Sacerdote, sociólogo y revolucionario nacido en Bogotá,
el 3 de febrero de 1929, muerto en Patio Cemento, Santander, el 15 de febrero de 1966. La
vida de Jorge Camilo Torres Restrepo estuvo marcada por las premoniciones, el mito y la
ficción. Efectivamente, días antes de su nacimiento una pitonisa le predijo a su madre,
Isabel Restrepo de Torres, que el niño por nacer sería, con el tiempo, figura grande en
la religión o en la política. Años después, en Lima, en julio de 1965, cuando ya
había dejado la sotana e iniciado una activa vida política desde el Frente Unido, y
había decidido vincularse al Ejército de Liberación Nacional (ELN), en una reunión el
sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, a quien Camilo le comentó su deseo e interés de
integrarse a la guerrilla, le expresó francamente que, en caso de alistarse en la lucha
revolucionaria, lo mejor que podía pasarle era que lo mataran con la primera bala, en el
primer combate. Meses después, cuando se dirigía al fortín del ELN en las montañas del
departamento de Santander y casi es sorprendido por una patrulla del ejército, Torres
Restrepo le comentó a su guía, con el humor que siempre lo caracterizó: «Casi no llego
siquiera al campamento». Muerto en combate, el lugar donde se encuentra su tumba es un
misterio pues, a excepción del entonces coronel Alvaro Valencia Tovar, nadie sabe dónde
está sepultado. De todas maneras, es un hecho que Camilo 'I'orres Restrepo constituye un
símbolo de rebeldía latinoamericana, y se ha convertido en un mito.
Nacido en el tradicional barrio de La Candelaria, en el
seno de una familia burguesa y liberal encabezada por el prestigioso médico pediatra
Calixto Torres Umaña, los primeros meses de su vida los pasó Camilo en un apartamento
anexo al lujoso Hotel Ritz, propiedad de sus padres. Luego, en 1931, se trasladaron a
vivir a Ginebra (Suiza), pues el doctor Torres fue nombrado representante por Colombia en
la Liga de las Naciones. Debido a una separación matrimonial temporal, doña Isabel sus
hijos Gerda y Edgar Westendorp, fruto de su primer matrimonio, y los Torres Restrepo,
Fernando y Camilo, vivieron en Barcelona. En 1934 retornaron todos juntos a Bogotá, y en
1937 el matrimonio se disolvió quedando los dos hermanos Torres Restrepo bajo la tutela
de su madre, pero con la supervisión y responsabilidad económica del padre. Luego del
divorcio, Camilo, su hermano y su madre se fueron a vivir a las afueras de Bogotá, en un
finca lechera llamada La Granja. Camilo Torres Restrepo se graduó d~ bachiller en el año
1946, en el Liceo Cervantes. En el primer semestre de 1947 entró a estudiar Derecho en la
Universidad Nacional. Luego de un contacto con dos promotores vocacionales dominicos y de
un período de incertidumbre, decidió hacerse fraile de la comunidad de SantoTomás. Sus
padres se opusieron a su decisión, pero fue tal la presión que al fin aceptaron que
Camilo entrara, en septiembre de 1947, al Seminario Conciliar de Bogotá. En realidad,
nadie pensó que el alocado hijo del doctor Calixto fuera a tomar la sotana, pues si bien
asistía los domingos a misa, su forma de actuar y la vida de comodidades a la que estaba
acostumbrado, decían otra cosa. Sin embargo, al entrar al seminario lo hizo plenamente
convencido y desde ese momento, y durante casi dieciocho años, asumió la vida sacerdotal
con gran responsabilidad. En el seminario, ubicado en las Sierras del Chicó, permaneció
durante siete años. Allí comenzó a interesarse por la realidad social y creó un
círculo de estudios sociales con su compañero Gustavo Pérez. Las obras leídas por los
seminaristas no eran revolucionarias, hacían énfasis en encíclicas y obras cristianas
sobre justicia social, que prohibían y censuraban el comunismo, la lucha de clases y la
propiedad colectiva. La lectura adelantada de fase crítica, pero despertó en el joven
seminarista un interés por la acción social y por los problemas de los marginados, al
punto que inició una labor con los picapedreros habitantes de las lomas aledañas al
seminario. Bien pronto comprendió que la solución al problema de la pobreza no debía
buscarla en las liberalidades de los ricos.
