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PETICION DE ALONSO
TURRILLO
El capitán Alonso
Turrillo de Yebra dice que, habiendo representado a Vuestra Majestad las provincias del
Nuevo Reino de Granada y Cartagena el daño que trae consigo el uso de platas corriente y
oro en polvo con que en ellas se comercia, por no haber moneda, mandó que, para
consumirlo, se fundase una casa en Santa Fe, donde se labrase moneda para el uso y
comercio. Y porque el gasto que había de causar esta fundación era mucho, no pareció
hacerlo sin seguridad de que el fruto de la dicha casa lo podría sanear. Y así se trató
de darla por asiento, el cual se tomó con él, capitulando que hiciese a su costa la
dicha casa y fabricase herramienta y llevase oficiales, dándole en trueque el señorío
de ella por quince años, y que en ella labrase cuatrocientos y veinte mil ducados de
moneda de vellón rico para el comercio de las provincias, en lugar de la plata corriente
y oro en polvo que se mandó consumir. Y efectuado el dicho contrato, fue a ponerlo en
ejecución con la justa seguridad que tuvo en la Real palabra de Vuestra Majestad que le
dio para su cumplimiento. Y llegado a las Indias, fabricó en Cartagena una oficina y en
Santa Fe dio principio a la casa principal. Y queriendo fabricar la dicha moneda de
vellón rico, pareciendo a las dichas provincias que era moneda muy vil, aunque tiene más
de la mitad de plata (1) y clamando la Audiencia y el
gobernador de Cartagena, se le embarazó la ejecución. Y habiendo enviado a dar cuenta a
Vuestra Majestad de la inobediencia de sus Reales órdenes, mandó con graves penas que
sin embargo se ejecutase. Y ni esto bastó, porque, perseverando en su rebeldía, el
gobernador de Cartagena replicó, no dándole lugar a la ejecución. Con que le fue
forzoso, habiendo gastado más de treinta mil ducados, desamparar la prevención que
tenía hecha [y] dejando su mujer e hijos en las Indias, venir a esta Corte. Y
habiendo dado cuenta a Vuestra Majestad y pedido satisfacción de los daños que se le
habían causado, se le reservó su derecho a salvo contra el dicho gobernador y
condenándole por su inobediencia en mil (sic.) ducados y [se] mandó
que fuese un oidor a la ejecución.
Y estando esto en este
estado, vino un procurador general de parte de las dichas provincias a hacer nueva
réplica. Y volviéndose a ver la materia, mandó Vuestra Majestad que se enriqueciese la
dicha moneda, moderando los dichos 420.000 ducados en solo 60.000. Y conocido el daño que
de esto se le siguió, pues cesaba el derecho que se le había dejado contra el dicho
gobernador, por ser la nueva resolución en aprobación de su rebeldía, y que asimismo se
le quita el aprovechamiento que había de tener de los 420.000 ducados, que es la
principal parte con que ha de hacer el gasto de la dicha fundación, mandó Vuestra
Majestad, como siempre esperó de su cristiandad y grandeza, que se hiciese la cuenta y
diese satisfacción de todo. Y para que esto se hiciese sobre cantidad conocida, se mandó
que los contadores Simón Vásquez y Tomás de Aguilar hiciesen la cuenta. Y esta la han
confundido y hecho con tan grande yerro, que si no esperaba la debida satisfacción,
hiciera dejación del asiento. Y esto fuera forzado de la necesidad, porque claro se deja
entender, que si se le quita el aprovechamiento con que ha de costear la fundación de la
casa, dejándole las obligaciones en su lugar, que no podrá cumplir con ellas.
Siendo la labor de
moneda de cuartillos por asiento, tiene mucha facilidad la cuenta que se pretende. Porque
supuesto que él se obligó, entre otras cosas, a labrar los 420.000 ducados, poniendo a
su costa todo lo necesario, con cargo de dar a Vuestra Majestad de cada 135.000 ducados,
35.000, claro se deja entender que, sacados estos y la costa, lo que quedare es su
aprovechamiento. Y en cuanto sea esto, está conocido, pues lo está la cantidad de cobre,
plata y manufactura que lleva. Y cuando esto no fuera tan evidente, aún era dificultoso
el errar los dichos contadores la cuenta, como la erraron, porque el contador Simón
Vásquez tiene en su poder la que se hizo por parte del Consejo de Hacienda para averiguar
la ganancia que se le seguía de esta moneda al dicho capitán. Y supuesto que la que se
hizo entonces para censurar, es la misma que se debe hacer para darle satisfacción (2),
bien pudieran haber servido de índice para no
reducir más de 40.000 ducados, que le tocan de aprovechamiento, a solos 150.000
maravedies, como parece por su cuenta.
Habiendo, como queda
dicho, reservándole su derecho a salvo contra el gobernador de Cartagena del daño y
menoscabo que ha tenido, siendo este uno de los que se mandan justificar y satisfacer, se
remitió a los dichos contadores para que lo ajustasen. Y debiéndolo hacer así, se
apartaron del modo, diciendo que no se le debe dar satisfacción de este daño, porque
pudo excusar la venida a España, enviado los papeles; en cuyo parecer se conoce que no
consideraron que este viaje no lo hiciera sin muy grande causa, y que el Consejo, a quien
solo toca aprobar o condenar su venida, si la hubiera tenido por excusada, no hubiera
reservádole su derecho a salvo contra el gobernador de Cartagena, ni mandádole pagar los
daños, porque fuera a hacer sin justicia al dicho gobernador.
Este asiento lo tomó
fiado en la ganancia que había de tener en un ingenio que inventó para labrar los
420.000 ducados de cuartillos. Y con la moderación de la dicha moneda, cuando no lo
embarazare el mandarse hacer más gruesa, no podía usar de él, porque con el
aprovechamiento que había de tener en 420.000 ducados, podía fabricar el dicho ingenio y
le quedaba ganancia, pero no con los 60.000 ducados, por ser poco. Y habiendo de tener con
el uso de este ingenio la tercia parte de aprovechamiento de los derechos del braceaje,
por quitársele, pidió también satisfacción. Y remitiéndose a los dichos contadores,
tampoco les parece que se le debe dar, siendo así verdad que de su respuesta se deduce lo
contrario. Y porque él está de partida para Sevilla a prevenir la gente y pertrechos que
le faltan y no lo puede hacer sin que se tome con él esta resolución, suplica a Vuestra
Majestad mande, pues es conocido el yerro de la cuenta que han hecho los dichos contadores
Simón Vásquez y Tomás de Aguilar, que otros dos contadores de los que asisten en el
Consejo de Hacienda, con dos del de los de Indias, se juntan y hagan esta cuenta, para que
se le dé la debida satisfacción y él pueda cumplir con lo que está obligado.
Y averiguada la dicha
cuenta, ofrece un medio con que se le pueda dar satisfacción, sin que sea a costa de la
Real hacienda, ni dc cosa que le toque ahora ni en ningún tiempo.
(Firma) Alonso
Turrillo de Yebra.
Alonso
Turrillo de Yebra.