Escritor nacido en Bogotá, el 15 de noviembre de 1907,
muerto en 1963. Eduardo Zalamea Borda pasó la mayor parte de su vida en Bogotá, la
ciudad donde «las mujeres eran unas 100 000 y 1500 tal vez los automóviles». Se
interesó por la literatura desde su época de estudiante. A los 17 años, estando en
Barranquilla, intentó suicidarse en una taberna; su amigo, el poeta Gregorio Castañeda
Aragón, lo llevó a un hospital. Pocos días después, cuando fue a averiguar sobre su
estado, se enteró de que Eduardo había partido hacia la Guajira. Allí ejerció algunos
cargos administrativos, en las salinas marítimas de Manaure, y cuatro años después, en
1928, regresó a Bogotá; entonces tenía 21 años. Una vez en su ciudad, se desempeñó
como reportero y jefe de redacción del periódico La Tarde. En abril de 1930 la guerra
entre dos tribus indígenas guajüas llamó la atención del país hacia la península,
entonces Zalamea consideró oportuno dar a conocer un poema suyo titulado
"Bahíahonda, puerto guajiro". Luego publicó una crónica sobre su estadía en
la Guajira, que tituló "4 años a bordo de mí mismo, memorias de Uchí Siechi
Kuhmare" (como lo bautizó una india wayúu), que apareció por entregas entre el 10
de mayo y el 5 de junio de ese año, y que fue ~1 germen de su célebre novela. Escribió
4 años a bordo de mí mismo (Diario de los cinco sentidos) entre mayo de 1930 y enero de
1932, y la novela fue publicada dos años después.
En medio del paisaje árido y luminoso de la Guajira, el
protagonista, un joven de diecisiete años, alter ego del escritor, sale en busca de la
experiencia, de un mundo donde «todo es la vida en frente de la muerte». La importancia
de la novela radica en que, en ese momento, nadie en la novelística colombiana se había
aproximado tanto a las técnicas contemporáneas de la escritura; Zalamea asumió las
búsquedas de Marcel Proust y James Joyce: el monólogo interior o corriente de
conciencia, la recuperación de la realidad vivida a través de la sensualidad de la
escritura, la búsqueda de un lenguaje del cuerpo que exprese la intensidad de cada
sensación (de ahí el subtítulo del libro: Diario de los cinco sentidos), el goce de
conquistar una vida verdadera en la aventura, el trabajo, el sudor y el amor. Sus
exploraciones técnicas se corresponden con nuevas aventuras del espíritu frente a la
realidad; en 4 años a bordo de mí mismo el lector halla un espacio ambiguo entre el
afuera y el adentro del narrador, un espacio en que se entrecruzan la vida y la escritura
de alguien que se define como «poeta y aventurero». El título nos señala que no se
trata de un sencillo relato de acontecimientos, de un desplazarse físico de un lugar a
otro; el protagonista viaja «a bordo de sí mismo», él es el navío que lo conduce a
través de un mundo en el que vive y se observa vivir. El cuerpo y el pensamiento (el
lenguaje) son los dos polos de la experiencia. El viaje no ofrece recompensas si no se
vive interiormente, porque el verdadero desplazamiento es el del espíritu, el de la
personalidad que va mudando dentro de sí, que se alimenta y crece con cada manifestación
de la vida desnuda. En la novela hallamos una voz que más que narrar estupendas
aventuras, habla de lo que cambia y sucede en su interior; mediante la escritura, ya de
vuelta en la ciudad, el protagonista recuerda y recupera esa experiencia hermosa y brutal,
cuando conoció la vida «dura y desnuda como una piedra», y al cabo de la cual
comprendió que el hombre vive persiguiendo el amor y perseguido por la muerte: «La
muerte estaba siempre al lado del amor». Ese es el tesoro que buscaba: el descubrimiento
del verdadero orden y sentido de la vida, búsqueda de madurez y conocimiento vital del
mundo, revelación de las claves misteriosas de la vida: el número, «l + 1 = 3»; el
tesoro que al final le permite gritar: «ˇHe oído, he gustado, he olido, he tocado, he
visto, he sufrido, he llorado, he copulado, he amado, he reído, he odiado y he
vivido!,>.
Cuatro años a bordo de mí mismo no obtuvo un
reconocimiento inmediato y, aún más, fue calificada como una obra inmoral y
pornográfica y prontamente relegada al olvidó. Su voz innovadora y su reclamo de
desprovincialización de nuestra literatura fueron ignoradas, hasta que otras generaciones
reconocieron la necesidad de hallar nuevas formas de percibir y nombrar la realidad. En
1934 Eduardo Zalamea viajó a París como secretario de la delegación colombiana ante la
Sociedad de las Naciones; entre 1935 y 1938 fue director del Archivo Nacional, donde
dirigió la publicación de los Acuerdos públicos y privados de la Real Audiencia.
Dedicó gran parte de su vida al periodismo, se desempeñó como jefe de redacción de El
Liberal entre 1938 y 1940, y escribió durante varios años en El Espectador una columna
de comentarios internacionales, "La Ciudad y el Mundo", que firmaba con el
seudónimo Ulises, y donde, en palabras de Alfredo Iriarte: «Hizo una cátedra ejemplar
de dignidad humana, fidelidad a las causas más nobles y aguerrido testimonio de las más
justas y más generosas luchas del hombre colombiano y del hombre universal por un mundo
mejor». También fue director de Fin de semana, suplemento cultural del mismo diario, en
el cual publicó el primer cuento de Gabriel García Márquez, "La tercera
resignación", el 13 de septiembre de 1947; así respondió a su propio llamado, que
pedía la presencia de escritores que señalaran ambos jóvenes en la literatura
colombiana. En los incendios del 6 de septiembre de 1952 se perdieron los originales de
una segunda novela a punto de ser terminada (Ver tomo 4, Literatura, pp. 230-232].
FABIO ACEVEDO BELTRÁN
Bibliografía
AYALA POVEDA, FERNANDO. "Cuatro años a bordo de mí
mismo". Magazín Dominical, N°- 107, abril 14 de 1985. IRIARTE ALFREDO "Medio
siglo después de su publicación: Cuatro años a bordo de mí mismo". Magazín
Dominical, N°- 63, junio 10 de 1983. ZALAMEA, BORDA EDUARDO Cuatro años a bordo de mí
mismo [1934]. Bogotá, Oveja Negra, 1985.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.