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VALENCIA, ANTONIO MARÍA
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Antonio María Valencia.
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Dibujo de Roberto Pizano, París,
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diciembre de 1926.
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Músico y compositor
vallecaucano (Cali, noviembre 10 de 1902 - julio 22 de 1952). Antonio María Valencia era
hijo del chelista y pedagogo musical Julio Valencia, de quien recibió una esmerada
educación artística y musical, fruto de lo cual recibió a los catorce años una beca
por parte del Conservatorio Nacional, beca que no utilizó pues prefirió profundizar en
sus estudios. Ya por esa época, el talento de Valencia asombraba a cuantos oían sus
interpretaciones pianísticas, dada la precocidad y la profundidad con que expresaba su
arte en tales interpretaciones. Algunos años más tarde, en 1923, Valencia viajó a
Europa para proseguir sus estudios. En París, en la famosa Schola Cantorum fue admitido
con honores. Una lujosa nómina de profesores conformó en derredor suyo una bien
cimentada educación que potenció su enorme talento: estudió composición con Vincent
D'Indy; piano superior con Paul Braud; contrapunto con Paul Le Flem; armonía y dirección
de conjuntos vocales e instrumentales con Louis Saint-Requier; música de cámara con
Gabriel Pierné; orquestación con el famoso músico español Manuel de Falla [...] La
educación musical de Valencia se complementó de una manera sólida pero sin la rigidez
que le impidiera apreciar los avances del campo musical de aquella hora, representados en
las audacias del impresionismo y del expresionismo, para entrar en el ámbito del genial
Debussy y comprenderlo a cabalidad, de la misma manera que a Albert Roussel y, sobre todo,
a Gabriel Fauré, cuya obra ejerciera tan marcada influencia en la de Valencia. Al recibir
su grado de concertista de piano y de profesor, Valencia recibió la oferta de la Schola
Cantorum para que se quedara allí como profesor de piano. Fue un altísimo honor, que
Valencia declinó, con base en su convicción de regresar a Colombia para dedicarse a
enseñar y a difundir los conocimientos adquiridos en beneficio del desarrollo de la
música del país. Antes de regresar, Valencia se presentó en una serie de conciertos que
tuvieron como escenario al propio París, el sur de Francia y gran parte de España. Fue
gira plena de éxitos y donde su nombre quedó consagrado como uno de los más grandes
intérpretes del momento. Una vez en el país, se presentó en varios escenarios
recibiendo el testimonio de admiración de sus conciudadanos, que apreciaron en él sus
extraordinarias virtudes y la grandeza de su arte. Después fue nombrado inspector de
estudios en el Conservatorio Nacional. Allí Valencia intentó adelantar esa labor que se
había propuesto desde Europa, pero su afán y dedicación se estrellaron contra un
sinnúmero de dificultades que impidieron cualquier avance. Entonces decidió trasladarse
a su ciudad natal, donde después de ingentes esfuerzos y de constantes desvelos, fundó
el Conservatorio de esa ciudad, que con el tiempo llevaría su nombre. Era el año de
1933. Tres años más tarde, fue nombrado director del Conservatorio Nacional, cargo que
aceptó y ejerció por año y medio, lapso durante el cual llevó a cabo una completa
reorganización tanto a nivel técnico como docente. Después Valencia sirvió como
inspector general de Bellas Artes para todo el país. Pero su labor fundamental, la de
compositor y pedagogo, absorbió gran parte de su vida hasta que la muerte lo sorprendió
intempestivamente, cuando se hallaba en plena actividad y en ejercicio de sus plenos
poderes de artista. Era el 22 de julio de 1952. El gran pianista y compositor tenía
cincuenta años.
La obra de Antonio María Valencia es abundante y variada;
en ella se pueden ver fundidas las dos tendencias que caracterizan la problemática de la
música culta colombiana, universalismo y nacionalismo, que en Valencia alcanzan alto
grado de expresión en dos de sus obras más representativas: el trío Emociones caucanas
y la Misa de Réquiem escrita en homenaje al poeta Guillermo Valencia. En su adolescencia,
Antonio María Valencia compuso algunas canciones, entre las cuales se recuerdan
Desolación, danza para canto y piano con texto del poeta Andrés Villarraga, Canción de
Mayo y Arrurrú, soneto lírico para canto y piano. La creación de Valencia como
compositor serio se inició en París, después de haber completado sus estudios de piano.
En París escribió dos melodías para canto y piano, de las siete que completarán esta
parte de su producción. Ai-je fait un réve? y Est-il mort? se titulan las dos primeras y
están escritas sobre textos de Heine y Francis Carco. Las restantes se basan en textos de
Otto de Greiff y llevan por título Tres días hace que Nina, Iremos a los astros, La luna
sobre el agua de los lagos y Tarde maravillosa. En lo que se refiere a sus obras corales
de carácter religioso, Valencia compuso inicialmente un motete: O vos omnes para cuatro
voces mixtas, al cual siguieron siete obras más. Un Avemaría para sopranos, contraltos y
tenores; el Domine, salvam fac Rempublicam para coro mixto y órgano; la Invocación a
Santa Luisa de Marillac para coro mixto a capella; el Credo Dramático para cuatro voces
mixtas y órgano; la Misa breve de Santa Cecilia para cuatro voces mixtas a capella; el
Himno Eucarístico para coro mixto, órgano y orquesta; y su famosa Misa de Réquiem para
coro mixto a capella, escrita en 1943 y cuya primera audición tuvo lugar durante el
sepelio de GuiIlermo Valencia en Popayán, por la Coral Palestrina, dirigida por el autor.
