|
Ricardo Rendón en el
diario La República: 1921-1923. Donación
Alfonso Villegas Restrepo
Leer hoy en día la prensa de inicios del siglo XX
en Colombia puede ser motivo de asombro. Los
periódicos manifestaban enfáticamente a través de
sus editoriales, correspondencia y selección de
noticias, ser simpatizantes de un partido
político, cuya actitud fervorosa tomaba una fuerza
relevante sobre la opinión pública.
Durante la década del veinte ocurren sucesos de
gran trascendencia. Se definirá con la creación
del Banco de la República una política monetaria
que girará alrededor de una banca central;
adelantos en la infraestructura de las
comunicaciones que permitirán la integración e
industrialización del país (construcción de
ferrocarriles, comunicación inalámbrica); la unión
de la clase trabajadora que dará inicio a la
historia de los movimientos sindicales; el
espejismo de la prosperidad que ocasionó la crisis
económica del 29. Todo lo anterior nos induce a
comprender la actitud aguerrida con que unos y
otros defendían sus ideologías políticas,
directamente ligadas a las reformas discutidas en
el Congreso, y en donde la prensa constituía una
plataforma de las luchas partidarias.
En los inicios de la década, durante el gobierno
de Marco Fidel Suárez, cuando se veía venir una
próxima contienda electoral, Alfonso Villegas
Restrepo funda el diario de La República (marzo 13
de 1921). Se trata de 6 páginas ocupadas por el
editorial, una caricatura de Rendón, la columna
Glosas al vuelo, noticias políticas,
correspondencia, información telegráfica de sus
corresponsales, el día tras día de las sesiones
del Senado y la Cámara de Representantes; todo lo
anterior alternado con avisos publicitarios y
alguna noticia de carácter social. En su primer
día de circulación declara:
“Venimos a levantar sin miedos, ni eufemismos, y a
flotar al viento con todos nuestros bríos, la
noble y armoniosa bandera republicana (tan
calumniada y tan limpia) […] Venimos a destruir la
leyenda y a desvanecer la ilusión de que nos hemos
conformado con el pobre papel de “ilustre difunto”
que se nos quiere asignar. […]
Representando una tendencia esencialmente
renovadora, no solo en las ideas sino en las
prácticas de la política colombiana, el Partido
Republicano tiene contra sí la poderosa fuerza de
la tradición. […] El manifiesto republicano de
Antioquia no es equívoco: “Es preciso que sigamos
luchando a favor de las renovaciones progresistas.
Dentro de ellas caben naturalmente las ideas más
avanzadas, las modificaciones de mayor actualidad
y el remedio a todos los afanes que traen los
hombres y los tiempos nuevos”.
Alfonso Villegas Restrepo (1884-1945) había
participado a muy temprana edad en la guerra de
los mil días y se había graduado como abogado en
la Universidad del Rosario. En 1909 forma parte
del movimiento político creado por una alianza
entre conservadores y liberales (partido
republicano) contra el gobierno de Rafael Reyes.
Su ideología era la de buscar la unidad
bipartidista a través de una política progresista
con moderación. En 1911 crea el diario El Tiempo,
del cual es su director hasta 1913 cuando lo vende
a Eduardo Santos. Parte para Nueva York y regresa
al país en 1919. Entre 1921 y 1926 busca mantener
la causa republicana a través de los editoriales
de La República. Luego decidirá volver a la vida
privada para ejercer su profesión de abogado como
representante de empresas extranjeras en Colombia.
Sucesos como el de la renuncia del presidente
Marco Fidel Suárez, reemplazado por Jorge Holguín;
la ratificación del tratado Urrutia - Thompson
(llamado en la época como Tratado del 6 de abril);
Las candidaturas presidenciales cuyos
acontecimientos fueron páginas de primera plana a
lo largo de 1921 y 1922 con la consecuente
elección de Pedro Nel Ospina; son a grandes rasgos
los principales acontecimientos durante la época
de Ricardo Rendón en La República.
