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SUÁREZ, MARCO FIDEL
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Marco Fidel
Suárez.
Oleo deJosé María Duque, 1924.
Museo Nacional, Bogotá.
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Político y estadista antioqueño (Hatoviejo, hoy Bello,
abril 23 de 1855 Bogotá, abril 3 de 1927), presidente de la República durante el
período 1918-1921. Cuando Marco Fidel Suárez tenía 6 años, nació su hermana Soledad,
quien lo acompañó toda la vida. Los dos niños vivían con su madre, en una chocita con
piso de tierra y techo de paja en la parte alta del pueblo. Rosalía ganaba lo necesario
para el sustento de la familia, lavando ropa y amasando galletas que Marco Fidel vendía
antes de ir a la escuela. Allí el niño, se destacaba; tanto, que el padre Joaquín
Bustamante, impresionado con sus dotes, decidió llevarlo a Fredonia y, más tarde, a La
Ceja, cuyas escuelas eran superiores y donde podía aprender mejor. En febrero de 1869, a
los 14 años, fue matriculado en el Seminario de Medellín. Su solicitud de ingreso estaba
acompañada de la partida de bautismo y dos recomendaciones firmadas por los presbíteros
Joaquín Bustamante y Joaquín Tobón. Durante sus años de estudio, Marco Fidel se
destacó siempre por su «aplicación grande y su conducta ejemplar». Estudió latinidad,
filosofía, sagrada escritura, derecho canónico, teología dogmática e historia
eclesiástica. Desde 1872 fue maestro, a la vez que estudiante; enseñó filosofía y
gramática y, al año siguiente, aritmética, álgebra y caligrafía, con un sueldo de
doce pesos. Ese mismo año, en la reunión solemne de la Academia Literaria del Seminario
de Medellín, pronunció su primer discurso, al que le siguió el titulado "El
Utilitarismo", publicado en La Sociedad, de Medellín. En 1876, su último año de
estudios en el seminario, se matriculó en derecho canónico y teología dogmática, y
enseñó filosofía, gramática y física. Ese mismo año, el 16 de agosto, el presidente
Aquileo Parra declaró turbado el orden público por la guerra civil que estalló el 11 de
julio en el Estado del Cauca y que se extendió al Tolima y a Antioquia. A1 final de ese
año, Suárez presentó sus exámenes finales, en los que obtuvo brillantes
calificaciones. Las pugnas políticas y religiosas hicieron que se clausurara el Seminario
de Medellín, que estuvo en receso hasta 1881. En esa misma época, Suárez recibió la
amarga noticia de que no podría ser sacerdote. El diría más tarde que no se sentía
suficientemente digno, pero sabemos por su correspondencia que su vocación era profunda y
que fue un duro golpe el ser rechazado a causa de su origen irregular. Solicitó,
entonces, el puesto de maestro de la escuela de varones de Hatoviejo, donde empezó a
trabajar el 14 de octubre de 1877. Pero las guerras civiles continuaron y en '1879
sobrevino el pronunciamiento contra el gobierno liberal del Estado de Antioquia y Marco
Fidel se unió al ejército que comandaba el coronel Braulio Jaramillo y que luchaba
contra el general vallecaucano Tomás Rengifo. En el Cuchillón, cerca de Santa Rosa de
Osos, fue nombrado teniente en el campo de batalla. Peiro su ejército fue derrotado y se
refugió en la hacienda de Santa Isabel, de propiedad de don Carlos Cárdenas, cerca de
Malabrigo.
Marco Fidel había perdido su puesto como maestro y no
había podido ser sacerdote. Decidió, entonces, irse para Bogotá, alentado por el padre
Bustamante que le prometió ayudar a Rosalía y a Solita. En 1880 llegó a Bogotá y se
presentó con sus recomendaciones en el Colegio del Espíritu Santo, dirigido por Sergio
Arboleda y por Carlos Martínez Silva. Fue aceptado, y de 1880 a 1884 fue simultáneamente
alumno y profesor de dicho colegio. El 12 de diciembre de 1881, a los 26 años de edad,
entró a la vida literaria colombiana: fue premiado por la Academia Colombiana de la
Lengua por su Ensayo sobre la Gramática Castellana de don Andrés Bello, presentado con
el seudónimo W.Z.K. Desde esa noche, Marco Fidel Suárez quedó consagrado como una
autoridad en gramática y literatura. Miguel Antonio Caro, en ese momento director de la
Biblioteca Nacional, debió dejar su cargo por algún tiempo. Suárez fue nombrado como su
reemplazo y trabajó allí por algo más de un año. Completó sus vínculos con esa
generación de sabios al desempeñarse como uno de los amanuenses de Rufino José Cuervo.
