EL COMPORTAMIENTO DE LA OFERTA LABORAL y DE LA TASA DE DESEMPLEO: INDETERMINACIÓN TEÓRICA E INCERTIDUMBRE EMPÍRICA (1)
I. Introducción
Por
regla general la teoría económica se ha esforzado
siempre por ofrecer del desempleo una explicación
que tenga también un carácter estrictamente
económico (y no principalmente demográfico o
sociológico). Para ello ha echado mano del concepto
de "mercado laboral",es decir, de
la idea según la cual el trabajo, o la fuerza
de trabajo, es una mercancía -es decir, una
mercancía "como las otras"- cuyo precio
(el salario), cuya cantidad transada (el empleo)
y cuya cantidad excedente (el desempleo) son
determinados por una oferta y una demanda generadas,
de manera independiente, por factores
económicos. La demanda de brazos se ha relacionado
no sólo con los salarios (y por esta vía con
la tecnología) sino también con el nivel de
la demanda agregada y la producción. La oferta
se ha hecho, por su parte, depender funcional
mente del nivel salarial.
No
obstante este cuadro (que convierte el empleo
y los salarios en un caso particular de la teoría
del intercambio y sobre esta base construye
la explicación de la producción y la acumulación)
ha estado ensombrecido por un obstáculo fundamental:
la incertidumbre teórica sobre la respuesta
de la oferta laboral a las variaciones en los
salarios. En estas condiciones, la explicación
del comportamiento de largo plazo de la fuerza
laboral ha terminado por quedar exclusivamente
en manos de los demógrafos y sociólogos, mientras
que para su movimiento de corto y mediano plazo
sólo resta un vacío teórico. Pero el problema
es también práctico: si, como lo veremos, la
oferta laboral puede variar "erráticamente"
o si -como parece ser el caso colombiano- suele
variar al unísono con la demanda (con los puestos
de trabajo), la tasa de desempleo puede terminar
por disminuir durante las crisis y/o por aumentar
durante los auges, dejando de ser un indicador
"correcto" de la situación del mercado
laboral.
Estas
líneas pretenden ocuparse de estos temas. Primeramente
(sección 2) se examinará la indeterminación
que se deriva, para la oferta laboral, de las
explicaciones neoclásicas. En segundo lugar
(sección 3) se mostrará, con ayuda de estadísticas
colombianas, el carácter procíclico que en el
mediano plazo posee la fuerza laboral y la indeterminación
que adquiere en consecuencia la tasa de desempleo;
además se demostrará el carácter espurio que
tienen algunas explicaciones corrientes diseñadas
para dar cuenta de un fenómeno. Finalmente (sección
4) se sugerirán, a manera de conclusión, algunas
hipótesis y direcciones de investigación sobre
las que parece conveniente trabajar con el fin
de resolver los aspectos teóricos y estadísticos
del problema.
2.
La teoría neoclásica y la indeterminación
de la oferta de trabajo
La
teoría neoclásica no es la única en considerar
el trabajo como una mercancía; el mismo Marx,
tan alejado teóricamente de esa escuela, basaba
la explicación del sistema económico capitalista
en el carácter mercantil de la fuerza de trabajo
(2); sin embargo, sí es
la corriente de pensamiento que ha llevado más
al extremo la idea de que se trata de "una
mercancía como las otras" y de que el salario
es un "precio como los otros". Conviene,
por tanto, examinar las tesis neoclásicas: esclarecerán
las conclusiones extremas a que puede llevar
esta idea.
Para
el neoclasicismo la oferta agregada de trabajo
es la suma de las ofertas individuales, y estas
últimas se derivan, en el modelo más simple,
a partir del problema de la maximización de
la utilidad y bajo dos hipótesis principales:
primera, que existe una separación radical entre
el ocio-placentero y el trabajo-asalariado-displacentero;
segunda, que las decisiones son tomadas aisladamente
por cada individuo. Aunque en el curso del largo
debate que se ha suscitado al respecto, estas
dos hipótesis han sido revisadas, es saludable
comenzar con el modelo más sencillo puesto que
contiene ad ovo toda la incertidumbre
sobre la respuesta de la oferta a los salarios,
la cual se mantendrá en los modelos más refinados.
a.
Efectos ingreso y sustitución: el modelo básico
Examinemos,
con ayuda del gráfico IA.l (b ), la solución
al problema de maximización de la utilidad individual
(que depende directamente de la cantidad consumida
de bienes y del ocio disfrutado ) cuando la
restricción presupuestal viene dada por la percepción
exclusiva de ingresos salariales
(3).
Las
curvas de indiferencia ingreso-ocio están definidas
como el conjunto de combinaciones posibles de
ingreso real (o cantidad de bienes: Y) y de
ocio (o) que rinden el mismo nivel de utilidad
(Üi). Fijada la cantidad de una de estas dos
variables, el aumento de la otra lleva a una
curva de indiferencia superior (Ü1>Üo).Las
curvas son decrecientes: se aceptan reducciones
en el ingreso real sólo si el ocio aumenta (la
cantidad sacrificada de ingreso por unidad adicional
de ocio: -dy/do, se denomina tasa marginal de
sustitución). Son cóncavas hacia arriba, lo
que significa que la tasa marginal de sustitución
es decreciente (a medida que el ocio aumenta
en dosis iguales sucesivas, la cantidad de ingreso
que resulta aceptable sacrificar es cada vez
menor); y finalmente se vuelven asintóticas
a los ejes de coordenadas: no es posible vivir
sólo de ocio ni tampoco sin él.
