Músico y compositor nacido en Bogotá, el 17 de marzo de
1880, muerto en la misma ciudad, el 26 de junio de 1971. Hijo de Guillermo Uribe y doña
Mercedes Holguín, Guillermo Uribe Holguín fue desde muy pequeño aficionado a la
música, recibió lecciones de piano de varios profesores, pero su poca seriedad por
aquella época para el estudio hizo desistir a sus maestros y él continuó por su cuenta
tocando de oído. Alternando sus estudios de bachillerato con la música, Uribe Holguín
ingresó en la Academia Nacional de Música al comenzar el año 1891. Esta Academia,
fundada por el profesor Jorge W. Price, tenía un personal docente deficiente, pero Uribe
tuvo la suerte de contar con las enseñanzas de Ricardo Figueroa, un talentoso violinista,
aunque sin rigor académico, que lo inició en los estudios de ese instrumento.
Rápidamente el alumno alcanzó a sus maestros, y ya para el año de 1894 Uribe obtuvo el
reconocimiento de sus profesores y además regentó un curso de violín como profesor
suplente. Tenía entonces 14 años y era el invitado de obligación de cuanto concierto,
velada o acto social se celebrara en la ciudad. Pero, con todo, la formación musical
recibida hasta ese momento por Uribe Holguín era deficiente, por lo que el joven músico
resolvió tomar clases con Narciso Garay, hijo del pintor Epifanio. Cuando éste viajó a
Europa al salir de la Academia por ciertas dificultades, Uribe Holguín se vio obligado a
estudiar por su cuenta, hasta que lo invitaron a participar en el trío que conformaban el
pianista Carlos Umaña y Antonio Figueroa. El reemplazaría a su maestro ausente Narciso
Garay [... ] Una vez terminado el bachillerato, Uribe Holguín se matriculó en la Escuela
de Ingeniería, pero una enfermedad lo obligó a retirarse, iniciando después una
convalecencia que incluyó un viaje a las tierras del Valle del Cauca, lo que contribuyó
a su mejoría. Más tarde se hizo empleado del Banco de Colombia y después, en medio del
conflicto bélico que representó el fin de las guerras civiles en Colombia, fundó una
firma comercial con dos amigos suyos, lo que lo obligó a viajar por varias regiones de
Colombia, a lomo de mula, permitiéndosele, de esta manera, el conocimiento directo con
las diversas gentes y regiones del país; pero esos negocios resultaron a la postre un
fracaso y Uribe Holguín pensó seriamente en partir de Colombia, en busca de nuevos
horizontes. Poco después viajó a Nueva York donde, para sobrevivir, tocó en orquestas
de baile, arregló canciones y transcribió trozos de música selecta para instrumentos
populares [...] Obligado a regresar al país por enfermedad de su padre, para Uribe
Holguín el ambiente musical de Bogotá era algo menos que precario. La antigua Academia,
ahora cerrada, fue resucitada por él y algunos compañeros suyos, colocando en la
rectoría de la misma a Honorio Alarcón, quien fue reemplazado más tarde por Andrés
Martínez Montoya. Superando diversas etapas donde las dificultades amenazaban su
desintegración, la Academia empezó a tomar fuerza y el propio Uribe Holguín, profesor
de violín allí, desarrollaba métodos didácticos y organizaba una orquesta con restos
de antiguos instrumentos encontrados al desgaire; urgencias de tipo económico obligaron a
aquella improvisada orquesta a presentarse al público para dar un golpe ante la opinión
que la defendiera del inminente cierre de la Academia (se rumoraba) por causas
económicas. Gracias a este concierto, la Academia sobrevivió a las amenazas que se
cernían sobre ella. Es importante destacar que esta agrupación musical llamada Orquesta
de la Academia, fue la base de lo que hoy día constituye la Orquesta Sinfónica de
Colombia, que funcionó gracias a los desvelos y trabajos de Uribe Holguín durante 25
años.
A cambio de encargarse de la dirección de la Academia a
su regreso, Uribe Holguín recibió algo así como una especie de beca para profundizar
sus estudios en Europa. Viajó a París en compañía de su hermana y de su madre, pues el
padre había muerto algunos meses antes. Fue allí en París donde conoció a la mujer que
sería el centro de su existencia: doña Lucía Gutiérrez, pianista de grandes méritos.
