Funciones monetarias e instrumentos de control
La Investigación demuestra que la creación del Banco obedeció a
la existencia de problemas de fondo que afectaban la vida económica
nacional. La anarquía que había predominado entre el ejercicio de
labores de emisión y gasto (el dinero de curso forzoso), así como
la carencia de una autoridad que regulara la moneda y ordenara la
labor de la banca comercial existente, constituyeron las razones
principales para justificar su fundación. El hecho de que en 1923
se hubieran presentado asuntos específicos que condujeron a la
decisión de su inmediata creación y puesta en funcionamiento, como
fue la falta de liquidez, que a mediados de ese año afectó los
principales bancos del país y que era preciso remediar con premura,
no debe dar lugar a confusión acerca de las verdaderas causas que
exigían un banco central de emisión. Entre aquellas de carácter
circunstancial, frecuentemente mencionadas, además de la carencia
de liquidez, se ha argumentado que en ese momento se requería un
banco central como respaldo para conseguir inversión extranjera y
préstamos externos, en una época en que era difícil interesar a los
banqueros internacionales en planes y programas de mediano y largo
plazo encaminados a un mayor desarrollo económico. Sin embargo,
fueron las razones básicas vinculadas a la necesidad de darle
autonomía a la labor de emisión y de contar con una autoridad
monetaria, las que llevaron a su creación.
En un sentido amplio, a la nueva institución se le asignó la
función de velar por el control monetario, objetivo con
características definidas por estar vigente el régimen del patrón
oro. En lo referente a los instrumentos de manejo monetario, el
Banco podía fijar la tasa de descuento, dentro de ciertos límites,
con el fin de regular el volumen de cartera redescontable a los
bancos comerciales. Tenía también capacidad para establecer las
condiciones que debían cumplir los pagarés redescontables,
atribución que le permitía afectar las tasas de interés, limitando
las operaciones de redescuento a aquellos bancos que cobraban
determinadas tasas activas máximas de interés, y rechazando
aquellas que superaran en tres puntos porcentuales o más, la tasa
de descuento fijada por el Banco de la República.
Desde la creación del Banco, hasta 1931, el sistema monetario
del país estuvo sujeto al patrón oro, o sea, que la unidad
monetaria estaba referida al metal precioso y el billete emitido
por el Banco era convertible
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1
. La capacidad efectiva para regular la
cantidad de dinero en circulación no era muy grande, pues el
principal instrumento con que se contaba era la tasa de
redescuento, a través de la cual se limitaba el crédito; sin
embargo, la aplicación de esta herramienta debía efectuarse dentro
de límites precisos y bajo cuantías que no podían exceder una
tercera parte del capital pagado y de las reservas del Banco de la
República. De igual manera, los préstamos al Gobierno Nacional
estaban restringidos a un 30 % del capital pagado y reservas. Por
su parte el encaje, como elemento monetario, tenía una utilización
muy limitada, puesto que sólo podía variarse por normas con fuerza
de ley, restricción que sólo se modificó en 1951 y comenzó a
emplearse confines de manejo de los medios de pago, aunque desde
1948 se había dado autorización a la Junta Directiva para su
fijación.
En estos primeros años de operación del Banco, la situación fue
difícil desde el punto de vista monetario. En la segunda mitad de
los años veinte hubo una bonanza cafetera, producto de la cual
ingresaron al país cantidades considerables de divisas que
incrementaron las reservas internacionales y generaron aumento del
circulante, el cual se acrecentó aún más por el desembolso de
préstamos externos y por la indemnización recibida de los Estados
Unidos con motivo de la separación de Panamá. Ello condujo a una
notoria elevación de la oferta monetaria, lo que a su vez incidió
en el nivel deprecias y dio lugar a que surgieran comentarios
adversos acerca del desempeño de la nueva entidad en aquel frente.
La hipótesis sobre el efecto que habrían podido tener los
abundantes empréstitos externos, tuvo en ese momento cierta acogida
y exoneraba, en parte, al Banco de la República de tal
responsabilidad, porque éste no había tenido participación alguna
en las decisiones sobre endeudamiento.
