37
CARTA DEL TRIBUNAL DEL
SANTO OFICIO AL REY
Señor:
Once años ha que
venimos a esta ciudad por mandado de Vuestra Majestad a la fundación de este tribunal
nuevo del Santo Oficio. En este tiempo habemos experimentado grande menoscabo en su plaza:
los vecinos están cada día más pobres y el comercio muy acabado, y cuando se esperaba
algún resuello en todo, por la mejoría de los tiempos, se teme justamente su total ruina
y destrucción con la labor de la moneda nueva de vellón, que Vuestra Real Audiencia de
Santafé manda so graves penas se labre luego en este lugar en cantidad de sesenta mil
ducados.
Porque, Señor, esta
tierra es sumamente estéril e infructuosa; todo lo necesario le traen de acarreo, no
tiene más que lo que le entra por el puerto, ni las gentes que la habitan más interés
que aquello que alcanza del tratar y contratar. Y esto no pueden hacer, como en otras
partes, frutos por frutos, [por] que no los tienen, y así es forzoso
sea a solo dinero y no siendo este tal que corra por todas [partes] de
donde se trae lo necesario, no se hará nada, cesará el comercio y perderáse la tierra.
Este es el daño
común. Nosotros sentimos el particular nuestro, porque no nos podemos sustentar con el
salario que senos da de dos mil ducados, porque si lo cobramos como hasta aquí en buena
moneda, la gastamos en el sustento ordinario, perdiendo siempre la mitad. Porque el real
de a ocho, que corre por todo el mundo, le trocamos forzosamente por 32 cuartillos, que no
valen sino aquí. Y así, cuando mucho, tienen la quinta parte de plata y fundidos, no
tendrán ni la sexta. Y sí la necesidad de Vuestra Real caja fuese tanta que se nos
pagase en esta moneda, perderíamos más de la mitad, pues para comprar cualquier cosa de
consideración, de comer o vestir, será menester buscar buena moneda, y no se ha de
hallar, aunque sea con pérdida de cincuenta por cien. Que si la plata corriente tiene y
ha tenido salida a diez por ciento en tiempo de las ferias y registros (cuando es su mayor
daño) es, porque queriéndola fundir, se saca su valor aun cuando no siempre hay
esperanza de que lo tiene; lo que no será en moneda que desde luego va diciendo su
bajeza, que por ser tan grande, tendrá el extranjero en falsearla ganancias excesivas,
aún haciéndola en la misma pasta; con que estará siempre la tierra llena de maleza, sin
que se pueda remediar después.
Esta ciudad los
representa a Vuestra Majestad, todos dignos de grandísima consideración. Suplicamos a
Vuestra Majestad humildemente lo mande advertir, porque, demás del servicio grande que se
hará a Dios, Nuestro Señor, será de mucho, de Vuestra Real Persona.
Y el daño de la plata
corriente cesará con mandar se funda y afine y se labre en reales sencillos y medios,
como en Lima y México, porque nunca ha habido hasta aquí, en esta tierra, moneda más
baja, ni se podrá introducir, por la carestía de ella, que no es este lugar y su
provincia como Santo Domingo y Puerto Rico, que por ser tierras cortas, sin trato ni
comunicación de cosas de importancia sino solo de sus frutos, valen de balde. Cartagena
es puerto mejor de las Indias y España, acuden de todo el mundo a su feria, y así ha
menester moneda que... (ilegible) valga. Dios, Nuestro Señor, guarde a Vuestra
Majestad largos y felices años. Cartagena, primero de septiembre, 1921.
(Firmas): El
licenciado, Pedro Mateo de Salcedo. El licenciado, Juan de Manozca.
El
licenciado, Pedro Mateo de Salcedo. El licenciado, Juan de Manozca.