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SALCEDO SILVA, HERNANDO
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Hernando Salcedo Silva.
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Oleo de Atala Márquez, 1991.
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Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, Bogotá.
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Crítico, historiador
y mentor del cine colombiano, nacido en Bogotá, el 28 de diciembre de 1916, muerto en la
misma ciudad, el 18 de enero de 1987. En una curiosa y afortunada coincidencia, Hernando
Salcedo Silva nació un 28 de diciembre, día de los inocentes, cuando se cumplían
veintiún años de la histórica primera proyección de cine de los hermanos Lumière en
un café de París. «Soy un feliz y modesto amante del cine», diría años después,
cuando ya el sino se había cumplido. El cine lo asedió desde muy pequeño, pues le
regalaron un Pathé-Baby, famoso proyector doméstico de la época, con el que pudo
disfrutar (quién sabe en cuántas sesiones) de «un melodrama, Más allá del océano,
algunas películas de Chaplin y de la edad de oro del cine cómico norteamericano, y algo
de dibujos animados». Asiduo visitante de las salas de esos años («el viejo Olympia, al
Faenza, el Real, el Alhambra»), alternaba la sana y cada vez más arraigada costumbre de
"ir a cine", con múltiples y variadas lecturas, y con sus estudios en los
colegios de San Bartolomé y Mayor de Nuestra Señora del Rosario, los cuales, parece,
nunca terminó. El ambiente del hogar, formado por un conocido empresario artístico de
origen peruano y doña Soledad Silva, fue propicio para el creciente interés de Salcedo
por la música, la literatura y por todo aquello que se expresara como manifestación
creadora. También, es obvio, sirvió como caldo de cultivo a su predestinada pasión por
el cine. Su casa, al igual que después su oficina, fueron convirtiéndose en verdaderas
"cuevas de amores" que guardaban insólitas y cuidadas colecciones de todo
cuanto le gustaba. Casi en solitario y con una paciencia proverbial atesoró tiras
cómicas, libros, juguetes, revistas, discos, cajas de betún, recortes, afiches, fotos y
programas de cine y, claro, películas. De sus inicios como "coleccionista",
Salcedo recordaba el aumento de su biblioteca debido a la prematura muerte de un amigo de
juventud, con quien había pactado la cesión de los libros al que sobreviviera al otro.
También admitía, con pudoroso orgullo, el voluminoso cargamento («tres maletas y once
cajones») que lo acompañó a su regreso de Europa en 1951, luego de año y medio de
estadía. Su perfil no era propiamente el de un gran negociante, como lo demostraron sus
frustradas incursiones comerciales a mediados de los treinta. De ahí en adelante, lo suyo
fue el arte y la cultura. El hecho de que su padre hubiera traído «la mejor compañía
de ballet que ha venido a Bogotá, el original Ballet ruso del Coronel de Wassili», lo
entusiasmó hasta el punto de convertirse en el «crítico casi oficial de ballet» entre
1945 y 1950. Por esa época conoció a un señor «muy amable» que tomó sus datos para
invitarlo a la sesión inaugural de un cine club. Se trataba de Luis Vicens, el
"sabio catalán", fundador del Cine Club de Colombia la noche del 6 de
septiembre de 1949, con la película Los niños del paraíso de Marcel Carné. Allí
estuvo Salcedo Silva, y se convirtió en el socio 125 del Cine Club de Colombia, que
después y todo el tiempo él sostendría «por afecto», ya que lo consideraba «como su
hijo mayor».
Hernando Salcedo fue vocal, programador y secretario de la
junta directiva del Cine Club de Colombia. Viajó a Europa, y al regreso se vinculó otra
vez; en 1959 reemplazó a Vicens en la dirección. «Luego fui como padre del cine club y
como padre he seguido», decía. Por esa época ya era un conocido crítico de cine. Su
primer artículo apareció en 1952, «un lamento por la muerte de Robert Flaherty» en la
columna que escribía Gabriel García Márquez en el diario El Espectador, quien le cedió
el espacio por la conmoción con que Salcedo le contó de la desaparición del realizador
norteamericano. Su labor como comentarista de cine (pues así prefería llamarse) fue
desde entonces permanente. Colaboró con el diario El Tiempo, con revistas como Mito,
Diners, Gaceta, Cinemateca y Cine, y con las emisoras Sutatenza, H.J.C.K. y Radio
Nacional, para la que también produjo una Historia del Jazz, música de sus grandes
afectos. Abordaba las películas con la «táctica de aproximación indirecta»,
deteniéndose en su «contorno», señalando influencias y aportes manifiestos. Así como
confesaba que «uno de mis grandes, y honestos, placeres en la vida es charlar sobre
cine», pedía que se juzgaran sus escritos. Cuando de reconocer algún estilo en su
trabajo se trataba, la referencia eran los críticos literarios de finales del siglo XIX,
aunque nunca ocultó su profunda admiración por el novelista y crítico norteamericano
James Agee. El cine colombiano siempre tuvo en Salcedo un mentor incondicional. Acérrimo
defensor de la necesidad de su existencia, impulsó la creación de la Filmoteca
Colombiana en 1957, convencido de que nunca sería completa su labor sin contar con un
archivo de películas, que después se llamó Cinemateca Colombiana. Gracias a ello
clásicos fundamentales de la historia del cine mundial pudieron conocerse en Colombia, y
gracias a ello, también, muchas cintas, fragmentos y sinnúmero de documentos, vestigios
de la historia cinematográfica colombiana, hoy se conservan. Salcedo compartió, a
finales de los setenta, los afanes de un grupo de entusiastas reunidos en torno a la
Fundación Cinemateca Colombiana, y brindó su decidido aporte en la constitución de la
Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, en 1986, entidad que lo tuvo como miembro
fundador y presidente honorario. Salcedo Silva se desempeñó como jefe del Departamento
de Cine de la Televisora Nacional (1959-1961), y como catedrático en las Universidades
Javeriana y los Andes de Bogotá. Invitado regular a festivales y encuentros
cinematográficos nacionales e internacionales, ofició también como jurado en varios
concursos. Publicó en 1981 el libro Crónicas del cine colombiano (1897-1950). María
Carolina, Juan Carlos y José Andrés fueron sus hijos, del matrimonio con doña Lolita
Segura Vargas. Muchos de quienes lo conocieron se acostumbraron a llamarlo
"Padre" Salcedo, cariñosa expresión que él cultivó al referirse devotamente
a sus ídolos cinematográficos: las "madres" Garbo, Fontaine o Dietrich; los
"padres" Hawks, Bergman, Welles, Von Stroheim, Murnau, Renoir, Visconti y demás
"prodigios". Hernando Salcedo Silva murió en Bogotá, su ciudad, un 18 de enero
de 1987, evocando en sus amigos lo que escribiera por «la muerte de Truffaut tan
inesperada, tan innecesaria, que no debe aceptarse».
DIEGO ROJAS ROMERO
Bibliografía
Alvarez, Luis Alberto. "In memoriam: Hernando Salcedo
o el amor al cine". Páginas de cine, Vol. 2 (Medellín, 1992). "Homenaje a
Alberto Salcedo Silva. arcadia va al cine No. 16. (Bogotá 1987). Martínez Pardo
Hernando. Historia del Cine Colombiano. Bogotá, Editorial América Latina, 1978. Salcedo
Silva, Hernando. Crónicas del cine colombiano (1897-1950). Bogotá, Carlos Valencia
Editores, 1981. Valverde, Umberto. "Entrevista con Hernando Salcedo Silva". En:
Reportaje crítico al cine colombiano. Cali, Editorial Toro Nuevo 1978.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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