Los argumentos esgrimidos para explicar el proceso inflacionario
de los años 1924 a 1927 fueron varios y no estuvieron limitados a
la tesis monetaria. Algunos lo señalaban como una falla del patrón
oro vigente o como consecuencia del impacto de los empréstitos
externos,- o bien, causado por la baja elasticidad de la producción
agrícola y el incremento de la demanda agregada.
El Banco adelantó en esos años una política ceñida a los límites
que le imponía la Ley, pues cuando se presentaban factores externos
de acumulación de reservas, se tomaban medidas para modificar el
componente doméstico de la emisión, o sea, el crédito; desde luego,
como ha sucedido en otras épocas con características similares
(primera parte de los cincuenta y segunda de los setenta) el
proceso de esterilización no fue suficiente para impedir el aumento
no deseado en la base monetaria.
Hacia finales de 1928 se comenzó a sentir en Colombia el efecto
de la crisis mundial Los créditos externos se restringieron
abruptamente, luego de haber constituido un flujo abundante de
recursos que hizo que la deuda externa tuviera un aumento entre
1925 y 1928, cuando pasó de US$ 30 millones a US$ 203 millones; a
tal incremento contribuyeron no sólo el Gobierno Central sino
también los departamentos y municipios, los cuales podían contratar
deuda de manera autónoma
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2
La crisis mundial de los años treinta trajo consigo la amenaza
al sistema monetario y cambiario del país, lo que obligó a la
concentración de las reservas en el Banco de la República y al
establecimiento del control de cambios. Así, a partir de este
momento, el Banco de la República es la única entidad autor¡zada
para comprar y vender oro y divisas. La suspensión de la
convertibilidad de la libra esterlina en septiembre de 1931, dio
lugar a que en ese mismo mes, el Gobierno colombiano suspendiera,
además del libre comercio de oro, la convertibilidad de los
billetes del Banco de la República.
La gran depresión ocasionó graves traumatismos a la economía,
como lo demuestra el pronunciado descenso en el PIB
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3
y una parálisis de todas las
actividades. En esa ocasión, el Banco de la República sostuvo una
interesante controversia en la que se manifestaba partidario de
conservar el patrón oro y de no realizar emisiones a favor del
Gobierno, siguiendo fiel a los hechos y a las normas que dieron
lugar a su origen, las cuales eran por demás recientes. No
obstante, ante la aplastante evidencia recesiva fue necesario
modificar la posición ortodoxa v concederle crédito al Gobierno
como medio de reactivar la economía, siempre y cuando éste
ofreciera una garantía real, que luego vino a concretarse con la
entrega de las futuras utilidades de las salinas terrestres de
propiedad del Estado. Estos anticipas actuaron como elemento
reactivador de la demanda y sirvieron para la recuperación de la
economía en 1932 y en s años posteriores; el incremento en el
crédito al Gobierno significó un aumento de consideración en la
base monetaria con efecto económico anticíclico.
En 1930, regresó al país el profesor Kemmerer. El propósito de
su visita era revisar las instituciones creadas en el año 1923,
para proponer las modificaciones que aconsejaba la experiencia,
especialmente aquellas que resultaban de la profunda crisis de esos
años. El profesor Kemmerer recomendó la adopción de varios cambios
importantes en las normas y en las atribuciones del Banco de la
República, que fueron acogidos y se concretaron en medidas como la
reducción del 60% al 50% en el encajé a los billetes, el aumento
del cupo de crédito al Gobierno el cual subió del 30% al 45% del
capital y reservas del Banco y el cambio en la composición de la
Junta del Emisor. En su momento, don Julio Caro se refería a este
respecto en los siguientes términos: "A propósito de este
punto, que es de trascendencia, debo hacer notar que entre los
bancos de emisión de la América Latina, los únicos que por todos
sus aspectos son razonablemente comparables con el nuestro, es el
de Colombia el que mejor concurso ha prestado al Gobierno de su
país, tanto por la cuantía de sus préstamos, como por la proporción
que éstos representan de los recursos del Banco
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4
La Ley 25 de 1923 le confirió al Banco facultades restringidas
para realizar operaciones directamente con el público, de las
cuales, sin embargo, no hizo uso. Por ello, la Segunda Misión
Kemmerer, además de considerar que había sido un error no haber
llevado a cabo este tipo de acciones en el mercado abierto, dentro
de límites razonables, juzgó necesario y así lo propuso, que en el
futuro el Banco ejerciera activamente esta facultad, como era
propio de todos los bancos centrales del mundo. Para tal efecto,
las Leyes 73 de 1930 y 82 de 1931 autorizaron al Banco para
realizar operaciones de mercado abierto.
