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SÁENZ, MANUELA
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Manuela
Sáenz.
Oleo de Marco Salas, copia de Tecla Walker. Quinta de Bolívar, Bogotá.
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Patriota ecuatoriana (Quito, 1797 Paita, Perú, 1856),
compañera del Libertador Simón Bolívar. "Caballeresa del sol" fue el nombre
que recibió Manuela Sáenz al recibir la más alta condecoración que el Perú
revolucionario concedía a los militantes de la causa patriota, la Orden del Sol. "La
Sáenz" era como la llamaban despectivamente los que no la querían (los enemigos de
Bolívar, que no eran pocos), y como ella misma se llamaba para demostrar su desprecio por
ellos y por las «preocupaciones sociales, inventadas para atormentarse mutuamente»,
según sus palabras. "La libertadora" fue el epíteto que recibió después de
que le salvara la vida a Simón Bolívar la noche del 25 de septiembre de 1828.
"Amable loca", "Manuelita la bella", son otros de los calificativos
con los que se conoce a Manuela Sáenz, la mujer que acompañó a Bolívar en los últimos
ocho años de su vida (1822-1830), que promovió activa y beligerantemente la
independencia del territorio suramericano y que sufrió por su efímera homogeneidad
política. La fecha exacta de su nacimiento, al igual que la de su muerte, es incierta. En
algunos libros se lee 1797-1856, en otros, 1798-1859, otros dicen que iba con el siglo. Su
lugar de origen tampoco se sabe con certeza, esto ni a ella misma le importaba, pues
declaraba: «Mi país es el continente de América. He nacido bajo la línea del
Ecuador». Sin embargo, el dato más aceptado es Quito, 1797 - Paita, 1856. Su padre fue
Simón Sáenz y Vergara, un español miembro del Concejo de la ciudad de Quito, capitán
de la milicia del rey y recaudador de los diezmos del reino de Quito, casado con Juana
María del Campo. Joaquina Aispuru era su madre, quiteña, que legó a Manuela el odio de
su familia por haberla deshonrado con un amor ilícito.
En 1822, a los veinticuatro años, Manuela ya era la
esposa de un acaudalado comerciante inglés, James Thorne, natural de Aylesbury. Era
señora de una gran casa en Lima y de otra en las afueras (Magdalena); había sido
condecorada con la Orden del Sol, el 23 de enero de 1822, por haber convencido a su medio
hermano, un capitán del regimiento de Numancia del ejército realista, y a los demás
oficiales de la unidad, para que se pasaran al campo de los patriotas. Este año, Manuela
Sáenz regresó a Quito, al encuentro del Libertador y de la proclama de la libertad de la
ciudad y la incorporación oficial del país a la República de la Gran Colombia. El 16 de
junio de 1822, en el baile de gala con el que se celebró la liberación, conoció a
Simón Bolívar. Desde este día, se convirtió en su sombra: fue la última mujer con
quien Bolívar sostuvo un amor continuo desde la muerte de su esposa, María Teresa del
Toro, veinte años antes; fue su confidente, cuidó y salvaguardó sus archivos, protegió
su vida, y sus intereses políticos fueron los de ella. Manuela volvía a una ciudad que
la había despreciado por haber abandonado el convento de Santa Catalina en 1815, su hogar
desde que murió su madre, para irse con un oficial de la Guardia Real, Fausto D'Elhúyar.
Este hecho hizo que su condición de hija ilegítima fuera esgrimida con vehemencia por
una sociedad intolerante que siempre la llamó "bastarda" y la expulsó de su
seno. Ahora volvía a hacerlo, pues Manuela repetía la historia con el Libertador. Desde
este día, la vida de Manuela se regiría por la de Bolívar. Antes se había regido por
la de su padre, cuando concertó su matrimonio en Panamá, a donde viajó al ser expulsada
del convento. James Thome intentó lo propio, pero ni aun los derechos conyugales se lo
permitieron.
