Abogado, político y economista tolimense (Guaduas,
octubre 24 de 1825 Anapoima, marzo 16 de 1899). El partido liberal, que había tomado la
iniciativa de transformar la estructura colonial del país a mediados del siglo XIX,
contaba con un elemento muy significativo en el ámbito administrativo: Miguel Samper,
quien dedicó gran parte de su vida a las actividades agrícolas y comerciales. Miembro de
una familia que sobresalió en el comercio, la agricultura, la política y el periodismo
(José María, uno de sus hermanos, fue fecundísimo escritor y pensador influyente en los
ámbitos de la política y la cultura; su hermana Agripina, también escritora, estuvo
casada con Manuel Ancízar, miembro de la Comisión Corográfica, trabajador del plan de
Paz y Unión de los estados suramericanos y escritor importante de la segunda mitad del
siglo XIX), como abogado y comerciante Samper elaboró las bases teóricas que
configuraron su pensamiento económico. El acercamiento a las aduanas, impuestos, cultivo
de tabaco, navegación a vapor que le posibilitaron sus primeros cargos públicos de juez
letrado, miembro del cabildo y jefe político del Cantón de Mariquita; las actividades
comerciales y las empresas agrícolas dieron a Samper una buena visión de la vida
económica de la época. «Para él dice Carlos Martínez Silva- el comercio no fue una
rutina, sino vasto y permanente campo de estudio y de aplicación de la inteligencia y del
saber». El conocimiento de los mercados extranjeros, de los recursos del país y de los
procedimientos industriales no fue adquirido solamente en su formación económica, sino
también a través de su participación activa en la casa de comercio que manejaban su
padre y sus hermanos, y en la hacienda que fundó cerca al río Magdalena, con grandes
plantaciones de tabaco y potreros de pastos de pará o de guinéa, entonces poco conocidos
en las tierras calientes. Samper apoyaba sus proyectos con una investigación rigurosa que
contenía datos estadísticos, observaciones socioeconómicas, diagnósticos e inclusive
denuncias de abusos y mala administración; esto hizo al ser nombrado en 1849 diputado a
la Cámara de Representantes por el Círculo de Villeta, y cuando asistió al Congreso en
sus sesiones de 1850 y 1851.
Fue elegido vicepresidente de la Cámara de Representantes
en 1852, posición que aprovechó para presentar proyectos de mucha trascendencia para los
cambios que se requerían a mediados del siglo XIX: abolición de la esclavitud y de los
monopolios del tabaco y de la navegación a vapor, la apertura del Canal de Piña para
comunicar el puerto de Sabanilla con el río Magdalena, la libertad municipal, la
independencia de los cabildos y de las Cámaras de Provincia, «la emancipación absoluta
del poder espiritual [...].
Cuando Miguel Samper se trasladó a Bogotá en 1858, su
participación en la vida pública le había dado ya una serie de elementos económicos
que le permitirían una intervención más eficaz en la prensa y el Congreso; sin embargo,
sus planteamientos novedosos y controvertidos no le posibilitaron el ejercicio de cargos
importantes. Así, entre 1861 y 1884 sólo ocuparía la Secretaría de Hacienda del
presidente Santos Gutiérrez en 1868, y en 1882, por poco tiempo, la del presidente
Francisco Javier Zaldúa. Dos hechos resaltan su labor en el cargo que ocupó en 1868: la
superación de las dificultades que el Tesoro Nacional tenía con respecto a la deuda
interior que había dejado la guerra civil de 1859 a 1863, y el buen manejo que dio a las
negociaciones encargadas a él y al señor Tomás Cuenca en 1869, a propósito de un
tratado con el representante del gobierno de la Unión Americana sobre la apertura de un
canal interoceánico al través del istmo del Darién o del Atrato; estas negociaciones
pretendían el privilegio exclusivo para el tránsito de su marina de guerra. Samper
realizó otra innovación importante como asesor del general Tomás Cipriano de Mosquera,
que enfrentaba dificultades del sistema arancelario de las aduanas. Su distancia de los
cargos públicos no significó entonces la renuncia a la actividad transformadora de
mediados de siglo; a Samper se le consultaban continuamente los asuntos de la Hacienda
Pública. Respondiendo a los consejos pedidos por Mosquera, Samper realizó desde afuera
un cambio significativo al sistema arancelario, «permitió imponer la contribución sobre
los artículos de gran consumo, y rebajar el derecho sobre una multitud de efectos no
conocidos o no importados antes; pero antes que todo, acabó con la arbitrariedad de los
administradores de aduanas».