La parte final de la década de los años treinta fue de
recuperación, con una relativa holgura, especialmente en el sector
externo donde se obtuvo superávit. Particularmente favorable fue el
manejo fiscal entre 1935 y 1939, años en los que también hubo
superávit público, gracias al empeño puesto por el Gobierno para
mejorar sus finanzas. Lo anterior es confirmado por las palabras
del Ministro de Hacienda en esos años, doctor Carlos Lleras
Restrepo, quien decía: "Ya vimos atrás cómo ha sido
posible, a través de todas las últimas vigencias, mantener una
situación fiscal caracterizada por un fuerte superávit. ... En la
satisfacción de las necesidades debe existir un método y un orden
para conseguir al mismo tiempo economía y eficacia. Es lo que suele
olvidarse con mayor frecuencia en nuestros presupuestos... ya que a
medida que los recursos nacionales se multiplican, florecen con más
abundancia las iniciativas de gastos, no siempre de acuerdo con la
realidad del país y con lo que demanda un progreso ordenado y
armónico"
|
5
.
En esta época no se amplió el crédito al sector público y sólo se
celebró un contrato entre el Banco y el Gobierno, para la creación
y manejo de la Cuenta Especial de Cambios y el Fondo de
Estabilización.
La generalización de la Segunda Guerra Mundial modificó
totalmente el panorama económico del país. El conflicto produjo lo
que podría llamarse un "shock" de oferta, en
cuanto a que el desabastecimiento o escasez de bienes de capital y
materias primas influyó en el bajo desempeño de la economía. A
pesar de las medidas que en su momento se tomaron para acrecentar
las importaciones, los resultados no fueron notorios, ya que
prevalecían factores externos, como las dificultades que en cuanto
a producción y transporte generaban las limitaciones en el comercio
internacional. Por otro lado, la acumulación de reservas
internacionales creó presiones inflacionarias.
A partir de 1940 se había logrado normalizar el suministro de
crédito internacional, luego de renegociar la deuda externa con los
tenedores de bonos, ocho años después de haber dejado de atender el
servicio de los compromisos financieros con el exterior. Sin
embargo, aunque se obtuvieron algunos empréstitos, el Gobierno
decidió, con buen ¡¡no, no hacer uso de ese endeudamiento y en
cambio acudir más bien al crédito interno, para evitar que la
monetización de los préstamos externos fuera una fuente
inflacionario adicional.
En el ámbito monetario los bancos comerciales se fueron
consolidando y aumentaron cuantitativa mente, lo mismo que las
cuentas corrientes, hasta el punto que en 1940 los depósitos a la
vista superaron, por primera vez, al efectivo en poder del público.
Esto significó un cambio importante, pues ya para 1943 se comienza
a reconocer Inexistencia de la expansión secundaria y se hace
manifiesta la necesidad de desarrollar nuevos instrumentos, entre
ellos el encaje como elemento primordial de control de los medios
de pago. Sin embargo, el Banco de la República no tenía aún la
facultad de establecer el porcentaje de reserva sobre los
depósitos, el cual se fijaba por normas con fuerza de ley. Desde
entonces fue más notoria la carencia de flexibilidad para variarlo,
pues ya se aceptaba como herramienta de manejo monetario y no
simplemente como factor de la seguridad del sistema.
El período 1946-1954 o de la posguerra, es de gran importancia
dentro del devenir histórico y económico del país y significó una
segunda fase de cambios en las funciones del Banco de la República,
si bien, su estructura institucional se conservó estable. A pesar
de que la situación política sufrió un agravamiento notorio, la
economía tuvo un comportamiento bastante satisfactorio y el PIB
creció a una tasa anual promedio del 5.4%; el café registró precios
externos elevados y se presentó una bonanza externa en 1953. La
inflación mostró una fase ascendente en la primera parte de este
período, que coincidió con la limitada capacidad de control
monetario, frente a la ampliación de los créditos a la banca
comercial. La reactivación de los distintos mercados de bienes
permitió luego aumentar las importaciones, fenómeno que vino
acompañado de una disminución de las reservas internacionales.
