El giro de la política agropecuaria
José Antonio Ocampo y Santiago Perry

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Capítulo 6

POLÍTICA PARA EL CAMPESINADO: EL PLAN DE DESARROLLO RURAL

        La persistencia de las inequidades y de la pobreza en las áreas rurales del país, la ampliación de la brecha de ingresos por habitante entre las ciudades y el campo, la condición de marginamiento que aún ostentan numerosas zonas y moradores rurales, exigían la formulación de una política específica para los habitantes pobres del agro colombiano, que contribuyera a aliviar el impacto que la crisis había tenido sobre su nivel de vida y a superar los obstáculos que les impedían convertirse en productores modernos y mejorar su calidad de vida. No bastaba con los resultados positivos que la política de reactivación debería tener sobre el conjunto de productores del agro. Por eso, se diseñó y se puso en marcha el Plan de Desarrollo Rural Campesino, con el que se otorgaba, con base en una concepción holística de su desarrollo, un tratamiento preferencial a este sector de la población 1 . Este plan buscaba dar respuesta al objetivo de equidad que la política contempló desde el inició de su formulación.

    Con el fin de combatir el impacto que la crisis había tenido sobre los productores pobres del campo y de facilitar su tránsito al modelo de internacionalización de la economía, se diseñaron los programas de generación de empleo y de modernización y diversificación de cultivos. Por otra parte, para propiciar el mejoramiento de su calidad de vida y su desarrollo productivo, se implantaron programas y políticas tendientes a facilitar su acceso a los recursos productivos, a la infraestructura y a los servicios sociales y públicos, de los cuales tradicionalmente no han dispuesto en la cantidad y calidad necesarias. No obstante, la puesta en práctica de todos ellos contó con una modificación sustancial en la concepción que había guiado a las actividades de desarrollo rural: los campesinos y las comunidades rurales, de sujetos pasivos de la acción y de la política gubernamentales, debían pasar a convertirse en los protagonistas y orientadores de sus propios procesos de desarrollo. Esta filosofía, básica en todo el plan, implicó la adopción de cambios sustanciales en la manera de adelantar los proyectos y de aplicar las diversas herramientas de política, así como de modificaciones importantes en la estructura institucional del sector público agropecuario, tal y como se ilustra en la descripción de los diferentes programas que se hace a continuación.

LA NUEVA CONCEPCIÓN Y LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD PARA EL DESARROLLO RURAL

      La atención preferencial que se quería otorgar a los campesinos en un plan coherente e integral, basado en una nueva concepción sobre su rol protagónico en el desarrollo rural, partía del convencimiento de que sin ella no sería posible solucionar los problemas sociales del agro. La simple inclusión del campesinado en las diversas herramientas de política sectorial, o el establecimiento de algunos programas específicos para ellos, no había dado, hasta el momento, el resultado esperado. La acción paternalista del Estado, en la cual unos funcionarios bien intencionados definían desde sus despachos lo que requerían los campesinos de las diversas comarcas del país, tampoco había resuelto los problemas que aquejan a este sector de la población. Como cualquier sociedad, la sociedad rural colombiana debía tomar en sus manos su propio destino si quería lograr su desarrollo, pues no es posible imponer desde afuera el desarrollo de una comunidad. El gobierno debía facilitarlo, poniendo a su alcance todas las herramientas que requieren para su avance y otorgándoles un nivel de interlocución apropiado.

    Este último aspecto era crítico, por cuanto no existía una instancia gubernamental con el nivel requerido para poder coordinar los diferentes programas y las diversas entidades oficiales que tienen que ver con la atención al campesinado. Para crearla, el Ministerio aprovechó las facultades extraordinarias que la Ley Agraria concedió al Presidente de la República para modificar la estructura interna de la entidad y conformó el Viceministerio de Desarrollo Rural, al cual adscribió tres direcciones generales y una oficina especial 2 . Las tres primeras deberían encargar-se de propender por el desarrollo social, productivo y empresarial de los campesinos, respectivamente, y la última debía coordinar y encauzar las acciones que el Ministerio venía adelantando con el fin de que la mujer rural tuviera un tratamiento adecuado, no discriminatorio, en todas las políticas y actividades de las entidades del sector, y que ellas contemplaran sus características particulares, en lo que se conoce como la planificación con perspectiva de género. Más aún, para reflejar el énfasis que se le otorgaba al desarrollo campesino y de las comunidades rurales, se modificó el nombre del propio Ministerio, que pasó a denominarse Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

     A la creación del viceministerio se sumó la del Consejo Nacional de Desarrollo Rural y Reforma Agraria, efectuada por la Ley de Reforma Agraria, instancia en la cual, bajo la presidencia de Ministro, participan todas las entidades que tienen que ver con el desarrollo rural, tanto las que están adscritas como las que no lo están. Este Consejo debe facilitar al Ministerio, y a su nuevo viceministerio, coordinar el conjunto de la acción del Estado orientada al sector campesino, de manera que se le pueda dar una atención integral y coherente.