El ingreso en la Schola Cantorum lo puso en contacto con grandes personalidades de la
música. Tuvo como profesor al famoso pianista Vincent D'Indy y sus condiscípulos fueron
Joaquín Turina, Iván Englebert y ]osé Civil [...]. Fue por esa época que Uribe se
ensayó como crítico musical colaborando en varias publicaciones europeas y también
cuando aparecieron las primeras composiciones. Música para poemas de Víctor Hugo,
Verlaine, Baudelaire, Barbusse, Paul Fort, entre otros. Para los exámenes del primer
año, Uribe Holguín presentó una monodia con texto de Verlaine y un coral variado que
tuvieron gran acogida entre sus profesores. El 15 de junio de 1909, en el programa del
concierto que ejecutó el conjunto de la Schola, se incluyó una sonata suya que había
sido presentada dentro de los trabajos de estudio, y más tarde esta misma sonata fue
interpretada en casa del millonario Charles Stern, por los intérpretes Blanche Selva y
Fermín Touche. La sonata fue incluida en conciertos de intérpretes renombrados de la
época como Ricardo Viñes y Gabriel Wuillaume y Chaumont y Bosquet, y también fue
editada, pasando a formar parte de la literatura musical [...] El 24 de febrero de 1910
contrajo matrimonio con doña Lucía Gutiérrez y casi de inmediato regresó a Colombia.
Una vez en su lugar de origen fue nombrado profesor de composición en la Academia, cargo
que no aceptó por disensiones surgidas entre él y el director de esta entidad. Más
adelante, y a instancias del ministro de Instrucción Pública, Pedro María Carreño, fue
nombrado director de la Academia, al tiempo que se le pidió la elaboración de un
reglamento que rigiera los destinos de esa institución. En aquel reglamento, Uribe
Holguín cambió el nombre de Academia por Conservatorio, introdujo los concursos de
admisión como requisito para ingresar a estudiar música y sentó las bases para la
creación de una biblioteca, entre otras exigencias. Y, de nuevo, tuvo que crear la
Orquesta que con motivo de su ausencia del país había desaparecido. Poco tiempo después
la Orquesta volvía a presentarse en público, y ya en su segundo concierto tuvo como
solista a Lucía Gutiérrez de Uribe [...] En 1917 Uribe Holguín residió la sección de
enseñanza artística en un congreso pedagógico nacional. Allí presentó un proyecto
cuyos lineamientos generales conducían a fomentar el estudio de la música en Colombia y
entre sus particularidades se pedía la autorización para traer al país eminentes
profesores con destino a la enseñanza en el Conservatorio, la reglamentación de los
espectáculos que podían presentarse, y la participación del Conservatorio en los
destinos del Teatro de Colón. Además, solicitaba la reglamentación de los profesores de
música y la obligatoriedad de la enseñanza del canto en las escuelas.
Un corto viaje a Europa y un regreso azaroso en el barco
donde viajaba con su mujer y sus hijos, fueron el preámbulo de la postguerra para Uribe
Holguín. A su regreso se puso de nuevo al frente del Conservatorio y de sus múltiples
problemas. Una de las primeras cosas que hizo Uribe Holguín fue cambiar el nombre de
Orquesta Sinfónica por el de Sociedad de Conciertos Sinfónicos del Conservatorio, a la
agrupación musical que dirigía, con el objeto de integrarla sólo con músicos
(profesores o alumnos) del Conservatorio. En 1922 el Conservatorio fue clausurado, pero
gracias a las amistades y a los buenos oficios de Uribe Holguín se logró que esta medida
fuera revocada; entre otros, don Fidel Cano y el general Lucas Caballero se pusieron al
frente de una delegación que pidió la asignación de la partida presupuestal que le
correspondía al Conservatorio y de esa manera se evitó su desaparición por defunción
[...]. Poco a poco, la actividad musical de la ciudad capital se fue haciendo más densa y
el arribo de importantes músicos, que por mediación y dirección de Uribe Holguín
actuaron en los diferentes escenarios musicales, fueron conformando el sedimento musical y
la afición de que hoy goza la música en los medios artísticos [...] En 1930 llegó a
Bogotá, procedente de Europa, el gran pianista Antonio María Valencia. Su presencia de
concertista en los círculos musicales de Bogotá produjo un gran impacto y pronto Uribe
Holguín lo incorporó a la nómina de colaboradores suyos en el Conservatorio. La
