Científico, pintor y ceramista alemán (Gross-Auheim,
febrero 14 de 1896 Bogotá, febrero 1984). El trabajo artístico de Leopoldo Richter está
precedido por un interés intelectual. Sus pinturas son consecuencia y síntesis de sus
investigaciones científicas y de sus experiencias y vivencias con los indígenas en las
selvas colombianas. Durante su infancia, Richter vivió en Lahr, una pequeña ciudad de la
Selva Negra, donde inició su pasión por la observación y la investigación de la
naturaleza. En sus habituales paseos por el bosque, acostumbraba a tomar apuntes de
diferentes especies vegetales y animales que llamaban su atención, y a coleccionar
plantas e insectos atractivos por sus formas y colores. «Por mi vida pasa una línea
ininterrumpida, desde los primeros años hasta hoy: mi amor por la selva», decía.
Durante su educación escolar, desarrolló un especial interés por la geometría y las
matemáticas, disciplina que más adelante estudió en Praga. Cuando tenía 18 años
estalló la primera Guerra Mundial y fue obligado a alistarse. En 1916 fue herido en la
batalla del Somme y dado de baja del servicio militar. Terminada la guerra, ingresó a la
Academia Técnica de Karlsruche. Se dedicó a ilustrar textos, entre ellos, la novela
Sidharta de Hermann Hesse, con lo cual consiguió medios de subsistencia. Durante esta
época Richter conoció al pintor Hans Thoma, quien, además de ser su maestro, lo
estimuló en sus inquietudes artísticas. Más adelante, ingresó como profesor en la
Escuela. Profesional de Lahr. Por encargo, restauró para esta ciudad un fresco
perteneciente a la iglesia de Burheim, que había sido cubierto con cal en tiempos de la
Reforma. Este trabajo lo familiarizó con la técnica de la caseína, que más tarde
utilizó en sus pinturas. En 1925 participó en un curso de verano en Ginebra, dictado por
Le Corbusier, en el que trabajaron formas de expresión abstracta. En 1927 se retiró por
un tiempo de la Escuela donde trabajaba en Lahr, y viajó a Venezuela, con ánimos de
investigar su flora y su fauna. Después de un año regresó a Alemania, y al poco tiempo
emigró a Brasil. Se instaló en Itápiranga, en el río Uruguay, donde permaneció por
siete años. Allí hizo amistad con el entomólogo padre jesuita Pío Bock, quien
despertó en Richter el interés por los insectos membrásidos.
En 1935 Richter se trasladó a Colombia y se vinculó como
entomólogo al Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, por espacio de
23 años. A partir de 1940 comenzó a publicar, por entregas, el Catálogo de los
membrásidos en Colombia. Los textos iban acompañados de ilustraciones muy detalladas,
que Richter realizaba con la ayuda de un microscopio. En estos dibujos, su interés
científico se fusionó con el artístico, «para dar a conocer una belleza natural en la
que generalmente nadie se fija». Para realizar este trabajo, Richter recorrió las selvas
del Orinoco, el Amazonas y el litoral selvático del océano Pacífico; convivió con
diferentes tribus indígenas, asimiló su modo de vida y costumbres y estableció
comunicación con ellas a través del dibujo. La simplicidad de la vida indígena y su
sabiduría fueron, en adelante, el tema nuclear de sus pinturas. Su lenguaje artístico,
expresado en diversas técnicas, está despojado de toda intención realista o documental.
Desde 1962 Richter se retiró de la Universidad Nacional y se dedicó a interpretar
pictóricamente la vida y el hábitat de los indígenas. El interés científico de
Richter sobre los tipos indígenas fue resuelto plásticamente en sintéticas y originales
formas que expresan su espíritu y sentimiento. Su obra es la interpretación imaginativa
y sensible de su diálogo con la naturaleza, es la expresión plástica de sus propias
vivencias. El sentido plano y esquemático de sus composiciones da a sus pinturas un
marcado carácter mural, que se refuerza con la aspereza de las texturas. En sus
composiciones, Richter usó frecuentemente el óleo sobre base de caseína, lo cual le
permitió pegar al cuadro tierra y otros elementos del hábitat de los indios. «La selva
es bidimensional», decía Richter, y aseguraba que la perspectiva no existía y que por
eso mismo sus cuadros no la tenían: «Si voy a hacer un cuadro con perspectiva, tendría
que hacer un hueco en la pared, la perspectiva es producto de la imaginación del
hombre». Richter penetró, como nadie lo ha hecho, el espíritu mágico del indígena,
para producir un arte americano pero no local, un arte esencial y sintético, mas no
anecdótico. Aunque la temática era siempre la misma, Richter siempre estaba
experimentando nuevas posibilidades técnicas que le permitieran innovar su expresión.
Aparte de su dedicación a la pintura y a la cerámica, Richter convirtió su casa en el
mejor jardín botánico de la Sabana. A partir de 1953 expuso su obra en Estados Unidos,
Suiza y Canadá, y periódicamente, en Colombia. Murió en Bogotá, en febrero de 1984, a
los 79 años de edad.
CLAUDIA UMAÑA
Bibliografía
"Aborígenes colombianos en la obra de
Leopoldo Richter". Cromos, diciembre 3 de 1956. CHAVES, MARIA LUISA. "Artista
científico que colecciona vocablos". El Espectador, diciembre 1 de 1974. ENGEL,
WALTER. "Leopoldo Richter". El Espectador, septiembre 17 de 1961. Leopoldo
Richter. Cerámicas y técnica mixta. Acuarelas y dibujos de membrásidos, Galería de
Arte El Callejón, Bogotá, noviembre de 1975. TRABA, MARTA. "Wiedemann y Richter,
dos descubridores de Colombia". En: El legado de Leopoldo Ríchter, Museo de Arte
Moderno, Bogotá, octubre de 1984.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.