En 1823 Bolívar fue a Lima para poner fin a la guerra
civil que se había desatado, y allí se instaló Manuela, aun cuando en esa ciudad estaba
su residencia con Thorne (él estaba en Chile), menospreciando las consecuencias sociales
que esta circunstancia pudiera traerle. Sin embargo, esto resultó ser un punto a favor
para sus intereses personales y para los intereses políticos de la independencia. Manuela
sabía moverse tanto entre la "buena sociedad" de Lima, como entre los
comerciantes (ingleses y limeños) y los patriotas, y estar al tanto de lo que pasaba y
podía pasar en la ciudad. En octubre de ese año fue incorporada en forma oficial al
Estado Mayor de Bolívar, a petición del coronel Daniel O'Leary. Fue encargada de los
archivos personales del Libertador y se le otorgó el grado de coronela, por lo que
vistió casaca azul, vueltas y cuello rojos. En la batalla de Ayacucho (1824), Manuela
siguió a Bolívar a discreción por los Andes. El 1 de diciembre de 1827 salió para
Bogotá, ante la solicitud de Bolívar de reanimar «una vida que está expirando». En
esta ciudad debió enfrentar un grupo grande de detractores, entre los que se encontraban
Francisco de Paula Santander y José María Córdova, enemigos declarados de la Sáenz.
«Tendría 29 a 30 años cuando la conocí en toda su belleza. Algo gruesa, ojos negros,
mirada indecisa, tez sonrosada sobre fondo blanco, cabellos negros, artísticamente
peinados y los más bellos dedos del mundo [...] era alegre, conversaba poco; Fumaba con
gracia. Poseía un secreto encanto para hacerse amar», así la describió Jean-Baptiste
Boussingault, un profesor de ciencias francés que Santander trajo a Colombia en 1824, y
con quien Manuela compartió muchos momentos políticos y sociales.
Manuela
Sáenz. Miniatura de José María Espinosa.Museo de Antioquia, Medellín.
Durante los primeros meses de vida en Bogotá, Manuela
vivió en la Quinta de Bolívar, una casa situada «a la sombra de los cerros de
Monserrate», construida por José Antonio Portocarrero a principios de siglo y que, por
motivos de las guerras de independencia, pasó a manos de Bolívar en 1820. El 24 de julio
de 1828, no obstante encontrarse Bolívar en el Palacio de San Carlos, ejerciendo sus
poderes dictatoriales sobre la república (luego de la disolución de la Convención de
Ocaña, el 11 de junio, y, consecuentemente, del Congreso), Manuela celebró el
cumpleaños de Bolívar en la Quinta. En el transcurso de la fiesta, ella realizó un
fusilamiento simbólico de Santander, «ejecutado por traición», según rezaba el
letrero colgado del muñeco. Parece que la descarga se escuchó perfectamente en todo
Bogotá. Con este acto, la política de reestructuración de la república que adelantaba
Bolívar, estuvo a punto de derrumbarse. En la primera semana de agosto de ese mismo año,
y a pesar de la orden de Bolívar de que permaneciera alejada del público, Manuela Sáenz
puso treinta y dos pesos de plata en manos de don Pedro Lasso de la Vega por la casa
marcada con el número 6-18 de la calle 10, para así estar más cerca al Palacio de San
Carlos, es decir, de Bolívar. Esta cercanía y la conjugación de sus talentos físicos
con sus habilidades políticas le permitieron a Manuela saber de la conspiración para
matar al general, conspiración que tomó fuerza por el descontento en casi todos los
estratos. Los soldados se quejaban por el atraso en los pagos, las mujeres, de la
carestía, la aristocracia, de la pérdida de privilegios, los comerciantes, por el
detrimento en sus negocios, y los intelectuales, por la falta de libertad. En la
conspiración, se rumoraba, estaba implicado Santander. El primer intento fue en el mes de
agosto, en la fiesta de máscaras en el teatro El Coliseo (Colón), del que se salvó
gracias a la acción involuntaria de Manuela. El segundo intento fue el 25 de
"setiembre", en el Palacio de San Carlos. Esta vez fue la acción premeditada de
Manuela la que hizo que saliera ileso, y por ello fue llamada por Bolívar «la
libertadora del Libertador>,.