El 12 de mayo de 1883, los señores Miguel Antonio Caro y Carlos Martínez Silva
propusieron su nombre para individuo de número de la Academia. AI año siguiente, la
Academia Española confirmó esa elección y lo nombró correspondiente suyo. En 1885, al
cumplir 30 años, entró de oficial mayor de la Secretaría del Ministerio de Relaciones
Exteriores. Así se inició la carrera de Suárez como internacionalista, una de sus
facetas más interesantes y menos divulgadas. Toda su vida se interesó por afirmar la
posición de su patria en el concierto de las naciones y con ese propósito trabajó no
sólo en el ministerio del ramo, sino también como consultor, periodista y maestro, ya
que en 1888 entró al Colegio del Rosario para dictar el curso de derecho internacional
público. El 10 de marzo de 1891, fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores por el
presidente Carlos Holguín. El 7 de agosto de 1892, se posesionó de la Presidencia Miguel
Antonio Caro, y lo nombró ministro de Relaciones Exteriores. En 1895, el 15 de agosto,
contrajo matrimonio con Isabel Orrantia y Borda, prima de Miguel Antonio Caro y
perteneciente a una aristocrática familia bogotana.
A partir del año de 1896, Suárez se separó del mundo de
las letras y se adentró en el de la política, tan ajeno a su espíritu y a su carácter.
La Iglesia, a la que siempre estuvo unido por lazos de gratitud, pues le debía su
formación, fue su apoyo y estímulo, pero lo convirtió en su adalid, llamándolo
«preclaro defensor de los intereses religiosos del país,> y enviándolo a luchar
batallas para las que no estaba preparado. El mundo de la política exigía un
temperamento que no era el suyo. Siempre se sintió perdido en una selva donde sus
palabras eran mal interpretadas y sus motivos distorsionados. Desde la dirección de El
Nacionalista, que compartió con Antonio Gómez Restrepo, defendió la candidatura de Caro
en oposición a la del general Rafael Reyes. El 5 de junio de 1897, nació en Bogotá su
hija María Antonia. El 14 de julio, Caro renunció a su candidatura y el directorio del
Partido Nacional lanzó la de Manuel Antonio Sanclemente para presidente y la de José
Manuel Marroquín para vicepresidente. El 7 de agosto de 1898, se posesionó el
vicepresidente Marroquín, por ausencia del titular. El señor Sanclemente, que se
encontraba en Buga, fue llamado apresuradamente y se posesión el 3 de noviembre ante la
Corte Suprema de Justicia, reunida en su residencia, en medio de gritos y pedreas. Seis
días después, nombró a Suárez ministro de Instrucción Pública, y el 26 de mayo lo
encargó del Ministerio de Hacienda. Dos acontecimientos familiares marcaron para Suárez
esa época: el nacimiento de su hijo Gabriel y el fallecimiento, muy poco después, de su
esposa a quien adoraba. El 31 de julio de 1900 cayó el presidente Sanclemente, y asumió
el poder el vicepresidente Marroquín. Suárez dejó el Ministerio de Instrucción
Pública, en cuyo libro de posesiones escribió su célebre protesta, ejemplo de claridad
y firmeza ante un golpe de Estado. El 1 de octubre de 1902, a los 47 años, fue elegido
miembro numerario de la Academia Colombiana de Historia. Dos años más tarde, fue
nombrado miembro correspondiente de la Academia Antioqueña de Historia.
El 14 de abril de 1910 murió en Fredonia José María
Barrientos, padre de Suárez. Mucho se ha hablado sobre las relaciones de padre e hijo.