La
restricción presupuestal (el monto de los salarios
totales devengados) está representada por la
familia de rectas que parten del punto H. La
pendiente de cada recta mide el tipo de salario
y los puntos de la misma representan los diversos
niveles de ingreso (ordenada) correspondientes
al tiempo trabajado (distancia de H hacia el
origen) 0 al ocio disfrutado (distancia del
origen hacia H). Así, si originalmente el salario
real fuerza tg, la curva HD visualiza
los niveles de ingreso y ocio al alcance económico
del individuo.
En
estas condiciones la utilidad máxima se obtendrá
donde la recta de presupuesto sea tangente a
la curva de indiferencia más alta, es decir,
donde la tasa de sustitución marginal ingreso-ocio
sea igual al salario. Si este último es a el
equilibrio estará pues en el punto A: el individuo
trabaja HTo horas, percibe un ingreso real (Yo)
y disfruta de una cantidad (OTo) de ocio; su
nivel de utilidad es Üo
Supongamos
ahora que el salario real sube de a hasta ß
: la recta de presupuesto pasa de (HD) a (HE).
El nuevo punto de equilibrio se encontrará en
el punto B, con un nivel de utilidad Ü1 mayor.
El ingreso percibido es de Y 1 (Y1 >
Yo), la oferta de trabajo es HT1 y el disfrute
de ocio OT1
Ahora
bien, como lo hacía notar ya Lionel Robbins (4), el efecto total que el alza
de los salarios tiene sobre la oferta laboral
(To TI) puede dividirse en dos componentes:
i.
Un efecto ingreso (To T2) que normalmente
es negativo (que disminuye la oferta de trabajo
): a mayores salarios mayor nivel de vida, ya
condición de que el ocio sea un bien normal
mayor será el ocio demandado y menor la
cantidad de trabajo ofrecida. El efecto puede
aislarse suponiendo que los salarios no han
variado pero el nivel de utilidad ha crecido,
es decir, desplazando paralelamente la recta
HD hasta H'D', hasta lograr que sea tangente
ala curva de indiferencia ü1 en el punto C:
la oferta laboral cae en el monto ToT2.
ii.
Un efecto de sustitución (T2T1) que es positivo
(que aumenta la oferta de trabajo): una vez
aislado el efecto que sobre el ingreso produce
un alza salarial (es decir, una vez aceptado
que el nivel de utilidad ha aumentado hasta
ü1 en el punto C), consideremos ahora el efecto
que produce el encarecimiento del costo de oportunidad
del ocio: la cantidad demandada de éste debe
caer. Si situados en el punto C sobre la curva
de indiferencia ü 1 suponemos que el salario
crece (es decir, que la recta de presupuesto
pasa de H'D'a HE), el nuevo punto de equilibrio
será B y la cantidad de trabajo ofrecida aumenta
en el monto T2T1.
El
aumento salarial genera pues dos fuerzas contrapuestas
sobre la oferta de trabajo: la primera (el efecto
ingreso) tiende a disminuirla, la segunda (
el efecto sustitución) tiende a aumentarla.
Ahora
bien, la determinación de la curva de oferta,
individual y agregada -¿ es función directa
o inversa del salario?- depende de la potencia
relativa de esas dos fuerzas. ¿Es el efecto
ingreso superior al efecto de sustitución?:
entonces el impacto neto de los mayores salarios
sobre la cantidad ofrecida de trabajo será negativo
(gráfico IA.1.b). ¿Es el efecto de sustitución
superior al efecto ingreso?: entonces el impacto
será positivo (gráfico IA.1.a). ¿Ambos efectos
se compensan exactamente?: entonces el impacto
será nulo. En estas condiciones, la forma de
la curva de oferta laboral queda indeterminada
(5). Más allá, la posibilidad
del equilibrio en el mercado laboral -y por
tanto la existencia misma de ese mercado- queda
en entredicho: si nada se opone a que la curva
de oferta tenga como la de demanda se acepta
que tiene- una inclinación negativa, nada se
opone tampoco a que la pendiente de la primera
sea igual o menor que la de la segunda, caso
en el cual el equilibrio no existe (las curvas
no se cortan o coinciden totalmente) o no es
estable (si el salario supera al de equilibrio,
es decir, si la demanda supera ala oferta, las
fuerzas del mercado lo harán subir aún más,
y viceversa para el evento en que sea inferior
al de equilibrio).
Enfrentados
a este problema, los teóricos neoclásicos se
han esforzado por revisar los supuestos más
drásticos del modelo básico en la esperanza
de encontrar elementos que apoyen la idea de
una curva de oferta positivamente orientada
en función del salario. Examinaremos a continuación
dos de las direcciones más importantes en que
se ha trabajado al respecto.
b.
Eliminación de la distinción radical ocio-trabajo
La tríada trabajo-ocio-consumo
describe mal la realidad. Primero, porque el
ocio y el consumo no se oponen sino que se complementan
(el ocio exige consumo de bienes y servicios
y el consumo exige tiempo ). Segundo, porque
no todas las actividades realizadas durante
el tiempo libre son placenteras o igualmente
placenteras (vacaciones contra transporte al
trabajo o faenas domésticas) o porque dentro
de cada una de ellas se contienen partes más
satisfactorias que otras (es mejor usar los
palos de golf que desplazarse de un hoyo a otro).
