Poeta y político caucano (Popayán, octubre 20 de 1873 -
julio 8 de 1943). Nacido en la casa ubicada en la calle 5 entre carreras 7 y 8 de la
ciudad de Popayán, sus padres fueron Joaquín Valencia Quijano y Adelaida Castillo Silva.
Cuando tenía diez años de edad, murieron sus padres, y su hermano mayor Joaquín lo puso
interno en el colegio que tenía el seminario. Fue educado por ilustres sacerdotes
franceses, que le enseñaron griego, latín y francés, lo cual le permitió conocer los
clásicos de la literatura universal. De esa cultura clásica surgió su primera tendencia
poética, denominada parnasianismo, que encabezan los antiguos escritores griegos y
latinos. Luego vino la influencia de la literatura francesa, que orientó su imaginación
hacia el simbolismo y, finalmente, bajo la influencia literaria de Rubén Darío, a quien
conoció y de quien fue amigo, sería el modernismo. José Ignacio Bustamante, autor del
libro Poesía en Popayán, recoge el reportaje concedido por el maestro Valencia al poeta
Martín Pomala, en el que se consignan algunos datos sobre su niñez, su juventud, sus
amistades y sus inicios en la poesía: «Siendo niño, cuando contaba siete años, me puse
a hacer versos, de un libro de lectura que tenía. Viendo el libro podría recordar tal
vez algo de lo que se trataba. Lo primero que escribí en verso fueron unos tercetos a san
Juan Bautista, hechos en 1891, para un concurso poético abierto en el Seminario Menor de
Popayán, por el profesor de retórica y poética, el ilustre humanista francés Juan B.
Melezieux, a quien dediqué después una oda. Pero los primeros versos que publiqué
fueron los de una fábula del ruso Krilof. A partir de 1896 comencé a publicar versos en
el periódico llamado El Siglo, que sacábamos entonces Guillermo L. Calderón y el que le
responde [el maestro Valencia residía en Bogotá desde 1895; había sido llevado a esa
ciudad por el general Rafael Reyes]. Lo primero que publiqué en Bogotá fue el soneto
"Decadencia" que [está] en Ritos. Lo mostré a Tomás Surí Salcedo, a cuyo
estímulo y galante acogida debí mis siguientes producciones. Pero quien me enseñó
mucho de lo que no sabía y me abrió los horizontes intelectuales; quien me inició en el
gran movimiento literario del siglo XIX, en toda la amplitud del radio brandesiano, fue mi
queridísimo amigo maestro, mi óptimo amigo y doctor sapientísimo Baldomero Sanín Cano.
También debo muchísimo a la convivencia en aquel tiempo con los intelectuales que
seguían el movimiento, aunque algunos de ellos militaban en campos literarios adversos.
Imposible olvidarme de Max Grillo, de Ricardo Hinestrosa Daza, de Víctor M. Londoño, de
Julio Flórez, el enorme poeta, de Ricardo y Carlos Tirado Macías, de Enrique Alvarez
Henao, el autor de La carcajada del diablo, de Aquilino Villegas, de Alfonso Villegas
Arango, de Pacho Valencia, de Diego Uribe, de Clímaco Soto Borda, de Eduardo Ortega, de
Julio De Francisco, de Jorge Pombo..., en una palabra de todos y cada uno de los
compañeros en La Gruta de Zaratustra, que después se hizo La Gruta Simbólica y después
no sé qué más. Cuando llegué a Bogotá, admirando rabiosamente a Silva por su
"Nocturno" que acababa de publicar, pregunté al director del único diario que
existía entonces en la capital y que había publicado "El Nocturno", si el gran
poeta había dado a luz algo más que yo no conociera; el diarista me respondió:
"Silva escribe bastante, pero publica poco. Le ha dado por componer
extravagancias". Le pedí que me diese un ejemplo de ellas y me dijo: "El
'Nocturno' que le publico qué porque él se empeñó en ello. Eso no se entiende. Tiene
unos versos cortos y otros... sumamente largos". Yo le respondí: "Sí, como el
órgano". Y hay que contar que quien así impugnaba era un hombre sutilísimo,
inteligente, supremamente simpático, pero tan aferrado a la tradición académica que no
pudo ver la luz nueva y murió sin ser operado de su catarata literaria. Este rasgo dará
idea de la situación por [la] que atravesábamos los jóvenes aedas de aquellos tiempos
[...] Sobre Silva escribí un artículo crítico del prólogo que compuso don Miguel de
Unamuno para la edición española del gran lírico, cuyas "Gotas Amargas", ya
desaparecidas, se salvaron por una copia que había llegado a mi poder cuando vivía en
Popayán, hacia 1895. Yo salvé eso de la pérdida, pues algunos amigos de Silva
recordaban de memoria algunas, pero no la totalidad que tuve la fortuna de restablecer
después de muerto el poeta».