Don José María pertenecía a una linajuda y tradicional familia antioqueña, y por no
ofender a su esposa, no reconoció oficialmente a su hijo Marco Fidel. AI enviudar,
escribió a su hijo diciéndole que, si lo deseaba, podía usar el apellido paterno. Pero
ya Marco Fidel había ganado fama para el apellido de Rosalía, la lavandera, y no creía
oportuno hacer un cambio. Agradeció a su padre el ofrecimiento y le prometió que lo
usaría en la correspondencia familiar. Don José María visitó muchas veces la casa
bogotana de Marco Fidel e Isabel, donde se deleitaba jugando con sus nietos, como consta
por su cartas, siempre cariñosas. El 25 de septiembre se reunió el Senado para elegir
designados. Suárez fue elegido como primero, y como segundo, José María González
Valencia. El 23 de noviembre, el presidente Carlos E. Restrepo lo nombró ministro de
Instrucción Pública, en reemplazo de González Valencia. El 8 de febrero de 1912
renunció al ministerio, por desacuerdo con el presidente Restrepo acerca de un
nombramiento hecho por Suárez; lo reemplazó Carlos Cuervo Márquez. El 23 de abril de
1912, dirigió a Miguel Abadía Méndez, Euclides de Angulo, Juan Clímaco Arbeláez y
otros, la primera carta sobre la unión conservadora. Suárez gustaba de llamarse a sí
mismo «el campanero de la Unión conservadora», recordando las épocas del seminario en
las que debía tocar la campana para llamar a misa. El 28 de abril, el general Jorge
Holguín propuso a la Junta Conservadora que se nombrara a los señores Suárez y José
Vicente Concha como directores del partido. Suárez aceptó la nominación y escribió una
carta a Rafael Jiménez Triana en que le comunicaba su decisión. Los parlamentarios
conservadores se reunieron y «en atención a haber renunciado a su candidatura a la
Presidencia el señor Marco Fidel Suárez, la junta adopta por unanimidad la candidatura
del doctor José Vicente Concha para presidente de la República en el próximo período y
las de los señores Marco Fidel Suárez y Jorge Holguín para primero y segundo
designados, respectivamente,>. Los parlamentarios conservadores aprobaron por
unanimidad una proposición por la cual, en vista de la renuncia de Concha a la dirección
del partido, Suárez quedaría como director único de los conservadores. El 8 de
septiembre de 1913 se instaló la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, creada por
el presidente Restrepo por ley 9 de ese año. Suárez fue elegido presidente y Nicolás
Esguerra, vicepresidente. Los demás miembros eran José María González Valencia, Rafael
Uribe Uribe y Antonio José Uribe. Esta comisión estaba encargada de redactar un nuevo
proyecto de tratado con los Estados Unidos para regular las relaciones entre los dos
países después del despojo de Panamá. La Comisión se reunió en Bogotá durante seis
meses para elaborar un pacto que aunara las condiciones necesarias para su aprobación en
los dos países. A las reparaciones morales para Colombia, debían unirse otras de índole
práctica; es decir, el compromiso de que Colombia gozara a perpetuidad del libre
tránsito por el Canal y el libre comercio para sus productos. La redacción del tratado
se terminó en enero de 1914, y el 6 de abril de ese mismo año se firmó en nombre de
Colombia por el doctor Francisco José Urrutia, y en el de los Estados Unidos, por el
ministro Taddeus A. Thompson. La firma de ese tratado dividiría la opinión de los
colombianos hasta 1922 y tendrá una importancia decisiva en la vida política de Suárez.
Será aprobado por el Congreso el 9 de julio de 1914. El 11 de septiembre, en la segunda
asamblea general del primer Congreso Eucarístico Nacional, Suárez leyó su famosa
Oración a Jesucristo, obra magna de la oratoria sagrada.
