LA RACIONALIDAD DEL
COMERCIO CALLEJERO
(11)
El trabajo realizado al
"descubierto"' en un principio: en las calles públicas
(12), posee una considerable importancia dentro del empleo de las
principales ciudades colombianas: 5.3%, para las áreas metropolitanas mayores, que sube
al 6.0% cuando se agrega el efectuado dentro de "kioscos y casetas"
( ver cuadro IIIB.I). Pero con excepción de Santa Fé de Bogotá
(ciudad en la que sólo representa el 2.9% y que empuja -por su gran peso poblacional- el
promedio hacia abajo) y de Villavicencio ( 4.7% ), en todas las demás urbes no baja del
6%. En Cúcuta alcanza incluso el 9.2% ( 11.3% si se incluyen los "kioscos y
casetas").
CUADRO IIIB .1
IMPORTANCIA RELATIVA DEL TRABAJO
REALIZADO " AL DESCUBIERTO"
EN 10 ÁREAS METROPOLITANAS, JUNIO DE
1984
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Ciudades y áreas
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Sitio al
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Kioscos
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descubierto
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y casetas
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Sumas
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1. Bogotá D.E.
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2.9
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0.7
|
3.6
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2. Medellín V .A.
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6.6
|
0.5
|
7.1
|
|
3. Cali- Yumbo
|
5.8
|
0.4
|
6.2
|
|
4. Bquilla-Soledad
|
7.9
|
0.9
|
8.9
|
|
Subtotal 4 áreas
|
4.8
|
0.6
|
5.4
|
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5. Bucaram/Florida Blanca
|
7.6
|
1.0
|
8.7
|
|
6. Cúcuta/A metropolit
|
9.2
|
2.2
|
11.3
|
|
7. Pereira/Dos quebradas
|
6.9
|
1.3
|
8.2
|
|
8. Manizales V. M.
|
7.6
|
0.2
|
7.8
|
|
9. Pasto
|
7.0
|
0.7
|
7.7
|
|
10. Villavicencio
|
4.7
|
0.7
|
5.4
|
|
Subt 6 áreas
|
7.5
|
1.1
|
8.6
|
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Total10 áreas metropolit
|
5.3
|
0.7
|
6.0
|
Fuente: Dane. Encuesta de hogares, etapa
44, junio/84.
Nota: Para el cálculo de los agregados
(4, 6 y 10 áreas) se expandieron los datos de la encuesta de junio de 1984 por el
cuociente entre la población total del censo de 1985 y la población muestral de junio de
1984.
Es cierto que la noción de trabajo
realizado al "descubierto" es extremadamente ambigua. En las 4 áreas
metropolitanas principales agrupa el 4.8% del empleo (cuadro IIIB.1), pero el comercio
callejero (comercio propiamente tal realizado al descubierto) representa apenas el 2.8%
(13): probablemente aquella categoría incluya también a
los trabajadores agrícolas ( 1.1 % del empleo ), una parte de los de la construcción y
en fin a algunos vinculados al sector de servicio (fotógrafos ambulantes, lustrabotas,
vigilantes ). En algunos casos ellos pueden estar vinculados a compañías modernas
(14).
Como se ve se requiere aquí de una
cuantificación sectorial más precisa, que no se hizo en este trabajo, pero que puede
hacerse con base en las estadísticas de las encuestas de hogares del DANE.
En todo caso, el solo comercio callejero
representa el 2.8 % del empleo total, el 4.8 % del empleo informal y el 13.6 % del empleo
comercial informal (datos para las 4 metrópolis mayores)
(15).
"Economía de bazar" -Bazaar
economy: en parte mera expresión del desempleo imperante en el mercado laboral,
alternativa precaria -la más fácil, puesto que es realizable sin capital y sin
calificación ninguna- para la supervivencia. En parte, como lo veremos, sistema eficaz de
distribución de víveres y manufacturas para las clases populares. La proliferación de
las ventas callejeras de bienes y servicios suscita siempre opiniones encontradas por
parte del comercio de lujo, céntrico, y de los responsables de la planificación de las
ciudades: desorden y afeamiento del habitat, caldo de cultivo para las "clases
peligrosas". O bien: válvula de seguridad para una situación socialmente explosiva.