Camilo Torres Restrepo se ordenó como sacerdote el 29 de
agosto de 1954, y al día siguiente ofició su primera misa en la capilla del. Liceo
Cervantes. El 25 de septiembre del mismo año viajó a Lovaina, vía Nueva York, con el
fin de adelantar estudios de Sociología. En Bélgica recibió gran cantidad de
influencias, en especial de la Democracia Cristiana y, del sindicalismo cristiano, que le
sirvieron para abrazar una causa que nunca abandonó: la de los oprimidos, en el ideal,
nunca alcanzado, de llevar con ellos una vida comunitaria y compartir sus tareas y
esfuerzos. Además fundó, en 1955, el Equipo Colombiano de Investigación SocioEconómica
(ECTSA), que tuvo comités en la mayoría de los países de Europa occidental y ocupó la
vicerrectoría del Colegio Latinoamericano. Así mismo, se vinculó a la actividad
estudiantil latinoamericana, vio muy de cerca los tugurios existentes en París y, en
1957, además de conocer a Marguerite Marie Guitemie Olivieri; quien llegaría a ser su
amiga, confidente y secretaria, tuvo un acercamiento con los grupos de la resistencia
argelina ~n París, y alcanzó a vislumbrar lo que era un proceso de liberación nacional
y el papel que un intelectual podía cumplir en tal lucha. En 1958 obtuvo su título de
sociólogo, con la tesis "Una aproximación estadística a la realidad
socioeconómíca de Bogotá", publicada en 1987 como La proletnrización de Bogotá,
que fue dirigida por el profesor Yves Urbain. Este trabajo le sirvió, al igual que otras
investigaciones posteriores, para familiarizarse con las estructuras sociales de los
medios urbanos v rurales; aprendió a conocer las personas y a sacar conclusiones. Este
trabajo tiene las lógicas limitaciones de una monografía de pregrado: ritualismo
académico, presentación mecánica de conceptos, bibliografías v marcos teóricos que
después no encuentran ubicación alguna en el cuerpo del escrito; sin embargo, inauguró
los estudios :modernos sobre la ciudad en Colombia. De regreso al país, el padre Camilo
permaneció tres meses en Estados Unidos, tomando un curso de sociología en la
Universidad de Minneápolis (Minnesota), en la que conoció a Teodore Caplow. Llegó a
Colombia en enero de 1959 y fue nombrado capellán auxiliar de la Universidad Nacional y
profesor del recién fundado Departamento de Sociología que serviría de base a la
facultad. Comenzó entonces una intensa actividad como docente, dictando sociología
urbana y de trabajo social. Durante e1 año 1959-1960, el padre Camilo cumplió una
importante labor investigativa y de acción social en el barrio obrero de Tunjuelito. Al
principio, comenzó a ir con sus estudiantes de sociología motivado por el interés de
observar la realidad cotidiana, el nivel de vida de la clase obrera y los problemas
creados por la migración de campesinos a la ciudad. Pero en la medida que el trabajo fue
conocido por estudiantes de otras facultades, poco a poco se fueron integrando a él con
el fin de mejorar el nivel de vida de los habitantes del barrio. Fue tan importante la
labor cumplida por Camilo Torres y su grupo en Tunjuelito, que en el mismo año de 1959 el
emprendedor sacerdote y profesor obtuvo el Premio Nacional de Beneficencia "Alejandro
Angel Escobar", con un plan piloto para ese sector capitalino. Así mismo, el
Ministerio de Educación lo invitó a integrar un comité para el desarrollo de la
comunidad, que a partir de julio de 1959 pasó a llamarse Acción Comunal. Aunque
escéptico, Torres Restrepo colaboró con la nueva entidad e involucró a la Universidad;
allí fundó, en 1960, el MUNIPROC (Movimiento Universitario para Promoción Comunal), que
gracias a sus buenas influencias logró financiarse y pudo mantenerse como un ente
independiente de la Acción Comunal y demás instituciones oficiales. Además, en 1961 se
creó el Consejo Interfacultades para el desarrollo de la comunidad. Como capellán
auxiliar de la Universidad Nacional, el padre Camilo introdujo en Colombia muchas de las
reformas del Concilio Vaticano n: no daba la misa de espaldas al público, sino de frente,
y decía la misa en castellano, no en latín como hasta el momento era ley. Pregonó que
el problema no era rezar más, sino amar más; aprobó el noviazgo para curas y
seminaristas, y abogó por el ecumenismo.