El 20 de julio de 1914 se instaló el Congreso. Suárez
ocupó su curul en el Senado, y fue elegido presidente de la corporación. Como tal, el 7
de agosto dio posesión de la Presidencia a José Vicente Concha, quien lo nombró su
ministro de Relaciones Exteriores. El 22 de junio de 1917, la mayoría conservadora del
Congreso lanzó la candidatura de Suárez. El 12 de agosto se llevó a cabo una
manifestación pública de respaldo a dicha candidatura. A1 aceptar, el candidato dijo:
«El suelo de Colombia es estéril para la simiente de la arbitrariedad>,. El 26 de
octubre, la Coalición Progresista lanzó la candidatura del poeta Guillermo Valencia. El
29 de octubre, Suárez presentó su renuncia al Ministerio de Relaciones Exteriores, y el
14 de noviembre se separó del cargo de director del partido ante los parlamentarios
conservadores. Como presidente del Directorio Nacional de la Unión Conservadora, fue
nombrado el general Pedro Nel Ospina. El 10 de febrero de 1918, a los 63 años, se
verificaron las elecciones en las que Marco Fidel Suárez fue elegido presidente de la
República. En papeleta autógrafa, Suárez votó por el general Marceliano Vélez. El 27
de junio, el Gran Consejo Electoral se reunió en Bogotá para verificar el escrutinio y,
al día siguiente, el general Víctor Manuel Salazar, a nombre de dicho consejo, le
entregó la credencial de presidente. El 25 de julio el Congreso eligió designados al
general Pedro Nel Ospina y a Pedro Antonio Molina. El 7 de agosto, a los 63 años, Marco
Fidel Suárez se posesionó de la Presidencia. El presidente del Senado, general Pedro Nel
Ospina, le tomó juramento. Expidió el decreto 1186 de 1918, por el cual se nombraban
ministros del despacho ejecutivo así: Gobierno, Pedro Antonio Molina; Relaciones
Exteriores, Jorge Holguín; Hacienda, Carlos Velásquez Latorre; Guerra, Jorge Roa;
Instrucción Pública, Emilio Ferrero; Agricultura y Comercio, Simón Araújo; Obras
Públicas, Rafael del Corral, y Tesoro, Pedro A. López. Los tres últimos pertenecientes
al partido liberal. El 12 de septiembre, el Congreso eligió al general Jorge Holguín
para segundo designado por sesenta votos. El 14 de octubre de 1918 murió en Pittsburgh su
hijo Gabriel Suárez Orrantia, a los 19 años. Había llegado a los Estados Unidos dos
años antes para estudiar ingeniería eléctrica y fue víctima de la "spanish
influenza", que tantas víctimas cobró en todo el mundo. Fue enterrado en Nueva
York, el 23 de octubre. Para el presidente, la muerte de su hijo fue una pena de la que no
se repuso jamás. Las circunstancias de su muerte, en un país extraño y sin verdaderos
amigos que lo ayudaran, hicieron aún más amarga la pena, al no saber Suárez, católico
ferviente, si Gabriel había recibido los auxilios espirituales antes de morir. Solamente
al recibir una larga carta del sacerdote que lo había auxiliado en su lecho de muerte,
pudo consolarse el abatido padre. Pensó en algún momento en viajar de incógnito a los
Estados Unidos para visitar la tumba de su hijo, pero este anhelo nunca se cumplió. El 26
de noviembre publicó en el Diario Oficial el artículo "La renuncia del doctor
Araújo", primero de una serie de defensas, muy criticadas por la prensa por el uso
que para tales efectos hacía el presidente de un medio oficial. El 27 de noviembre
sancionó la ley 58 de 1918 que creó el impuesto sobre la renta, uno de sus grandes
logros en materia de ordenamiento económico, y que contribuyó en gran manera a iniciar
una toma de conciencia sobre los problemas fiscales del país.
Marco Fidel
Suárez. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá.