Para el Gobierno nacional era claro, al finalizar la década de
los cuarenta, que los sistemas vigentes de control monetario y de
crédito no eran los más apropiados para corregir los desajustes que
se presentaban en estos frentes, sobre todo si se buscaba frenar el
proceso inflacionario. Como se ha indicado, en ese entonces el
único instrumento de control monetario era la tasa de redescuento a
través de la cual se regulaba el crédito a los bancos, pues el
encaje seguía siendo fijado por el Legislador. Desde 1948, siendo
Ministro de Hacienda el doctor Hernán Jaramillo Ocampo, se
reconocieron las limitaciones en cuanto a las facultades que tenía
el Emisor y se comenzó a trabajar en el diseño de nuevos mecanismos
monetarios que le otorgaran al Banco mayores posibilidades de
acción.
Con el fin de revisar las disposiciones vigentes en materia
monetaria y crediticia, el Gobierno invitó a los señores Richard
Grove y Gerald Alter, de la Junta de la Reserva Federal de los
Estados Unidos para que evaluaran las iniciativas que ya se habían
tomado en el país y dieran su concepto. Dentro de las
recomendaciones del profesor Grove pueden destacarse las
siguientes: dotar al Banco Central de nuevos instrumentos para
regular la oferta monetaria y darle, por primera vez, funciones que
permitieran canalizar el crédito hacia fines de desarrollo
económico, ante la ausencia de un mercado financiero de largo
plazo. De manera específica, se sugirió que el Banco Central
tuviera la facultad de fijar el encaje y que pudiera establecer
topes a los redescuentos y a la cartera de los bancos
comerciales.
Al ser adoptadas estas y otras iniciativas mediante la
expedición del Decreto Legislativo 756 de 1951, se le dieron nuevas
responsabilidades al Banco de la República, merced al interés del
Ministro de Hacienda de entonces, doctor Antonio Alvarez Restrepo.
Gracias a esta reforma, el Banco de la República tuvo a su
disposición nuevos instrumentos para regular la oferta monetaria y
en particular la capacidad para controlar la expansión secundaria,
variando el porcentaje de encaje según las conveniencias. Así
mismo, el Banco comenzó a desempeñar un papel activo en el diseño y
ejecución de las políticas cambiaria y de crédito, teniendo en
cuenta la situación de la economía en general
El propósito de "fomento del desarrollo
económico", como uno de los fines de la banca central se
concretó también a comienzos de la década de los años cincuenta,
coincidiendo con las ideas económicas que entonces prevalecían y
que le asignaban al Estado una participación activa en la promoción
del desarrollo, bien por acciones directas (empresas del Estado)
como a través de estímulos a la inversión privada. Al banco central
se le atribuyeron, aquí y en otros países, labores específicas con
este propósito, procurando, de una parte, que el sector financiero
se expandiría y, de otra, supliendo las limitaciones de las
entidades que no estaban en capacidad de realizar las operaciones
requeridas de canalización del ahorro. Todo ello implicaba orientar
los escasos recursos hacia sectores prioritarios, en un tiempo en
el que los mercados de capitales de estos países eran muy reducidos
o simplemente inexistentes. Tal situación fue definida en forma
certera por el doctor Luis-Angel Arango cuando en su informe de
1952 decía: " ... dentro de las funciones propias de los
bancos centrales en los últimos tiempos está la de dirigir la
política de crédito, en cuanto a su orientación cualitativa. ...En
los círculos rectores existe la preocupación principal de impulsar
el fomento económico ordenado, sin desatender naturalmente
finalidades sustantivas como son la estabilidad monetaria y, en
términos más o menos amplios, la nivelación de los
precios"
|
6
.
Inicialmente, esto es en 1950, la forma de intervención del
Banco de la República en estas operaciones de fomento, estuvo dada
por las autorizaciones concedidas para efectuar el redescuento de
transacciones consideradas como de interés especial Esta labor del
Banco se fue ampliando en razón de las necesidades y de los buenos
resultados obtenidos, lo que permitió alcanzar cifras interesantes.