1. Diferenciación interna de las
ventas callejeras
A pesar de que la diversidad de bienes y
servicios distribuidos por los venteros de las calles desafía, en un principio, cualquier
clasificación, desde el punto de vista económico puede intentarse una primera
distinción gruesa de los mismos:
a. Las ventas de productos de consumo inmediato
y de servicios. Productos para el consumo inmediato: frutas (finas y de estación);
comestibles (elaborados "in situ" tales como crispetas, papitas, chuzos y fritos
en general, o preelaborados: obleas, hostias, arequipe, pasteles, tortas fritas, etc.);
bebidas y refrescos; paletas y helados; cigarrillos vendidos solos o en combinación con
golosinas de otro tipo; etc. Servicios:
lotería; chance; de diversión y esparcimiento
(juegos, adivinadores y horóscopos, saltimbanquis, culebreros...); personales
(lustrabotas, fotógrafos, servicios de pesada) ; de reparación (limpieza de relojes y
alhajas, reparación de zapatos, de ollas y sombrillas, afiladores, plastificación de
documentos ); otros (vigilantes de vehículos, y aun amanuenses y tinterillos)
(16).
b. Las ventas de víveres y
manufacturas. Las de víveres comprenden básicamente los granos y alimentos
preelaborados, las legumbres y ""revuelto" y aun las carnes (pescado sobre
todo ), expendidas al mercado al descubierto. Las de manufacturas cobijan: prendas
de vestir y calzado; artesanías de cuero, madera y mimbre; cerámicas y vidrio; baterías
metálicas y plásticas para el hogar; libros, prensa y revistería; tarjetas de papel y
similares; discos y casettes; juguetería; aparatos eléctricos pequeños ( radios,
grabadoras, pasacintas, etc.) quincallería y ferretería; en fin, la lista sería largal
(17).
Esta diferenciación remite a una
distinción previa basada en la tecnología de su prestación: más precaria para las
primeras/ menos precaria para las segundas, que se manifiesta, a la vez, en las
características de la demanda y la oferta.
La demanda se desdobla primeramente entre
pasiva y activa. La primera procede del transeúnte, la segunda del cliente. El uno es un
comprador pasivo: está en la calle por otra razón pero termina cediendo a la insistencia
del vendedor ambulante que lo persigue o a la seducción de las mercancías que el ventero
estacionario exhibe a su paso. El otro es comprador activo: se encuentra ahí para comprar
y busca para ello al ventero estacionario. Esta división se corresponde a la vez con una
diferenciación social de los demandantes: transeúntes de todas las clases que se
detienen para comprar productos de consumo inmediato (frutas, comestibles, bebidas,
cigarrillos)/ clientes de clases populares que se abastecen regularmente en víveres y
manufacturas de los venteros callejeros.
Concomitantemente los oferentes se
escinden entre quienes tienden al polo ambulante (ambulantes o semiestacionarios),
que se dispersan por las calles de más flujo de pasantes, y quienes tienden al polo
estacionario, concentrándose en determinados epicentros fijos para atender mejor a
una clientela popular que los busca activamente. Los primeros trabajan sin espacio (sin
sitio fijo) y con un mínimo minimorum de capital (con lo que tienen en sus manos,
en el pequeño cajón colgante, en el pequeño paño que extienden provisionalmente en el
suelo: (tan fácil de recoger cuando sobrevengan las redadas de la policía). Los segundos
requieren ya de la posesión de un sitio ( y los mejores escasean), en el que instalan,
primero, una vitrina rodante y luego una ""chaza" fija para almacenar en
ella un stock mayor de mercancías.
Las aceras de nuestras ciudades -como las
del resto de América Latina- ven pues surgir en ellas dos tipos de ventas callejeras: las
de víveres y manufacturas, de un lado. Destinadas al abastecimiento regular de las clases
más populares, se agolpan en zonas que funcionan objetivamente como grandes centros
minoristas al descubierto, dotados de sus ""departamentos" de granos,
legumbres, vestuario y calzado, cacharrería, quincallería, etc. Las de productos de
consumo inmediato y de servicios, en segundo lugar, ofrecidos, aquí y allá, en sitios
privilegiados para el paso de transeúntes vía hogar-trabajo hogar 0 dedicados a las más
diversas gestiones. Las primeras suponen una necesidad social imperiosa: la del
abastecimiento de las familias populares a bajos precios. Son uno de los eslabones de la
red de distribución minorista de víveres y manufacturas. Dotadas de una demanda activa y
relativamente dinámica -que se expande a falta de ingresos suficientes y/o
""sistemas alternativos" y más eficaces en precios- y de algunas barreras
a la entrada (espacio, pequeños capitales) son capaces de ofrecer a los oferentes
remuneraciones aceptables. Las segundas no presuponen una demanda sino que, más bien,
la crean -dentro de ciertos límites- con su oferta. A fuerza de ofrecer sus
mercancías y sus servicios (a veces simples bagatelas, sustitutos apenas de la mendicidad
abierta), los venteros, empujados por el desempleo, terminan por convencer a los peatones
de todas las clases sociales, de su oportunidad y de la facilidad de procurárselos a su
paso. Por ello pueden ser utilizados a veces -caso de los cigarrillos de contrabando, del
chance, de las golosinas y confitería- por grandes capitales legales o ilegales para
"abrir nuevos mercados", a costa de remuneraciones que -debido ala carencia de
barreras a la entrada- resultan ser irrisorias.