El 11 de enero de 1919 salió de Bogotá en visita a la
Costa Atlántica. Este viaje, lleno de peripecias, tenía por objeto conocer esas regiones
tan olvidadas del gobierno central, empaparse de sus problemas y lograr un mejor
entendimiento con los departamentos costeños, que habían formado la Liga Costeña, a la
que algunos habían atribuido intenciones separatistas. El 10 de febrero pasó la noche en
Bello, su pueblito natal. Había pedido que no se le hicieran homenajes ni festejos, y
había escrito al gobernador de Antioquia suplicándole en este sentido. Cuentan que al
llegar a la humildísima choza, acompañado por sus ministros, se volvió a ellos y dijo:
«Aquí nací yo, señorías». Se cumplía ese año el centenario de la batalla de
Boyacá y entre las celebraciones se planeaba un desfile militar. Pero los oficiales y la
tropa carecían de uniformes adecuados. El intendente general del ejército celebró un
contrato con el señor Agustín Pastor sobre el suministro de diez mil «vestidos de
cuartel» por la suma de sesenta mil pesos oro. Se organizó entonces una manifestación
de artesanos que protestaron por la compra de esos uniformes y por la importación de
botas, alegando que en el país se elaboraban esos mismos artículos de igual o mejor
calidad. El 15 de marzo, en sesión del Consejo de Ministros, se aprobó el informe
presentado por el ministro Pomponio Guzmán, cuya parte resolutiva decía que no debía
aprobarse el contrato firmado con el señor Pastor. Pero la manifestación ya estaba
organizada y no se iba a desaprovechar la ocasión de reunir a los artesanos y elevar una
protesta por lo que consideraban un desconocimiento de sus necesidades. En encendida
arenga, se dirigió a los manifestantes el director de La Gaceta Republicana, capitán
Alberto Manrique Páramo. La manifestación se dirigió a Palacio, donde exigió la
presencia del presidente en uno de los balcones. Suárez salió y les leyó la
contestación a las peticiones formuladas. Pero su voz era débil, llovía a cántaros y
no logró hacerse oír entre los gritos de los obreros. Hizo subir a los organizadores a
los salones de Palacio para explicarles que el decreto había sido derogado y que ya no
había motivo de protesta. Abajo, la multitud empezó a gritar abajos al gobierno y vivas
al partido liberal y al partido socialista, se enardecieron los ánimos y los
organizadores ya no pudieron controlar a los manifestantes, que empezaron a tirar piedras
a los guardias. Uno de ellos recibió una pedrada en la cara y empezó a sangrar. Los
obreros enfurecidos atacaron a los soldados. Se oyó una descarga y entre el pánico de
los manifestantes, la angustia de los organizadores y el horror del gobierno, se
descubrió que la descarga había dejado varios muertos. En el Diario Oficial del 29 de
marzo de 1919, aparecieron publicados tres partes rendidos al Ministerio de Guerra por el
general Pedro Sicard Briceño, el capitán A. Tamayo y el general Juan F. Urdaneta, en los
cuales informaban que se hicieron disparos al aire con el objeto de defender al Palacio y
a la persona del presidente, pero que no se sabía quién dio la orden de disparar contra
el pueblo. Este trágico suceso, tan contrario al espíritu pacífico de Suárez, marcó
la separación entre el gobierno y la oposición, que recrudeció sus vituperios y sus
acusaciones. El 19 de marzo, el ministro de Gobierno, doctor Marcelino Arango, demandó
por calumnia a los directores de El Espectador de Bogotá, Luis Eduardo Nieto Caballero y
Luis Cano, por un artículo en el que se afirmaba que en los acontecimientos del 16 de
marzo el ministro de Gobierno había ordenado la matanza. Meses después, los sindicados
fueron sobreseídos. El 29 de mayo el papa Benedicto XV hizo a Suárez caballero de
Primera Clase o Gran Cruz de la Orden Piana. El 7 de agosto se celebró el centenario de
la batalla de Boyacá. En el histórico puente, el presidente leyó alocuciones a los
colombianos y al ejército. El 14 viajó a Chiquinquirá a acompañar a la Virgen después
del Congreso Mariano, celebrado en Bogotá. Dos días después, regresó a la capital. El
25 de agosto, a bordo de un trasatlántico norteamericano, llegó a Cartagena el cadáver
de Gabriel Suárez. El costo de la repatriación de estos restos fue la causa directa de
la venta de sus sueldos e indirecta de su separación del poder. F,1 28 de agosto, Suárez
dictó el decreto 1667 «por el cual se crea una condecoración». Creó la Cruz de
Boyacá para oficiales del ejército; después se hizo extensivo ese honor a los civiles.
