El giro de la política agropecuaria
José Antonio Ocampo, Santiago Perry

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INTRODUCCIÓN

 

     En los últimos meses ha salido a la luz pública en Colombia una profusa literatura sobre el sector agropecuario. Tal vez en ninguna otra época de la historia reciente del país una cantidad semejante de libros, artículos, comentarios de prensa y foros se habían propuesto tratar los más variados y diversos tópicos del devenir sectorial. 1.       Numerosos puntos de vista se han expuesto sobre el escenario internacional, la apertura y el agro, la evolución del sector en lo que va corrido del actual decenio, su relación con la política macroeconómica, su competitividad y su grado de desarrollo tecnológico, etc. Y no era para menos, puesto que las considerables transformaciones que se han registrado en el entorno y la situación que las actividades agropecuarias han afrontado justifican tal preocupación por el tema. El sustancial cambio en el modelo de desarrollo que había prevalecido en el país por décadas, la culminación de las negociaciones de la prolongada y ambiciosa Ronda Uruguay del GATT, la profunda crisis que afrontó el sector a principios de los noventas, el surgimiento de nuevos paradigmas de desarrollo tecnológico, son motivos que debían generar discusiones y reflexiones sobre el pasado, el presente y el futuro de agro colombiano, como en efecto hicieron. <>

     La necesidad de analizar en profundidad lo sucedido se hizo más evidente cuando se constató que el sector más afectado con el cambio de modelo de desarrollo fue el agropecuario, lo que dejó perplejos a quienes auguraban que este iba a ser el más beneficiado con tal modificación por cuanto ella iba a corregir el sesgo antiagrario del anterior modelo e iba a favorecer a los renglones con ventajas comparativas para exportar, muchos de los cuales se presumía que formaban parte del sector. La sorpresa fue aún mayor cuando se conoció, a veces un tanto tarde, que una situación similar había afrontado, o estaba afrontando, el agro de otros países latinoamericanos, incluido el de naciones con innegables ventajas, como Argentina y Brasil, y el de países que habían liderado la adopción del nuevo modelo de desarrollo, tales como Chile.

     Los magros resultados de la negociación agrícola de la Ronda Uruguay, previsibles cuando se había analizado con detenimiento el tema 2 , y en el consecuente mantenimiento de las distorsiones en los mercados internacionales de estos bienes, hicieron aún más urgente el análisis de la peculiar situación del agro. El hecho de que la agricultura se hubiera constituido por varios años en el obstáculo para la concresión de un acuerdo de liberalización del comercio mundial contribuyó a avivar el debate, y a que se presentaran unas crecientes conciencia y conocimiento sobre la características particulares de sus mercados y sobre el tratamiento que el sector recibe en los distintos países, en especial en los industrializados.

    Seguramente hoy ya nadie duda que la agricultura requiere de una consideración especial en cualquier proceso de liberación comercial, ni nadie cree que la sola puesta en marcha de una estrategia de apertura hace florecer, como por milagro, la producción agropecuaria. 3 Un trato preferencial y una política sectorial son indispensables para que ella se acople al nuevo modelo. Empero, no puede ser la vieja política sectorial la que se ponga otra vez en práctica. Hay que diseñar una nueva política, con instrumentos y prioridades remozadas, que contribuya al buen desempeño agrícola. A este objetivo deben enfocarse los esfuerzos y los debates de los interesados en el tema.

A él se orientó la labor del equipo directivo del Ministerio de Agricultura en 1993 y 1994. Este período fue particularmente fructífero, tanto en devolverle a la política agropecuaria instrumentos de acción como en desarrollar una política de desarrollo campesino integral. Ambas líneas de trabajo implicaron no sólo el rescate de viejas herramientas sino, ante todo, el desarrollo de nuevos instrumentos de política (la nueva reforma agraria, el incentivo a la capitalización rural, los subsidios a la adecuación de tierras diseñados en la reglamentación de la ley respectiva, entre muchos otros) y la readecuación o puesta en marcha de reformas introducidas en los años anteriores (el rediseño de las franjas de precios y la negociación de las franjas andinas, el arranque del programa de vivienda rural y la puesta en marcha de la reforma del nuevo sistema de investigación agropecuaria, por ejemplo). Gracias a este esfuerzo, el sector agropecuario cuenta hoy con instrumentos de política modernos y eficaces, que se han venido consolidando bajo la Administración Samper, como elementos de un nuevo esfuerzo por rescatar y darle un nuevo impulso al agro colombiano. Aunque, dada la intensidad de la crisis, los considerables desajustes que enfrentaba el sector al inicio de la apertura económica y las dificultades asociadas al entorno internacional, el proceso de recuperación ha sido más lento de lo previsto, el sector enfrenta ya una coyuntura muy diferente a aquella que atravesaba a comienzos de 1993 y, ante todo, cuenta con un sólido compromiso gubernamental de consolidar su recuperación y desarrollo. Más que una memoria, este escrito es, por lo tanto, análisis de la gestación de la nueva política agropecuaria colombiana. Está dividido en nueve capítulos. El primero plantea unas breves reflexiones iniciales sobre la agricultura en un contexto de internacionalización de la economía. El siguiente hace una somera descripción de la situación que enfrentaba el sector a principios de 1993, tanto desde la óptica económica, como de la social. En el tercero se esbozan las razones que llevaron al establecimiento de la política sectorial y los objetivos que se aspiraba alcanzar con su puesta en práctica. Los capítulos cuarto a octavo presentan un recuento crítico de las líneas de acción de la política diseñada: el plan de reactivación, el de desarrollo campesino, el de biodiversidad y medio ambiente, el de modernización y descentralización del sector público agropecuario, e incluyen lo relativo a la estrategia de negociaciones internacionales. El noveno resume la política implantada en los inicios del gobierno Samper y presenta unas cuantas reflexiones sobre el futuro del agro colombiano.

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1. Dentro del cúmulo de libros publicados vale la pena mencionar los tres tomos conmemorativos de los ochenta años del Ministerio de Agricultura (1994a, 1994b y 1994c» las Memorias del Foro Nacional Agropecuario (Ministerio de Agricultura, 1994d), los estudios colectivos recopilados por Moscardi (1994) y González y Jaramillo (1994) y la obra de Jaramillo (1994), fuera de los numerosos artículos aparecidos en la revista del Departamento Nacional de Planeación, la SAC, CEGA, FEDESARROLLO, en las publicaciones del Ministerio de Agricultura y los informes sobre el tema elaborados por el Banco Mundial (1994a y 1994b).(Regresar)

2. Sobre las previsiones relativas a los magros resultados de la Ronda Uruguay en agricultura, ver Perry (1990 y 1994a) y Ocampo (1992).(Regresar)

3. Sobre este tema, ver Guterman (1994), Jaramillo (1994), Moscardi (1994) y Ocampo. (1994).(Regresar)

 

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