Sus obras corales de carácter profano comprenden las Coplas populares colombianas para
cuatro voces mixtas a capella con interludios de piano. Las Canciones indigenistas para
coro a cuatro voces mixtas y que se divide en las partes siguientes: Huanuco (Perú),
Hawari (canto de amor) para soprano solista y coro de cuatro voces, Kunanti-tutaya(Perú),
para tenor solista y coro a cuatro voces solistas, Soy peregrino (Cuenca-Ecuador), para
tenor, solista y coro a tres voces iguales, y Pastoral (Bolivia) para soprano, flauta y
coro de sopranos, contraltos y bajos. Otras obras de esta parte de la producción de
Antonio María Valencia son el Madrigal ingenuo para coro mixto a capella, cuyo texto se
basa en una copla popular, y la Canción del boga ausente para cuarteto voeal, coro mixto
a capella y maracas, cuyo texto es un poema de Candelario Obeso, sobre el cual Valencia
realizó una extraordinaria interpretación. Las obras para piano que Valencia tocaba
magistralmente y conocía a la perfección, comprenden dos escritas en París: Ritmos y
cantos suramericanos números 5 y 8, en cuyo fondo laten el folclor y la temática de la
música popular latinoamericana. Ya en Colombia, el compositor escribió la Chirimía y
bambuco sotareño, Berceuse, el Bambuco del tiempo del ruido, Alba fresca y la Sonatina
boyacense. La música de cámara está representada en la obra de Antonio María Valencia
por el Dúo en forma de sonata para piano y violín; la Egloga incaica para flauta, oboe,
clarinete y fagot; la Canción de cuna para violín y piano; y el trío Emociones caucanas
para piano, violín y chelo, que se desarrolla en cuatro movimientos: Amanecer en la
sierra (Paisaje vallecaucano), Pasillo (Danza suramericana), Interrogante (Lento
expresivo) y Final (Fiesta campesina). En 1942, Antonio María Valencia escribió una obra
orquestal basada en su Chírimía y bambuco sotareño dividida en tres secciones:
Introducción: moderato marcial; Bambuco: vivo y entusiasta, y Final: muy lento y lejano,
lento y presto. La partitura incluye un flautín, dos flautas, dos oboes, dos clarinetes
en si bemol, dos fagotes, dos cornos en fa, dos trompetas en do, tres trombones en do,
timbales, piano y quinteto de arcos. La parte de la obra musical de Valencia que se
refiere a la instrumentación y arreglos contiene una orquestación de la Petite Suíte de
Claude Debussy, un arreglo para coros y orquesta de la Misa solemne en la mayor de Cesar
Frank, una reorquestación del Réquiem de Gabriel Fauré y una transcripción para
orquesta del Scherzo-Torbellino del violinista colombiano Ismael Posada Franco. Para el
crítico Andrés Pardo Tovar, la obra musical de Antonio María Valencia halla su más
refinada expresión en dos de sus partituras: El trío Emociones caucanas, del cual dice
que es su «más feliz formulación» en lo que se refiere al nacionalismo musical, pues
es «sin duda una obra maestra, profundamente sincera, admirable, equilibrada y plena de
sugerencias poéticas,>. En lo que se refiere a su Misa de Réquiem, Pardo Tovar opina
que «la fusión de los sentimientos y de las técnicas musicales de la alta Edad Media y
del Renacimiento avanzado, se logra dentro de un ámbito de exquisito refinamiento que
revela plenamente al artista contemporáneo, nutrido de sabias y secretas intenciones
retrospectivas». En cuanto a sus preocupaciones pedagógicas, Valencia escribió el texto
titulado Breves apuntes sobre la educación musical en Colombia, producto de sus
experiencias en el campo de la enseñanza y de su preocupación por mejorar el nivel de la
música colombiana [...] Como intérprete, como compositor y como pedagogo, Antonio María
Valencia puso cimientos muy serios y duraderos al desarrollo de la música colombiana y,
como dijo Andrés Pardo Tovar en palabras emocionadas con motivo del homenaje que se le
rindió al maestro vallecaucano en junio de 1948: «Porque a semejanza del gigante que
robó a los dioses el fuego sagrado para iluminar y redimir a los hombres, el artista
vallecaucano ardió en su propia llama para sensibilizar el ambiente nativo y para revelar
a sus gentes la existencia de un reino ideal, donde impera la belleza sonora y encuentran
su clave nuestros secretos anhelos» .
CARLOS PEROZZO
Forjadores de Colombia
contemporánea.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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