Tercero, porque el trabajo remunerado puede
poseer atractivos no pecuniarios distintos al
salario. Aunque sobre la base de estas consideraciones
los modelos de derivación de la oferta individual
de trabajo pueden sofisticarse enormemente,
asumiremos aquí, con el fin de simplificar la
exposición de los resultados, que el tiempo
total del individuo se divide en tres tipos
de usos: trabajo remunerado (que seguiremos
suponiendo íntegramente "desútil"),
el "trabajo" no remunerado (aquella
parte del tiempo libre dedicado a actividades
que no rinden utilidad) y el "ocio propiamente
tal" (placentero) (6).
y asumiremos también que el tiempo de "trabajo"
no remunerado puede reducirse recurriendo a
bienes o servicios que lo sustituyen desde el
punto de vista técnico (el tiempo de transporte
en autobús puede acortarse montando en taxi,
las faenas hogareñas pueden reducirse con los
servicios de una doméstica o comprando electrodomésticos,
el tiempo mal gastado por el golfista en caminar
entre los hoyos puede minimizarse con el uso
de un kart, etc).
El
gráfico IA2.(a) ayudará en la exposición
(7). Si no existiera el "trabajo no remunerado",
y la tasa de salarios fuera (que
es la tangente de la recta HJ), la máxima utilidad
se obtendría en el punto B de la curva Ü2, y
la oferta laboral del individuo sería HTo. Introduzcamos
ahora el trabajo no remunerado (HC) asumiendo
momentáneamente que no tiene sustitutos posibles:
en principio sustraerá tiempo a la oferta laboral.
El equilibrio se encontrará ahora en el punto
A (donde la recta de presupuesto CD, que tiene
el mismo salario, es decir, que es paralela
a la recta HD, toca a la máxima curva de utilidad,
es decir a Ü1). La cantidad de trabajo es ahora
CT1, presumiblemente menor que la anterior HTo,
según se aprecia en el Gráfico.
Pero
el trabajo no remunerado tiene sustitutos. La
curva FLMN es el costo marginal de esa sustitución
(es decir, el costo de reducir en un minuto
ese tiempo) que, como se ve, crece cuando la
sustitución tiende a ser completa: esto es,
se puede ganar un poco de tiempo de viaje hogar-trabajo
a bajos costos, pero si se pretende no viajar
en absoluto hay que cambiar de domicilio y los
costos aumentan enormemente. Resulta claro que
para el salario vigente () el individuo
llevará la sustitución hasta el punto L, donde
el costo de ganar un minuto adicional c'L sea
igual a la ganancia que reporta ese minuto (el
salario ). El trabajo no remunerado
se reduce pues de HC a HC' y la ganancia de
tiempo (CC') queda disponible para el trabajo
remunerado (o el ocio). Notemos que si el tipo
de salarios subiera de hasta ß,
el punto de equilibrio se desplazaría de La
M, para una ganancia adicional del tiempo igual
a C'C" .
Como
se ve, el argumento en el fondo es simple: las
alzas de salarios permiten al individuo pagar
( en mayor grado) por los sustitutos de los
usos penosos de su tiempo libre, permiten a
las amas de casa pagar sirvientas, guarderías
y electrodomésticos, al marido una vivienda
más cercana al lugar de labores, etc., y al
hacerlo liberan tiempo para el trabajo "productivo".
La probabilidad de que la oferta laboral responda
positivamente a los salarios parece pues aumentar.
No
obstante, la incertidumbre teórica sigue viva:
las ganancias de tiempo pueden dedicarse al
trabajo tanto como al ocio (es decir, a mejorar
la calidad del ocio). El alza salarial sigue
generando como en el modelo básico un efecto
ingreso (mayor ingreso-mayor ocio menor trabajo)
que deja en suspenso la dirección en que se
movería la curva de oferta. Esta puede aumentar,
como puede observarse en el Gráfico IA.2 (b
). : el aumento en los salarios de
hasta ß reduce el trabajo no remunerado
de HC' a HC" y el equilibrio se desplaza
de E a E', la cantidad de trabajo ofrecida pasa
de C'T a C"T'. O puede disminuir como sucede
en el Gráfico IA. 2 (c) : C'T < C"T'.
c.
La unidad familiar como oferente de trabajo
Abandonemos
la hipótesis de que la oferta de trabajo de
cada quien depende sólo de sus decisiones individuales
y tomemos en cuenta la unidad familiar. En estas
condiciones un alza unilateral de los salarios
pagados a uno de los miembros del hogar no sólo
pone en juego, para ese individuo, los tradicionales
efectos ingreso ( que es negativo sobre su oferta
de trabajo) y sustitución (que es positivo)
y el efecto de reemplazo de "trabajo no
remunerado" por bienes y servicios tecnológicamente
sustitutivos (que es positivo). Hay también
un nuevo efecto: al resultar ahora más pagadero
el trabajo de ese miembro frente al de los demás
se suscita un cambio en la estructura de la
oferta familiar: vale la pena que quien recibe
las remuneraciones más altas trabaje más. Así
los otros -y el hogar mirado como un todo- pueden
disfrutar de más ocio. El equilibrio se obtendrá
ahí donde la utilidad marginal que para la familia
tiene el ocio de su miembro mejor pagado (utilidad
marginal que ahora ha aumentado con su mayor
dedicación al trabajo), ponderada por su salario,
sea igual a la utilidad marginal que para la
familia tiene el ocio de los demás miembros
(que ahora ha disminuido), ponderada por sus
respectivos salarios. La oferta individual de
trabajo adquiriría así (a pesar del efecto ingreso)
una mayor probabilidad de responder positivamente
a los aumentos salariales (8).
Contra
este argumento se ha esgrimido la idea de que
el ocio tiene mucho de individual. La crítica
es parcialmente válida, pero no debe olvidarse
que el razonamiento de arriba no implica que
el miembro mejor remunerado se especialice exclusivamente
en el trabajo mientras que los demás se dediquen
exclusivamente al ocio. Hasta dónde se lleve
esta tendencia depende de las utilidades marginales
que para la familia tengan el ocio del uno y
de los otros.
