Ensayos sobre economía laboral colombiana
Hugo López Castaño

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EL DESEMPLEO JUVENIL EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN: SIGNIFICADO y POLÍTICAS (18)

Quisiera referirme al problema del desempleo juvenil en la ciudad de Medellín. Sobretodo al problema del desempleo juvenil en los barrios populares de la ciudad. Para ello, trataré primero de la relación entre desempleo juvenil y violencia. Les mostraré las cifras que hay disponibles sobre el problema y defenderé la tesis de que es un factor que incide sobre la violencia pero que la raíz principal del mal está en otra parte. A pesar de ello es un problema grave que requiere de una estrategia para combatirlo. Por eso, en una segunda parte me ocuparé de las políticas que, a mi juicio, requiere su tratamiento. Hay algunas de largo plazo, otras de mediano y otras de corto plazo. Entre estas últimas se incluye el plan de emergencia del Alcalde, que ahora es un propósito nacional. No podré hacer una evaluación precisa del mismo porque no lo conozco en detalle, pero al menos trataré de situar su significación frente a la magnitud del problema. Trataré de ser breve porque, en vez de una larga y detallada exposición, creo más interesante que podamos debatir aquí sobre las líneas centrales de la argumentación.

1. Desempleo juvenil. Incide sobre la violencia, pero las raíces del mal están en otra parte

La relación entre el desempleo juvenil y la violencia de la ciudad parece obvia. A falta de empleos, los jovencitos de las comunas populares se dedicarían a la delincuencia. Bastará pues con crear empleos suficientes para extirpar la raíz del mal. Se trata de una variante de la tesis de que la miseria genera violencia. Este es el diagnóstico. Esta es la solución simple que muchos ven. Ojalá que las cosas fueran tan fáciles. Son más complejas.

Al respecto, es preciso recordar algunas cifras básicas.

a. La tasa de desempleo juvenil es la más alta de todos los grupos poblacionales

En el área metropolitana de Medellín la tasa media de desempleo en diciembre pasado era cercana al 12%. En junio de 1988 había sido de 13.4%. En ese año, para todos los jovencitos de la ciudad (de 12 a 19 años) era del 28.1%. Pero, en los estratos bajo y medio bajo, que son los más afectados, esos jóvenes experimentaban un desempleo que oscilaba entre el 30% y el 32%. Es cierto pues que el desempleo juvenil es muy elevado, sobre todo en los barrios populares. Paralelamente muchos no asisten al colegio. Entre el 11 % y el 18.5% de los jovencitos desempleados de los barrios más pobres de la ciudad (estratos bajo y medio bajo) informan asistencia escolar; el resto no asiste a las escuelas o colegios (ver al respecto el cuadro IIC.l ). Las cifras sugieren pues que muchos de ellos, no sólo no trabajan, sino que tampoco estudian. De ahí a la delincuencia parece no haber más que un paso.

Con todo, el desempleo juvenil no es el único factor causal de la violencia que azota la ciudad. No parece ser tampoco el principal. Consideremos estos otros hechos:

b. El fenómeno no es exclusivamente local

En Bogotá, Cali y Barranquilla los jóvenes de 15 a 19 años son también los más afectados por la desocupación. Las cifras de desempleo no difieren mucho de las registradas en Medellín. Aunque en las otras ciudades existen también bandas juveniles, el sicariato es mucho menor.

En España el desempleo de los jóvenes de 15-19 años ha llegado al 50%, pero no son asesinos a sueldo. En Inglaterra es también muy elevado pero los hooligans se dedican a perseguir a sus equipos de fútbol ya pequeñas rapacerías.

                                           CUADRO IIC.1

TASAS DE DESEMPLEO EN EL ÁREA METROPOLITANA DE MEDELLíN

POR GRUPOS DE EDAD, SEXO y ESTRATOS SOCIOECONÓMICOS,

                                             JUNIO DE 1988

            -Tasas de desempleo (%)