Estudios realizados para las ventas
callejeras del centro de Medellín en 1981/82 confirman la importancia de esta distinción
(18). En ese momento el 42% de las unidades de venta
se dedicaban a la distribución de víveres (en el antiguo sector del "Pedrero",
todavía en funcionamiento por ese entonces), y el 56% ala distribución de productos de
consumo inmediato y de servicios en toda el área céntrica de la ciudad. (El resto, un
1.8%, no fue clasificado). Hoy por hoy (1986) esa proporción habrá variado a favor de
las segundas, no sólo por el traslado de los venteros del "Pedrero" a una nueva
central cubierta, sino porque la crisis de empleo de la urbe ha seguramente expandido la
magnitud absoluta de estas últimas.
Pues bien, no sólo el trabajo medio de
las primeras ( 1.33 empleados vs. 1.17) resultaba superior al de las segundas, sino
también las ventas por unidad (equivalentes a 10.89 salarios mínimos por mes, vs. 5.23)
y los ingresos per cápita de los jefes de negocio (1.86 salarios mínimos vs. 1.33), como
se aprecia en el cuadro IIIB.2. Estas diferencias se explican, en primera instancia, por las
desiguales barreras a la entrada a estos dos tipos de ventas y, en últimas, por la
naturaleza diferente de su tecnología y, por lo tanto, de su oferta y de su demanda. El
" capital" -fijo y circulante- resulta tres y media veces superior en
el caso de víveres y manufacturas con respecto a los productos de consumo inmediato y
servicios. y la prima prevista por la enajenación del sitio de ventas era 1.6
veces más alta para las primeras. A ello se adicionaba una mayor experiencia en el oficio
y mayores jornadas laborales semanales
(19). Por lo
demás la sensibilidad de las remuneraciones a la magnitud de las barreras ha sido
constatada en otros estudios referentes al comercio informal en general
(2O)
11. Este artículo es un
capítulo escrito por el autor dentro del estudio El sector informal en Colombia:
estructura. dinamica y política.s. (Hugo lópez Castaño, Olivia Sierra, Marta Luz
Henao), Centro de investigaciones económicas, Universidad de Antioquia, Medellín, mayo
de 1986.
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12. La encuesta de
junio/84 abría las siguientes posibilidades en lo rteferente al lugar de trabajo: a) la
propia vivienda; b) otra vivienda; c) kiosco o caseta; d) vehículo automotor; e) de
puerta a puerta; f) descubierto; g) local fijo.
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13. Se trata de los
trabajadores que informan al Dane en sus encuestas trabajar en el sector del comercio y,
además, al "descubierto". Cfr. Hugo López Castaño et Al. El sector
informal en Colombia: estructura, dinámica y políticas, Op. Cit. Cuadro 2.5
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14. Un procesamiento de los datos
de la encuesta de junio / 84 para las 10 áreas metropolitanas principales -al que no se
hicieron ajustes por tamaño poblacional de cada una- indica que el 5.99 % del empleo
"formal" se realiza al "descubierto". Cfr. Eduardo Vélez, Carlos
Becerra, Pablo Eher: La magnitud y las características del sector informal
urbano: per.sonas, hogares y negocios. Instituto SER de investigación, Bogotá, marzo
de 1986, cuadro 3.6. 16. Cfr. Hugo López C. El comercio callejero en la ciudad de
Medellín, aspectos microeconómicos,
Centro de Investigaciones Económicas,
Universidad de Antioquia, Mede1lín, 1983.
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15. Hugo López Castaño
et al. El .sector informal en Colombia: estructura, dinámica y políticass, Op. Cit. Cuadro
2.5
Regresar a (15)
16. Cfr. Hugo López C. El
comercio callejero en la ciudad de Medellín, aspectos microeconómicos, Centro de
Investigaciones Económicas, Universidad de Antioquia, Mede1lín, 1983.
Regresar a (16)
17. Ibid.
Regresar a (17)
18. Además del de estudio de
Hugo López, citado, ver también: Rubén Britto y otros: Estructura y dinámica
del comercio callejero en Medellín,
memoria de grado, Universidad de Antioquia,
Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Antioquia, Medellín, 1983.
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19. Las jornadas
oscilaban entre 70- 75 horas (víveres) y 60- 70 horas (manufacturas). En productos de
consumo inmediato eran menores (50- 70 horas) y en servicios más aún (40-65 horas). Cfr.
Hugo López, Op. Cit. Cuadro IV.3
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20. Santiago Londoño. Los
determinantes del ingreso en el comercio callejero: un análisis exploratorio, Medellín,
dic/83, mimeo (el estudio insiste en la importancia del control sobre los mejores sitios).
Saldarriaga, Luis H.; Londoño, Santiago. El comercio informal en Colombia,
observaciones .y evidencia empírica,
Revista Universidad EAFIT, No.49, Medellín,
enero-marzo/83
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