Las anteriores no fueron las únicas innovaciones institucionales que se efectuaron para hacer operativa la nueva política de desarrollo rural. La Ley Agraria estableció, igualmente, la obligación para los municipios de crear Consejos Municipales de Desarrollo Rural, en los cuales se debe discutir y priorizar los proyectos de inversión locales en las zonas rurales y, en especial, los que se van a presentar al sistema nacional de cofinanciación. Dichos Consejos deben tener presencia mayoritaria de los representantes de las comunidades campesinas, de manera que su conformación refleje la filosofía relativa al rol protagónico de ellas. De igual manera, la citada ley autorizó al Fondo DRI a cofinanciar programas de desarrollo rural directamente con las organizaciones campesinas o con las comunidades rurales organizadas, con lo que se incrementó su papel activo y decisorio en esta materia y se hizo posible el apoyo gubernamental a ellas, así las autoridades municipales no cumplan con su deber de cofinanciar tales programas 3 .

Finalmente, en la transformación del HIMAT en el Instituto Nacional de Adecuación de Tierras, INAT 4 , se conformó una subdirección con funciones y responsabilidades en el trabajo con la comunidad, la cual debe propender porque los proyectos de adecuación de tierras, en especial los de pequeña irrigación, sean concertados con las comunidades rurales, desde su fase de identificación hasta su culminación. En las demás entidades, y en todo el quehacer institucional del sector público agropecuario, se propugno porque esta nueva concepción se impusiera, y porque los funcionarios oficiales promovieran un papel activo en las comunidades rurales y modificaran su rol al de asesores, facilitadores y colaboradores de ellas.

ATENCIÓN A SECTORES EN CRISIS

La política de desarrollo rural contempló un componente coyuntural que, como se mencionó, buscaba atender a los pequeños productores y a los pobladores pobres del campo más afectados por la crisis y por el cambio en el modelo de desarrollo. Dentro de las diversas acciones que se adelantaron en este frente, vale la pena destacar los programas de generación de empleo y de modernización y diversificación de cultivos, los cuales constaban de paquetes comprensivos de atención a sectores específicos, previamente determinados.

El programa de generación de empleo

Una de las manifestaciones más claras, y de las consecuencias más graves, de la crisis que afectó al sector a principios de los noventas, fue la reducción del empleo y los ingresos rurales en varias zonas de la geografía agraria nacional. Desde los primeros documentos que planteaban la nueva estrategia de política, el apoyo a los afectados por este fenómeno se consideró fundamental. En su procura se formuló el programa de emergencia de generación de empleo, el cual, tras identificar los municipios con mayor incidencia de este problema, concertó con las comunidades afectadas la financiación de proyectos intensivos en el uso de mano de obra y que, preferiblemente, tuvieran un impacto en el buen desempeño futuro del sector agropecuario o en el mejoramiento de la calidad de vida en las áreas rurales.

Los cultivos más golpeados por la crisis de 1991-1993 fueron el algodón, el arroz, el tabaco, el sorgo y el café de zonas marginales —este último afectado por la caída de las cotizaciones internacionales y por la irrupción de la broca—, cuya superficie cultivada se contrajo, en conjunto, en cerca de 300.000 hectáreas, lo que, se estima, ocasionó la pérdida de cerca de 100.000 empleos permanentes. En consecuencia, los principales municipios que cultivaban dichos productos, y en los cuales un chequeo realizado por el Ministerio constató el problema de desempleo, fueron las áreas seleccionadas para la ejecución del programa. Cerca de un centenar de municipios de la Costa Atlántica, el piedemonte llanero y la región andina se focalizaron como beneficiarios del programa.

