|
ROMÁN DE NÚÑEZ,
SOLEDAD
-
Soledad Román de Núñez.
-
Bronce de C. Sighinolfi.
-
Capitolio Nacional, Bogotá.
|
Primera Dama de la
Nación, esposa del varias veces presidente Rafael Núñez, nacida en Cartagena, ca. 1832,
muerta en la misma ciudad, el 19 de octubre de 1924. Hija de Manuel Román y Picón y
Rafaela Polanco y Ripoll, sus hermanos fueron: Henrique, Ricardo, Rafaela, Antonio y
Eduardo. Desde los 12 años la acompañó Manuela Hurtado y Juanita Pernett fue su
amanuense. La vida de Soledad Román hubiera transcurrido como la de cualquier muchacha
acaudalada de su tiempo, de no ser por su polémico matrimonio con el doctor Rafael
Núñez Moledo. En un país donde los enlaces civiles, avalados por leyes radicales,
carecían de reconocimiento público, ellos se atrevieron a desafiar la sociedad de su
época. Rafael Núñez había contraído matrimonio católico con la señorita Dolores
Gallego, cuñada del ex presidente José de Obaldía, el 25 de febrero de 1851, en la
población de David, provincia de Celuinqui (Panamá). Con ella tuvo dos hijos y un
doloroso fracaso matrimonial. Los esposos Núñez-Gallego obtuvieron el divorcio vincular
por sentencia de la Corte Superior del Estado de Panamá, el 25 de abril de 1872. Por su
parte, Soledad mantuvo durante cinco años un compromiso matrimonial con el señor Pedro
Macía, el cual rompió en 1857. A finales de 1874, cuando Núñez regresó de su estadía
en París, la pareja inició relaciones, a pesar de la oposición de la madre de Soledad.
En cambio, su tío Antonio Martínez de la Cuadra la animó a contraer matrimonio con el
estadista. Soledad, que creía estar enferma del corazón, viajó a París acompañada de
sus hermanos Antonio y Eduardo, para consultar al famoso cardiólogo Bullau, y contraer
nupcias. Al mismo tiempo, Núñez, que a la sazón era el presidente del Estado de
Bolívar, viajó a Nueva York en visita oficial. Allí le otorgó poder a Eduardo Román,
su futuro cuñado, para que lo representara ante el cónsul colombiano en París, José
Triana, donde se celebró el matrimonio, el 14 de julio de 1877. El enlace se llevó a
cabo según la ley colombiana y el Código Civil del Estado de Bolívar, a cuya
jurisdicción se hallaban sometidos los contrayentes. Una vez realizada la ceremonia,
Soledad le envió un cable a su esposo; este contestó: «¡Felicidad! Trátese como una
Lady». Posteriormente, después de visitar al doctor Bullau, le envió otro cable que
decía: «Dr. Bullau dice corazón excelente». Núñez contestó: «Que era excelente, lo
sabía. Que estuviera enfermo, lo dudaba». El matrimonio causó un escándalo de grandes
proporciones, especialmente entre los enemigos de Núñez; hasta el punto que cuando el
presidente Julián Trujillo lo nombró ministro en Washington, su designación fue
rechazada por el Senado, acusándolo de inmoralidad en su vida privada. Soledad se
convirtió en el plato favorito de la prensa, especialmente del periódico bogotano El
Posta, que no perdía oportunidad para injuriarla. Pero en 1889, cuando Rafael Núñez era
presidente de la República, llegó el momento que le depararía la «más íntima
satisfacción -según sus propias palabras cuando el 23 de febrero de 1889 las santas
manos de monseñor Biffi bendijeron en el seno de nuestra santa religión aquel lazo que
había ya apretado un sincero impulso en mi corazón, y que nunca pudieron aflojar ni la
maledicencia ni la calumnia». Habían transcurrido escasos 25 días después de la muerte
de la primera esposa de Núñez. Las tarjetas de invitación al matrimonio decían:
«Rafael Núñez saluda a usted atentamente y tiene el honor de participarle que hoy, ante
el altar de San Pedro Claver, elevará a la categoría de sacramento el matrimonio que
tiene contraído con doña Soledad Román».
Soledad fue una mujer de carácter, tenía una gran
influencia sobre su marido y en algunas ocasiones fue ella quien tomó decisiones que le
correspondían a él. Según Daniel Lemaitre, «Soledad cuenta cómo en cierta ocasión
del año 1885, en que el Dr. Núñez se encontraba en cama afectado por una fuerte gripa,
recibió una llamada de monseñor Paúl abogando por un señor Sáenz que se encontraba en
capilla para ser fusilado por haberse pasado al enemigo en combate, ella, que se había
hecho pasar por el presidente, concedió el salvoconducto al señor Sáenz con la
condición que abandonara el país por un tiempo. Enterado Núñez de lo que había hecho
su esposa solo dijo: "Ah, Soledad...! Soledad...! y me daba palmadas en el
hombro"». En épocas de enfrentamiento liberal-conservador, Soledad abogaba por
igual a favor de sus amigos, ya fueran liberales o conservadores. En 1887 fueron acuñadas
y puestas en circulación unas monedas de 50 centavos con la efigie de Soledad Román;
este hecho se convirtió en un escándalo y los periódicos no perdieron la oportunidad
para desatarse en improperios contra los esposos Núñez-Román. La opinión pública las
denominó "Cocobolas", por alusión a "Cocobolo" y
"Prestán", famosos antisociales ajusticiados por aquella época en Panamá.
Ante el rechazo con que reaccionó la comunidad, el gobierno las retiró de circulación.
En 1888, Núñez ejerció funciones presidenciales durante seis meses, al cabo de los
cuales encargó del poder a Carlos Holguín. Posteriormente la pareja viajó a Cartagena y
no volvió nunca más a la capital, aun cuando Núñez fue elegido nuevamente en 1892.
Poco tiempo después de la muerte de Núñez, acaecida el 18 de septiembre de 1894, el
Congreso discutió un proyecto de ley a la memoria del estadista, que incluía una
pensión vitalicia para su viuda. Doña Soledad envió una carta a los miembros de la
corporación, en la cual renunciaba a cualquier recompensa pecuniaria; posición que
mantuvo inquebrantable aun cuando atravesó momentos de verdadera pobreza. Cuando la
guerra de 1899, por ejemplo, había dado a interés $ 20 000, que era todo su capital, y
le fue devuelto cuando el cambio subió al 15 000 por ciento, según su relato. A pesar de
su precaria situación económica, doña Soledad siempre se las arregló para cumplir con
los compromisos que su posición le exigía. Murió treinta años después que su esposo,
en El Cabrero, hacienda de su propiedad, a los 84 años de edad.
GILMA RÍOS PEÑALOZA
Bibliografía
Galvis, Silvia. "Soledad Román de Núñez. Los
afanes del Concordato". Credencial Historia, N°- 41 (mayo 1993). Lemaitre, Daniel.
Soledad Román de Núñez. Recuerdos. Cartagena, Mogollón, 1927. Reed.: Cartagena, Magaly
París, 1988. Liévano Aguirre, Indalecio. Rafael Núñez. Bogotá, El Ancora Editores,
1985. Llinas, Juan Pablo. Soledad Román. Bogotá, Tercer Mundo, 1986. Pérez Sarmiento,
G. "La viuda de Núñez". Cromos, Vol. v, N°- 120 (Bogotá, junio 29 de 1918).
Rivas, Raimundo. "Sobre el matrimonio de Núñez". Boletín de Historia y
Antigüedades, Vol. XXXIII, N° 386 (diciembre 1946), pp. 882-891.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
|
|
|
|