Si bien, antes de 1950 el Gobierno buscó fomentar diversas
actividades mediante la creación de entidades especializadas en
determinados renglones de la economía (Caja Agraria, ICT, IFI,
Banco Central Hipotecario),fue en 1950 cuando, mediante el
Decreto-Ley 384, se autorizó al Banco de la República para
descontar con tasas inferiores a las comerciales, algunas
operaciones especiales realizadas por los bancos; allí se permitía
un margen diferencial entre las tasas de interés de colocación y
redescuento.
La primera parte de la década de los años cincuenta se
caracterizó por un favorable desempeño del sector externo, fenómeno
vinculado con los excelentes precios del café, cuyo tope, en julio
de 1954, se situó en cerca de US$ 0.91 por libra.
Desafortunadamente, hubo también en ese período un aumento
acelerado de las importaciones y del gasto público y aunque el PIB
creció por encima del 6%, la inflación también presentó guarismos
preocupantes. Para contrarrestar las presiones inflacionarias que
se venían produciendo, se utilizó tanto el redescuento como el
encaje.
La historia económica del país muestra durante varias décadas y
en forma recurrente una gran dependencia respecto a lo que ocurre
en el sector externo. Las fuertes fluctuaciones que afrontó la
economía en la década de los años cincuenta, ligadas, primero a la
bonanza y luego a la crisis del café después de 1954, tuvieron
consecuencias muy severas para el desarrollo y la estabilidad de
los precios. El descenso en sus precios dio lugar a un fuerte
deterioro en la balanza comercial y al agravamiento del déficit
fiscal por la caída de los ingresos tributarios derivados del
impuesto ad valorem a ¡as exportaciones del grano y también de los
aranceles. La financiación del déficit público se hizo depender,
entonces, de la colocación de bonos de deuda interna; éstos, ante
la inexistencia de un mercado de capitales, fueron adquiridos por
el Banco de la República, lo que tuvo serias ¡aplicaciones sobre
los medios de pago y la estabilidad de los precios.
Para contrarrestar la expansión en la base monetaria, el Banco
utilizó nuevamente los encajes; éstos se convirtieron, desde esa
época, en la principal herramienta de control, hasta el extremo de
que en 1958 fue necesario establecer un encaje marginal del 100%
sobre los incrementos de las cuentas corrientes y se aprovecharon
los depósitos previos de importación, con el doble propósito de
encarecer las importaciones y congelar liquidez. Se vivió en ese
período, una de las más graves experiencias de desajuste monetario
originado en profundos desequilibrios fiscales.
Hacia finales de los años cincuenta y la primera parte de los
sesenta se presentó una coyuntura difícil, en cuanto al sector
externo, que obligó al establecimiento de un rígido controla las
importaciones y a sucesivas devaluaciones de la tasa de cambio
oficial Si bien, se hizo un esfuerzo decidido para eliminar el
déficit fiscal a través de una reducción del gasto, no se consiguió
la deseada estabilidad monetaria, porque las financiaciones hechas
por el Banco de la República a la Federación de Cafeteros y al
Fondo de Estabilización, generaron aumento de los medios de pago,
que alcanzaron en 1958 tasas del orden de 16.6%, mientras que la
inflación llegó al 17.3%. El plan de estabilización, adoptado con
gran firmeza desde fines de 1957 por el ministro Hernando Agudelo
Villa, que incluyó además del control monetario, la devaluación de
la tasa de cambio y un control estricto a las importaciones, tuvo
éxito en reversar las tendencias desestabilizadoras, pero careció
de la permanencia necesaria frente al desequilibrio que continuaba
mostrando el sector externo.