Los proyectos preferidos, por cumplir con las condiciones arriba esbozadas, fueron los de construcción y mejoramiento de vías, construcción y ampliación de acueductos veredales, reforestación de cuencas degradadas, comercialización y agroindustria rural, pequeña irrigación, piscicultura, mejoramiento de la vivienda rural y manejo integrado de la broca. Un equipo de profesionales de alto nivel fueron contratados para que concertaran con las comunidades y con la autoridades territoriales los proyectos a ejecutar, dentro de la constante de darle a las primeras mayor protagonismo en el manejo de los asuntos públicos que les competen. El manejo de los recursos fue asignado al Fondo DRI. Para el arranque del programa, en 1993, se asignaron $900 millones y para 1994 $5.800 millones del Presupuesto Nacional, montos a los cuales se adicionaba la suma cofinanciada por los municipios. El nuevo gobierno incrementó estos últimos a $8.800 millones. Todos ellos fueron ejecutados y permitieron, conjuntamente con los dineros aportados por otras fuentes, realizar obras por un valor cercano a los $16.000 millones en los dos años mencionados, las cuales generaron un millón y medio de jornales, aproximadamente.

El esfuerzo mencionado, al igual que otros que llevó a cabo el Ministerio, como el que se describe en el siguiente aparte, ayudaron a mitigar los efectos negativos de la crisis sobre los pobladores más pobres del campo, y constituyeron una novedad, puesto que en el país no se contaba con experiencias, ni mucho menos con instrumentos, que permitieran al Gobierno Nacional acudir con presteza en ayuda de tales moradores en coyunturas como la que se vivió 5 .

  El programa de modernización y diversificación de cultivos

      Varios productos cultivados por campesinos e indígenas venían atravesando una crisis profunda, la cual, en algunos de ellos, se agravó con el cambio del modelo de desarrollo. Es el caso del trigo y la cebada, los cuales afrontaban, de antaño, una difícil situación, pues la tecnología utilizada en la mayoría de los cultivos determinaba que los rendimientos fueran muy bajos y, en ocasiones, la calidad del producto dejara mucho que desear. Con rendimientos tan magros no era posible que los agricultores obtuvieran una remuneración que les permitiera vivir dignamente, así los precios internos hubieran sido, en algunas oportunidades, relativamente altos. La tecnología y las variedades desarrolladas en los últimos años por el ICA y por CORPOICA podrían permitir a algunos cultivadores mejorar su productividad y su nivel de vida. Otros no lo podían hacer, porque la calidad de su tierra era mala y para ella no servían las variedades mencionadas, y porque no contaban con agua para defenderse en caso de sequía. La situación descrita empeoró desde principios de la década del noventa, pues el desmonte de los precios de sustentación, y su sustitución por los mínimos de garantía, cuyo monto permaneció estancado en los últimos semestres, deterioró la remuneración recibida por los labriegos, en especial la de aquellos que producían volúmenes modestos. Adicionalmente, la industria cervecera colombiana comenzó a disminuir las cantidades que compraba de cebada, dada su preferencia por la cebada importada.

       Los productores de fique, por su parte, nunca han obtenido ingresos aceptables pues las cantidades que produce cada familia son insuficientes. Además de la poca tierra que poseen, generalmente de deficiente calidad, las tecnologías de producción del fique y, en especial, las de desfibrado, son muy primitivas, lo que hace que su productividad sea muy baja. Desde hace algunos años se ha venido investigando cómo mejorar dichas técnicas; sin embargo la demanda por fique ha comenzado a disminuir, tanto por el aumento de la demanda de empaques de fibras plásticas como por el mercadeo a granel. Aunque se han buscado usos alternativos para el fique (fabricación de papel, cordelería, etc.), y el auge de la ecología puede llevar a una sustitución creciente de los sacos de polipropileno por los de la fibra, aún no se prevé que estos hechos puedan frenar la caída de la demanda que está ocasionando el aumento del mercadeo a granel. Para empeorar las cosas, amplias zonas fiqueras están afectadas por una grave enfermedad: la macana.

       El cultivo del tabaco negro se ha realizado, secularmente, en pequeñas parcelas, utilizando métodos rudimentarios de laboreo y de secado de la hoja. La escasa producción familiar ha hecho imposible el mejoramiento de la situación de vida de los productores. En los últimos años, además, han disminuido las compras de tabaco negro, tanto para el mercado interno como para la exportación, debido a que cada vez se consumen menos cigarrillos y cigarros fabricados con su hoja. En efecto, fuera de que las campañas en contra de estos productos han llevado a una disminución de los fumadores, quienes siguen haciéndolo prefieren cada vez más el tabaco rubio. Adicionalmente, en Colombia el contrabando ha reducido el mercado de los cigarrillos nacionales, por los elevados impuestos que éstos deben pagar, lo que ha disminuido aún más la demanda de tabaco negro.

