, por ejemplo, a pesar del alto dinamismo de Bogotá,
el número de inmigrantes a la capital del país
fue tan alto que mientras en 1950 su producción per
cápita excedía al promedio nacional en un
159%, en 1973 sólo lo superaba en un 68%. En cambio,
los habitantes de las regiones más pobres, donde
ha ocurrido una expulsión masiva de mano de obra,
y de las zonas de frontera agrícola, que han experimentado
un rápido crecimiento económico, registran
los ritmos de crecimiento de la producción por habitante
más rápidos del país.
Aunque el interés del Estado regional se expresó
desde muy temprano, los primeros pasos hacia una política
de descentralización sólo se acometieron en
la década del sesenta, pero su impacto ha sido, en
cualquier caso, reducido. En aquella década fueron
creadas y reforzadas diversas instituciones de desarrollo
regional, tales como las corporaciones autónomas
regionales (la primera de ellas, la CVC, había sido
fundada por iniciativa de los vallecaucanos en 1954, siguiendo
el modelo de la Autoridad del Valle del Tennessee en Estados
Unidos y con la asesoría de uno de sus principales
gestores, David Lilienthal) y se definieron diversos incentivos
de tipo fiscal para canalizar la inversión hacia
las ciudades intermedias y pequeñas o hacia zonas
de frontera. El Instituto de Fomento Industrial participó
directamente en la instalación de complejos industriales
fuera de las cuatro grandes ciudades, sin grandes resultados.
En los años setenta y ochenta, los Planes de Desarrollo
propugnaron nuevamente la descentralización, pero
su impacto sobre las tendencias del desarrollo regional
no ha sido notorio. En cualquier caso, el peso histórico
de una estructura regional diversificada sigue siendo alto
en Colombia y los índices de concentración
regional en nuestro país son unos de los más
bajos de América Latina, inferiores a los de muchos
países con niveles comparables de desarrollo. DEPENDENCIA
EXTERNA E INDUSTRIALIZACIÓN
1. Características del sector externo colombiano
en la posguerra En las cuatro décadas posteriores
a la segunda guerra mundial, el sector externo colombiano
ha tenido dos características sobresalientes. La
primera de ellas fue el resultado del proceso de industrialización
que había vivido el país durante los años
treinta y la segunda guerra mundial. Los bienes de consumo
dejaron de ser definitivamente el renglón más
importante de las importaciones y pasaron a ocupar una posición
marginal dentro de las compras externas del país
(véase el cuadro 7.5). El vacío dejado por
las menores compras de dichos artículos fue ocupado
por los bienes intermedios y de capital que demandaban los
sectores modernos de la economía. Estos han representado
desde los años cincuenta un 51 y 38% de las importaciones
colombianas, respectivamente incluidos los combustibles
dentro de los primeros. Aunque estas participaciones han
variado ligeramente a lo largo del ciclo económico,
se han mantenido dentro de un rango relativamente estrecho
en las cuatro últimas décadas. Obviamente,
la diversificación de la producción nacional
y los cambios en los patrones de consumo y en la tecnología
han conllevado cambios apreciables en los productos específicos
que se incluyen dentro de cada una de estas agrupaciones.
La segunda característica del comercio exterior del
país ha sido el lento dinamismo de las exportaciones.
En las cuatro últimas décadas la participación
de las exportaciones en el Producto Interno Bruto del país
ha disminuido de manera sistemática, pasando de representar
un 21.6% en la segunda mitad de los años cuarenta
a 14.2% en la primera mitad de los años ochenta (véase
el cuadro 7.5). La tendencia decreciente fue particularmente
fuerte hasta la década del sesenta, pero se ha mantenido
desde entonces; de hecho, sólo en la segunda mitad
de los años ochenta puede esperarse que se presente
un quiebre más o menos definitivo en la evolución
de este coeficiente.
El lento dinamismo de las exportaciones representó
un viaje radical con respecto a las tendencias que habían
prevalecido desde comienzos del siglo XX. De hecho, el gran
dinamismo de las exportaciones, especialmente de café,
había sido el eje del desarrollo nacional entre 1910
y 1929, según vimos en el Capítulo V de esta
historia. En la década del treinta, el continuo crecimiento
en las cantidades de café remitidas al exterior y
de la producción de oro había permitido mantener
un sector exportador relativamente dinámico, que
logró contrarrestar en parte la evolución
desfavorable de los precios del grano y de otros productos
primarios durante la crisis mundial de aquella época.
