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INDICE
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CUADRO 2.2
AMONEDACION DE ORO EN EL NUEVO REINO
DE GRANADA, 1700-1809
(Miles de pesos; Casas de Santa Fe y Popayán)
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Total |
Promedio Anual
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1700 - 04
1705 - 09
1710 - 14
1715 - 19
1725 - 29
1730 - 34
1735 - 39
1740 - 44
1745 - 49
1750 - 54
1755 - 59
1760 - 64
1765 - 69
1770 - 74
1775 - 79
1780 - 84
1785 - 89
1790 - 94
1795 - 99
1800 - 04
1805 - 09 |
1452
1855
1958
2938
2806
3573
3267
4676
4790
5322
5799
6824
6161
7334
7450
8894
9134
10389
11835
11441
11644 |
290
371
382
587
561
715
653
935
958
1064
1160
1365
1232
1467
1480
1779
1827
2079
2367
2288
2329 |
FUENTE: Jorge Orlando Melo, op. cit. 4. Problemas, limitaciones y rentabilidad
Al examinar el panorama general de la minería neogranadina
en las últimas décadas del período
colonial se observan ciertos problemas y ciertos obstáculos
que retardaban el avance de la producción al ritmo
que podría esperarse de los recursos potenciales.
Uno de ellos era la falta aparente o real de capital de
inversión, especialmente en el recurso que los mineros
consideraban decisivo para su desarrollo: el aumento de
las cuadrillas de esclavos. Desde comienzos del siglo son
constantes las quejas de los mineros de Popayán y
el Chocó sobre la falta de brazos, como también
las peticiones al Virrey en demanda de apoyo financiero
para adquirirlos. A tales solicitudes la Corona respondía
con ciertas concesiones, facilitando su importación,
rebajando los derechos de aduanas que debían pagar
e incluso eliminándolos, en 1791. Pero al parecer
los mineros no hicieron uso de estas facilidades, quizá
por ser la necesidad poco real, según lo sospechaba
el Virrey Ezpeleta al anotar en su Relación de Mando
que, una vez libre la importación, sólo se
introdujeron 29 piezas para Antioquia y ninguna para Popayán,
provincia donde los mineros más bien disminuían
las cuadrillas del Chocó para trasladarlas a las
minas de Caloto y Barbacoas o a las haciendas cañeras
y ganaderas del Valle del Cauca. En cuanto a Antioquia,
la explotación de las minas se hacía cada
vez más con trabajadores libres y se dependía
cada vez menos del trabajo esclavo.
Otro factor de lentitud en el crecimiento era la falta de
tecnología apropiada y de conocimientos sobre las
minas y su laboreo. En el gremio minero reinaba la rutina,
como lo anotó el Virrey Mendinueta, “porque con ella
extraen algún oro y plata y así se sostienen
o hacen una regular fortuna”. Agregaba que la mayor parte
de los mineros que se arruinaban era por carencia de conocimientos;
no advertían que si faltos de máquinas, de
dirección y de conocimientos conseguían beneficios,
con ellos los obtendrían mayores y con menor esfuerzo.
En una palabra, que faltaba espíritu empresarial.
No obstante los factores de incertidumbre, las estadísticas
y cifras disponibles permiten establecer una tendencia sostenida
hacia el crecimiento, al que Melo atribuye una tasa anual
del 2%, superior al aumento de la población, que
el mismo autor calcula en una tasa del 1%. Pero si las cifras
de producción presentan particulares problemas estadísticos,
mayores son los relacionados con la rentabilidad de las
minas, que podría explicar la magnitud de las bajas
sumas de inversión y el lento ritmo de crecimiento
de la producción total.