En este período el Banco continuó desarrollando las mismas
políticas en materia de crédito dirigido y de fomento, originadas
en el argumento prevaleciente que hacía depender el necesario
aumento en la oferta de bienes (agrícolas e, industriales) de la
disponibilidad de crédito. La aplicación de estas tesis recibió
impulso decidido cuando en 1958 se acordó la supresión del encaje
marginal que había regido hasta entonces, pero en vez de permitir
que éste generara crédito de libre asignación por parte de los
bancos, los dineros congelados se emplearon para atender
necesidades de financiación de determinados sectores considerados
prioritarios: el industrial, básicamente. El Gerente del Banco de
la República, doctor Jorge Cortés Boshell, comentó estas medidas
diciendo que "lo que se había adelantado era una eficaz
política de orientación de recursos nuevos hacia aquellos sectores
más calificados"
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7
. La Junta Directiva del Banco autorizó, en
1963, la creación del Fondo de Inversiones Privadas, con el fin de
redescontar los préstamos a la industria privada y también para
distribuir unos recursos ofrecidos por la AID dentro del programa
de la Alianza para el Progreso.
Desde el punto de vista cambiario, entre 1953 y 1966, operó una
política de libertad que se inició con el libre comercio de oro y
más tarde - 1955- cubrió también todas las divisas extranjeras
originadas en flujos de capitales importados sin derecho a registro
ni a reembolso, fenómeno que evolucionó hacia el establecimiento de
dos mercados cambiarios: el oficial con una tasa fija y el libre
con una cotización fluctuante. La Ley la. de 1959, norma que puso
en vigencia y estableció la obligación para los exportadores de
vender al Banco de la República las divisas provenientes de la
exportación de bienes, determinó, además, que el Banco de la
República, con la aprobación del Gobierno, reglamentaría la
exportación de oro físico. Este período concentró la labor del
Banco en los temas cambiarios; la expansión de la institución
refleja esta prioridad.
Uno de los aspectos de mayor significación, ocurrido en los años
sesenta en materia de legislación monetaria, fue el trascendental
cambio que significó la creación de la Junta Monetaria en 1963, por
iniciativa del Ministro de Hacienda, doctor Carlos Sanz de
Santamaría, entidad que recibió todas las facultades que hasta esa
fecha venía ejerciendo la Junta Directiva del Banco de la República
en materia de dirección monetaria. El ordenamiento jurídico le
otorgó a la Junta Monetaria las facultades de suprema dirección de
las políticas monetarias, cambiarias y crediticias, mantuvo para el
Banco de la República su característica de banco central de emisión
y lo convirtió en el organismo ejecutor de las políticas trazadas
por la Junta Monetaria.
En la década de 1960, seguía siendo evidente que el sistema
financiero doméstico carecía de las posibilidades de transformación
de plazos que le permitieran otorgar la financiación de mediano y
largo plazo requerida por sectores como el industrial y el
agrícola, con base en fuentes altamente líquidas. Siguiendo una
estrategia para la obtención de recursos, apoyada en las
"inversiones forzosas ", la Junta Monetaria creó,
entonces, en 1966y 1968, respectivamente, el Fondo Financiero
Agrario y el Fondo Financiero Industrial, con el fin de canalizar
préstamos para dichas actividades. Con éstas, la Junta le dio
prioridad a las acciones para orientar el crédito e
institucionalizó, dentro del Banco, mecanismos que, comenzando con
el FIP a principios de la década, fueran supliendo el vacío que
presentaba la banca en cuanto a la financiación de la inversión
privada
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8
.
Contar con una política especial de crédito e irrigación de
recursos a los principales sectores de la actividad económica, ha
sido considerado un elemento importante en razón del limitado
avance del mercado doméstico de capitales. Sin embargo, el crédito
no podía constituir una causa de desajuste monetario cuando se
financiaba con emisión, pues permanentemente se daba una
contradicción entre estos dos objetivos. Con el fin de evitar ese
tipo de contos, el Banco se propuso canalizar ahorros captados
libremente en el mercado financiero para alimentar los fondos y
evitar la utilización de recursos de emisión. De esta forma se ha
logrado una adecuada coordinación entre las funciones monetarias y
aquellas de orientación del crédito, de tal manera que desde
finales de los años setenta, los fondos financieros no ofrecen
dificultades para la ejecución de una política monetaria
ajustada.