Sin embargo, va a ser la labor periodística la que
permitirá a Miguel Samper dar a conocer de una manera amplia y continua sus concepciones
y elaboraciones teóricas, referidas, según Carlos Martínez Silva, a materias como
aduanas, salinas, tierras baldías, crédito público, impuestos, vías de comunicación,
ferrocarriles, canal de Panamá, bancos, Banco Nacional, desamortización de bienes
eclesiásticos, importaciones, exportaciones, comercio interior y fronterizo, papel moneda
y curso forzoso. «Sobre todo eso -agrega Martínez Silva- dejó el señor Samper estudios
completos, llenos de datos y observaciones atinadas, que constituyen la historia fiscal y
económica de la República». No es en los puestos públicos, decía Salvador Camacho
Roldán, ni en las demostraciones del espíritu de partido, donde deben buscarse los
rasgos prominentes de la figura de Miguel Samper, «es en su vida privada, en su
moderación, espíritu de trabajo y sobriedad. En su interés por las libertades
públicas, la tolerancia política y religiosa, la mendicidad y la eficacia de los
institutos de beneficencia pública,>. Samper, interesado en señalar las causas de la
miseria colombiana, sostuvo una actitud crítica frente a todo aquello que pusiera en
desventaja social o económica a los grupos menos favorecidos de la sociedad.
Las tarifas aduaneras que gravaban los géneros de consumo
popular, el alto precio de la sal, los monopolios, el trabajo personal subsidiario en los
campos, el reclutamiento, los cacicazgos de los grandes hacendados eran temas obligados de
alguien que pretendía mejorar las condiciones del pueblo bajo. La educación pública,
las cajas de ahorros, las asociaciones de obreros, la instrucción técnica, la
introducción de máquinas y aparatos «para facilitar y ennoblecer el trabajo» fueron
promovidas por Samper; según Martínez Silva, para hacerle frente al vicio, la pereza, la
ignorancia y la mala fe de los industriales. En otra definición de su carácter y
personalidad, Jaime Jaramillo Uribe muestra a un Samper político, que sostenía un
«rígido liberalismo apoyado en una concepción armonista y naturalista de la sociedad»,
a un hombre «que predicaba la tolerancia, el compromiso y una total eliminación de
dogmas y sistemas». En la configuración de su pensamiento y de sus ideas, se coincide en
afirmar que su carácter independiente, su liberalismo «amante de un progreso mesurado y
pacífico» que no comprometía las tradiciones sociales y religiosas más
representativas, fue lo que hizo de Samper un orientador de las ideas, más que un
personaje político sobresaliente. Ejemplo de ello son las consultas que el general
Mosquera le hacía sobre el manejo y el contenido de la Hacienda Pública; Mosquera, anota
Salvador Camacho Roldán, «no lo llamaba al servicio de los puestos públicos porque
conocía que Samper no lo secundaba en sus planes ni en sus medidas violentas; sólo en
aquellas reformas ajenas al combate de los paridos y de utilidad práctica para todo el
país podía contar con él>,. A su muerte en Anapoima, el 16 de marzo de 1899, su
pensamiento quedó consignado en la prensa oficial y partidista, en las memorias privadas,
en los documentos oficiales referidos a la Hacienda, rentas, aduanas y fomento, en los
relatos de sus viajes y en los libros que escribió. Las descripciones de las condiciones
materiales de las localidades, los inventarios y las estadísticas comerciales, el
análisis de la espacialidad geográfica y económica del país, las referencias
históricas de las instituciones económicas como bancos, salinas, vías de comunicación,
navegación a vapor, configuran una documentación de mucha importancia para aquellos que
quieran indagar sobre la economía y la sociedad del siglo XIX. Como colaborador de los
periódicos bogotanos de mediados del siglo XIX, lo encontramos en La Reforma (1857), El
Republicano (1867-68), El Progreso (1880), El Deber (1880-81) y el Papel Periódico
Ilustrado (1881-1888). Sus libros, publicados durante la segunda mitad del siglo XIX,
fueron: Escritos político-económicos (Bogotá, Imprenta Gaitán, 1867), Banco Nacional
(Bogotá, Imprenta Gaitán, 1880), Nuestras enfermedades políticas: voracidad fiscal de
los Estados (Bogotá, Imprenta de Vapor de Zalamea Hermanos, 1884) y Regulación del
sistema monetario (Bogotá, Imprenta de la Nación, 1892). Además escribió Impresiones
de viaje, Las reformas y e! cesarismo y La protección y la miseria en Bogotá, entre
otras obras [Ver tomo 5, Cultura, p. 25; y tomo 8, Economía, pp. 54-57].
LUCELLA GÓMEZ GIRALDO
Bibliografía
CAMACHO ROLDAN, SALVADOR. "El doctor Miguel
Samper". La Crónica, año 11, N° 232, enero 30 de 1898. JARAMILLO URIBE, JAIME. El
pensamiento colombiano en el siglo XIX. Bogotá, Temis, 1969. MARTINEZ SILVA, CARLOS.
"Miguel Samper, el gran ciudadano". En: RAFAEL MESA, ORTIZ. Colombianos Ilustres
(Estudios y biografías), tomo ~. Bogotá, Imprenta de "La República", 1916,
pp. 95-171. SAMPER, MIGUEL. Selección de escritos. Selección y prólogo, Héctor Charry
Samper y Santiago Samper Trainer. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1977.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.