Pero dejando de lado esta objeción,
la pregunta verdaderamente importante se refiere
a la validez de esa tesis para la oferta agregada
de la familia. Un alza general de salarios,
igual para todos los miembros, no tiene por
qué afectar las remuneraciones relativas de
los mismos, y por tanto no incide por este lado
(es decir, vía sustitución laboral intrafamiliar)
en la oferta agregada. y si las alzas salariales
son desiguales quedaría por demostrar que los
aumentos en la participación laboral de los
unos no se cancelan o, más, que compensan las
disminuciones de los otros.
La
importancia de considerar al hogar -y no al
individuo- como la unidad que toma las decisiones
en materia de oferta laboral radica, sin embargo,
en que permite analizar más de cerca el fenómeno
de la participación laboral de los miembros
secundarios (mujeres casadas, hijos e hijas
solteros) que, como se sabe, son los principales
responsables de las variaciones que experimente
la fuerza de trabajo ofrecida en el corto plazo
(9).
Consideremos
al respecto la siguiente ecuación:
Tps
= a+ bWs + cWp (10)
en
donde:
Tps:
tasa de participación laboral de los miembros
secundarios del hogar. Ws: salario de los miembros
secundarios del hogar.
Wp:
salario del miembro principal del hogar.
a,b,c:
parámetros
Sobre
(b) operan varias fuerzas distintas. Algunas
se mueven en la misma dirección que W s(+ ),
y otras en dirección opuesta ( -): el efecto
ingreso tradicional ( -), el efecto sustitución
tradicional ( + ), el efecto de sustitución
tecnológico: trabajo no remunerado contra bienes
y servicios sustitutos ( + ), y el efecto de
sustitución laboral intrafamiliar: trabajo del
miembro principal por trabajo de los mismos
secundarios ( + ). En principio el signo (b)
es indeterminado, pero en honor ala discusión
aceptaremos, como se hace convencionalmente,
que es positivo (b > o). Sobre (c) se ejerce
a su turno un efecto ingreso que es negativo
(si Wp aumenta Tps disminuye) y un efecto de
sustitución laboral intrafamiliar (negativo:
es decir inverso a Wp). El signo de c es pues
negativo. En estas condiciones, las variaciones
en los salarios (Ws y Wp) afectarán la participación
laboral de los miembros secundarios dependiendo
de los cambios relativos en Ws y Wp y de los
coeficientes (b) y (c).
Asumiendo
que las variaciones de salarios tienen un carácter
general (Ws y Wp cambian en la misma proporción),
se abre aquí un abanico de cuatro posibilidades.
1).
Suben los salarios (auge) y /b/>/c/. Entonces
la participación laboral (TPs) de los trabajadores
secundarios aumenta. Es lo que se llama la hipótesis
del "trabajador alentado".
2).
Suben los salarios (auge) y /b/</c/. Entonces
la participación laboral de los trabajadores
secundarios disminuye. Es el caso del "trabajador
excedente".
3).
Caen los salarios (crisis) y /b/>/c/. La
participación de los trabajadores secundarios
disminuye. Hipótesis del "trabajador desalentado".
4)
Caen los salarios (crisis) y /b/</c/. La
participación laboral de los miembros secundarios
de la familia crece: hipótesis del "trabajador
adicional" (11).
Se
sigue de lo anterior que, aun para los trabajadores
secundarios y sin considerar el efecto agregado
sobre la oferta familiar, el resultado teórico
del análisis sigue siendo incierto. Nada puede
decirse a priori sobre la dirección en
que variará la oferta laboral ante los cambios
en el salario.
d.
Conclusiones parciales
La
teoría neoclásica de la oferta laboral contiene
ad ovo, desde el modelo más simple, una
incertidumbre teórica que los modelos más refinados
no logran disipar: la cantidad ofrecida de trabajo
puede responder positiva o negativamente a las
variaciones en los salarios.
Este
"pecado original" pone en cuestión
la existencia misma de un "mercado laboral"
y por lo tanto las tesis básicas neoclásicas
sobre la determinación del empleo y los salarios:
si la curva de oferta, como la de demanda, puede
tener una pendiente negativa, la existencia
de un equilibrio estable en el mercado laboral
sería una pura causalidad porque dependería
de los valores relativos de las elasticidades
de ambas funciones (12).
Podría
contra argumentarse que ésta es apenas una posibilidad
teórica y que la prueba de si la oferta tiene
o no pendiente negativa en su totalidad o en
algunos de sus tramos y de si su elasticidad
al salario es mayor o no a la de la curva de
demanda corresponde a los hechos, es decir,
a la econometría. En una palabra, podría alegarse
que "la prueba del pudín está en comérselo".
Sea. Pero a este respecto podrían hacerse dos
observaciones. En cuanto a la teoría, lo menos
que puede subrayarse es su debilidad. ¿Para
que una larga disquisición si lo único a concluir
es que el salario puede incidir positivamente
sobre la oferta (si las fuerzas a favor priman)
o incidir negativamente (si las fuerzas en contra
priman) o no incidir (si las fuerzas a favor
o en contra se compensan)? y en cuanto a los
hechos: ellos muestran mas bien, como lo veremos
a continuación, que al menos para el caso de
economías de alto desempleo la oferta, más que
depender del salario, se mueve al compás que
le marca la demanda y por tanto la independencia
gen ética de la oferta y la demanda de trabajo
no es más que una ilusión.
3.