La tendencia a fortalecer las instituciones confines de
orientación de crédito, como acción derivada de la definición de
prioridades sectoriales, por parte de los planes nacionales de
desarrollo, condujo a decisiones como la recogida en el Estatuto
Cambiario; en cuanto a la creación del Fondo de promoción de
Exportaciones, esta entidad comenzó labores en 1967, anexa al Banco
de la República, con el objetivo de prestar apoyo financiero y de
promoción a las exportaciones no tradicionales.
Se llega así a la fase final de los años sesenta, luego del
profundo cambio que significó para el Banco de la República la
creación de la Junta Monetaria. Estos años fueron escenario de
nuevas e importantes reformas; entre ellas vale destacar el
Decreto-Ley 444 o Estatuto Cambiario y de Comercio Exterior
expedido en 1967 y que contó con la atinada dirección del doctor
Abdón Espinosa Valderrama en su función de Ministro de Hacienda.
Con esta norma se puso en vigencia un sistema general de control de
cambios, cuyo propósito ha sido el de promover el desarrollo
económico regulando la asignación de las divisas escasas y dándoles
clara prioridad al fomento y a la diversificación de las
exportaciones. El Estatuto ha sido fundamental para el manejo de lo
económico en las últimas dos décadas y la aplicación de sus
variadas disposiciones impuso exigencias especiales sobre el Banco,
el cual, además de la administración de la Cuenta Especial de
Cambios, ha tenido que operar el complejo mecanismo de las
"licencia de cambio" y administrar la Oficina de
Cambios.
Las nuevas normas cambiarias reiteraron la función del Banco de
la República respecto a la guarda y administración de las reservas
internacionales del país. Como lo define en acertadas palabras el
doctor Eduardo Arias Robledo, a quien correspondió actuar por parte
del Banco de la República en su elaboración: " ... con el
nuevo estatuto el Gobierno se propuso promover el desarrollo
económico y social y el equilibrio cambiario por medio del fomento
y la diversificación de las exportaciones, el estímulo a la
inversión de capitales extranjeros, la repatriación de capitales y
el mantenimiento de un nivel adecuado de reservas
internacionales"
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9
. Desde la Ley 25 de 1923, todas las normas
expedidas en materia de cambios internacionales y de oro determinan
que al Banco Central le corresponde cautelar su manejo. El Decreto
Autónomo 386 de 1982 finalmente confirmó que la administración de
las reservas internacionales del país corresponde al Banco de la
República y debe orientarse conforme al interés público y al
beneficio de la economía nacional De acuerdo con la Ley, dicho
manejo debe continuar ajeno a cualquier propósito de especulación
con los activos que constituyen las reservas monetarias del país y
en su inversión deben primar condiciones de seguridad y de
liquidez.
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1
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La convertibilidad fue suspendida en 1931 y definitivamente
eliminada como consecuencia del abandono del patrón oro por la Ley
17 de 1977, que incorporó al derecho interno la Segunda Enmienda al
Convenio Constitutivo del Fondo Monetario Internacional.
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2
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En 1928 de la suma global mencionada (US$ 203 millones), un 35%
corresponde al Gobierno nacional, un 31.3% a los departamentos y un
11.8% a los municipios; lo restante, 21.9%, era deuda de la
banca.
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3
|
CEPAL, El Desarrollo Económico en Colombia, DANE, s.f. Cuadro
1.
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4
|
Julio Caro, Octavo Informe Anual presentado por el Gerente a la
Junta Directiva, 193 1, pág. 27.
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|
5
|
Carlos Lleras Restrepo, Memorias de Hacienda, 1939, Imprenta
Nacional, Bogotá, 1939, págs. 30-32.
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|
6
|
Luis-Angel Arango, Informe Anual del Gerente a la Junta
Directiva, 1952, pág. 73.
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7
|
Jorge Cortés Bosheli, Informe del Gerente del Banco de la
República a la Junta Directiva, julio 1959, junio 1960, pág.
97.
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|
8
|
La Ley 5a. de 1973 amplió el radio de acción y las actividades
del Fondo Financiero Agrario para mejorar el área ganadera y
capitalizar el sector y se constituyó entonces el Fondo Financiero
Agropecuario.
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9
|
Eduardo Arias Robledo, XLIV Informe Anual del Gerente a la
Junta Directiva, 1 o. de enero a 31 de diciembre de 1967, pág.
47.
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