       Para esos cultivos, y para sus regiones productoras, el Ministerio formuló el programa de modernización y diversificación de cultivos, con el que se proponía tecnificarlos u ofrecer alternativas productivas más rentables. Se aspiraba, así, a superar los obstáculos que han impedido a los campesinos e indígenas de esas zonas mejorar su producción y su nivel de vida. No obstante, estos programas tropezaron con una serie de dificultades: la calidad y la cantidad de tierra que posee cada familia limita, en la mayoría de los casos, cualquier cambio o cualquier mejoría; la escasez de agua dificulta la adopción de cultivos más intensivos y rentables; y el predominio del minifundio no hace viable programas de adquisición de más tierra para cada familia en las actuales zonas productoras. Se requiere, por lo tanto, el diseño y ejecución de planes integrales de desarrollo, basados en soluciones innovativas y no convencionales, que ataquen cada uno de los limitantes identificados para hacer competitiva la producción y para mejorar la calidad de vida de estos moradores del campo.

       El programa cubrió más de ochenta municipios en los departamentos de Nariño, Cauca, Boyacá, Cundinamarca, Santander, Huila, Tolima, Sucre y Bolívar. Cerca de 100.000 familias, que sembraban unas 126.000 hectáreas, constituían su población objetivo. Con ella, y con las autoridades locales, el Ministerio debatió y concertó los proyectos a ejecutar, que conformaban los planes integrales mencionados. Para financiarlos se apropiaron, en 1994, $1.490 millones del Presupuesto Nacional, a los que se sumaron más de $3.200 millones provenientes de los convenios de modernización y diversificación firmados con las industrias harinera y cervecera.

       El nuevo gobierno incorporó a la yuca a este programa. El tubérculo es probablemente el principal cultivo de la economía campesina en la Costa Atlántica, y desde hace años se ha venido trabajando en el montaje de pequeñas plantas de secado con el fin de restarle perecibilidad y, mejorar así, la capacidad de negociación y los precios de venta de los campesinos que la siembran. No obstante, subsistían algunas dificultades, ya que se estaban sembrando variedades que, aunque de buena calidad para consumo humano, se estaban destinando a la industria de alimentos para animales, la cual puede trabajar con calidades diferentes de tubérculos que dan mayor rendimiento por hectárea. La industria había recurrido a importar alguna yuca de Tailandia, cuyos precios eran bajos y cuya utilización como calorías para los alimentos balanceados ha crecido considerablemente. Desde principios de 1994 el Ministerio intervino con el objeto de promover un acuerdo entre industriales y agricultores para el mejoramiento del producto, para promover la siembra de las variedades más productivas y para garantizar la absorción de las cosechas.

       Pero fue definitivamente la nueva administración la que le dio un impulso decisivo al programa de modernización del cultivo de la yuca, al apropiar recursos por $500 millones en 1994 y formular un programa a cuatro años con un costo total de $4.700 millones, gracias al cual se aspira a incrementar los rendimientos, promover la siembra de variedades adecuadas al uso que se les vaya a dar, fomentar su procesamiento primario y aprovechar las significativas y diversas oportunidades para su utilización industrial, todo lo cual debe redundar en el mejoramiento de la situación de vida de los campesinos costeños.

MAYOR ACCESO A LOS RECURSOS PRODUCTIVOS, A LOS SERVICIOS Y A LA INFRAESTRUCTURA

        La población pobre del agro ha carecido desde tiempos inmemoriables de acceso a los recursos productivos, a la infraestructura de apoyo y a los servicios sociales y públicos, razón que ha determinado su incapacidad para convertirse en productores dinámicos y modernos y de ostentar una satisfactoria calidad de vida. Mayoritariamente se localiza en terrenos poco fértiles, que hacen parte de microclimas ‘deficitarios en agua, o en regiones aisladas, donde la presencia del Estado, sí la ha habido, ha sido débil y, en muchas ocasiones, de poca ayuda y nada amable. La superación de estas carencias seculares fue objetivo central del plan de desarrollo rural. Para su puesta en marcha se crearon nuevos programas, se fortalecieron algunos en curso y se modificaron varias herramientas de política, de ,modo que se hicieran compatibles con la preeminencia otorgada a la iniciativa y a la participación decisoria de las comunidades.