El comportamiento incierto de la oferta laboral
y
de la tasa de desempleo en el corto y
en el mediano plazo: el caso de Colombia
En
el largo plazo, la magnitud y los cambios de
la fuerza laboral parecen ser relativamente
fáciles de predecir, con tal que puedan ligarse
exclusivamente a factores de tipo demográfico
y sociológico. La demografía determina la evolución
de la población total y el porcentaje de la
población mayor de doce años y por tanto la
población en edad de trabajar, además de la
composición de esta última por edades, sexo,
ubicación geográfica, etc. La sociología determina,
entre otras cosas, para cada grupo estudiado
las tasas de escolaridad y nupcialidad. Asumiendo
que las tasas específicas de participación laboral
( de tal grupo etario, tal sexo, tal estado
civil, tal condición escolar, tal sitio) son
estables en el tiempo, es posible estimar el
comportamiento de la tasa global de participación
( o proporción de la oferta laboral en la población
en edad de trabajar) (13).
No
es objeto de este escrito el discutir la exactitud
que este en foque genera en las predicciones
de largo plazo (14).
En todo caso resulta indudable la influencia
estratégica de los factores demográficos y sociológicos
sobre la oferta laboral.
Pero
en el corto y aun en el mediano plazo (es decir,
durante el ciclo económico), las variaciones
de la tasa de participación se independizan
de su base demográfica y sociológica y vuelven
incierta la magnitud de la fuerza laboral. Ilustraremos
este aserto para el caso colombiano.
La
evidencia estadística de que se dispone para
Colombia (referente a las cuatro principales
ciudades del país: Bogotá, Medellín, Cali y
Barranquilla) sugiere una estrecha correlación
entre el comportamiento de la oferta y de la
demanda de trabajo.
Definamos
ambas variables como porcentajes de la población
en edad de trabajar con el fin de evitar los
sesgos debidos a las estimaciones poblacionales.
Entonces el paralelismo entre ambas para el
caso de las ciudades (ver gráfico IA.3) de Bogotá,
Medellín, Cali y Barranquilla, tomadas de una
manera consolidada, resulta absolutamente claro
no sólo a mediano plazo (fases de auge y de
receso de varios años) sino también para los
datos trimestrales de corto plazo. El ciclo
de la oferta -tasa de variación frente al mismo
trimestre del año anterior está dictado por
el ciclo de la demanda (ver gráficos IA.3 ay
b). Más aún, ésta parece ser una ley que no
admite excepciones regionales, puesto que para
cada ciudad tomada aisladamente la oferta y
la demanda de trabajo se mueven siempre en la
misma dirección (gráfico IA.4) (15).
En
suma: todo esto ocurre como si los auges de
la actividad económica que hacen crecer los
puestos disponibles hicieran brotar también,
desde la población inactiva, los brazos necesarios
y los recesos redujeran no sólo la oferta de
puestos sino también los demandantes para los
mismos.
Este
fenómeno ha generado dos ilusiones, la una de
tipo estadístico y la otra de tipo teórico.
Ilusión
estadística, porque el movimiento de igual dirección
en la oferta y la demanda hace indeterminado
el comportamiento de la tasa de desempleo. Aunque
las variaciones de la oferta y la demanda tienen
el mismo sentido, no siempre son de la misma
magnitud relativa (la elasticidad de respuesta
no es fija). La tasa de desempleo puede, vgr.,
crecer en una fase de auge si la oferta crece
más que la demanda. O puede disminuir durante
la recesión si la oferta cae más que la demanda.
Es decir, en ambos casos puede moverse de manera
procíclica con la actividad económica. Pero
puede también comportarse de manera inversa
al ciclo (si la demanda crece más o cae más,
según el caso, que la oferta). Así, pues, la
tasa de desempleo no es un indicador insesgado
del ciclo económico ni de la "verdadera
situación" del " mercado laboral".
Una
simple ojeada a la experiencia colombiana 1976-1984
bastará para comprobarlo (ver gráficos IA. 3
(c yd.): durante el período de auge, 1976-1979,
la tasa de desempleo para el agregado de las
cuatro principales ciudades varió de manera
anticíclica, decreciendo a medida que el coeficiente
de empleo (número de ocupados respecto en edad
laboral) ascendía progresivamente. En 1980 la
tasa de desempleo se elevó a pesar de que el
coeficiente de empleo alcanzó sus mayores marcas
históricas. Este comportamiento procíclico se
repitió durante los años críticos de 1981 y
1982, cuando a pesar de que el empleo languidecía,
la tasa de desempleo se redujo y se situó en
los menores niveles de todo el período. Sólo
volvería acrecer en 1983 para reflejar ahora
sí, y con un retraso de dos años, la gravedad
de la situación. Pero seguiría creciendo -batiendo
marcas tradicionales- a pesar de la recuperación
que experimentó el coeficiente de empleo (y
la economía en general) afines de 1983 y comienzos
de 1984.
La
segunda ilusión generada es de tipo teórico.
Porque para dar cuenta de estas "perturbaciones"
en la tasa de participación, de las cuales los
trabajadores secundarios de los hogares y sobre
todo las mujeres parecen ser los principales
responsables (16),
se ha diseñado, 0 mejor, se ha tomado prestada
de la teoría neoclásica de la oferta laboral,
una explicación espuria que en realidad nada
explica. A ella habíamos aludido ya antes (véase
sección 11.3). Pero vale la pena examinar su
enunciación para un caso como el colombiano.
La
teoría en cuestión prevé cuatro casos posibles
(17): a) El caso del "trabajador
alentado" (si la oferta de brazos aumenta
más que la demanda, durante el auge, y por lo
tanto la tasa de desempleo crece). b) El caso
del "trabajador excedente" (si la
oferta cae, o aumenta menos, cuando la demanda
sube en el auge y por tanto el desempleo disminuye).
c) El caso del "trabajador desalentado"
(si la oferta cae más que la demanda y el desempleo
se reduce durante la recesión). d) El caso del
"trabajador adicional" (si la oferta
cae menos, o sube, ante una contracción de la
demanda en la recesión, y el desempleo se agrava).