El 20 de enero de 1830, Bolívar presentó renuncia a la
presidencia. El 8 de mayo emprendió el viaje hacia la muerte, ocurrida el 17 de diciembre
en Santa Marta. Desde su partida, los ataques contra Manuela tomaron forma y nombre:
Vicente Azuero se encargó de incitar a la gente a manifestar su descontento con La
Sáenz, mediante carteles, "papeluchas" y actos como la quema de dos muñecos en
la fiesta del Corpus Christi, en los que personificaron a Manuela y a Bolívar bajo los
nombres de Tiranía y Despotismo. La reacción de Manuela fue obvia: destruyó las figuras
y todo el andamiaje que las sostenía. El resentimiento santafereño cedió a las acciones
de Azuero; sin embargo, Manuela recibió el apoyo del sector que menos esperaba, las
mujeres: «Nosotras, las mujeres de Bogotá, protestamos de esos provocativos libelos
contra esta señora que aparecen en los muros de todas las calles [...] La señora Sáenz,
a la que nos referimos, no es sin duda una delincuente». El gobierno estuvo a punto de
considerar éste y otros llamados de "las mujeres liberales", como ellas mismas
se llamaron, pero un folleto, "La Torre de Babel", escrito por Manuela Sáenz,
en el que no sólo ponía de manifiesto la ineficacia e ineptitud de los rectores del
gobierno, sino que revelaba secretos de gobierno; hizo que se le acusara de actos
«provocativos y sediciosos», y se procediera a encarcelarla, por lo menos virtualmente.
En los últimos días de 1830, Manuela emprendió el viaje hacia Santa Marta para cuidar
la salud de Bolívar, pero sólo llegó hasta Honda. Allí recibió una carta de Louis
Peru de Lacroix, un joven veterano de los ejércitos de Napoleón, edecán del general
hasta hacía poco, que decía: «Permítame usted, mi respetada señora, llorar con usted
la pérdida inmensa que ya habremos hecho, y que habrá sufrido toda la república, y
prepárese usted a recibir la última fatal noticia» (18 de diciembre de 1830). Desde
este momento, Manuela perdió su objetivo en la vida. Con la muerte de Bolívar, el
desprecio por ella se desbordó, por lo que decidió partir hacia Guanacas del Arroyo; sin
embargo, la persecución no cedió. El 1 de enero de 1834 Santander firmó el decreto que
la desterró definitivamente de Colombia. Fue a Jamaica, y de allí a Guayaquil, a donde
llegó en octubre de 1835. También tuvo que partir de Guayaquil, pues el gobierno de
Ecuador no la quería allí. Viajó, entonces, a Paita, un puerto en el desierto peruano
sin agua y sin árboles, y formado por una sola calle y un muelle al que sólo llegaban
balleneros de Estados Unidos. Allí, en un desvencijado edificio, se leía: «Tobbaco.
English spoken. Manuela Sáenz». La pobreza la acompañó durante los últimos años, y
finalmente también la invalidez. El 11 de agosto de 1847 se enteró de la muerte de su
marido, James Thorne, asesinado el 19 de junio de ese año. En su testamento, Thorne
devolvía a Manuela los ocho mil pesos de la dote de los intereses; sin embargo, ese
dinero nunca Llegó a sus manos. Así, inválida, acompañada por Simón Rodríguez (el
maestro del Libertador), quien también terminó su vida en Paita (1854), y las cartas del
general O'Leary, acabó la vida de Manuela Sáenz, víctima de una extraña epidemia que
llegó al puerto en algún ballenero, el 23 de noviembre de 1856.
MYRIAM LUZ JARAMILLO GIRALDO
Bibliografía
DE MADARIAGA, SALVADOR. BOLIVAR, 2 tomos. Madrid, Espasa
Calpe, 1975. GAITAN DE PARIS, BLANCA. (Ed.). La mujer en la vida del Libertador. Bogotá,
Cooperativa Nacional de Artes Gráficas, 1980. HISPANO, CORNELIO. LA vida secreta de
Bolívar. Medellín, Bedout, s.f. MIRAMÓN, ALBERTO.. La vida ardiente de Manuelita
Sáenz. Bogotá, 1946. NOGUERA MENDOZA, FLAVIO. Aproximación al Libertador. Testimonio de
su época. Prólogo, Pedro Gómez Valderrama. Bogotá, Plaza y Janés, 1983. RUMAZO
GONZALES, ALFONSO. Manuela Sáenz, la libertadora del Libertador. 1~ ed. Cali, 1944. l1a
ed.: Quito, Promotora Cultural Popular, 1984. VON HAGUEN, VICTOR W. La amante inmortal.
Las cuatro estaciones de Manuela Sáenz, 17971856. México, Diana, 1967. 8~ ed.: 1979.
Como curiosidad bibliográfica reciente ver: Patriota y amante de usted. Manuela Sáenz y
el Libertador, editado por Heinz Dieterich Steffan, México, Diana, 1993.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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