A finales de 1961, Camilo Torres comenzó a tener
problemas con el cardenal Luis Concha Córdoba, quien no veía con buenos ojos la
vinculación del sociólogo y sacerdote a la Universidad. El asunto fue tornándose cada
vez más espinoso y tuvo su punto culminante cuando, en julio de 1962, luego de un
período de agitación estudiantil, la Universidad fue cerrada y el joven subcapellán y
profesor incitó al cuerpo docente universitario a seguir dictando las clases y, después
de una larga asamblea especial, los estudiantes lo declararon rector. El prelado no
aguantó más y lo destituyó de su cargo como capellán ~ de los trabajos académicos y
funciones administrativas que desempeñaba en la Universidad. Luego de alguna presión por
parte del centro docente, el cardenal aceptó que terminara sus clases del segundo
semestre académico, pero que siguiera al frente de la parroquia de La Veracruz, a donde
había sido enviado. Por este tiempo, Camilo Torrez fue nombrado miembro de la junta
directiva del recién creado Instituto de la Reforma Agraria (INCORA). Allí tuvo
infinidad de enfrentamientos con diferentes autoridades, pues permanentemente cuestionó
las políticas del Ministerio de Agricultura; pero desde ese privilegiado lugar, no sólo
pudo conocer gran parte de los problemas del campesino colombiano, sino hacerse una idea
muy fiel de la burocracia y del proselitismo del Estado. Así mismo, por esa época Camilo
Torres fue nombrado decano del Instituto de Administración Social de la Escuela Superior
de Administración Pública (ESAP), institución en la que permaneció hasta fines de
abril de 1965, cuando, por presiones de la curia, decidió viajar a Lovaina, el 22 de mayo
de 1965, para adelantar estudios de doctorado en sociología. Su proyecto de tesis,
diseñado en 1962, buscaba estudiar, siguiendo el ejemplo de Oscar Léwis, la asimilación
de migrantes a los medios urbanos y examinar en detalle la experiencia de diez familias de
origen campesino residentes en Bogotá. No obstante, Torres nunca emprendió este viaje,
pues decidió, más bien, tomar los rumbos de la lucha armada que los del intelecto. De
todas formas, en la ESAP Camilo Torres pudo trabajar en el desarrollo de la comunidad, y
organizar cursos para campesinos en todo el país. Es particularmente importante la
escuela que fundó en Yopal (Casanare), y que se llamó la Unidad de Acción Rural (UAR).