El historiador norteamericano William F. Sharp ha hecho
el único estudio sistemático que poseemos
sobre la rentabilidad de las minas del Chocó en el
período 1724-1804, analizando once casos. Sus conclusiones,
desde luego, dependen de las cifras de producción
real de las minas, para lo cual formula tres hipótesis:
1. tomando en cuenta sólo el valor de la producción
registrada en las casas de moneda, es decir, la producción
legal; 2. aceptando la exportación ilegal o de contrabando
de un tercio de la producción; y 3. suponiendo que
el contrabando podría llegar al 50%. En la primera,
la rentabilidad era baja; en algunos períodos negativa
y en otros positiva, pero inferior al 5%, en ese entonces
la tasa media de interés del dinero. Sólo
en el período de 1724 hubo una tasa de rendimiento
del 9%. En la segunda hipótesis, aceptando que un
tercio de la producción salía como contrabando,
las rentabilidades fueron muy irregulares, pero presentaron
una tendencia a bajar, con un ligero repunte hacia comienzos
del siglo XIX: 1724, 22.04%; 1759, 12.69%; 1778, 7.96%;
1782, 5.16%; y 1804, 9.62%. Según la tercera hipótesis,
es decir, suponiendo una exportación ilegal de la
mitad de la producción, lo que el autor considera
altamente probable, las cifras de rentabilidad serían
altas: 1724, 34.32%; 1759, 12.69%; 1778, 7.96%; 1782, 5.16%;
y 1804, 18.87%. La conclusión del autor es que la
actividad minera en el Chocó fue rentable y también
el empleo de mano de obra esclava. Los mayores costos de
producción estaban representados por el capital invertido
en los esclavos y en su manutención, que tal vez
copaba el 75% de la inversión total. Una tercera
conclusión sería que dentro de las diferentes
alternativas que estaban al alcance, la mejor inversión,
quizás con excepción del comercio de importación,
eran las minas.
Germán Colmenares considera poco realistas los cálculos
de Sharp en algunos casos, y Pedro Fermín de Vargas
afirmaba en 1790 que pocas empresas mineras rentaban una
suma de 8.000 pesos anuales. Agregaba que la mayoría
de los mineros, aunque obtenían muy bajos rendimientos,
se mantenían en la actividad “porque una vez se toma
esa profesión se contrae una especie de manía
que sólo se borra con la muerte”. Por otra parte,
numerosos testimonios de funcionarios y mineros hablan de
constante crisis, de los altos costos de los alimentos,
el hierro y las herramientas; del alto valor de los esclavos
—aunque en realidad el precio de éstos decreció
en el transcurso del siglo— y de las cargas fiscales. Sin
embargo, visto el proceso en su conjunto, es evidente que
la actividad minera alimentaba la vida económica
del Virreinato y permitía la acumulación de
considerables capitales en manos de comerciantes y mineros
—comerciantes caucanos y antioqueños— y que, especialmente
en el caso de estos últimos, como lo han establecido
en forma convincente Alvaro López Toro, Robert Brew
y Ann Twinan, entre otros, el oro puso a su disposición
los recursos monetarios que les permitieron jugar un papel
preponderante en el desarrollo económico de finales
del Virreinato y posteriormente en el siglo XIX.
5. Intentos de cambio y políticas de fomento
Puesto que la minería era el nervio de la economía
y la “fuente de bienestar del reino”, como reiteradamente
lo afirmaban los Virreyes, y puesto que América,
y el Nuevo Reino de Granada en particular, estaban destinadas
a producir materias primas y metales preciosos, según
el modelo económico adoptado por la Metrópoli,
la política de fomento minero fue una de las prioridades
dentro de las reformas borbónicas adelantadas por
España en sus colonias.
En efecto, por medio de inversiones estatales, de alivios
fiscales, como las sucesivas rebajas al impuesto del quinto,
de la libre importación de esclavos y hasta de una
prima de 4 pesos concedida a los mineros por cada pieza
importada y, finalmente, por intermedio de lo que hoy llamaríamos
asistencia técnica, la Corona desarrolló una
actividad política de fomento minero en México,
Perú y la Nueva Granada. Con éxito muy relativo
y con no pocos fracasos en el caso de Nueva Granada, como
veremos luego. Dentro de esos esfuerzos debe incluirse el
establecimiento de la Expedición Botánica
y las actividades desplegadas por Mutis en las minas de
Pamplona y Mariquita, así como la obra administrativa
desarrollada por Francisco Silvestre como gobernador de
Antioquia y la de Juan Antonio Mon y Velarde en calidad
de visitador de la misma provincia en 1785. Mon y Velarde
expidió nuevas ordenanzas de minas, siguiendo el
modelo de las de México, para establecer orden en
el caos jurídico de la propiedad minera que encontró
en el territorio antioqueño; organizó la circulación
monetaria, ordenando la sustitución del oro en polvo
por moneda acuñada como medio de pago, y por medio
de su reforma agraria trató de fomentar la agricultura
para aliviar el costo de los consumos alimenticios en las
zonas mineras. |