    Hombres       Mujeres       Ambos sexos    
Estrato 12 a 19 20-29 30+ Tot 12 a 19 20 a 29 30+ Tot 12a19 20a29 30+ Tot
B-B 25,3 20,2 13,6 18,1 0,0 22,1 18,0 18,4 20,7 20,9 15,6 18,2
B 31 ,9 14,5 9,2 13,7 34,8 29,6 12,2   21 ,5 32,7 20,6 1 0,3 16,6
M-B 24,3 15,6 7,4 11, 7 38,8 26,6 8,0 18,2 30,0 20,0 7 ,6 14,1
M-M 31 ,3 12,2 4,2 7 ,8 7, 1 12,3 4,0 7,5 14,5 12,2 4, 1 7,6
M-A   13,8 2,0 7,7 0,0 7,0 0,0 3,2 14,2 10,2 1 ,2 5,6
A   0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
TOT 27,8 14,8 7,2 11, 7 28,5 23,4 7,9 16,0 28,1 18,5 7 ,5 13,4
      Importancia en el desempleo total(%)              
B-B 0,5 0,8 0,6 1 ,8 0,0 0,5 0,7 1 ,2 0,5 1 ,3 1 ,3 3,0
B 4,3 6,5 5,8 16,6 1 ,9 8,9 4,1 15,0 6,2 15,3 9,9 31,5
M-B 4,7 13,6 9,9 28,1 4,9 15,4 5,8 26,1 9,6 29,0 15,6 54,2
M-M 0,8 2,7 1 ,8 5,3 0,4 3, 1 1 ,3 4,9 1 ,2 5,8 3,2 10,2
M-A O, 1 0,5 0,1 0,8 0,0 0,3 0,0 0,3 O, 1 0,8 O, 1 1,1
A 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
TOT 10,3 24,0 18,3 52,6 7,2 28,2 11 ,9   47,4 17,6 52,2 30,2 100,0
      % de desocupados c/casilla  con asistencia escolar            
B-B 0,0 0,0 0,0 0,0   0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
B 9,0 7, 7 2,1 6, 1 15,5 3,5 0,0 4, 1 11 ,o 5,3 1 ,2 5,1
M-B 16,8 5,3 1,2 5,8 20,1 5,5 3,2 7,7 18,5 5,4 2,0 6,7
M-M 50,9 12,8 0,0 14,1 30,0 16,4 0,0 13,0 43,8 14, 7 0,0 13,6
M-A 0,0 45, 7 0,0 31 ,4   0,0   0,0 0,0 29,3 0,0 22,6
A                        
TOT 15,3 7,5 1 ,3 6,9 19,4 5,9 1 ,5 6,9 17,0 6, 7 1 ,4 6,9

c. Tanto en la ciudad como en el resto del país, el desempleo afecta más a las jovencitas que a los jovencitos

En los barrios más pobres de Medellín ( cuadro IIC.1) el desempleo en el grupo de 12 a 20 años alcanza niveles situados entre el 35 y el 39% para las jóvenes y es menor (entre el 25 y el 32%) para los hombres. Empero, la delincuencia femenina es excepcional.

d. La desocupación juvenil parece ser de corta duración

Encuentran un trabajo hoy, son despedidos mañana. Pero no sufren largos períodos de desempleo como sí pasa con las mujeres de 20 a 30 años. En Colombia un desempleado lleva 35 semanas buscando trabajo. Un desempleado joven no llega alas 20. No es cierto pues que los jóvenes pasen todo el tiempo vagando por las calles; los empleos pasajeros y la búsqueda de otros nuevos absorben gran parte de su tiempo.

Más que depender de una causa única, el sicariato juvenil es el producto de dos series causales distintas, que sólo pudieron nacer y encontrarse ante el derrumbe de la justicia y la capacidad punitiva del Estado. La primera produjo jóvenes maleantes. En esta primera serie el desempleo es apenas un eslabón, y tal vez no el más importante, al lado de otros. La segunda, produjo los narcotraficantes que los contratan. El encuentro de ambas series generó ese fenómeno explosivo. Pero el narcotráfico es el elemento dominante. No sólo ha propiciado y pagado a los sicarios sino que ha asesinado o corrompido a jueces, miembros de la fuerza pública, políticos...la lista sería larga. La justicia terminó por derrumbarse y, en su ausencia, grupos de ciudadanos libran hoy guerras particulares entre sí y contra el Estado.