  Cambio sustancial en la reforma agraria: la Ley 160 de 1994

     Parte fundamental de la política de desarrollo rural que nos ocupa fue la expedición de una nueva ley de reforma agraria, que modificó los procedimientos en la materia, de acuerdo con la nueva filosofía y las nuevas prioridades. Dentro de los numerosos cambios que tal ley efectuó, dos son dignos de resaltar. En primer lugar, se estableció un procedimiento para la acción reformista que otorga la iniciativa a los campesinos interesados en adquirir una parcela. En segundo término, la ley estableció la obligación de incorporar en los anteproyectos de Presupuesto Nacional partidas suficientes para culminar el programa redistribuyo en dieciséis años y para garantizar que las entidades que hacen parte del sistema de reforma agraria, que ella misma crea, puedan cumplir adecuadamente sus funciones y prestar los servicios complementarios.

       En relación con el primer aspecto, vale la pena destacar que el nuevo procedimiento establecido permite que los campesinos seleccionen el predio que desean adquirir e inicien un proceso de negociación directa y voluntaria con el propietario para comprarlo. El INCORA debe asesorarlos a todo lo largo del proceso y otorgar un subsidio para la transacción, equivalente al 70% del valor de la Unidad Agrícola Familiar (UAF) en la región. Para financiar el 30% restante podrán conseguir un préstamo, el cual se otorgará a la tasa de interés más favorable del mercado. El Instituto deberá, igualmente, promover la constitución de inmobiliarias rurales que contribuyan a facilitar la puesta en marcha de este mecanismo y que coadyuven a dinamizar el mercado de tierras.

       El procedimiento explicado presenta varias ventajas. Otorga la iniciativa a los campesinos, tanto en la selección del predio, como en la iniciación del proceso de adquisición, de manera que ellos ya no tendrán que esperar a que el Instituto comience acciones en la zona y los escoja para ser adjudicatarios de la reforma. Elimina la intermediación estatal en la selección de predios y de usuarios y en la negociación de los predios, lo que contribuye a agilizar las transacciones y a eliminar potenciales focos de corrupción. Establece un subsidio directo para los beneficiarios del programa redistributivo, con lo que lo hace más claro y transparente 6 . Propicia la negociación voluntaria y directa, con lo que se combate el elemento de conflicto que ha estado asociado con esta política, aspecto vital en un país agobiado por la violencia.

       No obstante, la ley mantiene una vía especial para la intervención del INCORA cuando no exista acuerdo entre propietarios y campesinos, y conserva la facultad de efectuar procesos de expropiación por vía judicial y, cuando se reglamente la norma constitucional correspondiente, por la vía administrativa. Empero, privilegia la negociación voluntaria entre los campesinos y los propietarios, incluso en las formas de pago estipuladas, por cuanto en este caso el valor del predio se cancela la mitad en bonos agrarios y la mitad en efectivo, mientras en los procesos de negociación entre el Instituto y los propietarios se paga el 60% en bonos y el resto en efectivo yen los de expropiación la totalidad en bonos.

       Otros aspectos de la ley que vale la pena resaltar son los relativos al ordenamiento de la colonización, a la creación de las “zonas de reserva campesina” y a la concertación con las comunidades. En torno a la colonización, la ley estableció normas tendientes a impedir el acaparamiento de ‘los baldíos nacionales, a evitar su explotación en contra de la vocación del suelo o de actividades destructoras de los recursos naturales, y a reservar determinadas zonas para la colonización campesina y otras para el desarrollo agropecuario empresarial. En estos dos últimos casos, la determinación de unas u otras zonas se hace depender de las características agroecológicas de los baldíos y de las socio- económicas de la región en la cual se hallan ubicados. Solamente en las de desarrollo empresarial, cuyo objetivo sea un aprovechamiento económico sustentable, plenamente demostrable, se pueden titular superficies superiores a una Unidad Agrícola Familiar. De esta manera, se aspiraba, con la ley, a que la colonización y la adjudicación de baldíos se efectué de manera ordenada, con propósitos redistributivos y con fines productivos que concuerden con la vocación de sus suelos y que consulte las necesidades del desarrollo regional y de las comunidades rurales.