En realidad, los problemas suscitados entre Camilo Torres
y el cardenal Concha tuvieron diferentes causas que no sólo radicaron en la labor
proselitista de Camilo dentro del estudiantado y en sus actividades académicas, sino en
lo que representaban uno y otro. El cardenal enfrentaba un momento difícil, suerte de
renegociación en las relaciones entre el Estado y la Iglesia; por eso había que borrar
la idea dejada por la reciente violencia de que los curas participaban abiertamente en la
política del país, y que el púlpito era una tribuna desde donde se decidían los
destinos de la nación. Por su parte, Torres Restrepo quería que la Iglesia se reformara,
que cumpliera un papel más social, en beneficio de los más necesitados, y en aras de tal
ideal muchas de sus actuaciones públicas parecían turbulentas y llegaron a entorpecer
las armónicas relaciones entre el poder civil y el eclesiástico. Así pues, uno y otro
personaje representaba un punto de vista distinto sobre el papel de la Iglesia. Tales
concepciones frecuentemente chocaron, directa o indirectamente. En 1960, Torres Restrepo
hizo una evaluación de las escuelas radiofónicas, Radio Sutatenza, de monseñor José
Joaquín Salcedo, que sin ser analítica, demostraba que ese programa era demagógico y
perjudicial para el campesino, a quien estaba principalmente orientado. Salcedo se
molestó con Camilo y comenzó una controversia entre los dos sacerdotes que llegó a su
punto culminante cuando el joven sociólogo y subcapellán le expresó al prelado que su
anticomunismo [el de Salcedo], lo hacía ciego y ridículo ante cualquier movimiento
reformista. La campaña anticomunista emprendida desde los programas emitidos en Radio
Sutatenza, incitaba al odio y ocasionaba violencia. Fueron muchos los hechos que, como
éste, ampliaron la distancia entre el cardenal y Camilo Torres. Sin lugar a dudas, la
salida de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional se precipitó debido a la
activa participación que tuvo Camilo en la búsqueda de la financiación y redacción de
la investigación emprendida años atrás por monseñor Germán Guzmán Campos, que
terminó con la edición de los tomos del libro La Violencia en Colombia (1962 y 1964).
Este trabajo, por lo menos el primer volumen, levantó muchas ampollas dentro de la clase
política, la Iglesia, la comunidad académica y el ejército, pues tocó aspectos que
habían ocurrido recientemente y que involucraban muy directamente a la clase dirigente y
dominante del país. Camilo no aparecía como autor, pero su papel fue importante.
Precisamente fue en torno a la violencia que escribió su último ensayo sociológico de
fondo: La violencia y los campos socioculturales en las áreas rurales(1963), presentado
en el primer Congreso Nacional de Sociología, en el que planteó que la violencia era
factor importante del cambio social.
El permanente trabajo de Camilo Torres con la docencia y
su acercamiento a los problemas más álgidos del país fueron radicalizándolo: en agosto
de 1962, en Buenos Aires, en una reunión previa a la fundación del CELATIN (Consejo
Episcopal Latinoamericano), planteó que los marxistas luchaban por la nueva sociedad y,
por lo tanto, los cristianos debían estar luchando a su lado. En mayo de 1964, antes del
bombardeo a la llamada República independiente de Marquetalia, Torres quiso entrar antes
de que empezaran las acciones militares, junto con Gustavo Pérez, Orlando Fals Borda,
Eduardo Umaña Luna, Germán Guzmán y un político de apellido Muñoz, para emprender una
misión de paz independiente; sin embargo no pudo hacerlo, pues el cardenal Concha no dio
su permiso a Camilo, ni a Guzmán Campos, ni a Gustavo Pérez por ser sacerdotes de su
feligresía. De todas formas, el episodio de Marquetalia lo impulsó de una manera mucho
más abierta a la acción. Así, en septiembre de 1964 asistió en Lovaina a un congreso
de Teología Pastoral en el que planteó que la caridad cristiana, si quería ser eficaz y
no un asunto meramente verbal, tenía que ocuparse de la planificación económica, la
cual, en los países subdesarrollados, suponía un cambio total en las estructuras del
poder. Los católicos debían colaborar con los marxistas, pues éstos estaban en la
vanguardia de la lucha por el cambio. A partir de enero de 1965, Camilo Torres trató de
ponerse en comunicación con el recién creado (julio de 1964) Ejército de Liberación
Nacional (ELN), y en febrero planteó una plataforma para un movimiento de unidad popular:
el Frente Unido de Movimientos Populares. Contactado por el ELN, el 27 de junio de 1965
Camilo Torres abandonó el sacerdocio. Días después de esta trascendental decisión, el
3 de julio, viajó a las montañas de Santander a entrevistarse, por primera definitiva
vez, con el entonces comandante del ELN, Fabio Vásquez Castaño. En esta conferencia
plantearon la estrategia a seguir: Camilo seguiría su programa de agitación política
con el Frente Unido en las ciudades y pueblos del país, pero, en un momento dado, cuando
la dirigencia guerrillera lo creyera necesario, debería integrarse a la lucha armada
revolucionaria en los montes. Así mismo, se acordó que el movimiento liderado por Torres
Restrepo debía tener un periódico y atraer a políticos de todos los sectores. Es decir,
Camilo entró a formar parte del ELN, pero debía considerarse como «un militante en
comisión en la ciudad».