Se ha cumplido, desgraciadamente en nuestro caso, la predicción de Tomás Hobbes. Este filósofo inglés de la primera mitad del siglo XVII, propuso la idea de que los individuos y los grupos se constituyan en naciones por un pacto social, por el cual renuncian a ejercer sus retaliaciones particulares en aras de la unidad y la concordia. Cuando el Estado, que es la expresión de ese pacto, se derrumba, la nación se desintegra por la bellum omnium omnes (la guerra de todos contra todos)

Es una buena cosa que, ahora, las autoridades municipales se preocupen de los barrios populares. Tradicionalmente los han mantenido al margen de las inversiones físicas y sociales. Desde hace un par de décadas, las clases dirigentes de la ciudad se dedicaron a promover obras faraónicas (el Metro, el aeropuerto, la infraestructura física de los barrios "residenciales" del sur) y mientras tanto se encerraron en urbanizaciones vigiladas por hombres armados, despreocupadas por la suerte de las comunas del norte. Pero sería un error creer que el fenómeno que nos angustia tenga una localización geométrica (la comuna nororiental) y se solucione exclusivamente con obras sociales. Tiene, en cambio, una dimensión topológica. Su causa, como el cáncer que hace metástasis, está presente potencialmente en todo el terreno local y nacional: se trata del derrumbe de la justicia y del Estado.

2. ¿Qué políticas para el desempleo juvenil en la ciudad?

Aunque el desempleo juvenil es apenas un elemento, al lado de otros, en el problema de la violencia, es en todo caso un fenómeno grave que requiere de una política adecuada. Toda política trata de responder, naturalmente, a las urgencias del corto plazo, pero si no está situada en un horizonte estratégico puede perder de vista el destino final del camino y extraviarse en los vericuetos del inmediatismo. Es preciso examinar, en primer lugar, cuáles son sus perspectivas de mediano y largo plazo (las de la década que comienza). Suministrarán un marco de referencia para las políticas de corto plazo que se necesitan.

a. Perspectivas de largo plazo. La verdadera solución estratégica al desempleo juvenil en las comunas populares es la creación de empleos para sus padres y la mejora en el sistema educativo

En el decenio próximo, los progresos demográficos y educativos tenderán a aminorar la intensidad del desempleo juvenil.

i. La fuerza laboral de la ciudad crecerá a menos del 2.8%, ritmo mucho menor que el de la década de los ochenta. Se requiere crear unos 30.000 empleos por año para absorber el crecimiento de la mano de obra. La tarea no está fuera de nuestro alcance, con tal que podamos crecer aun ritmo moderado. Lo más importante es que la fuerza de trabajo juvenil aumentará muy por debajo del promedio. Las transición demográfica ha hecho bajar el peso de los jóvenes en la fuerza laboral y lo hará bajar más todavía en el futuro. Eso le hará perder, paulatinamente, intensidad al desempleo juvenil. Por eso hace 15 años los jovencitos de menos de 20 años representaban el 30% de los desempleados mientras que hoy no representan sino el 18% en la ciudad.

ii. Los progresos previsibles de la educación apuntan en la misma dirección. Si la retención del aparato escolar mejora, como debe ser, los jóvenes no abandonarán los colegios antes de tiempo. No saldrán a buscar un empleo para el que no están preparados.

Vista la cosa con una mirada estratégica, la verdadera solución para el problema del desempleo juvenil en los barrios populares, no es la de crearles empleos, casi siempre mal remunerados. La solución de fondo requiere dos cosas: 1) Generar buenos empleos para sus padres (para que tengan ingresos suficientes para mandarlos al colegio). 2) Mejorar la calidad de la enseñanza que se les imparte (para que puedan perdurar en los centros educativos). Eso es lo que pasa hoy con los estratos medios altos y altos de nuestra ciudad. No existe desempleo entre los jovencitos ricos de los estratos altos (ver cuadro). No porque todos tengan trabajo. Sino porque estudian de tiempo completo y no tienen que trabajar.

b. Estrategias de mediano plazo

Sin crecimiento económico y sin generación de nuevos empleos, lo que se puede hacer es muy poco. De ello me ocuparé más adelante. Pero, aun bajo el supuesto de un crecimiento económico aceptable, los jóvenes requieren de políticas especiales. A mediano plazo son de dos tipos. La primera y la más importante tiene que ver con un buen servicio de intermediación laboral y reciclaje profesional. La segunda con la política frente a las microempresas.

i. Intermediación y reciclaje profesional.