El ideal de un país unido, por fuera de los
partidos políticos, fue tal vez lo que indujo a
Rendón a aceptar elaborar una caricatura diaria en
primera página apoyando el espíritu combativo y
contradictorio de Villegas Restrepo. Este a su
vez, defendiendo la misma causa, llegó a
protagonizar enardecidas discusiones que
desbordaron las páginas del periódico. El episodio
contra Benjamín Herrera es una clara muestra de
ello: apoya primero al candidato liberal para
luego abogar por una “política de cooperación” con
el gobierno de Pedro Nel Ospina, lo cual iba en
oposición a la “política de resistencia” decretada
por el mismo Herrera. Su enemistad llega al punto
de retarse a duelo. Rendón refleja a través de su
caricatura lo inverosímil de la situación.
El caricaturista antioqueño Ricardo Rendón
(1894-1931) pulió sus aptitudes de dibujante en el
Taller de Francisco Antonio Cano y la Escuela de
Bellas Artes de Medellín. Formó parte del grupo
Panidas, para cuya revista elaboró sus
ilustraciones, como también para el suplemento
literario de El Espectador, El Correo liberal y El
Colombiano. En 1916 elabora el álbum de cajetillas
de cigarrillos Victoria y en Bogotá a partir de
1918, trabajó como dibujante publicitario para la
revista Cromos y El Gráfico. Es suya también la
imagen de los cigarrillos Pielroja que elaboró en
1923. Trabajó para el periódico La República entre
1921 y 1923 al mismo tiempo que participaba en
otras publicaciones culturales. Luego como
caricaturista en los diarios liberales El
Espectador y El Tiempo, en este último con
exclusividad remunerada.
Su etapa de La República es netamente de intención
política. Aun si el diario mantiene durante varios
días en primera plana el seguimiento sobre la
investigación de un asesinato como el de la Calle
22, él filtra la noticia para ver en su esencia
una distracción de la contienda política que se
avecina (posesión del nuevo presidente y división
de los partidos tradicionales). Sus diálogos son a
la vez introducción y complemento, casi siempre
aluden al editorial del día, o en general son
respuesta de una noticia reciente. En su mayoría,
están dirigidos hacia sus propios adversarios como
una abierta burla para defender así la ideología
del periódico, de su director y la suya propia.
Se aprecia en sus caricaturas una iconografía
perspicaz para representar a los principales
actores del gobierno y los partidos políticos,
entre quienes está en juego la democracia. Espera
de ellos sabiduría y justicia; por eso la
constante representación de Colombia como la diosa
Temis, la mujer con el gorro frigio que se lamenta
(ante la firma del tratado del 6 de abril), regaña
(al presidente por sus actuaciones), detiene (al
clero por no respetar la ley) o manda (señalando
la urna de votación).
Como experto dibujante, Rendón logra caracterizar
el ambiente, las identidades y rasgos de sus
objetivos. Es fiel en sus asociaciones de tal
manera que el personaje al cual alude es
fácilmente reconocible: Alfonso Villegas Restrepo
aparece como un joven con una pluma de escribir,
Marco Fidel Suárez, viejo, de pómulos hundidos,
flaco y gorro presidencial; a Jorge Holguín lo
distingue el atributo de la silla de ruedas o un
coche de bebé para subrayar que Marco Fidel Suárez
sigue actuando detrás de las resoluciones tomadas
por el presidente designado. Pero su mayor gozo
parece ser con Pedro Nel Ospina y su
característico bigote. Representa a un personaje
opulento y altivo, pero a la vez, con un doble
sentido, dibuja unos bigotes que parecen cuernos,
le coloca armas al cinto y un hacha en la mano o
aparece sobre un caracol para simbolizar la
lentitud de su gobierno.
Usa un lenguaje directo y sugestivo: dos perros
rabiosos enfrentándose al igual que los partidos
tradicionales, el partido de fútbol donde los
representantes de la Cámara se disputan el balón
del Tratado, los tres reyes magos que van tras la
estrella de la presidencia, el palomar que recibe
a todos los seguidores del partido a la
Convención.
La donación total consta de 249 caricaturas
elaboradas por Ricardo Rendón en tinta sobre
papel, un retrato al óleo del caricaturista
elaborado por José Restrepo Rivera (1886-1958), la
colección de los originales del diario y la
biblioteca personal de Alfonso Villegas Restrepo
sobre derecho internacional.
Continuar
con las obras
|