Guillermo Valencia.
Plumilla de Israel Bernal, 1933
Cuando Valencia tenía 23 años de edad, y en medio del
trágico espectáculo de la muerte de Silva, su imagen pública comenzó a emerger a
través de recitales tales como la lectura de su poema "Anarkos" en el Teatro
Colón de Bogotá, e intervenciones oratorias en el parlamento en sonados debates ante
consagradas figuras del mundo de la política como el general Rafael Uribe Uribe y el
doctor Miguel Antonio Caro. Nuevamente incurrió al Congreso por el departamento del Cauca
en el período de 1896 a 1898, y en esta ocasión compuso otros poemas de inspiración
social como "Croquis". Se presentían grandes males para la patria cuando el
general Reyes, designado representante de Colombia ante los gobiernos de Francia, Suiza y
Alemania, nuevamente contribuyó en la ampliación del panorama cultural del joven
payanés designándolo secretario de la legación, con lo cual lo situaba ante el ámbito
universal. Este viaje fue altamente provechoso para Valencia, porque asistió a la
Universidad de la Sorbona y al Instituto de Francia, con la avidez científica propia de
quien se siente capacitado para intuirlo todo, y estableció comunicación con
personalidades de la intelectualidad francesa que le permitieron asimilar en su propia
fuente las corrientes culturales que canalizaban las artes y las letras en la Europa de
entonces. De la voz de los más ilustres profesores de aquellos importantes centros
universitarios, tomó Valencia fundamentos de economía política, humanidades,
jurisprudencia, historia y hasta medicina, ciencia ésta a la que fue especialmente
aficionado. Fue durante la primera época, la de su entrevista con Federico Nietzsche y la
aparición en París de Ritos, su primer libro de poesías, cuando brilló su genio con
destellos sorprendentes. El libro salió bajo el patrocinio de la Editorial Samper Matís.
Podría decirse que Valencia entraba soberanamente al Parnaso de los grandes poetas y, en
una exhalación, se situaba muy cerca del gran Rubén Darío, el ídolo del floreciente
parnasianismo que venía a suceder al romanticismo de fin de siglo.
A su regreso a Colombia en 1901, el país se encontraba
sumido en las cruentas' luchas de la guerra de los Mil Días, con la cual terminó por
devastarse la débil economía colombiana, ya lesionada por los enfrentamientos sin tregua
de la centuria anterior; la nación se desangraba. Valencia, que venía de Francia, la
curta de la cultura, sin recursos financieros para subsistir, debió aceptar un cargo
burocrático, el de jefe de la Sección de Crédito Público del Ministerio del Tesoro,
que no hacía honor a sus capacidades ni a sus estudios en la Sorbona sobre la materia.
Pero un hombre de su calidad no podía pasar inadvertido, mucho menos citando la
revolución había consumido lo mejor de la juventud, y el doctor José Vicente Concha lo
designó secretario de Educación de Cundinamarca, de donde pasó a la Secretaría de
Gobierno. Vino la segregación de Panamá y Valencia fue al Congreso por su departamento
para intervenir en los famosos debates que tan grave acontecimiento suscitó. Brilló no
sólo por ello, sino también por sus lúcidas intervenciones en materia económica, en
momentos en que el papel moneda se convertía en el único recurso de subsistencia
estatal. Valencia logró escribir una prosa de gran profundidad, de rico lenguaje, de
visión interpretativa de la filosofía humana. Todos sus discursos de tipo político,
biográfico y literario se caracterizaron por el uso perfecto del lenguaje, por su
profundidad conceptual y por la estética de los símbolos usados. En 1908 contrajo
matrimonio en Popayán con Josefina Muñoz, hija de Ignacio Muñoz y Saturia Muñoz; de
ese matrimonio nacieron cinco hijos: Guillermo León, Josefina, Guiomar, Alvaro Pío y
Luz. En 1909 regresó al Cauca como gobernador del departamento, cargo que ocupó por poco
tiempo. El general Reyes quiso llevarlo de nuevo a Bogotá, ofreciéndole varios cargos de
importancia, entre ellos la cartera de Hacienda, pero él rechazó todas las propuestas y
aceptó el discreto cargo de colector de armas del Antiguo Cauca, desde donde fue testigo
presencial del proceso de desmembramiento del Gran Cauca. Sin embargo, aceptó la
representación de Colombia ante la Quinta Conferencia Panamericana que se reunió en Río
de Janeiro, presidida por el general Rafael Uribe Uribe. Terminada esta conferencia,
regresó a Popayán, donde se mantuvo al margen de toda intervención gubernamental.