       La creación de “zonas de reserva campesina” es otra de las grandes innovaciones de la Ley. Estas zonas podrán ser delimitadas en cualquier región donde se lleve a cabo la“reforma agraria, con el propósito de evitar la concentración ulterior de la propiedad. En particular, la norma establece que la Junta Directiva del INCORA podrá establecer los tamaños máximos de las propiedades que se podrán poseer en dichas zonas. Esta figura fue sugerida inicialmente para evitar el proceso de concentración de la propiedad en zonas de colonización, que ha tenido históricamente unos efectos sociales y ecológicos desafortunados, ya que han obligado a los colonos pobres a continuar tumbando el monte y, tras realizar un cultivo civilizador, sembrar pastos que terminan engrosando las propiedades ganaderas 7 . Sin embargo, su propósito va más allá del ordenamiento de la colonización. Permite, en particular, controlar la concentración de la propiedad en zonas de alto conflicto social donde se lleven a cabo procesos de reforma agraria.

       Por otra parte, la ley creó los Comités Departamentales de Desarrollo Rural y Reforma Agraria, dependientes de los Consejos Seccionales de Desarrollo Agropecuario, como instancias de concertación de las autoridades territoriales, las entidades nacionales y las comunidades y organizaciones campesinas. Con ellos se completan los escenarios de participación comunitaria para el desarrollo rural en la órbita territorial, puesto que la Ley Agraria ya había creado los Consejos Municipales para tal efecto. La Ley 160, precisó, además, las funciones y las atribuciones de estos últimos, y les asignó responsabilidades en materia de reforma agraria en las localidades donde ella se esté adelantando. De esta manera, a las comunidades rurales no sólo se les otorgó iniciativa y protagonismo en la ejecución de la política reformista, sino que se les dieron atribuciones en materia de planificación en el orden territorial.

El programa de pequeña irrigación

      Una de las principales restricciones que han enfrentado los campesinos para mejorar su economía, además de la escasez de tierra y de su mala calidad, ha sido la deficiente dotación de agua de sus parcelas o, en algunas regiones, su indefección frente a las inundaciones periódicas. La falta de agua limita las alternativas productivas, determina menores rendimientos y ocasiona numerosos daños y pérdidas en las cosechas. Para superar esta carencia, se había diseñad o y puesto en marcha, desde la segunda mitad de los ochentas, un programa de pequeña irrigación, el cual había afrontado dos dificultades: el fatigoso cumplimiento de los requisitos para la elegibilidad de los proyectos y la casi nula concertación de los mismos con la comunidad.

    El crédito que se había firmado en enero de 1990 con el ‘Banco Mundial para financiar el programa de pequeña irrigación (BIRF 3113-co) establecía condiciones de difícil cumplimiento para que un proyecto pudiera optar por los fondos. Por esta razón, muy poco del préstamo se había ejecutado y el programa andaba a paso lento. El Ministerio decidió, entonces, emprender su renegociación, la cual se concretó favorablemente. En efecto, la condición de que los pequeños usuarios tenían que pagar en efectivo y por anticipado el 20% del costo del proyecto, imposible de cumplir para ellos, se modificó por la de contribuir con el 10% de ‘dicho costo en mano de obra y pagar otro 10% en un plazo de tres años. La otra condición de difícil cumplimiento —la de garantizar que los usuarios contaran con asistencia técnica— se mantuvo, por su fundamental importancia para el buen suceso futuro de los proyectos; el HIMAT (INAT) estableció, entonces, un convenio con el Fondo DRI que permitiera asegurar tal asistencia. De esta manera, se sentaron las bases para desempantanar el programa de pequeña irrigación y para poder fortalecer la acción de dotar con riego a los campesinos.

       Por su parte, los proyectos de pequeña irrigación habían sido formulados por los funcionarios públicos sin contar con la aquiescencia de la comunidad. Por eso, en innumerables ocasiones, una vez construidos, la infraestructura era subutilizada, o totalmente desaprovechada. Las ventajas del riego eran desconocidas por los beneficiarios y la disposición a cambiar de cultivos era baja. Para empeorar las cosas, con frecuencia el Instituto no continuaba asesorándolos y apoyándolos cuando terminaban las obras. Como correctivo a estos tropiezos, la Ley de Adecuación de Tierras (Ley 41 de 1993) y sus decretos reglamentarios establecieron la participación obligatoria de los beneficiarios en todas las fases de los proyectos, el interés de la comunidad como uno de los criterios de priorización y el requisito de que a los usuarios se les prestara asistencia técnica después de culminadas las obras. Además, en la transformación del HIMAT en INAT se creó una subdirección encargada de trabajar con la comunidad y de darle la asistencia técnica requerida.

