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CARTA DEL TRIBUNAL DEL SANTO OFICIO AL REY

Señor:

Once años ha que venimos a esta ciudad por mandado de Vuestra Majestad a la fundación de este tribunal nuevo del Santo Oficio. En este tiempo habemos experimentado grande menoscabo en su plaza: los vecinos están cada día más pobres y el comercio muy acabado, y cuando se esperaba algún resuello en todo, por la mejoría de los tiempos, se teme justamente su total ruina y destrucción con la labor de la moneda nueva de vellón, que Vuestra Real Audiencia de Santafé manda so graves penas se labre luego en este lugar en cantidad de sesenta mil ducados.

Porque, Señor, esta tierra es sumamente estéril e infructuosa; todo lo necesario le traen de acarreo, no tiene más que lo que le entra por el puerto, ni las gentes que la habitan más interés que aquello que alcanza del tratar y contratar. Y esto no pueden hacer, como en otras partes, frutos por frutos, [—por—] que no los tienen, y así es forzoso sea a solo dinero y no siendo este tal que corra por todas [—partes—] de donde se trae lo necesario, no se hará nada, cesará el comercio y perderáse la tierra.

Este es el daño común. Nosotros sentimos el particular nuestro, porque no nos podemos sustentar con el salario que senos da de dos mil ducados, porque si lo cobramos como hasta aquí en buena moneda, la gastamos en el sustento ordinario, perdiendo siempre la mitad. Porque el real de a ocho, que corre por todo el mundo, le trocamos forzosamente por 32 cuartillos, que no valen sino aquí. Y así, cuando mucho, tienen la quinta parte de plata y fundidos, no tendrán ni la sexta. Y sí la necesidad de Vuestra Real caja fuese tanta que se nos pagase en esta moneda, perderíamos más de la mitad, pues para comprar cualquier cosa de consideración, de comer o vestir, será menester buscar buena moneda, y no se ha de hallar, aunque sea con pérdida de cincuenta por cien. Que si la plata corriente tiene y ha tenido salida a diez por ciento en tiempo de las ferias y registros (cuando es su mayor daño) es, porque queriéndola fundir, se saca su valor aun cuando no siempre hay esperanza de que lo tiene; lo que no será en moneda que desde luego va diciendo su bajeza, que por ser tan grande, tendrá el extranjero en falsearla ganancias excesivas, aún haciéndola en la misma pasta; con que estará siempre la tierra llena de maleza, sin que se pueda remediar después.

Esta ciudad los representa a Vuestra Majestad, todos dignos de grandísima consideración. Suplicamos a Vuestra Majestad humildemente lo mande advertir, porque, demás del servicio grande que se hará a Dios, Nuestro Señor, será de mucho, de Vuestra Real Persona.

Y el daño de la plata corriente cesará con mandar se funda y afine y se labre en reales sencillos y medios, como en Lima y México, porque nunca ha habido hasta aquí, en esta tierra, moneda más baja, ni se podrá introducir, por la carestía de ella, que no es este lugar y su provincia como Santo Domingo y Puerto Rico, que por ser tierras cortas, sin trato ni comunicación de cosas de importancia sino solo de sus frutos, valen de balde. Cartagena es puerto mejor de las Indias y España, acuden de todo el mundo a su feria, y así ha menester moneda que... (ilegible) valga. Dios, Nuestro Señor, guarde a Vuestra Majestad largos y felices años. Cartagena, primero de septiembre, 1921.

(Firmas): El licenciado, Pedro Mateo de Salcedo. El licenciado, Juan de Manozca. El licenciado, Pedro Mateo de Salcedo. El licenciado, Juan de Manozca.

Audiencia de Santafé, legajo 192.

 

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