El 17 de septiembre, se verificó en la plaza de Bolívar de Bogotá una manifestación
pública para exigir la renuncia al presidente Suárez. En Los Sueños, él llamó este
acontecimiento «la conspiración del cohete», por haberse disuelto al estallar algunos
triquitraques y espantarse los asistentes. Los oradores eran Eduardo Santos, Simón
Araújo y Laureano Gómez. El 21 de septiembre se verificó en Bogotá una manifestación
organizada por el directorio de la Unión Conservadora, en respaldo al presidente. El 19
de noviembre, Suárez sancionó la ley 78 sobre huelgas, la primera dictada en Colombia
sobre la materia. Tres días después, el 22 de noviembre, a las 4 de la tarde, se
declararon en huelga los trabajadores de los ferrocarriles de la Sabana, Girardot, Norte y
Sur y los del tranvía municipal, por no haber sido aceptados sus pliegos de peticiones.
La huelga duró dos días solamente. Debe anotarse que se inició en esta época un
vigoroso movimiento sindical proveniente de las asociaciones obreras portuarias, y éstas
de las organizadas por los obreros europeos, muy politizados, que habían llegado a Chile
y la Argentina. El 26 de noviembre contrajo matrimonio en Bogotá su hija María Antonia
Suárez Orrantia, con Roberto Morales Olaya, de cuya unión nacieron cuatro hijos:
Gabriel, Isabel, José María y Teresa. El 5 de diciembre se fundó la empresa de
aviación SCADTA (Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo) en Barranquilla, que se
inauguró en julio de 1920. Puede verse aquí la percepción que tenía Suárez del
futuro, pues Colombia fue pionera en transporte aéreo en América Latina. Y el 31 de
diciembre se sancionó la ley 126 sobre aviación militar en Colombia. Suárez inició su
viaje al sur del país, entusiasmado por el éxito obtenido en la costa atlántica. Viajó
en medio de terribles incomodidades, dándose cuenta de la dificultad de las
comunicaciones y de la urgencia de desarrollar unas vías férreas que unieran estas
regiones de la patria, tan lejanas y olvidadas. El 4 de abril de 1920 se encontró en el
puente de Rumichaca con el presidente del Ecuador, doctor Alfredo Baquerizo Moreno.' Allí
festejaron los resultados del tratado de límites de 1916 y colocaron la primera piedra de
un monumento conmemorativo. Suárez pronunció su discurso sobre la "armonía
boliviana", en el que, fiel a los deseos del Libertador, expuso una doctrina cuyos
objetivos eran reunir a las naciones liberadas por Bolívar para que se prestaran mutuo
apoyo y respaldo.
A finales de 1920 empezaron a notarse los primeros signos
de una crisis económica que será muy grave. El 1 de diciembre se reunió en Palacio una
junta de los ministros de Hacienda, del Tesoro y 19 gerentes de bancos nacionales y
extranjeros, para estudiar las medidas tendientes a conjurarla; el peor momento de la
crisis había sido en el mes de octubre, cuando se cotizó el café entre 10 y 11 centavos
la libra, y el dólar se pagó al 130%. La situación era agónica: además de la
disminución de las importaciones, la baja del dólar y la caída del café, se había
encendido una grave crisis política por la cercanía de las elecciones presidenciales y
la división del partido de gobierno. Ya en ese momento ni éste ni los particulares
podían pensar en otras soluciones para las crisis económica, política y fiscal. No se
pagaba a los empleados, al ejército o a la policía. Tampoco a los jueces ni a los
maestros. No se podían sostener las cárceles, los hospitales o los lazaretos. La
disminución de los puestos públicos aumentaba el descontento y el desorden. A1
interrumpirse las obras públicas, los caminos y los ferrocarriles, subió el costo de los
víveres empeorando las condiciones de vida. La reducción de los gastos que atañían al
ejército y a la policía coincidieron con el nacimiento de los problemas sindicales, las
huelgas y motines en la costa atlántica y en Bogotá, lo que significaba que se debía
aumentar el pie de fuerza en vez de disminuirlo. El 1 de agosto los parlamentarios
conservadores se reunieron para acordar candidato presidencial; fue proclamado el general
Pedro Nel Ospina. Esta candidatura era tildada de oficial por la oposición. El 22 de
agosto se dio en el Senado el primer debate al proyecto de tratado con los Estados Unidos.