Este
cuarteto teórico brota, en principio, de la
combinación del ciclo económico -auge 0 receso-,
con los dos casos previstos por la teoría neoclásica
de la oferta laboral: respuesta positiva o negativa
al alza salarial. El razonamiento implícito
es el siguiente: el auge y el receso operarían
en primer lugar sobre la curva de demanda de
trabajo desplazándola positiva o negativamente
según el caso, y por lo tanto, dada la curva
de oferta, sobre el tipo de salarios, haciéndolo
subir o bajar. La cantidad ofrecida aumentaría
o disminuiría dependiendo de la importancia
relativa de las fuerzas que la jalonan en direcciones
contrapuestas (efectos ingreso y sustitución
frente al propio salario, efecto ingreso frente
al salario de los demás miembros del hogar,
efecto de sustitución tecnológica frente a bienes
y servicios capaces de reemplazar el trabajo
doméstico, de sustitución laboral intrafamiliar,
etc.).
Aplicado
al caso de una economía con tasas positivas
y elevadas de desempleo, el argumento resulta
sin embargo circular y contradictorio. ¿ Cómo
suponer ala vez que la tasa de desempleo es
considerable y positiva y que los salarios se
fijan por la interacción de la oferta y demanda
de trabajo? ¿Cómo sostener ala vez en el caso
del "trabajador alentado" que los
salarios están subiendo (cuando el desempleo
cae debido a la presión de la demanda) y que
la tasa de desempleo está subiendo (debido a
la excesiva reacción de la cantidad ofrecida)?
¿Cómo sostener para el caso del "trabajador
desalentado" que los salarios están cayendo
(porque el desempleo sube por la debilidad de
la demanda) y que la tasa de desempleo está
disminuyendo (por la reducción excesiva de la
cantidad ofrecida)? En estas condiciones, y
sobre todo para el caso de economías con alto
desempleo estructural, pareciera más pertinente
aceptar, ala manera keynesiana, que el salario
está determinado, no por el libre juego de la
oferta y la demanda, sino por factores exógenos,
en gran parte extraeconómicos, de tipo social
y aun político.
Pero
aun dejando de lado estas inquietudes, lo que
aquí interesa resaltar es que esta matriz "teórica"
permite aparentemente explicar lo que ocurrió,
situándolo en uno de los cuatro casos posibles,
pero no permite anticipar lo que ocurrirá: "cualquier
cosa puede suceder", y por lo tanto no
es en realidad una verdadera explicación teórica.
4.
Conclusiones
Uno
de los puntales tradicionales de la teoría económica
ha sido la idea del "mercado laboral".
En él, la oferta y la demanda de trabajo, determinadas
de manera independiente por diversos factores
económicos (entre los cuales está el salario),
permitirían fijar ala vez el nivel de empleo
y la remuneración del trabajo. Esta idea: "la
fuerza de trabajo es una mercancía " ,
no es exclusiva del neoclasicismo, aunque esta
escuela la haya llevado más al extremo ("el
trabajo es una mercancía como las otras")
con la pretensión de mostrar que si el empleo
y el tipo de salarios son un caso particular
de la teoría del cambio, entonces toda la teoría
económica, incluyendo la de la producción y
la de acumulación, podrían cimentarse sobre
esa base.
No
obstante, este proyecto teórico posee, entre
otros, este Talón de Aquiles: la existencia
de un equilibrio en el mercado laboral y por
tanto la existencia misma de ese mercado quedan
puestas en entredicho por la indeterminación
teórica de la forma de la curva de oferta. Esta
última podría responder positivamente al salario
si el efecto de sustitución primara sobre el
efecto ingreso, o podría responder negativamente
al mismo en el caso contrario. En este último
evento nada aseguraría la posibilidad de un
equilibrio estable en ese mercado (las curvas
podrían no cortarse para valores significativos
de las variables o podrían confundirse en todos
sus puntos). Como lo hemos mostrado, la eliminación
de las hipótesis más extremas sobre las que
reposa en, el modelo más simple, la deducción
de este resultado, no elimina la incertidumbre
teórica ("puede que sí, puede que no"
) sino que la mantiene.
Así
pues, y en primer lugar, incertidumbre teórica.
Pero el problema se redobla también con una
incertidumbre práctica: a pesar de la influencia
indudable de los factores demográficos y sociológicos
sobre la oferta laboral en el largo plazo y,
como parece probarlo la experiencia colombiana
reciente, la oferta y la demanda de trabajo
se mueven, en el mediano y aun en el corto plazo,
de manera relativamente paralela. La oferta
parece depender en sus movimientos no tanto
del salario como del comportamiento mismo de
la demanda. Ello hace indeterminados los cambios
en la tasa de desempleo, que puede subir o bajar
dependiendo de cuál de ambas variables suba
o caiga más. La tasa de desempleo deja de ser
en estas condiciones un buen indicador no sólo
del ciclo económico sino de las condiciones
del mercado laboral (vgr., el número de personas
ocupadas por familia puede aumentar y a la vez
la tasa de desempleo crecer).
