Historiador antioqueño (Envigado, 1781 - Bogotá, 1863).
José Manuel Restrepo ha sido sin duda alguna el más influyente historiador colombiano:
su versión de las guerras de independencia, escrita cuando éstas apenas terminaban,
sigue determinando la forma como vemos esos años conflictivos en los que surgió
Colombia. Por eso, José Manuel Marroquín pudo llamarlo Ğel primer historiador de
Colombiağ. Nacido en una familia acomodada y tradicionalista, educado por un tío, el
presbítero Alberto María Calle, fue enviado luego a Bogotá a hacer estudios de Derecho,
los que concluyó con su inscripción como abogado de la Real Audiencia en 1809. Formado
en una época en la que algunos profesores avanzados comenzaban a criticar las formas de
enseñanza y la filosofía tradicionales, Restrepo hizo parte de los grupos innovadores
que querían conocer el país y reemplazar la escolástica con la ciencia. De esto da
testimonio su primer trabajo publicado: una detallada descripción geográfica de
Antioquia aparecida en 1809 en el Semanario que dirigía Francisco José de Caldas. Para
ello hizo también un mapa, el primer esfuerzo cuidadoso de representar la agreste
geografía de su región natal. Entre 1810 y 1816 Restrepo colaboró con los gobiernos
patriotas de su provincia, fue secretario de la Junta de Antioquia y del dictador Juan del
Corral (cuando aconsejó reprimir a los españoles Ğa fuego y sangreğ y firmó la
declaración de independencia de Antioquia), representante al Congreso Federalista de 1811
y al de Mariquita de 1812, triunviro elegido en septiembre de 1814, aunque no se
posesionó del cargo, y redactor (poco original) de la Constitución Antioqueña de 1815.
A la caída de los gobiernos independientes huyó hacia el
Cauca, pero decidió devolverse y entregarse al gobierno español. Condenado a trabajos
forzados, dirigió la construcción del camino entre Sonsón y Mariquita: el gobierno de
la reconquista fue en Antioquia relativamente benévolo con criollos moderados y bien
relacionados, sobre todo al comienzo. Restrepo, que temía persecuciones peores, se fugó
a fines de 1816 y fue a Kingston (Jamaica), donde tenía parientes y amigos dedicados al
comercio. Aprendió allí el inglés y el francés, e hizo un viaje a los Estados Unidos,
pues quería estudiar lo relativo a la industria textil. Indultado por los españoles,
regresó a Antioquia, donde lo sorprendió el triunfo de Boyacá dedicado a los negocios.
Conocido ya por su moderación, ponderación y buen saber jurídico, Bolívar lo nombró
como gobernador político, en parte para que frenara en algo al gobernador militar, el
joven general José María Córdova. Fue uno de sus pocos momentos radicales: apoyó el
destierro de su propio tío, el presbítero Calle, por realista, y escribió elogiando uno
que otro fusilamiento de civiles españoles. En 1821 ya tenía 40 años, en un país
gobernado por un presidente de 28-fue al Congreso de Cúcuta, el cual presidió y en el
que defendió vigorosamente el sistema centralista, y luego, como secretario del Interior,
se radicó en Bogotá: entre 1821 y 1830 ocupó este cargo, que ejerció con competencia y
prudencia, primero al lado del general Francisco de Paula Santander y luego de Bolívar. A
Santander le criticó sus innovaciones educativas, a Bolívar sus apasionamientos
ocasionales y, a Antonio Nariño, casi todo. Pero se iba haciendo más tradicionalista:
apoyó en 1829 los esfuerzos del gabinete para traer un príncipe europeo a reinar en el
país, como sucesor de un gobierno vitalicio de Bolívar. Le aterraban el gobierno del
pueblo, las agitaciones raciales, los movimientos de negros o mulatos. Desde diciembre de
1828 fue director de la Casa de Moneda, cargo que no se atrevieron a quitarle ni los
liberales, a quienes chocaba su actitud aristocrática, aunque respetaban su honestidad y
sus virtudes patriarcales: lo conservó hasta 1860, cuando tenía 79.años de edad. Ocupó
muchos cargos más, a veces al mismo tiempo: director de la Renta del Tabaco, director de
Instrucción, director de Crédito Nacional, representante ante los gobiernos de Ecuador y
Venezuela en breves pero importantes misiones diplomáticas. Dos gobiernos lo
persiguieron: cuando el general José María. Melo, en 1854, tuvo que asilarse en la
Legación venezolana; cuando Tomás Cipriano de Mosquera se tomó a Bogotá, en 1861, tuvo
que pagar una contribución de 1000 pesos. Dos años después, en 1863, el año de la
Constitución que le habría parecido un engendro monstruoso, y en la que participó como
representante su yerno Bernardo Herrera, acompañado, como secretario, por su nieto, el
futuro arzobispo Bernardo Herrera Restrepo, falleció en Bogotá.
Restrepo llevó un diario en el que anotó los principales
sucesos políticos entre 1819 y 1854: esta obra, que ha sido publicada, le sirvió como
estructura para sus dos libros fundamentales: la Historia de la Revolución de las
Repúblicas Colombianas, publicada en 1827 y 1858, y la Historia de la Nueva Granada, que
permaneció inédita hasta este siglo. Esas narraciones, que cubren la historia de
Colombia entre 1819 y 1854 (nuestro primer historiador sólo escribió de una época
vivida por él y en la que fue actor importante), se apoyaron además en el acceso que
tuvo, como ministro, a los archivos oficiales. La historia de las guerras de independencia
de Restrepo nos dejó los retratos heroicos de Bolívar y sus colaboradores, empeñados en
una lucha justa contra España. El recuento de los años veinte, aunque reconoce la
capacidad administrativa de Santander y la grandeza de objetivos de Bolívar, es el relato
de cómo las malas pasiones (la ambición de mando, la venalidad, la demagogia, las
envidias y la inmoralidad), aunque recubiertas por el lenguaje de la libertad y la
democracia, destruyeron la naciente república, que acabó en el desorden social, el
militarismo y la arrogancia del pueblo. Como defensor de una democracia moderada, dirigida
por la gente de bien, que controlara a la plebe e impusiera una fuerte autoridad sobre la
población, como enemigo del militarismo, como amigo de la Iglesia y partidario de que
ésta tuviera un fuerte influjo en la política y en la vida de los colombianos, incluso
como defensor ocasional de una monarquía constitucional, Restrepo ayudó a crear el
pensamiento, las actitudes y hasta los gestos sociales de las elites civiles conservadoras
[Ver tomo 5, Cultura, p. 52].
JORGE ORLANDO MELO
Bibliografía
BOTERO RESTEPO, JUAN, Pbro. El prócer
historiador. Medellín, Granamérica, 1982.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.