La explicación de la tendencia de las exportaciones
debe buscarse, por una parte, en el comportamiento de las
ventas externas de café y, por otra, en la diversificación
excesivamente lenta de la base exportadora. Hasta mediados
de los años cincuenta, el primero de tales fenómenos
estuvo asociado exclusivamente al escaso crecimiento de
la producción del grano, por razones que analizaremos
en una parte posterior de este capítulo. De hecho,
en un mercado que todavía no estaba regulado por
pactos internacionales, el país comenzó a
perder sistemáticamente participación en la
producción exportable mundial. Esta participación,
que había llegado a un 20% durante los años
cuarenta, se redujo al 17% en la primera mitad de la década
del cincuenta y a poco más del 13% desde la segunda
mitad de dicha década. A partir de entonces, los
sucesivos acuerdos internacionales que regularon el comercio
del grano comenzaron a afectar las exportaciones de café
del país. No obstante la restricción no fue
muy severa ya que, en cualquier caso, la producción
del grano mantuvo un escaso dinamismo. Sólo en la
segunda mitad de la década del setenta se inició
una nueva fase de crecimiento rápido de la producción
que permitió al país aumentar su participación
en el comercio mundial del grano del 12%, en que se había
establecido desde los años sesenta, a un 15% en la
primera mitad de la década del ochenta. Aun así,
el crecimiento anual promedio de la producción cafetera
entre el primer lustro de posguerra y la primera mitad de
los años ochenta ha sido apenas del 2.2% anual, menos
de la mitad del ritmo de expansión de la producción
nacional agregada.
La lenta diversificación de la base exportadora ha
tenido, sin duda, una multiplicidad de causas. La más
importante ha sido la escasa prelación que se ha
otorgado en la posguerra a este objetivo de política
económica, con excepción de algunos períodos
breves. En efecto, si se exceptúa el período
de promoción de exportaciones iniciado en 1959-1960
y, en forma mucho más clara, en 1967, y que terminó
en 1974 (véase la sección siguiente), y la
nueva fase de promoción que se inició en 1983,
la diversificación de las ventas externas no ha sido
una meta prioritaria. Durante los años en que estuvo
en vigencia la estrategia de promoción, sus efectos
fueron importantes, según se aprecia en el cuadro
7.5. Lideradas primero por la producción primaria
y posteriormente por la manufacturera, las exportaciones
menores (es decir, aquéllas diferentes a café,
oro y productos petroleros) pasaron de representar el 7%
de las exportaciones en 1955-1959 al 12% en 1960-1964, 23.7%
en 1965-1969 y 40.8% en 1970-1974. Nótese, sin embargo,
que a pesar del dinamismo de las exportaciones menores,
el coeficiente de exportaciones del país siguió
disminuyendo durante todos estos años, debido al
lastre que representaba el lento crecimiento de las exportaciones
de café. De hecho, fue sólo cuando estas últimas
lograron subir en la segunda mitad de la década del
setenta, que la tendencia a la disminución de dicho
coeficiente se interrumpió temporalmente.
El comportamiento de las exportaciones minerales en la posguerra
debe atribuirse a otras causas. La fijación de un
precio estable del dólar en términos de oro
hasta 1971 fue la causa fundamental de la declinación
en la producción colombiana del precioso metal hasta
fines de los años sesenta. Con la fuerte elevación
de los precios internacionales del oro desde la primera
mitad de la década del setenta, la recuperación
de este renglón histórico de las exportaciones
colombianas ha sido notoria.
Por otra parte, el escaso dinamismo de la producción
de combustibles debe imputarse a dos hechos diferentes.
El primero fue el escaso interés de las compañías
multinacionales en hacer nuevas exploraciones en Colombia
en las primeras décadas de la posguerra, ante los
gigantescos hallazgos de reservas petroleras en otras partes
del globo. El segundo fue el mantenimiento de una política
de exploraciones que no resultó atractiva para dichas
compañías. El doble impacto del shock petrolero
mundial de 1973, cuando la Organización de Países
Productores de Petróleo, OPEP, incrementó
considerablemente los precios del combustible, y la nueva
política de “contratos de asociación” adoptada
el año siguiente por la Administración López
Michelsen, dio un vuelco a dicha tendencia, cuyos efectos
se reflejarán desde la segunda mitad de la década
del ochenta en las ventas crecientes de petróleo
y carbón. |