colaboración entre los dos grandes músicos colombianos resultó altamente eficaz y de
gran beneficio para la música. Dieron recitales conjuntos o con la compañía de otros
músicos como el violoncellista Arnoldo Rossetti o el polaco Bougumil Skora, y en los
conciertos se incluyeron casi siempre partituras creadas por Uribe Holguín. En 1932, la
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando lo nombró entre sus miembros académicos en
Bogotá, y al finalizar ese mismo año el gobierno francés le otorgó la condecoración
de Caballero de la Legión de Honor [...] Poco después de la creación por parte del
gobierno de la Dirección Nacional de Bellas Artes, y de la designación de Gustavo Santos
para director de aquella institución, Guillermo Uribe Holguín renunció a la dirección
del Conservatorio en el cual había trabajado durante cerca de veinticinco años y, que, a
no dudarlo, fue creación suya, al tiempo que representa el punto de partida para el
desarrollo del arte musical en Colombia. Retirado de la actividad docente, Uribe Holguín
recibió muchos homenajes y muestras de afecto y admiración, y entre otras distinciones,
el gobierno lo honró con la Cruz de Boyacá. En 1939 sufrió quebrantos de salud, pero
eso no impidió la creación de nuevas obras musicales. Más adelante, en el año de 1940,
compuso su drama musical Furatena; recibió el título de director honorario de la
Orquesta Sinfónica Nacional y el de profesor honorario de la Universidad, junto con la
Medalla Cívica "General Santander", que con motivo del centenario de este
prócer se impuso a varios distinguidos ciudadanos.
La creación musical de Guillermo Uribe Holguín comprende
trece obras sinfónicas, entre las cuales se destacan Sinfonía del terruño op. 15;
Bochica, poema sinfónico op. 73; Tres ballets criollos op. 78; Ceremonia Indígena (Himno
a Zúa y danza ritual). Tres conciertos: dos para violín y orquesta op. 64 y 79; y el
concierto llamado A la manera antigua. Veintitrés obras de música de cámara, entre las
que se destacan seis cuartetos de cuerdas, op. 12, 19, 63, 86, 87 y 90; seis sonatas para
violín y piano, op. 7, 16, 25, 39, 59 y 75; dos quintetos para piano y cuarteto de arcos,
op. 31 y 66, un divertimento para flauta, arpa, corno y cuarteto de cuerdas, op. 89. Entre
sus obras corales se cuentan dos canciones para coro mixto a capella: Canción de la Paz y
Día de la siembra. Dentro del panorama de su música religiosa se destacan su Réquiem
para coro y orquesta, op. l7; Improperia para barítono y orquesta, op. 65 y una Misa para
coro a capella de niños y voces de varones; sus obras para piano incluyen los Trozos en
el sentimiento popular, varias suites y series de preludios; entre las obras para canto y
piano se cuentan las quince canciones con textos de Rafael Pombo, otras doce con textos de
autores franceses y la opus 80, sobre el poema de Guillermo Valencia Hay un instante en el
crepúsculo. Además Uribe Holguín cubrió también la gama de la música para guitarra,
como testimonian la Pequeña Suite para guitarra, op. 80; el Prometeo basado en el texto
de Esquilo y la música para el poema Anarkos de Guillermo Valencia. Tiene también
música para textos de poemas de Rubén Darío y José Asunción Silva, así como su
ópera Furatena op. 76, basada en leyendas de origen precolombino, y la Marcha Triunfal
para tenor y orquesta op. 18, el Primer Nocturno op. 27 y el Himno para tenor, coro y
orquesta, op. 42 [...] Guillermo Uribe Holguín es, ciertamente, la piedra angular desde
la cual se desarrolló la moderna música en Colombia y de su acción de toda una vida en
beneficio de este arte, depende en gran parte el auge que en la actualidad tiene la
música en el país, de la misma manera que, directa o indirectamente, con su ejemplo y su
consagración, ha irradiado en el presente en la obra de compositores como Luis Antonio
Escobar, Fabio González Zuleta, Blas Emilio Atehortúa o Jacqueline Nova. El maestro
Uribe Holguín murió en Bogotá, a los 91 años de edad, el 26 de junio de 1971 [Ver tomo
6, Arte, pp. 224-225].
CARLOS PEROZZO
Forjadores de Colombia Contemporánea
Bibliografía
PERDOMO ESCOBAR, JOSÉ IGNACIO. Historia de la música en
Colombia. 5a. ed. Bogotá, Plaza y Janés, 1980.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.