Frente
a este doble impasse, a 1a vez estadístico
y teórico, los estudiosos del problema (no sólo
en Colombia sino en otras economías en desarrollo)
tienen frente a sí un reto que también es doble:
primero, el de la construcción de un indicador
laboral que sea insesgado frente al ciclo económico
y que refleje la "verdadera " situación
laboral de la economía; segundo, el de la construcción
de una teoría que permita no sólo una más clara
aprehensión de los problemas de empleo y desempleo
en las economías en desarrollo sino también
una mejor previsión en el mediano y en el corto
plazo.
En
cuanto al primer punto, los analistas colombianos
están recogiendo ya la propuesta de Programa
Regional de Empleo para América Latina y el
Caribe (PREALC) de la Organización Internacional
del Trabajo (OIT) (18) de medir los logros laborales de la economía
no sólo por los valores de la tasa de desempleo
sino también mediante los coeficientes de empleo
alcanzados con respecto ala población en edad
de trabajar o a la población total
(19). y sólo falta convencer al Departamento Administrativo
Nacional de Estadísticas (DANE) para que publique
corrientemente estos indicadores junto con otros
(como el de ingresos reales por familia) que
suministren una mejor idea del grado de bienestar
de la población (20).
En
cuanto al segundo punto, dada la alta correlación
que presentan la oferta y la demanda de trabajo
durante el ciclo económico y aun en sus variaciones
trimestrales, parece imprescindible elaborar
una teoría que rompa con el marco analítico
tradicional que concibe a ambas como fenómenos
independientes. Todo ocurre como si la expansión
económica no sólo generara nuevos puestos de
trabajo sino que ala vez hiciera brotar desde
la población inactiva los recursos humanos necesarios
para llenarlos y aun en exceso. y como si la
contracción de la actividad no sólo destruyera
empleo sino también fuerza de trabajo en tanto
que mercancía ofrecida en el mercado. Quizá
fuera preciso para dar cuenta de las "perturbaciones"
que esa imbricación demanda-oferta produce en
el "mercado laboral" dejar de pensar
la fuerza de trabajo como si fuera "una
mercancía como las otras" y más allá, dejar
de concebirla pura y simplemente como mercancía.
No es éste un terreno absolutamente virgen.
Por el contrario, ya Keynes había sugerido que
el salario -esa pieza maestra de toda la teoría
económica- no es, en tanto que tal, una variable
económica (es decir, no se fija por el juego
de la oferta y la demanda de trabajo) sino que
está regido por determinantes exógenos de tipo
social y aun político...
Medellín,
enero de 1985
1. Artículo publicado
en Lecturas de Economía, No 16, enero/abril
de 1985.
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2."Metodológicamente
el procedimiento teórico de Marx se apoya en
la noción de mercancía particular... dos
[son] las tentativas sucesivas y complementarias
que Marx realiza en El Capital para construir
esas mercancías particulares que son la .fuerza
de trabajo (numeral 3 del capítulo VI del
Tomo I) y el capital ficticio (sección
V del Tomo III). Benetti, Carlo y Cartelier,
lean. "El capital como mer;cancía, una
contradicción de la economía política".
Lecturas de Economía, No 14. Medellín,
mayo -agosto de 1984. p. 42.
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3. Véase al respecto:
Perlman, Richard, Labor Theory. Nueva
York, lohn Wiley & Sons Inc., 1969. Cap.
I.
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4. Robbins, Lionel.
"On the Elasticity of Demand for Income
in Terms of Effort". Económica. Vol.
X. Junio de 1930.
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5. Corrientemente
se asume que la curva de oferta comienza siendo
creciente ante los salarios y que luego cambia
de pendiente. Véase por ejemplo: Marshall, Alfred.
Principies of Economics. Nueva York,
Macmillan, 1948. 8a. ed.p. 528 [Edición en español:
Principios de Economía. Madrid, Ediciones
Aguilar, 1962] y Friedman, Milton. Price
Theory. Chicago, Aldine, 1962. p. 204 [Edición
en espa;ñol: Teoría de los precios. Madrid,
Alianza Editorial, 1972]. O se acepta, alterna;tivamente,
para ser más prácticos, que puede cambiar de
pendiente repetidas veces; véase: Perlman, Richard.
Op. cit. pp. 13-ss.
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6. Becker, Gary
"A theory of Allocation of Time".
Economic Journal. Septiembre de 1975
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7. Se trata de
una variación del utilizado por Perlman, Richard.
Op. Cit
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8. Mincer, Jacob.
"Labor Force Participation of Married
Women: a Study of Labor Supply". En:
National Bureau of Economic Research. Aspects
of Labor Economics. Princenton University
Press, 1962.
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9. Ibid.
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10. Tomado de
1o11, Carolinr, McKenna, Chris; McNabb, Robert
y Shorey, John: Developments in Labor Market
Analysis. Londres, George Allen & Unwin
Publishers, 1983. p. 37.
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11. W.S. Wotinsky
en su trabajo Additional Workers and the
Volumen of Unemployment (Nueva York, Society
Research Council, 1940) creyó hallar eviden;cia
a favor de la hipótesis del " trabajador
adicional" (término acuñado por él), durante
recesiones severas, como la de Estados Unidos
en la década de 1930. Un punto de vista opuesto
fue sostenido por C.C. Long, The Labor Force
Under Changing /ncome and Employment, Princeton,
National Bureau Economic Research. 1958, y por
W. Lee Hansen, "The Cyclical Sensitivity
of the Labor Supply". The American Economic
Review. Vol. I, No.3. junio de 1961. Según
estos últimos autores, la hipótesis del "trabajador
adicional" tiende a ser contrarrestada
por la del "trabajador desalentado"
durante los recesos. Posteriores estudios en
los Esta;dos Unidos apoyan más bien la idea
del comportamiento procíclico de la oferta laboral.