A partir de la conferencia de principios de julio y hasta
el 18 de octubre, cuando Camilo Torres partió para la guerrilla, el ex cura y ex profesor
universitario se dedicó, junto con Jaime Arenas, su contacto directo con el ELN, y
Marguerite Guitemié Olivieri, a trabajar con el Frente Unido y en la publicación del
semanario del movimiento, cuyo primer número apareció el 26 de agosto y tuvo un éxito
arrollador: 45000 ejemplares se vendieron en cuestión de horas. La carismática figura de
Camilo aglutinó a gentes de diferentes tendencias de la izquierda y de la política
tradicional, y sobre todo captó la atención de grandes multitudes. A semejanza del
asesinado líder Jorge Eliécer Gaitán, Camilo Torres llenó las plazas públicas y tuvo
un vertiginoso ascenso político. Pero su éxito pronto generó problemas: los políticos
de todos los lados, especialmente los de la disidencia, quisieron captarlo para que
atrayera a las masas hacia las urnas, cosa a la que Camilo se negó sistemáticamente pues
estaba convencido del abstencionismo como posición revolucionaria. Se generaron entonces
grandes contradicciones, inconsistencias que llevaron a un camino sin salida al movimiento
y al caudillo. Efectivamente, a consecuencia de su radicalismo, poco a poco Camilo fue
rompiendo con sus amigos y con los de su clase, y en torno a él se fue estrechando un
círculo. El periódico, a consecuencia de los rompimientos con los "electores"
y de su falta de maquinaria organizativa y de recursos económicos suficientes, se
convirtió pronto en un fracaso. Además, había indicios muy serios de que la derecha
quería asesinarlo. Entonces, Fabio Vásquez ordenó que dejara su comisión en la ciudad
y partiera para la guerrilla, disposición a la que Camilo se acogió y cumplió al pie de
Ja letra. Noventa días después de su ajustamiento y cumpliendo la predicción hecha por
el cura Gutiérrez, Camilo Torres murió en el primer combate en el que participó, cuando
quiso apoderarse del fusil de un soldado dado de baja en la emboscada.
JOSÉ EDUARDO RUEDA ENCISO
Bibliografía
ALVAREZ, JHON Y CRISTIAN RESTREPO. Camilo Torres.
Medellín, Ediciones Carpel-Antorcha, 1966. BRODERICK, WALTERT. Camilo Torres, el cura
guerrillero. Barcelona, Editorial Grijalbo, 1977. CATAÑO, GONZALO. La sociología en
Colombia: Balance crítico. Bogotá, Plaza & Janés, 1986. JARAMILLO, FRANCISCO DE
PAULA. Camilo, 8 ensayos apasionados. Bogotá, Populibro, 1970. LARTEGURY, JEAN.
"Camilo Torres, la liberación del continente americano". Revista Blanco y
Negro, N-° 2887 (septiembre de 1967). RUEDA ENCISO, JOSE EDUARDO. "La antigua
Facultad de Sociología y la creación de los departamentos en el país". En: Los
imaginarios y la cultura popular. Bogotá, CEREC-CODER, 1993. TORREZ RESTREPO, CAMILO. Ca
revolución, imperativo cristiano. Bogotá, Ediciones del Caribe, 1965. TORREZ RESTREPO,
CAMILO. La proletarización de Bogotá. Bogotá, ceRecCEREC, 1987.