El SENA acaba de inaugurar en Medellín su programa de intermediación laboral y reciclaje profesional. Es importante y requiere del apoyo decidido de las autoridades municipales y de los gremios de empresarios.

Se propone primero suministrar un buen servicio de intermediación que conecte las vacantes existentes con los desempleados que las buscan. Aun en épocas de crisis y destrucción de empleos se crean muchas vacantes. Todo el personal asalariado rota una vez cada 3 años en la ciudad (el 33% lleva menos de un año en su empleo): deja un puesto y busca otro. En la mitad de los casos salta de empleo a empleo y en la otra mitad pasa por un período de desocupación. Los jóvenes son los más inestables. Acortar el período de búsqueda mediante un buen servicio baja la tasa de desempleo.

En una segunda fase busca calificar a los desempleados que lo necesiten mediante cursos cortos de reciclaje laboral. Muchos no encuentran puestos porque no saben hacer nada. Es el caso de los jóvenes que abandonan el colegio con segundo o tercero de bachillerato.

ii. ¿Apoyo a las microempresas ?

Las empresas modernas crearon muy pocos puestos de trabajo. En cambio, las microempresas generaron el 64% de los nuevos empleos creados en la ciudad en el segundo quinquenio de los ochenta. No fueron microempresas creadas por jóvenes (la edad media de los microempresarios es de 40 años). Los jóvenes no tienen ahorros de trabajo y, sobretodo, carecen de experiencia en un oficio para montarlas. Por eso las microempresas diseñadas para ser dirigidas exclusivamente por jóvenes no parecen un camino adecuado, aunque siempre puede citarse algún ejemplo exitoso. Pero las microempresas generan, en cambio, muchos empleos asalariados para jóvenes.

Sin embargo, durante los períodos críticos y libradas a su propia suerte no funcionan. Con las crisis se multiplican las actividades más precarias de pura subsistencia, como la venta de frutas en los semáforos. En cambio, las microempresas potencialmente eficaces se empobrecen porque, como las grandes, tampoco tienen demanda. Bien apoyadas pueden ser, en cambio, un potente instrumento de desarrollo en el mediano y largo plazo.

Lo primero que necesitan es demanda y las compras oficiales son una fuente muy considerable. No se trata sólo de manufacturas (uniformes de trabajo para los trabajadores oficiales, suministros simples de oficina, etc.). Microempresas asociativas pueden realizar eficazmente el aseo y mantenimiento urbanos, así como lo hacen las que trabajan para el Ministerio de Obras en el mantenimiento de la red vial nacional. Por ello el Municipio de Medellín y el Departamento de Antioquia harían bien en seguir el ejemplo de la Asamblea del Valle. Se trata de la ordenanza 047 de 1988, que establece reformas al código fiscal de ese departamento en materia de procedimientos y compras de bienes y servicios provenientes de las microempresas.

En segundo lugar, necesitan aumentar su productividad. Esta no depende sólo de las economías internas a la firma sino también de las economías externas, es decir, del contexto sectorial en que están insertas. Mientras la asistencia empresarial y el crédito pueden ayudar a mejorar la tecnología interna, la incidencia en el contexto sectorial requiere otro tipo de medidas y de políticas.

Para ello, hay que crear empresas de servicios que atiendan ( en diseño, en suministro de insumos y maquinaria) a concentraciones de microempresas. Paralelamente el SENA debe orientar en tecnología y manejo empresarial no a microempresas individuales y heterogéneas sino a conjuntos especializados sectorialmente. Y, en fin y sobretodo, hay que promover la creación de comercializadoras que resuelvan el principal problema contextual que afrontan las microempresas: el de la compra de insumos y venta de productos. Esas comercializadoras pueden ser grupos asociativos o compañías especializadas. La creación de líneas especiales de crédito comercial y la puesta en marcha de fondos de garantías que respalden esas líneas, serían resortes para fomentar su creación y multiplicación.