Fue en esta ocasión cuando se iniciaron las acaloradas discusiones entre los partidarios
del tratado y sus enemigos. El 4 de septiembre renunció el gabinete, por la pugna entre
el Ejecutivo y el Congreso. La oposición a las medidas gubernamentales era total y no se
permitía ningún movimiento que pudiera aliviar la crisis. El 26 de octubre el
representante Laureano Gómez acusó de indignidad al presidente Suárez en la Cámara de
Representantes, por la venta de sus sueldos. El 27 de octubre se presentó ante la Cámara
a contestar los cargos. No permitió que ninguno de sus ministros hablara en su nombre, y
en medio de la rechifla de las barras, trató de explicar que al vender sus sueldos no
creía estar contraviniendo la ley. Pero no fue escuchado y debió abandonar el recinto
sin lograr justificarse. Acto seguido, se nombró una comisión encargada de investigar la
conducta del presidente. El 3 de noviembre, esta comisión presentó su informe. Estuvo
conformada por los representantes José Manuel Manjarrés, Félix Betancourt y Julio
Luzardo Fortul. El primero redactó el informe y el segundo adhirió. El representante
Luzardo Fortul se apartó del informe de la mayoría y pidió que se archivaran las
diligencias, por no haber mérito para abrir causa criminal. El 4 de noviembre se levantó
un acta en que se fijaban las condiciones para que el presidente se retirara. Fue firmada
por éste, Aristóbulo Archila, Laureano García Ortiz, Esteban Jaramillo, Pedro. J.
Berrío y Nemesio Camacho. En la reunión se consideraron las bases para un convenio
político para arreglar las relaciones entre el parlamento y el gobierno y los problemas
relativos a la firma del tratado que ya había sido aprobado en los Estados Unidos. Marco
Fidel Suárez había dado su palabra a ese gobierno de hacer todo lo que estuviera en su
poder para que el tratado fuera aprobado en Colombia y, si era necesaria su renuncia para
que la aprobación se llevara a cabo, él estaba dispuesto a separarse del poder. Pero con
la exigencia expresa de que no debían cesar ni interrumpirse los actos parlamentarios que
constituían el principio de la acusación promovida contra él. Las condiciones eran las
siguientes: l. Se haría elección de designados para ejercer el poder ejecutivo y ella
recaería en personas que se señalarían de acuerdo con la opinión del presidente. 2. El
gobierno decretaría una prórroga del Congreso para que se ocupara de los asuntos que él
recomendara. 3. Una vez hecha la elección de designados, como queda dicho, no habría
inconveniente para que el actual jefe del poder ejecutivo se separara del puesto, dejando
encargado al designado respectivo. 4. La Cámara de Representantes pondría todo su
empeño para que el proyecto de ley sobre el tratado con los Estados Unidos fuera
considerado y resuelto definitivamente en las actuales sesiones en el menor tiempo
posible. La verdadera cuestión que se debatía era la firma del tratado con los Estados
Unidos, pues era bien sabido que el gobierno que obtuviera los veinticinco millones de
dólares de la indemnización, lograría sacar adelante al país. El día 9 de noviembre
de 1921, Suárez envió al presidente del Senado una nota en la que le avisaba su
separación de la presidencia. El 11 se separó del poder y el primer designado, Jorge
Holguín, asumió el mando. El 24 de diciembre fue sancionada la ley 56 de 1921
aprobatoria de las modificaciones al tratado con los Estados Unidos.