A este respecto véase un sumario de la literatura
sobre el tema en Mincer, Jacob. "Labor
Force Participation and Unemployment: a Review
of Recent Evidence". En: Gordon, Robert
y Margaret S. (Eds). Prosperity and Unemployment.
Nueva York, Wiley, 1966. pp. 73-112. La
experiencia inglesa parece apoyar también la
idea de que la oferta laboral crece con el auge
y se comprime en la recesión. Véase: Hunter,
Laurence C. "Cyclical Variations in
the Labor Supply: British Experience. /95/
-/960". Oxford Economic Papers. Vol.
15. Julio de 1963. pp. 140-153.
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12. Si 0 =AW
a y D= BWb (o: oferta laboral;D demanda, W:
tipo de salarios; a y b: elasticidades de oferta
y demanda frente al salario; A,B, parámetros
A,B, a,b> o), entonces la condición de equilibrio
estable en el mercado laboral esa 0>0. Si
? = ? las curvas no se cortan (para el caso
A? B) o se cortan en todos sus puntos (para
el caso A = E. Si las curvas pueden
cortarse, el punto de intersección no es estable
y una variación cualquiera de los salarios alejaría
cada vez más la situación del punto de equilibrio.
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13. Esta causalidad
demográfica-sociológica es la base de las proyecciones
ela;boradas por el Servicio Nacional de Aprendizaje
(SENA) para Colombia: "La ofer;ta de trabajo
aparece, en general, determinada de manera importante
por la estruc;tura demográfica de la población;
si a ésta se agrega el comportamiento de la
participación laboral, se tiene determinada
totalmente la oferta de trabajo. El com;portamiento
de la participación laboral resulta bastante
definido para ciertos grupos, y, aún cuando
menos definido, todavía bastante estable para
los demás gru;pos, de manera que, al establecer
este comportamiento para adicionarlo a la infor;mación
demográfica, se puede tener una buena descripción
de la fuerza de trabajo. Así, la caracterización
por sexo y asistencia escolar facilita esta
descripción y el tratamiento de acuerdo con
niveles educativos permite especificarla. Si
se tiene en cuenta que la población en edad
activa es principalmente mayor de doce años,
se puede obtener la estructura en 1985, a partir
de la población en 1973, de la evolución del
sistema educativo, de los flujos migratorios
y de la mortalidad, con resultados bastante
precisos". Colombia, Ministerio de Trabajo
y Seguridad Social de Colombia -SENA. Sistema
de planeación de recursos humanos. Bogotá,
1978. p. 58. Subrayado nuestro.
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14. En particular,
la hipótesis usual de estabilidad de las tasas
específicas de participación (para tal grupo
etario, tal sexo, tal nivel educativo, tal sitio,
etc. etc.) observadas en el año base, puede
generar graves distorsiones en la previsión.
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15. Ello contradice
la idea sugerida por Martha Luz Henao y Oliva
Sierra de que "para el caso de Barranquilla
no es válida la tesis de que la tasa de participa;ción
global está estructuralmente ligada con la evolución
del empleo. Henao, Martha Luz y Sierra, Oliva.
Empleo, desempleo y dinámica regional. Medellín,
Universi;dad de Antioquia -Centro de Investigaciones
Económica (CIE), 1984. pp. 42 -ss.
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16. Para el
caso colombiano, "La población que entra
y sale del mercado de trabajo atraída o rechazada
por las expectativas de encontrar o no empleo
está compuesta básicamente por mujeres",
Ibid. p. 39.
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17. Gallego,
Humberto. "Problemas de interpretación
de la.s estadísticas de empleo: aspectos conceptuales
sobre la medición de las tasas de desempleo"
(DANE). Boletín Mensual de Estadística.
No.372. Bogotá, Julio de 1982. pp. 88-s.
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18. PREALC denomina
tasa de ocupación a lo que hemos llamado "el
coeficiente de empleo" ( empleo sobre población
en edad de trabajar). " En tiempos en que
la tasa global de participación está cambiando
significativamente, la tasa de ocupación es
un indicador mejor de la situación de la ocupación
que la tasa de desempleo abierto". Mezzera,
Jaime. " Medición del empleo urbano
". Santiago de Chile, OIT -PREALC.
Mec.
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19. La Fundación
para la Educación Superior y el Desarrollo (FEDESARROLLO)
introdujo esos indicadores en sus análisis coyunturales
desde 1984. Véase: "Análisis y perspectivas
de la Economía Colombiana", Coyuntura Económica.
Vol. XIV, No.2 y No.3. Bogotá, abril-junio
y julios septiembre de 1984.
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20. El
coeficiente de empleo ( ocupados sobre población
en edad activa) da una medida -insesgada ante
los cambios en la oferta laboral- de la capacidad
alcanzada por la economía para ofrecer empleo
a la población que tiene edad para ello. Pero
es apenas una medida parcial del bienestar de
la población. Un aumento de ese coeficiente
no significa necesariamente que el ingreso familiar
real haya aumentado (la remuneración per cápita
puede haber caído más proporcionalmente ). De
ahí la necesidad de la información sobre ingresos.
De otro lado, la tasa de desempleo -tal como
se calcula convencionalmente- suministra con
todo una información distinta a la del coeficiente
de empleo y que debe interpretarse correctamente:
si, como suele ocurrir, ambas variables aumentan
paralelamente, ello significa que aunque los
ocupados y en principio el ingreso real por
familia están aumentando y su situación económica
mejora, de otro lado el porcentaje de personas
que se sienten desconectadas de la vida productiva
(las que carecen de empleo sobre las que quieren
participar) ha también crecido, con las secuelas
de "frustración'" y '"malestar
social" que de ahí se siguen.
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