Se puede ayudar a crear una o dos asociaciones de microempresarios y una o dos comercializadoras trabajando con ahínco por largo tiempo. Pero para que esa política tenga significado masivo se necesita más que voluntad. Se necesita un estímulo. y en este país el principal estímulo es el dinero. Hay que canalizar crédito en escala para esta tarea. El sector empresarial moderno de la ciudad debe contribuir significativamente al respecto, cambiando la actual filosofía de los llamados "balances sociales de las empresas"' cuyos Únicos rubros suelen ser apenas el número de empleos (los trabajadores de la empresa) y las prestaciones que se les deben.

c. Estrategias de corto plazo

i. Sin recuperación económica, el problema seguirá gravándose. En el contexto en que vivimos hoy, resulta muy difícil poner en

práctica políticas especiales de efecto rápido para el desempleo en general y para el juvenil en particular. La zozobra actual ha desatado un crisis económica en la ciudad que no tiene precedentes. Hasta marzo la economía iba relativamente bien. La recuperación económica (nacional y local) había permitido rebajar el desempleo del 17% en 1986 al 12.8% a fines del año pasado. Pero para junio, el crecimiento anual del empleo, calculado frente al mismo mes de año anterior, se volvió negativo: ( -7% ) según el DANE. Según esta entidad, se perdieron en el Área Metropolitana unos 36.000 empleos en el primer semestre de este año. Nunca, incluso durante los años más críticos de comienzos de los ochenta, habíamos tenido una situación así. La tasa de desempleo no subió porque cuando no hay puestos la primera reacción de la gente es dejar de buscar empleo y no queda clasificada por el DANE como desempleada. Pero si las cosas siguen como van, esa tasa pronto se va a disparar.

Por eso la prioridad es la recuperación económica de la ciudad. Esa recuperación necesita del restablecimiento de la seguridad. Para que las gentes vuelvan a demandar los bienes durables y los servicios que han dejado de comprar debido al terror y para que los empresarios, pequeños y grandes, vuelvan a producir ya invertir. La seguridad no se restablece con la rendición ante los maleantes. Se restablece ganando, ojalá rápidamente, la guerra contra el hampa. Y, para ello, no solo por razones militares (no se puede ganar una guerra con el enemigo adentro), sino para contar con un amplio apoyo ciudadano, es preciso depurar antes los cuerpos armados del Estado y revivir el aparato judicial, que está en coma.

ii. Programas especiales de intensivos en empleo.

Aun si no reemplazan la necesidad de re activar la economía, las obras de infraestructura física en las comunas populares pueden tener un efecto anticíclico, amortiguador contra el desempleo. La primera condición es que signifiquen una inyección neta de nuevos recursos. Si sólo se tratara de bautizar con un nuevo nombre inversiones ya contempladas por las diferentes entidades, su efecto sobre el empleo sería, en cambio, nulo.

Pero, si se quiere incidir específicamente sobre el desempleo juvenil, convendría dosificar adecuadamente su composición entre infraestructura física (construcciones de vías, vivienda, etc,) y programas sociales. La primera es intensiva en empleo no calificado (recuérdese que ciertas obras del metro de Medellín requirieron de la importación de trabajadores chocoanos). Los segundos requieren personal con algún grado de educación. Los jóvenes desempleados son personas con secundaria incompleta que declaran preferir empleos administrativos o comerciales y que se avienen difícilmente a tirar pico y pala. El 42% de los jóvenes desempleados de las comunas populares son mujeres. Los programas sociales (campañas educativas, sanitarias, promoción de guarderías infantiles, de actividades deportivas y culturales, etc.) generan empleos más adecuados, que los de la construcción de obras físicas, alas características sociodemográficas de la población joven desempleada.

Lamento discrepar de los que piensan que la solución principal al sicariato juvenil sea un programa especial de empleo en las comunas populares. No creo tampoco que el desempleo se solucione sin restablecer el crecimiento económico de la ciudad. Mientras eso no se logre los programas de acción social agregarán apenas una gota de agua en un vaso roto. Pero, como dijimos, está muy bien que se cambie de punto de vista con respecto al monto y distribución espacial de las inversiones sociales. Con tal de que no distraigan la atención sobre lo principal (que es el restablecimiento de la justicia y la reconstrucción del Estado) sino que, al contrario, sean la expresión de una nueva política integral, bienvenidas sean.

Medellín, julio de 1990

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18. Intervención en un foro sobre los problemas de la violencia en Medellín, organizado por las universidades de la ciudad, julio de 1990.
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