El 30 de marzo de 1922, Suárez ofreció al ministro de
Relaciones Exteriores, Antonio Gómez Restrepo, entregar las condecoraciones que había
recibido de los gobiernos de Italia, España y Venezuela. Don Marco había escrito un
folleto en el que se defendía de las acusaciones que le había hecho Laureano Gómez y lo
había llevado a imprimir en los talleres de los padres salesianos. De allí fue robado y
los originales fueron a parar a manos de su mismo acusador, quien los publicó no sin
agregar una foto de sí mismo y una nota explicativa de la manera misteriosa como la
Divina Providencia había hecho que el escrito llegara a su poder. El 28 de mayo se
suicidó, arrojándose al salto de Tequendama, el soldado Aurelio Velandia, a quien se
había acusado del robo del folleto de don Marco. El 30, el Diario Nacional publicó la
defensa de Suárez con el título "Honores y deshonra". El 27 de junio se
verificó el escrutinio general de votos para presidente de la República. El general
Pedro Nel Ospina obtuvo la mayoría. El 9 de diciembre, en la sesión de la Cámara de
Representantes, se presentó una proposición para definir la situación legal de Suárez
a causa de la acusación presentada contra él. El 11 de marzo de 1923, a los 68 años,
apareció en El Nuevo Tiempo, un artículo llamado "Un sueño", primero de la
serie de artículos que bajo el nombre de Los sueños de Luciano Pulgar,
aseguraron a Suárez un lugar preeminente en la literatura
colombiana. Los sueños, publicados hasta poco antes de la muerte de don Marco, son un
compendio de su saber enciclopédico, de sus variados y amenos recuerdos y un mosaico de
las gentes que lo supieron apreciar y que dejaron huella perdurable en su memoria. Combina
estudios sobre temas gramaticales con trozos de historia, descripciones de los paisajes
que admiró en sus extensos recorridos por la geografía de su patria, en fin, por la
tersura de su prosa y la pureza de su estilo son considerados ejemplos clásicos de la
literatura colombiana. El 4 de abril, el juez 1 del circuito en lo penal, doctor Hernando
Carrizosa, dictó auto de sobreseimiento a favor de Laureano Gómez, Alfonso López y Luis
Samper Sordo, sindicados por la sustracción de la defensa de Suárez. El 14 de noviembre,
la Cámara de Representantes aceptó la renuncia de Suárez como delegado al Perú para
las fiestas de celebración del centenario de Ayacucho, nombramiento que le había hecho
la corporación. El 21 de febrero de 1925 el Senado reeligió a Suárez como miembro de la
Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. El 12 de noviembre, el representante Luis
Salas B. por el distrito electoral de Manizales, presentó en la Cámara la siguiente
proposición: «Hágase venir del archivo del Congreso el expediente levantado en el año
de 1921 contra el señor don Marco Fidel Suárez, para que se estudie y resuelva a la
mayor brevedad posible». Roberto Urdaneta Arbeláez y Alejandro Cabal Pombo pidieron
aguardar a que la minoría liberal estuviera presente. El 14 de noviembre, la Cámara de
Representantes absolvió a Suárez. El 7 de agosto de 1926 se posesionó de la Presidencia
de la República Miguel Abadía Méndez, y nombró a Suárez ministro de Relaciones
Exteriores, pero éste no aceptó. El 25 de septiembre el Senado lo reeligió como miembro
de la Comisión Asesora del Ministerio de Relaciones Exteriores. El 9 de marzo de 1927, El
Nuevo Tiempo publicó "El sueño del Padre Nilo", su último escrito. El 29, el
párroco de San Victorino, presbítero Eliécer Gómez, le administró los santos
sacramentos. El 3 de abril de 1927, domingo, a las 11 de la noche, murió a los 72 años.
El 5 de abril, a las 11 a.m., se verificaron las exequias en la catedral primada. En el
cementerio hablaron Miguel Abadía Méndez, Carlos Arango Vélez, josé Joaquín Casas,
Luis Eduardo Nieto Caballero y Raimundo Rivas, entre otros oradores [Ver tomo 2, Historia,
pp. 499501].
TERESA MORALES DE GÓMEZ
Bibliografía
BALIR GUTIERREZ, BERNARDO. Don Marco Fidel Suárez. Su
vida y su obra. Medellín, Universidad de Antioquia, 1955. GALVIS SALAZAR, FERNANDO. Don
Marco Fidel Suárez. Biblioteca de Historia Nacional, Vol. CXXVI Bogotá, Academia
Colombiana de Historia, 1974. MARAÑÓN, ALBERTO. Marco Fidel Suárez: Doctrinas
internacionales. Bogotá, Imprenta Nacional, 1955. ORTEGA TORRES, JORGE. Bibliografía de
don Marco Fidel Suárez. Colección Filólogos Colombianos. Bogotá, Instituto Caro y
Cuervo, 1956. SALDARRIAGA BETANCUR, JUAN MANUEL. MARCO FIDEL SUÁREZ. Biografía.
Medellín, Dirección de Educación Pública de Antioquia, 1954. SÁNCHEZ CAMACHO, JORGE.
Marco Fidel Suárez. Biografía. Academia de Historia de Santander. Bucaramanga, Imprenta
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Fidel Suárez. Medellín, Copymundo, 1981.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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