       El programa de pequeña irrigación no se consideró como la única solución para dotar de agua a los campesinos. Igualmente importante era su vinculación a los proyectos de riego medianos y grandes. Por eso, tanto la mencionada ley como la citada reestructuración tendieron a modificar el énfasis en pequeña irrigación por la atención al pequeño productor, fuera cual fuere el tamaño de los proyectos. La ley estableció un subsidio del 50% a los pequeños productores y la reglamentación posterior de los mecanismos de recuperación de inversiones establecieron también subsidios diferenciales en favor de pequeños y medianos productores 8 . La reorganización unificó la subdirección técnica del INAT, para que se encargara de todo tipo de proyectos, grandes y pequeños.

       Por otra parte, en diversos programas para el campesinado impulsados por el Ministerio, tales como el de modernización y diversificación de cultivos, se promovieron soluciones sencillas y económicas para que los campesinos pudieran almacenar agua en sus parcelas, de manera que puedan defenderse en las épocas de verano. Fue así como en varias zonas secularmente deficientes en agua, en especial de Santander y Boyacá, se ejecutaron programas de construcción de reservorios en las fincas de los campesinos, los cuales constituyeron el primer alivio con que estos labriegos han contado frente a la sequía que desde siempre les ha limitado sus posibilidades de tecnificación y de diversificación.

       En todo caso, las acciones señaladas constituyeron tan solo un escalón en la labor de propiciar el acceso al agua de ‘los campesinos. La mayoría de ellos aún no cuenta con este insumo esencial. En muchos casos las regiones donde habitan son bastante secas. En ellas, se requieren soluciones innovativas, que permitan recolectar y aprovechar la poca agua disponible, las cuales, seguramente, deben combinarse con la utilización de variedades y cultivos resistentes a la sequía y con labores de reforestación de las respectivas cuencas. En tal sentido, el camino por recorrer es todavía muy largo y se requieren aún esfuerzos considerables y persistentes para superar este escollo.

La asistencia técnica descentralizada y participativa

      La prestación de un adecuado servicio de asistencia técnica a los pequeños productores es fundamental para incentivar su mejoramiento productivo y su transformación en agricultores modernos y exitosos. Como se señaló en el capítulo cuarto, desde fines del pasado decenio se introdujeron modificaciones sustanciales en la organización institucional, de la asistencia técnica, con el traslado de esta función a los municipios y la creación del sistema nacional de transferencia tecnológica que los apoya. Este sistema estableció la obligación que tenían todos ellos de constituir Unidades Municipales de Asistencia Técnica Agropecuaria (UMATA), o de contratar con una entidad especializada su constitución y la prestación del servicio, las cuales deberían proveer este insumo fundamental a los pequeños productores de la respectiva localidad. Sin embargo, el proceso de constitución de las UMATA se había estancado, por lo cual muchos municipios no contaban con este instrumento de apoyo a los pequeños productores ni acceso al sistema de cofinanciación para apoyar su funcionamiento.

       Con el fin de solucionar las falencias mencionadas, el Ministerio promovió activamente la creación de las UMATA, amplió los recursos de cofinanciación del DRI para apoyarlas, culminó la formulación del Programa Nacional de Transferencia de Tecnología Agropecuaria PRONATTA, y la negociación del crédito para financiarlo con el Banco Mundial. De esta manera, se amplió la cobertura de las UMATA de 570 a 980 municipios y se sentaron las bases(para apoyar en forma estable este esquema de asistencia técnica descentralizada. Adicionalmente, la Ley Agraria aportó dos elementos fundamentales para contribuir al adecuado funcionamiento del sistema. Por una parte, permitió asegurar la prestación de la asistencia técnica, ya que en aquellos casos en los que los municipios no asuman la obligación de crear la UMATA, los beneficiarios de la asistencia podrán organizar y contratar el servicio con gremios o entidades privadas, y tendrán derecho a la cofinanciación del Fondo DRI. Por otro lado, la ley previó la creación de la Comisión Municipal de Tecnología y Asistencia Técnica Agropecuaria, dependiente del Consejo Municipal de Desarrollo Rural, en la cual tendrán representación mayoritaria los usuarios del servicio y contarán con vocería los gremios de profesionales del agro, y cuyas funciones son, entre otras, las de velar por el adecuado funcionamiento de la UMATA, orientar la distribución de los recursos y determinar las zonas y los productos que requieran atención prioritaria. Estableció, además, que la vinculación del personal, cuando la UMATA haga parte de la estructura administrativa del municipio, se debe hacer con sujeción a las normas y procedimientos de la carrera administrativa, con lo que se propende por su conformación técnica y por la estabilidad de los funcionarios.