Por la misma época, Valencia fue comisionado por la
comunidad payanesa para librar la batalla de reintegración del Gran Cauca ante el
Congreso de Colombia, reunido en 1909, lucha que a la postre resultó infructuosa, por
cuanto en abril de 1910 el presidente Carlos Holguín dictó el decreto 340, por el cual
Colombia quedaba escindida en 13 departamentos, a costa del Cauca Grande. Para sustentar
sus luchas políticas, el maestro Valencia fundó por este tiempo el semanario Adelante.
A1 mismo tiempo, viajó por segunda vez a Europa en compañía de su esposa, y regresó al
país en 1914, cuando estalló la primera Guerra Mundial. El presidente José Vicente
Concha lo recibió con el Ministerio de la Guerra de su gobierno, y la Universidad del
Cauca con el grado de doctor Honoris causa en Filosofía y Letras, al tiempo en que
aparecía la segunda edición de su libro de poemas Ritos, ahora traducido al inglés. Su
labor parlamentaria fue intensa desde los 23 años de edad, su oratoria fue dialéctica.
Como culminación de su actividad política, fue dos veces candidato a la Presidencia de
la República. La primera en 1918, en coalición con el partido liberal, dirigido por el
general Benjamín Herrera, cuando fue derrotado por la influencia del clero, que combatió
la coalición pues Herrera era masón. La segunda vez en 1930, inicialmente con apoyo
liberal por parte de dirigentes como Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos y otros,
quienes ante la profunda división del partido conservador, resolvieron lanzar candidato
propio. Su carrera política le seguía deparando numerosos enemigos, los cuales se
opusieron a su segunda candidatura presidencial en 1929, cuando también se hallaba en la
contienda electoral el general Alfredo Vázquez Cobo. El enfrentamiento entre el poeta y
político payanés y el general de la República persistió; por lo cual Valencia fue
culpado de la división de su partido, el conservador. Esta coyuntura sirvió para que
accediera al poder el liberal Enrique Olaya Herrera.
A partir de esta época vino la última etapa de su
creación poética, con poemas como "Job", "Parábola del Pozo",
"Canto a San Francisco de Asís", entre otras, y las versiones de la poesía
china que aparecieron en el libro titulado Catay. Su última actividad política la
cumplió como representante a la Cámara en 1914, y en ese período legislativo presentó
un proyecto de ley que fue aprobado, por el cual la nación le entregaba a la Universidad
del Cauca 70 hectáreas de tierra en la costa pacífica. Valencia tenía un temperamento
fuerte, y era inflexible ante cualquier acto indecoroso de la conducta humana. Como padre
fue profundamente afectuoso, leal y comprensivo del temperamento de cada uno de sus hijos.
Lo afectó de manera profunda la muerte de su esposa, como lo expresan los sonetos que
escribió en su memoria. Valencia sintió un gran respeto por todas las personas, sea cual
fuere su estatus social; era leal en sus relaciones humanas y muy exigente frente a la
conducta de cada uno de sus hijos, a quienes inculcó los más elevados principios de
honradez y solidaridad humana. Murió en la ciudad de Popayán, el 8 de julio de 1943, de
un cáncer de próstata del que había sido operado en Rochester. Por la ley 80 de 1943
fue declarada monumento nacional la casa donde vivió y murió, y donde reposan sus restos
mortales [Ver tomo 4, Literatura, pp. 143-147].
MARIA ALEXANDRA MÉNDEZ VALENCIA
Bibliografía
BUSTAMANTE JOSÉ IGNACIO. Los poetas payaneses. Popayán,
Universidad del Cauca, 1936. CASTRILLÓN, DIEGO. Muros de papel. Popayán, Universidad del
Cauca, 1986. DUARTE FRENCH, ALFREDO. Guillermo Valencia. Bogotá, Colcultura, 1973.
ESPINOSA, GERMÁN. Guillermo Valencia. Bogotá, Procultura, 1989. KAREN, SONIA. Guillermo
Valencia. Colombian poef. Nueva York, Hispanic Institute, 1951. TORRES, HERNAN. Estudios.
Edición en homenaje a Guillermo Valencia (1873-1973). Cali, Carvajal, 1976. VALENCIA,
GUILLERMO. Obra poética completa. Prólogo, Baldomero Sanín Cano. 2á ed. Madrid,
Aguilar, 1952.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.