        Las disposiciones explicadas tienden a otorgar una mayor iniciativa y un mayor control a los campesinos beneficiarios sobre la prestación del servicio municipal de asistencia técnica. Les da herramientas para exigir, y conseguir, su prestación, independizándola de la voluntad de los gobernantes locales. Les permite combatir la utilización de la UMATA con criterios políticos y clientelistas, y propicia una mayor estabilidad de los asistentes técnicos, problema que en algunas regiones era una de las mayores trabas para que ellas funcionaran adecuadamente. Les hace posible, igualmente, orientar la acción de los extensionistas hacia los sitios y las actividades que se consideren prioritarias para el desarrollo rural del municipio. Por su parte, la presencia de los gremios de profesionales del agro debe contribuir a una labor más técnica de dichas unidades. En síntesis, con estas normas se facilita que los usuarios de la asistencia técnica, así como los profesionales del agro, tengan una participación decisoria en la dirección y orientación de este servicio.

Mayor acceso de los campesinos al crédito

      A las actividades e iniciativas desplegadas por la cartera de agricultura con miras a sanear financieramente y a modernizar a la Caja Agraria, tradicional banco de los campesinos, y a reestructurar y refinanciar los préstamos de los agricultores vencidos, en especial de los pequeños, reseñadas en el capítulo cuarto, se sumaron otras labores que también tenían como objetivo central facilitar el acceso al crédito a estos productores. La principal fue la relacionada con el despegue y el fortalecimiento del Fondo Agropecuario de Garantías (FAG). Este organismo, creado en 1993, había tenido un arranque lento y complicado, en buena medida debido a que los requisitos para obtener sus servicios eran de difícil cumplimiento para los campesinos y, en parte, también, en razón al poco interés mostrado por los intermediarios financieros y a la incipiente campaña de divulgación sobre su operación.

      

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1. Los principales elementos de esta política quedaron delineados en el Documento CONPES respectivo. Vero Ocampo (1993b), Cap. III. (Regresar)

2. En el proyecto de ley de reforma agraria, del que se habla más adelante, el Ministerio había incluido unas facultades similares con el objeto de crear dicho viceministerio. Sin embargo, como la Ley Agraria hizo un tránsito más rápido, se utilizaron las facultades que se habían solicitado en ella con el mismo fin.(Regresar)

3. Como la cofinanciación debe hacerse con las entidades territoriales, podía presentarse el caso de comunidades que no tenían acceso a ningún tipo de cofinanciación nacional, ni de recursos públicos, porque las autoridades locales no querían apoyar sus iniciativas.(Regresar)

4. Como resultado de la creación del Ministerio del Medio Ambiente, el Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierras, HIMAT, se transformó en el Instituto Nacional de Adecuación de Tierras, INAT, y cedió las funciones en materia de hidrología y meteorología, a las cuales hace alusión su antiguo nombre, a un nuevo Instituto que se constituyó, dependiente de dicho Ministerio, con funciones de investigaciones e información en variables ambientales (el IDEAM).(Regresar)

5. Sorprende, en consecuencia, la afirmación de personas supuestamente bien informadas respecto a que "reducir el efecto de la crisis sobre la población rural más pobre" no había parte de los objetivos centrales de la acción del Ministerio, ni que las medidas tomadas fueron adecuadas para tal fin. Ver el prólogo de Armando Montenegro en González y Jaramillo (1994).(Regresar)

6. En el mecanismo anterior el subsidio estaba incorporado en la tasa de interés del crédito que se le daba al beneficiario para la compra de tierra.(Regresar)

7. Este es uno de los temas centrales de los trabajos de Alfredo Molano, quien contribuyó decisivamente a la gestación de esta nueva figura legal.(Regresar)

8.Ver, al respecto, el capitulo cuarto de esta obra.(Regresar)

 

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